Ernesto Priani

Roma y los helados

Comiendo un helado de Danielgelo

Roma es una ciudad fascinante. Llena de tesoros y maravillas expuestas y ocultas. Pero también dueña de una vida cotidiana admirablemente placentera para alguien que viene del monstruo de la ciudad de México. No hay mucho tráfico –aunque todos se quejen de él-; la gente tiene paciencia y tiempo para hacer las cosas. No hay colas, ni empujones. Los camiones y el metro usualmente son abordables. En fin, que como lo definiera un amigo romano, es una ciudad casi humana.

Parte esencial de esa cotidianeidad placentera son, sin discusión alguna, sus helados. En el barrio donde vivo en Roma, sobre vía Marconi, entre la estación Trastévere y la Basílica de San Paolo, hay numerosas heladerías. Está, en primer lugar, la heladería del barrio, hacia el lado de la estación, sobre Marconi. Los helados son buenos pero su mayor gracia es permanecer abierta hasta muy tarde –después de la una de la mañana- por si tienes un antojo irresistible de un helado a media noche. Sobre Odersi da Gubbio, que es paralela a Marconi, está Mela y Canella, Manzana y canela, nombre también del sabor signatura de la heladería. Se trata de una heladería experimental que hace sabores bastante osados. Una visita ahí es siempre una experiencia de lo inesperado. A unos pasos de ahí, sobre Via Francesco Grimaldi está La oficina del gelato, que ofrece una serie de helados de sabores propios a los que da nombres en inglés, muy sabrosos. Estos son los de crema, los de agua en cambio, varían cada día. La mayor atracción de la Oficina son los conos, los más sabrosos de todo el barrio, por mucho, a los que ponen chocolate fundido a gusto del cliente. Vecino al Metro San Paolo, sobre Via Gabriello Chiabera, calle de donde está el departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Roma Tres –donde estoy como profesor visitante- está Danielegelo una de las dos mejores heladerías –y hay que decir que las anteriores no son para nada menores- de la zona. Además de abrir también hasta muy tarde en la noche –fue ahí mi primera experiencia de helado nocturno- hacen unos helados de fruta que no tienen parangón (el de limón es simplemente inigualable). Un poco más lejos, sobre la vía Ostiense y la Via del Porto Fluviale está La romana. A mi gusto, la mejor heladería de la zona, por su asombrosa calidad de los helados. No sabría explicarlo mejor, pero el sabor y la textura de esos helados hacen que uno quiera andar los 20 minutos que nos separan de ellos.

Una mención aparte merece la Panna –la crema chiantilly- que añaden usualmente a los helados. No todos lo hacen. Por ejemplo, la Mella y la canela no lo acostumbra. Pero los demás sí. La calidad de esta puede ser una diferencia radical entre una y otra heladería. Pero en todos los casos, le añade algo a la experiencia de comer helados, a la que no estamos acostumbrados en México.

No puedo considerarme aun un adicto al helado. Pero todos los días, desde que estamos aquí, como al menos uno.

1 Comment to Roma y los helados

  1. May 20, 2017 at 12:37 am | Permalink

    Post encantador! Cómo filólogo (romano y loco para el helado) algunas pequeñas correcciones: 1) es via”Oderisi da Gubbio”; 2) la heladeria es “Mela e Cannella” (una “l” en manzana, dos “n” en canela; 3) Danielgelo (no Daniele gelato!).
    Si serás bueno te llevaré a descubrir la heladeria (en mi opinión) mejor del mundo:
    http://www.gelateriafatamorgana.com
    ;-))

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