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El destino y la lengua. Sobre Arrival y The story of your life

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No es frecuente que un humanista protagonice una película. En general cualquier película, pero en particular una película de ciencia ficción (hay quien vería ahi una contradicción). Los humanistas no suelen ser audaces o sexis, ni llegan a descubrir una nueva fórmula que cambiará al mundo. Son mas bien retraídos, estudiosos, solitarios, desalineados, al menos en la imaginación popular y por eso, normalmente pierden su lugar frente a los científicos y los antropólogos. De ahí la sorpresa de ver en The arrival (La llegada), una película de ciencia ficción dirigida por Denis Villeneuve y escrita por Eric Heisserer, una protagonista que es ni mas ni menos una lingüista  -una de las ramas más duras y más clásicas de las humanidades. ¿Qué puede hacer una estudiosa de la lengua ante el evento de la llegada de unas naves alienígenas? Básicamente redefinir el sentido del encuentro con los extraterrestres de un problema bélico -que suele ser la hipótesis más común- a un problema de comunicación entre culturas distintas, mediante la comprensión de la lengua y la escritura.

Me parece que desde el punto de vista conceptual, el gran mérito de la película consiste en centrar su núcleo dramático en eso, en la dificultad de traducir una lengua, y por ende un mensaje, una intención y una comprensión del tiempo y del universo, en ves de asumir sin más, que cualquier encuentro tiene necesariamente un sentido bélico. En ello hay una posición abiertamente crítica con tantas y tantas películas de extraterrestres, y también un cuestionamiento, al menos a partir de ciertos guiños, a la ciencia por concurrir frecuentemente con la aproximación militar, pero también por su tendencia a pensar que puede cambiar el destino.

La película está inspirada en un cuento de Ted Chiang The story of your life, con el que comparte los principios anecdóticos que conforman la trama, pero no la aproximación de fondo. A Chiang le interesa discutir la posibilidad de un pensamiento, y por lo tanto, de una lengua, que exprese el acuerdo entre el conocimiento del porvenir y una voluntad libre que elige seguir el camino previamente establecido. En este sentido, el problema del aprendizaje de la lengua y el encuentro con los extraterrestres -central en la película- es secundario con respecto a la dilema de tener conciencia del porvenir y renunciar a alterarlo que destacan en el cuento. Este discurre, pues, por los caminos de la especulación metafísica -como de hecho lo hacen la mayoría de los cuentos recogidos en The story of your life, y lo hace de una manera extraordinaria. Los de Chiang son cuentos eruditos -en un sentido muy de Borges- y a la vez extraordinariamente imaginativos.

En mi caso particular, The arrival me llevó a The story of your life. A mi juicio, ninguna desmerece porque ambas son un buen pretexto para repensar y pensar desde y con la filosofía, y la lengua además de lo imaginado -la llegada de naves alienígenas-, lo presente.

 

 

 

Wittgestein Jr. y el sentido de la filosofía

Hace unos días terminé de leer la novela de Lars Iyer, Wittgestein Jr. publicado en inglés por Melville House. La descubrí leyendo una reseña de The Thelegraph, mientras buscaba qué leer. El título de la novela, como la descripción de su -podríamos decir- no trama, hizo que me interesara en ella. Wittgestein es una figura que ha dado lugar a muchas novelas con anterioridad. Desde el El caso del anillo de los filósofos, de Randall Colins, un caso de Sherlock Holmes en donde el conocido filósofo desaparece de Cambridge, hasta A philosophical Investigation, the Philip Kerr, una novela futurista de detectives donde, el filósofo ha ocupado la imaginación de muchos. Curiosamente, en ninguna de las novelas se había intentado dar cuerpo a una reflexión sobre la filosofía, sino mas bien utilizar el ícono para crear al rededor de él situaciones de ficción.

La novela de Lars Iyer es otra cosa. Iyers es un profesor de filosofía en inglaterra, y ha utilizado su literatura para satirizar la vida académica. Y así parece hacerlo también en Wittgestein Jr. Sin embargo, a pesar de hacer mofa de lo absurdo que pueden llegar a ser las clases de filosofía y el ambiente en la Universidad de Cambridge, Iyers va construyendo una reflexión sobre el porvenir de la filosofía.

A quien sus alumnos apodan Wittgestein Jr. es un exagerado representante de la casta de los filósofos. A él lo escuchamos afirmar sentencias cada vez más oscuras, mientras sus alumnos son la voz a través de la cual entramos a su casa, lo miramos, sabemos algo de él, y poco a poco comenzamos, si no a entenderlo, si a enamorarnos de este personaje que es, al mismo tiempo absurdo, anacrónico, incomprensible, pero también empecinado, sincero, de muchas formas frágil e indefenso.

Al final, me quedé con la idea de que la filosofía se parece mucho a él. Que mirada desde fuera, y más si es mirada desde fuera de las humanidades, se ve precisamente así. Es difícil saber si Wittgestein Jr. es el canto a un ocaso o una reivindicación de la filosofía, frente a un mundo que no la comprende. En todo caso, se lee con facilidad y te envuelve en el misterio de aquel que busca la verdad con el más imperfecto de los instrumentos: la razón.

Venguémonos de Díaz Ordaz

¿Cuál es el momento justo para la venganza? Me lo pregunto tras leer la novela de Frabrizio Mejía Madrid, Díaz Ordaz. Balazos en la oscuridad, publicado por Sumadeletras.

No es que sea fácil saberlo. Ajustar cuentas puede ocurrir demasiado pronto o demasiado tarde. Y en ello estiba si lo que prevalece es la rabia, el coraje, el puro odio o la indiferencia distante, seca, que sólo acaba con lo que ya es desecho.

En Balazos en la oscuridad Fabrizio Mejía ha decido pasarle la factura a la imagen por momentos casi olvidada de Díaz Ordaz, aquel presidente responsable de la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco, justo días antes de que comenzaran los Juegos Olímpicos del 68. Lo hace, me parece, con un odio desmesurado, abrumador. Díaz Ordaz no es un hombre malvado, un presidente cruel, sino un tipo de mierda.

Confieso que disfruté mucho la novela, tanto por lo bien que está escrita, como por el morbo insaciable que logró despertar en mi. Ya sabes, es deseo de saber las cosas más oscuras, más negras, que padecieron quienes nos hicieron padecer para decir: eso te lo tenías bien merecido.

 

Los libros del placer

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Se ha definido a este siglo como la época del placer. Proposición audaz y ciertamente polémica que, sin embargo, atina en su diagnóstico a pesar de ser complaciente con el modo como los hombres abordan hoy su relación con el placer. Es decir, que no percibe que si éstos son los días del goce, lo son no porque el placer sea la solución para los interrogantes de lo vida, sino porque al contrario se ha tornado problemático y se ha convertido en la fuente principal de incertidumbre. El autor propone en esto obra no sólo un ejercicio puramente reflexiva de argumentaciones teóricos que ofrezcan certeza y certidumbre. Por el contrario se propone hacer historia, necesariamente fragmentaria e incompleta, de los modos positivos o través de los cuales el hombre ha planteado sus relaciones con el placer. A través de un grupo de textos -que van desde la poesía erótico romana a las memorias y diarios personales del siglo XIX- Ernesto Priani explora la práctica ética del placer a lo largo de la historia y sus implicaciones en la construcción de la subjetividad y en la creación de horizontes éticos.