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Ese obstáculo que es el libro

Hace cuatro años (creo), al solicitar mi promoción dentro el Sistema Nacional de Investigadores (SIN), recibí por respuesta que me hacia falta una “obra de largo aliento” (la frase, me explicaron, es parte de un formato estándar de respuesta y se refiere a la publicación de un libro, lo que no le quita lo chocante a la expresión). Este año, al ser propuesto para un nuevo nivel del PRIDE (un programa de estímulos dentro de mi universidad) recibí como respuesta de parte del Comité correspondiente, que “no presenta un libro de su autoría, que diera fundamento para considerar excepcional su desempeño académico”.

No es, por supuesto, una coincidencia que dos instancias de evaluación distintas hayan utilizado la misma fórmula. El libro es el producto estrella de las humanidades: la expresión de una esfuerzo de “largo aliento”  y la “constancia del excepcional desempeño académico”

Para los que nos dedicamos a las humanidades digitales, está centralidad del libro es quizás, uno de los mayores obstáculos para el desarrollo de nuestra disciplina. Sobre todo porque quienes utilizamos metodologías e instrumentos computacionales en el campo de las humanidades, generamos otro tipo de productos, como ediciones y bibliotecas digitales, construidas con aplicaciones y herramientas para el análisis y el estudio de los textos, entre otras cosas, que además están abiertas al público desde un primer momento, pero que, por desgracia, no son un libro. Y esto parece desacreditar el esfuerzo invertido en el desarrollo de un sistema, en la producción de unas publicaciones y unas herramientas, que no corresponden a lo que las instancias de evaluación esperan del trabajo académico.

Aunque soy perfectamente capaz de entender las razones históricas que hacen del libro el producto más acabado de las humanidades, esa misma perspectiva histórica me permite entender que frente a muchos de los productos digitales, que son abiertos, que son de uso libre, disponibles casi de inmediato y que pasan por numerosísimas evaluaciones académicas, de manera pública muchas veces, para obtener financiamiento, los procesos que llevan a la publicación de un libro resultan opacos, no siempre files a la calidad académica y muchas veces, un mero campo de acción de los intereses e influencias que se mueven en el mundo académico.

Cualquiera que haya estado cerca del trabajo editorial sabe que la publicación de un libro, y particularmente, la publicación de un libro académico, difícilmente responde a esa visión idílica de que son publicados porque ha sido valorada su alta calidad académica. No quiero decir con esto que todo libro sea una simulación, pero si que muy a menudo –sin importar si se trata de ediciones universitarias o comerciales- los dictámenes son inducidos, pactados o negociados, porque la decisión de publicar un libro no depende únicamente –ni siquiera de manera preponderante- de su calidad. Influyen muchos factores, dentro de los cuales destaca, por supuesto, la capacidad de gestión del académico, la fortaleza de sus contactos, su empecinamiento, la disposición de recursos para pagar coediciones, el interés comercial de las editoriales, etcétera. De hecho, la relevancia dada a las editoriales comerciales sobre las universitarias (porque son menos caseras), significa también una subordinación de la academia a los intereses comerciales de estas editoriales, como de hecho sucede.

La cultura digital es disruptiva de muchas formas de control y de exclusión académica, a las que con el tiempo sustituirá por otras que, debemos vigilar, sean mejores. Con el tiempo, y con paciencia, pero quizás antes de lo que se espere, la cultura digital hará que el libro eje de ser el único producto de excelencia, la única obra de largo aliento, en este curioso mundo de las humanidades.

 

 

Reflexones sobre propiedad intelectual

Alejandro Pisanty acaba de comenzar a distribuir su artículo Propiedad intelectual, acceso abierto, acceso a la información, rankings y el interés institucional en la academia. ¿Existe un juego no suma-cero? que es una reflexión muy pertinente, tanto por su contenido como por la oportunidad con la que aparece, para intervenir en la discusión sobre propiedad intelectual y propiedad industrial concretamente en el contexto del mundo universitario.

El artículo tiene el mérito de poder ubicar con mucha claridad las distintas paradojas que se han ido formando al rededor de la cuestión de la preservación de los derechos de propiedad intelectual, a partir de la generalización del uso de Internet. Dos subtítulos del artículo siguieren precisamente la naturaleza de estas paradojas:

a) Producción y protección no son lo mismo

b) Producción y protección no son lo mismo que contribución

En el campo de las humanidades en el que me muevo, la comunidad universitaria está llevando a cabo una discusión hasta cierto punto tardía y lenta, y en muchos sentidos rebasada por los hechos, del problema que representa la contribución, la producción del conocimiento, su protección y su preservación -que en el terreno de las humanidades es, sin duda, mandatorio- en la sociedad del conocimiento.

Lo cierto es que, por la lentitud con que las contribuciones y producciones humanísitcas se trasladan en México a internet y la velocidad con que se ésta se está digitalizando y distribuyendo por canales no institucionales, se está creando la sensación de que cualquier esfuerzo universitario está siendo rebasado por un esfuerzo colectivo no siempre sistemático ni bien intencionado, que está estableciendo sus propias normas y criterios, más allá de los criterios científicos y académicos. La multitud de blogs y publicaciones universitarias hechas fuera del dominio de las universidades, la digitalización y distribución de libros, artículos y publicaciones universitarias en la red, sin ningún control, pero también la multitud de esfuerzos aislados, sin integración institucional plena, sin el arropamiento comunitario necesario y sin una visión de largo plazo de su supervivencia que se emprenden cotidianamente en el terreno de las humanidades, forman parte de un caos al que habría que darle, al menos, una cierta dirección mínima, a partir de romper con los temores y los mitos con los que se trata el tema de la propiedad intelectual en el ámbito de las humanidades, en la universidad.

Bienvenida, pues, la contribución de Alejandro a la discusión.