Tag Archives: Agamben

No es necesario merecer la felicidad

Leo Profanaciones de Giorgio Agamben. Me encuentro con un párrafo que me desarma:

Contra esta sabiduría infantil que afirma que la felicidad no es algo que pueda merecerse, la moral ha levantado desde siempre su obsesión. Y lo ha hecho con las palabras del filósofo que menos que cualquier otro ha entendido la diferencia entre vivir dignamente y vivir feliz. “Aquello que en ti tiende con ardor a la felicidad”, escribe Kant, “es la inclinación; aquello que después somete esta inclinación a la condición de que tu debes primero ser digno de la felicidad, es tu razón”. Pero una felicidad de la cual pudiéramos ser dignos nosotros (o el niño en nosotros), no sabemos en realidad cómo construirla. Qué desastre que se ame a una muchacha porque lo merecemos! Y qué aburrida la felicidad como premio o recompensa a un trabajo bien hecho!

Confieso que me desarma porque (quizás como muchos) de manera por lo demás irreflexiva, he creído que la felicidad es un merecimiento. Y si no lo es, ¿cómo separamos el campo de la moral y de la felicidad? Habrá que reaprender a vivir…

 

Hace ya tanto tiempo, Foucault

Discutiendo sobre la lectura, alguien me hizo la observación el otro día de cuánto tiempo había pasado desde que Michel Foucault había impartido la conferencia Qué es un autor, en donde propone tomar el texto como fuente única de sentido y no como un testimonio del pensamiento de un autor. Han pasado exactamente 43 años, la conferencia es de 1969, y lo significativo no es la distancia en años, sino el hecho de que en esos años, la lectura ha comenzado a cambiar por completo.

Foucault aun pensaba en libros. Libros empastados en papel, manuscritos resguardados en bibliotecas. En el horizonte de discusión no aparecían aun los textos digitales y la lectura electrónica. ¿De qué manera en esos 43 años el traslado a lo digital ha cambiado la forma de leer? ¿Cómo este cambio ha trastocado la aproximación al sentido del texto? ¿Cómo se ha alterado a partir de la digitalización la relación entre el autor y su texto? Pensemos, por ejemplo, en el caso de Agamben. Pero también, ¿cuáles son las implicaciones que tiene para la lectura la transformación de las palabras y los caracteres en datos? ¿Cuáles las implicaciones del marcado del texto, por ejemplo en XML o en TEI? ¿Cómo la lectura se modifica con el procesamiento masivo de textos, por ejemplo con Google Books? ¿Qué es leer con n-gram?

Responder estas preguntas requiere de mucha elaboración. Mucha aun por venir. Pero lo que me inquietó de la súbita conciencia del tiempo pasado entre la conferencia de Foucault y nuestros días,  es la necesidad de revisar algunos de los presupuestos que todavía conservamos.

Ninfas o la vida de las imágenes

Leo:

La ninfa es la imagen de la imagen, la cifra de las Pathosformeln que los hombres se transmiten de generación en generación y a la que vinculan su posibilidad de encontrarse o de perderse a si mismos, de pensar y de no pensar. Las imágenes son, por tanto, un elemento resueltamente histórico: pero, de acuerdo con un principio benjaminiano en virtud del cual hay vida en todo aquello en que hay historia (y que podría reformularse en el sentido de que hay vida en todo aquello en que hay imagen), aquéllas están, de alguna manera, vivas. Estamos habituados a atribuir vida sólo al cuerpo biológico. Ninfa, por el contraro, es una vida puramente histórica. Al igual que los espíritus elementales de Paracelso, las imágenes para estar verdaderamente vivas, tienen necesidad de que un sujeto, asumiéndolas, se una a ellas; mas en este encuentro -como en las uniones de la ninfa-ondina se cela un riesgo mortal. En el curso de la transición historica, en efecto, las imágenes se cristalizan y transforman en espectros, que esclavizan a los hombres y de los que siempre es preciso liberarlos.

Giorgio Agamben. Ninfas. Pre-Textos. Valencia 2010. Traducción Antonio Gimeno

Transcribo para penetrar en dos ideas: la vida de las imágenes y el peligro que encierran. La primera tiene implicaciones relevantes para la comprensión del pensamiento y la formación de la sensibilidad. Cualquier imagen vive en la medida en que pasa de una edad a otra, y va dejando un rastro de transfiguraciones. Cada vez que se pinta una sirena, se representa un demonio o se fabrica un minotauro, no se ejecuta un acto neutral. Se prolonga la existencia de algo de lo que, a la vez, somos presa. Como los tatuajes del Hombre ilustrado, las imágenes vuelven a la vida y nos capturan. Nos encierran en ellas. Una bruja es la imagen que guía al inquisidor a ejecutar mujeres. La cleptómana, una figura para comprender lo que era inconfesable. Las imágenes son prisiones porque modelan la sensibilidad de los hombres. Son filtros a través de los cuales miramos las cosas y las comprendemos. Son tan nosotros, tan eso que vemos, que nos es difícil distinguirlas. Por ello, quizás, nada puede haber  más valioso que una ascética de la fantasía. Una ascética histórica, por lo demás, porque las imágenes viajan y mutan, en el espacio y en tiempo, y a veces es difícil saber donde están.

Agamben y el juego: un problema de versiones

Mientras preparaba una investigación, recurrí a un texto de Agamben cuya existencia conocía pero que no había visto publicado en español: Che cos’e un dispositivo? En la primera versión a la que tuve acceso, un PDF que se puede bajar de aquí, aparecen unos párrafos en donde Agamben habla del juego como un “contradispositivo”. Más tarde, al querer utilizar el texto de Agamben como referencia, me doy cuenta de que el documento carece de cualquier dato editorial: no hay traductor, tampoco hay una entidad responsable de su edición.

En el afán de encontrar una versión que sí pudiera citar de acuerdo con los cánones académicos, di cono una traducción publicada por la revista Sociológica de la UAM, apenas en mayo de 2011, y que a la que se puede acceder aquí. El problema es que en esta versión, los párrafos del juego no se encuentran. Así, a pesar de tener ya una edición para citar, la parte que me interesaba referir había desaparecido del texto.

Decidí buscar la edición italiana que encontré en Scribd, y que se puede leer aquí. En esta, sin embargo, no aparecían tampoco los párrafos sobre el juego, lo que ya constituía un problema, porque a lo mejor la primera versión de texto a la que había tenido acceso, no correspondía a nada que pudiera referir, así que me preocupé por la posibilidad de una impostura: ¿estaba ante un texto que agregaba falsamente ideas a uno de Agamben? Porque salvo modificaciones menores al resto del texto, lo único que había desaparecido eran los párrafos dedicados al juego.

Se me ocurrió entonces que algo podría haber en youtube con la asombrosa suerte de encontrar la conferencia íntegra de Agamben en la European Graduate School que data del 2005, en 8 videos distintos que puedes comenzar a ver aquí. En estas conferencias, Agamben si menciona el tema del juego e incluso hace una amplia exposición de la idea en la sección de preguntas y respuestas, en los videos 4 y 6.

No he tenido el tiempo de constatar que el primer texto al que tuve acceso fuera una traducción de esa conferencia. Pero me parece que lo es. Pero podría no serlo. Finalmente, Agamben pudo haber presentado su texto en varias ocasiones y ser a partir de alguna de ellas, de donde se tradujo el primer documento que más ha circulado hasta ahora en internet.

El fenómeno me parece interesante por varias razones: no solo tenemos 4 versiones diferentes del mismo texto. Una en italiano,  dos en español, una en inglés que es una lectura. Las deferencias entre ellos no sólo es el idioma, sino la extensión y las ideas contenidas en el texto. Por supuesto, esto se presta a la pregunta filológica tradicional de cuál es el texto verdadero, aunque la respuesta en este caso parecería bastante simple: o todos son el texto verdadero o ninguno lo es.

Lejos de esa pregunta que reduce el problema a un o todos o ninguno, lo cierto es que nos muestra una nueva dimensión de la práctica académica, literaria y cultural: el acceso simultáneo a una variedad de versiones, que antes eran borradas -de cierta forma- por la publicación del texto y su traducción. Ahora tenemos acceso casi inmediato a los momentos de la producción del texto, a los instantes de creación, como de diseminación y traducción. Algo que antes solo se reconstruía en retrospectiva, pero que ahora miramos desarrollarse públicamente en un espacio tan amplio como la red.

Yo terminé por citar los videos y no el texto. La conferencia leída, en inglés, y no el texto italiano o la traducción al español. Las ideas que buscaban estaban ahí y no en los demás, y por eso remití a ellos. No se por qué Agamben prefirió no conservar esa idea en la versión final.