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Vuelta a clases: el sueño

Anoche soñé que iba a mi primer día de clase. Todo era confusión. Llegaba a un salón parcialmente lleno en el que ningún alumno usaba cubrebocas, ni tampoco lo usaba yo. Entraba con desconfianza y confundido. ¿Era el salón correcto? ¿Por qué ninguno estaba usando cubrebocas? ¿Dónde había dejado el mío? Un alumno en la clase nos recuerda a todos que el inicio del semestre sería en línea. ¿Qué hacíamos entonces ahí todos? Poco a poco fui entrando en pánico, mientras el salón se iba poblando más y más de alumnos hasta llenarse. ¿Ya estaba contagiado? ¿Me podía contagiar si seguía adelante de la clase? Al final salía confundido y angustiado del salón.

El día anterior por la mañana había llegado el comunicado de la Dirección de Facultad de Filosofía de la UNAM donde trabajo que informaba lo siguiente:

La Dirección General de Obras realizó pruebas para medir la concentración de CO2 en los espacios de la Facultad con detectores de dióxido de carbono. Para los especialistas es conveniente no rebasar las 700 partículas de CO2, siendo el límite máximo 1000. Las pruebas se practicaron en todos los espacios y salones con personas simulando alumnos y profesores, dando como resultado un aforo permitido de hasta un 70%.

Para el regreso presencial se realizaron las siguientes obras:

• En los 33 salones del área blanca se instalaron extractores y se dio mantenimiento a ventanas, puertas y cancelería para propiciar una ventilación óptima.

• En los 40 salones y en los pasillos del edificio principal se hicieron adecuaciones en la cancelería para permitir mayor apertura de las ventanas y ampliar la ventilación.

• En las aulas-teatro Fernando Wagner, Enrique Ruelas, Rodolfo Usigli y Justo Sierra se instalaron equipos de inyección y extracción de aire que incluyeron la habilitación de ductos de retorno e inyección. Además, en los salones de danza y ensayos se instalaron extractores de aire.

En apego a los lineamientos del Comité de Seguimiento COVID 19 se ha establecido el siguiente protocolo para las actividades presenciales:

• Uso obligatorio de cubrebocas, cubriendo del puente de la nariz hasta la barbilla

• Apertura permanente de las ventanas para mantener la ventilación de los espacios

• Ocupación de los salones al 60% de su capacidad (aforo reducido)

• Ingreso a las aulas 10 minutos después del horario de inicio de cada clase

• Salida de las aulas 10 minutos antes del horario establecido para el final de cada clase

• Práctica de etiqueta respiratoria al estornudar o toser cubriendo nariz y boca con el ángulo interno del brazo sin retirar el cubrebocas

• Lavado frecuente de manos con agua y jabón o uso de gel con alcohol al 60%

• Liberación de pasillos, corredores y escaleras de manera permanente para evitar aglomeraciones

Considerando lo anterior, el Consejo Técnico ha determinado que las clases del semestre 2022-2 que darán inicio el 31 de enero, se llevarán a cabo en línea hasta el 26 de febrero. A partir del lunes 28 de febrero se retomará el acuerdo del Consejo Técnico de noviembre, para la alternancia entre una semana de clases presenciales y otra virtuales para el sistema escolarizado y para reiniciar la programación habitual del SUA. Todas las actividades que ya se vienen realizando de manera presencial continuarán así con las medidas preventivas necesarias.

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Después de vacaciones

Pues si, tuvimos vacaciones o, para los que nos quedamos en casa y no pensamos que las vacaciones son para salir cueste lo que cueste, un periodo sin actividades en línea. Aunque esto es un decir. Poco antes de iniciar el periodo vacacional le dije a mis alumnos que permanecería conectado, de modo que si alguno quisiera aprovechar el tiempo para ponerse al corriente -cerca de la mitad del grupo tiene una o más actividades de retraso- yo estaría revisando la plataforma. Algunos me tomaron la palabra. Así que con menos regularidad, pero me conecté para calificar esas actividades y para monitorear el avance general del grupo.

Las vacaciones, sin embargo, me rompieron el ritmo de trabajo y me ha costado volverlo a recuperar. En particular, volver en tener en mente revisar la plataforma y el correo un par de veces al día y a planear con anticipado las actividades siguientes.

Pero las vacaciones sirvieron también para evaluar el curso. Una de las cosas que en las que más he pensado es en cómo la migración digital me ha hecho replantearme dos preguntas básicas: qué es exactamente lo que enseño y cuáles son los aprendizajes que espero que obtengan mis alumnos.

Una cosa que pasa con la filosofía y su enseñanza en México, según mi experiencia, es que no se discute su pedagogía. Se asume, sin hacerlo nunca explícito, que la cátedra decimonónica es el modelo pedagógico perfecto: uno se para delante del grupo y habla. Luego, ya sea por seguir el ejemplo, o quizás por ósmosis, los alumnos aprenden. ¿Pero qué aprenden? Para mi esto es un misterio y eso que yo “aprendí” de esa forma.

De modo que transformar la enseñanza en un conjunto de actividades que guíen al alumno hacia los aprendizajes esperados, me obligó a preguntarme: qué quiero que aprendan. Poco a poco, a través del diseño de actividades -no antes- fui comprendiendo qué quería que aprendieran: a identificar las ideas sobre el hombre, sobre el gobierno y la política, y sobre cómo se desarrollan las ideas de la ciencia en el renacimiento. De modo que su integración les permita tener un panorama de los temas en discusión y de las dimensiones de la discusión filosófica en esa época.

En el caso de optativa sobre Humanidades Digitales la identificación de los aprendizajes fue mucho más rápida, porque se trata de un taller que tiene como fin la realización de un proyecto común, de modo que muchas de las ideas estaban ya definidas, aunque el momento de llevarlas a cabo tuvo ajustes pues los procesos de investigación no son tan lineales como uno los concibe.

Planear las actividades ha sido el mayor reto, pero también lo que más he disfrutado. Implican mucha reflexión pedagógica, pero sobre todo, mucha creatividad. Algunos, como el comentario colectivo a El príncipe de Maquievalo, o el comentario individual a un párrafo de la Ciudad del sol de Campanella han resultado muy efectivos. Otros, como un mapa mental, un poco mas difícil de realizar para algunos, por limitaciones técnicas. Mientras, en el caso de la optativa, un experimento de formar un corpus de noticias resultó muy estimulante para los estudiantes.

El reto ahora es pensar en nuevas actividades, que sean atractivos para ellos, y que cumplan el objetivo que se busca.

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Una experiencia tan compleja como las clases en línea tiene muchas facetas y niveles, pues no es sólo el uso de la plataforma, el contacto con los estudiantes, la producción de materiales, sino que se amplía a las reuniones virtuales, a la experiencias de otros profesores, la gestión administrativa, a la preocupación por el ritmo de avance de los alumnos y un largo etcétera.

Aquí hablaré de tres cosas: las primeras video reuniones, los cambios de grupos y la experiencia de otros profesores, y volveré a aquello que me preocupa más en el proceso.

La video reunión

Tuve mi primera video reunión con los dos grupos a los que imparto clase. Lo hicimos a través de Meet, sólo por utilizar todos los recursos de la plataforma. Sorpresivamente, tuve más alumnos de los que esperaba en ambas. Estuvieron presentes, por ejemplo, alumnos que no hay avanzando en las tareas asignadas al grupo, además de los alumnos esperados y otros que están cursando para presentar su extraordinario.

La reunión fue muy cordial. Hice una breve exposición de cuál es el plan de trabajo de la clase, cuáles son las dinámicas y les di la palabra para que me contaran su experiencia, su situación y preguntan sobre algún tema de la clase. Arrancamos con las preocupaciones personales, angustias, limitaciones, situaciones difíciles. Pero después de escuchar algunas y de resolver temas de preocupación, tiempos, evaluación, trato de unos con otros, comenzamos a hablar de temas de la clase con muchas amplitud y gran variedad, a partir de sus preguntas.

Me sorprendió que muchos de ellos tuvieran la cámara encendida, aunque hubo algunos que prefirieron no encenderla, y algunos con dificultades para usar el micrófono se comunicaron por el chat, haciendo comentarios y preguntas. No grabé las clases porque en principio pensaba no hacerlo. Aunque los participantes de Historia de la filosofía pidieron que lo hiciera la próxima vez. Propuse en cambio hacer un resumen entre todos en un documento abierto, pero la idea no pegó.

En la optativa, en cambio, optamos por ir haciendo el resumen mientras duraba la videocharla y aunque no muchos participamos en su elaboración, obtuvimos un buen resumen.

La experiencia de otros profesores

Entiendo que hay una diferencia en como quiero que trabajemos en mis grupos y lo que hacen otros profesores cuya experiencia leo en correos que nos han hecho llegar a través de la coordinación. Todos se leen muy entusiastas y muy felices con sus clases en Zoom de dos o más horas, aunque les pone nervioso que no tengan sus cámaras encendidas (!).

Los que he leído parecen solo haber trasladado sus clases sin muchos cambios a la nueva dinámica: darán clase, compartirán lecturas y esperaran un trabajo al final. Me inquieta que esto genere ciertas expectativas en los alumnos y que frente una dinámica más cargada de trabajo dentro de un proceso de auto aprendizaje, como el que sigo genere algún conflicto.

Cambios de grupo

Hasta ahora la mayor confusión en torno a la dinámica de las clases la provocó los cambios de grupo. Al principio recibimos los “inscritos” a la clase, pero durante las dos semanas de cambios de grupos fue muy difícil seguir el proceso. En Historia IV por ejemplo, pasé de tener 18 a tener 27 inscritos, sin que supiera exactamente quién se dio de alta y quien de baja, salvo por los alumnos que me inscribieron para darse de alta. Sin embargo, en Classroom tengo un total de 36 inscritos y he tenido que revisar uno por uno quién esta inscrito y quien no.

En el Seminario Optativo no hubo mucha variación, tenía en total 14 alumnos y sigo con los 14, porque el mismo numero que se dio de baja, se dio de alta.

En ambas clases tengo un grupo de personas inscritas pero inactivas -es decir, no han hecho ninguna de las actividades- y un grupo de “oyentes”, si tal concepto cabe aquí. Determinar todo esto ha implicado un par de horas dedicadas solo a comprara listas y nombres para conciliarlos. Como los nombres en los correos y por ende en la lista de Classroom no siempre coinciden con los nombres en la lista oficial, hay que hacer inferencias o de plano, preguntar.

Al final he podido saber quienes están inscritos, pero no activos, para contactarlos de nuevo y escribirles para invitarlos a seguir o ayudarlos de alguna forma, y quienes probablemente fueron bajas.

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La ansiedad

El inicio fue confuso. A pesar de haber tomado una decisión de iniciar las clases mediante actividades en la plataforma Classroom, de estar convencido de que esa era la mejor manera de comenzar considerando la circunstancias de los alumnos y las condiciones de mi propia infraestructura, el continuo bombardeo de mensajes de las autoridades me hizo dudar. Y resulta después que si es obligatorio dar clases en “vivo” como las llamó una alumna.

Además, la sensación de que no vería caras, sino correos, un post en FB, un mensaje en twitter, me causaba también cierta desazón. La impresión, por supuesto, de que uno no puede saber si los alumnos aceptarán esta forma de trabajo.

Los materiales

Pero más allá de las confusiones y de las dudas decidí iniciar la clase de Historia de la Filosofía IV grabando un video de bienvenida, preguntando a los alumnos cómo se conectaban a internet, en qué dispositivo y de qué forma, datos/red, y si tenían posibilidades para tener una conversación. Dejé también una primera lectura que deberían trabajar para entregar un mapa mental.

En el Seminario optativo sobre Humanidades Digitales, que es más complejo -una clase que es nueva en la Facultad- opté por un video de bienvenida, compartirles una conferencia sobre Humanidades Digitales que grabé para la Universidad de Querétaro y pedirles que revisaran el sitio de la Secretaria de Salud sobre el Coronavirus, para que vieran cómo estaban graficados los datos. Más adelante veríamos directamente los datos.

Algunos resultados

Obtuve una buena respuesta en ambos casos. Casi todos, al rededor de un 90% respondieron la pregunta sobre cómo se conectan. De la eficacia de lo demás, no tengo muchos elementos. Han sido pocos los que respondieron al correo de bienvenida, que envié personalizado a todos los alumnos en los dos grupos, y los que han hecho comentarios espontáneos en Classroom o en FB.

Cierro, pues la semana, con una sensación menor de ansiedad, y más seguridad en la forma en que estamos trabajando.

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Un poco de contexto

La Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde imparto clase, fue cerrada en noviembre de 2019 por estudiantes alumnas que demandaban acciones decididas contra la violencia de género. Permaneció así hasta el 14 de marzo de 2020 en que se retiraron debido a la epidemia que en ese momento estaba ya extendiéndose por México.

Tras la entrega, el Consejo Técnico de la Facultad decidió una semana después comenzar el semestre en línea, fijando como fecha el 4 de mayo. Esta decisión dejaba una semana y media para preparar el material y la estrategia para impartir la clase en un formato completamente nuevo.

Afortunadamente gracias a que otras facultades habían iniciado el semestre y a raíz de la epidemia habían pasado a dar clases en línea, la UNAM contaba para entonces con algo de experiencia y de infraestructura para responder a las necesidades de la Facultad. Se habían adquirido licencias de Zoom y Blackboard, y acordó con Google el uso de Classroom y puso un Moodle a disposición de los profesores.

La incertidumbre

No conozco el proceso por el cual la Facultad decidió utilizar Classroom de Google como plataforma para que se impartieran las clases. Imagino que fue la forma más fácil que encontró la institución de poner en contacto a profesores y alumnos, sin tener que darnos a cada maestro los correos de los alumnos inscritos en la materia.

De cualquier forma, nos fue comunicado que el punto de contacto con los alumnos sería esa vía y existía la expectativa de que, tratándose de clases presenciales, los profesores harían uso extensivo de una plataforma de videoconferencias. Otras experiencias en la UNAM así lo indicaban.

Sin embargo, es claro, como se mira en los comunicados del Consejo Técnico, de la Dirección y en los correos de la Coordinación del Colegio, que no había mucha claridad respecto de la adopción de una estrategia institucional.

Lo que más se acercó a eso fue el reconocimiento de las dificultades que profesores y alumnos tienen para migrar a lo digital: los evidentes problemas de infraestructura, el desconocimiento del uso de las plataformas, la falta de experiencia en la educación en línea, y la decisión que tomó la institución de que se optara por la “flexibilidad”.

En los hechos, sin embargo, esta decisión produjo más incertidumbre sobre cómo y para qué usar Classroom, cómo y en qué condiciones impartir lecciones en zoom, y si debíamos renunciar a usar otros medios para llevar a cabo las clases, especialmente en el caso de profesores que ya usaban otras plataformas o páginas personales o blogs como medios de enseñanza.

De cualquier manera, con estas recomendaciones cada profesor tuvo que decidir, en muy poco tiempo, 4 días, qué estrategia quería seguir y cómo (los classrooms fueron habilitados apenas dos días antes de los comunicados, el 28 de abril). Además de aprender a usar probablemente una o dos plataformas nuevas, y planear sobre la base de ello, como enseñar.

Mis decisiones

Yo tomé la decisión de usar Classroom como vía para comunicarme y establecer actividades con mis alumnos por varias razones. La primera es que ahi estaría precargado todo y a donde se dirigirían los alumnos inicialmente. Segundo, las cátedras por Zoom no era opción para mí. Las considero imprácticas, aburridas para los “participantes”, pedagógicamente ineficientes y además excluyentes, porque al menos una tercera parte de mis alumnos no podrá conectarse en un horario regular. Y finalmente, fastidiosas, porque mi internet de la periferia de la ciudad, no tiene palabra de honor.

Tenía además ganas de experimentar con la plataforma, conocer sus limites y ver cómo respondían los alumnos a un modelo no sincrónico. De modo que el semestre podría resultar en una experiencia muy rica de construir otra forma de aprendizaje en condiciones extremas, que respondiera mejor a las posibilidades de todos mis alumnos.

La primera sorpresa, al comenzar a utilizar la plataforma, fue descubrir que los correos precargados, al menos en un 40% no correspondían a los que usaban los alumnos. En muchos casos, correos que habían abierto al inscribirse en la preparatoria y que ya no usaban más. Así, el proceso de “inscripción” de los alumnos en muchos casos se tuvo que hacer mediante contacto directo con los profesores. ¿Cuántos se quedaron fuera por eso? Quién sabe. Yo recibí correos en tres diferentes cuentas de correo, un mensaje directo en FB y, al término de la primera semana, tengo incorporados a mis plataformas 31 alumnos en la clase de Historia de la Filosofía IV -incluye “oyentes”, por inscribirse, extraordinarios e inscritos- y 13 en mi Seminario optativo donde la totalidad está inscrito.