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Una mirada al libro electrónico

Isabel Galina y Ernesto Priani

El libro electrónico llegó para quedarse —hoy incluso el diccionario de la Academia Española lo acoge en su seno—, pero aún no queda claro qué lugar ocupará. En esta, la primera entrega de un trabajo de reflexión histórica, cultural y tecnológica sobre la naturaleza del e-book, dos destacados “humanistas digitales” emprenden la nada sencilla empresa de comprender qué está en juego con la irrupción de este nuevo avatar de la cultura escrita.

Los derechos de autor en lo libros electrónicos

Isabel Galina y Ernesto Priani

Presentamos aquí la tercera entrega de un trabajo de reflexión histórica, cultural y tecnológica sobre la naturaleza del e-book; en esta ocasión, nuestros destacados “humanistas digitales” se proponen revisar los muchos desafíos jurídicos que imponen las peculiaridades de estos documentos inmateriales.

Artículos Académicos 2015

2015 fue un año productivo. Esto son los artículos que publiqué a lo largo del año

 

Una mirada al libro electrónico

Isabel Galina y Ernesto Priani

El libro electrónico llegó para quedarse —hoy incluso el diccionario de la Academia Española lo acoge en su seno—, pero aún no queda claro qué lugar ocupará. En esta, la primera entrega de un trabajo de reflexión histórica, cultural y tecnológica sobre la naturaleza del e-book, dos destacados “humanistas digitales” emprenden la nada sencilla empresa de comprender qué está en juego con la irrupción de este nuevo avatar de la cultura escrita.

Los derechos de autor en lo libros electrónicos

Isabel Galina y Ernesto Priani

Presentamos aquí la tercera entrega de un trabajo de reflexión histórica, cultural y tecnológica sobre la naturaleza del e-book; en esta ocasión, nuestros destacados “humanistas digitales” se proponen revisar los muchos desafíos jurídicos que imponen las peculiaridades de estos documentos inmateriales.

Las humanidades digitales en español y portugués. Un estudio de caso: DíaHD/DiaHD

Ernesto Priani Saisó, Paul Spence, Isabel Galina Russell, Elena González-Blanco García, Daniel Alves, José Francisco Barrón Tovar, Marco Antonio Godínez Bustos y Maria Clara Paixão de Sousa

From Fragment to Hypertext: Adding Layers of Reading

Ernesto Priani and Ana María Guzman Olmos

Abstract: In this paper we will suggest that a hypertextual representation of the text allows us to show different temporal layers of reading and add new ones. We use the notion “layers of reading” as a metaphor to explain how, historically, each reading of a text creates a new layer, an independent “stratum of meaning”that is superimposed to a previous reading. The metaphor comes from geology, of course, but it is also found in software. When we first thought about “layers”, we had in mind a Photoshop tool called layer that lets you draw over a figure you made before, without changing it. The way in which this tool works is by organizing your picture in levels, so you can see the entire figure, while you are working only in one part (or layer) of it, and it encapsulates the other parts. At the end, your picture is the conjunction of the layers you have opened and drawn, but in the middle of the drawing process you can choose to work with some layers instead of others, and, of course, open a new layer to draw in it.

El texto digital y la disyuntiva de las humanidades digitales

A partir del hecho de que las humanidades se estudian dentro de una ecología mixta entre lo impreso y lo digital, y en donde este último está tendiendo a ser predominante, el artículo se pregunta qué tanto el cambio de ámbito conduce a las humanidades hacia el umbral de un nuevo paradigma, o si los conceptos, métodos e ideas que han constituido tradicionalmente a las humanidades continúan vigentes aún en este nuevo entorno. Para responder a esta pregunta, el artículo se propone abordar el tema del texto y sus posibles variaciones prácticas y teóricas a partir de su digitalización. El texto ocupa un lugar predominante dentro de las humanidades porque es, al mismo tiempo, objeto primario de estudio, producción de conocimiento y diseminación. El artículo sostiene que aun cuando la digitalización nos obliga a redefinir nuestra noción de ‘texto’ porque se ha modificado su naturaleza y se ha abierto una intensa discusión sobre lo que este es, no se ha roto ni teórica ni prácticamente con el paradigma de lo impreso. Las teorías sobre el texto digital desarrolladas por Dino Buzzetti, Manfred Thaller, Jerom McGann y Paul Caton, así como la concepción misma de la codificación SGML/XML/TEI, que serán objeto de análisis de este artículo, preservan residuos de la concepción tradicional sobre el texto, que evidencian cuán poco las humanidades se han desprendido de nociones provenientes de la tecnología de lo impreso.

Leer electrónico. Observaciones a una experiencia

Desde hace un par de años leo principalmente ebooks en mi Ipad. También suelo leer libros de filosofía en PDF, pero salvo un par de excepciones, uno porque me lo regalaron, el otro por que me pareció interesante intentarlo de nuevo, no he vuelto a leer en papel. He pensado que puede ser valioso dejar testimonio de las  diferencias y los cambios que esta nueva costumbre está produciendo en mi, no sólo en cuanto a la lectura en sí misma, sino en lo que leo, el lugar y la forma en que lo hago, etcétera.

Mi paso de la lectura en papel a la lectura en pantalla fue relativamente lento. Comenzó hace unos cuatro años, que me compré una Kindle Fire, y después el Ipad en que ahora leo. Como es obvio, mi paso de un tipo de lectura a otro, está vinculado con la existencia de Amazon, pues mi interés en leer digital comenzó cuando quise ampliar el universo de mis lecturas con  lo que esa tienda en línea ofrecía. En esa época no encontraba propiamente qué leer. La oferta editorial en las librerías físicas que frecuento me parecía muy plana (aun me lo parece), de modo que buscaba nuevas alternativas. Así, lo primero que ha cambiado con mi lectura de libros electrónicos es dónde los compro y en qué idiomas los leo, pues previamente leía casi únicamente en español.

Empecé pues leyendo ebooks en inglés comprados en Amazon, pero después, y no si un cierto temor, probé a comprar libros electrónicos italianos en la librería IBS, lo que conseguí sin dificultad, y en la medida en que el catálogo de esta librería fue aumentando, comencé a leer más libros electrónicos en ese idioma. Busqué después comprar libros en español en Casa de Libro y en Gandhi, pero por políticas de venta o falta de catálogo he dejado de hacerlo. En su lugar, la mayoría de los libros electrónicos en español los he comprado a través de Itunes y un par de veces a través de Google play.

Un tema asociado a esto son las aplicaciones que uso para leer, pues comprar en diferentes librerías implica utilizar distintas plataformas. Por supuesto tengo el app de Amazon y el de Ibooks, uso Bluefire reader para los libros en italiano (aunque ahora la librería italiana ha lanzado su propia app de lectura) y tengo mi google play, por supuesto. Además de un Addobe reader para los PDF. De modo que hay una cierta asociación entre dónde compro, en qué idioma lo hago, y que aplicación utilizo para leer, lo que le da un orden peculiar a la lectura. Respecto a las apps de lectura, cada una tiene, por supuesto, sus ventajas, como el diccionario en Amazon que no está en los otros o no funciona igual, y algunas cosas menores, como ajustar el fondo para hacer contraste, mejor en Ibooks que en los demás y subrayar en algunas.

Leer libros electrónicos me ha enfrentado a un nuevo tema: cómo elegirlos. La apertura a una producción editorial mucho más amplia que la que encontraba en una librería en papel, siempre hace difícil cómo elegir. Este ha sido y es todavía un problema. He generado algunas estrategias, pero no ha terminado por resolverlo. Desde mi punto de vista, el comprar libros en una librería constriñe el universo de lo que tu lees y de lo que puede leer el grupo de tus conocidos. Cuando simplemente el universo se vuelve casi interminable no hay una comunidad, sino un montón de comunidades dependiendo de si lees en inglés, en italiano, en español, si buscas ficción o no ficción, si te interesa un género en particular. Dentro de las cosas que hago para encontrar nuevos libros están formar parte de una red social de lectura como goodreads, tener algunas paginas específicas donde consultar novedades, recomendaciones y sugerencias. Pero, sobre todo, pasarme horas en las librerías buscado libros, autores, y después navegando por internet para ver quienes son y qué tan interesantes pueden resultar, y preguntándole a los amigos qué cosas recomiendan.

Esto me ha permitido encontrar nuevos autores, algunos a los cuales me he hecho verdaderamente aficionado. Es verdad también que me he llevado muchas decepciones, quizás mas de las que me llevaba antes. De hecho, ha sido, si no una constante, si un hecho más o menos frecuente, que no termino algunos libros. Cosa que muy rara vez me pasaba cuando leía en papel. De algún modo, el acceso a tantos libros me ha llevado a comprar verdaderas tonterías y a dejarlas. A ello ha contribuido que los ebooks no tienen páginas sino porcentajes, o que las páginas que señalan no coinciden con las de los libros físicos, lo que hace que algunas lecturas se sientan interminables, mientras otras se perciban como sumamente ligeras, pues no hay una expectativa específica respecto al tamaño. Además, como no son libros que vengan precedidos de algunas reputación, es mucho más fácil dejarlos.

En ebook leo sobre todo novelas, aunque ya poco a poco comienzo a leer libros académicos. Estos últimos los leo normalmente como PDF, pues circulan así de manera mucho más frecuente en Internet. Además de que, me parece, los lectores de PDF se han orientado más hacia la la lectura de trabajo que hacia la recreativa y los lectores de ebooks más a la parte recreativa que a la de trabajo. Lo que ciertamente te orden el sentido y el fin de la lectura a partir de un ámbito de lectura propio. Ninguno de los dos modelos, sin embargo, te deja realmente explotar el texto facilmente: importar fragmentos, generar tarjetas, hacer comentario, archivar ideas.

Otra cosa que me he dado cuenta es que recuerdo con menos precisión los libros que leo. Al principio lo atribuía a la edad, después al hecho de que leía en dispositivos electrónicos, ahora creo más bien, que lo que ocurre es que no hay una comunidad cercana con quien generar una conversación. La mayoría no está leyendo el libro que leo -como no sea, claro, algunos de los que se venden muchísimo, o un clásico. Me ha dado cuenta que el recuerdo de los libros está asociado con el hecho de discutirlo con los demás, para dotar de significación a lo que pasó frente a tus ojos. Claro, para esto la alternativa es escribir en las redes o directamente aquí, una reseña de lo leído. Pero siento que eso es más un paliativo, un esfuerzo de valorar la lectura, cuando no hay una comunidad para vivirla en conjunto.

Finalmente, no leo en los mismo lugares que antes. Me cuesta todavía pensar en cargar mi ipad para leer donde lo hacía antes: antesalas, autobuses, metro, parque, la alberca, la playa… Pesan dos cosas: antes pensaba que nadie me querría arrebatar un libro y salir corriendo con él, y hoy no me arriesgo del todo al que alguien me arrebate la tableta. Por otro lado, no acabo de acomodarme a traerla en la mano, como antes traía un libro. Lo siento, no es lo mismo, ni pesa igual, ni se siente igual y todo el tiempo me preocupa que lo voy a perder. A veces leo en algunos de esos lugares en mi teléfono, pero la experiencia no es tan satisfactoria. Por alguna razón, sentarse en un café a leer, mientras se espera, no es lo mismo en la pantallita del celular. Así que leo en mi casa, en la cama o en la sala. Eso si, despatarrado como siempre,

Dos cosas que echo de menos, poder regalar libros (no todos los sistemas lo permiten), y prestarlos (a veces con la intención de que no vuelvan). Seguro se me escapa algo más. Pero hasta donde observo, eso está pasando ahora que solo leo ebooks.

 

 

El autor digital

Estoy escribiendo sobre el libro electrónico, con la idea de ofrecer respuesta a algunas de las preguntas básicas que cualquiera pudiera estar haciéndose sobre éste. Tanto a Isabel Galina, junto con la quien estoy escribiendo sobre esto, como a mi, nos pareció que el mundo editorial, pero particularmente la academia hispanoparlante, está comenzando a pensar en el libro electrónico como el futuro del libro, sin tener muy claro que es y cuales son las cuestiones asociadas con la llegada de ese tipo de publicación digital y, por lo tanto, cuáles podrían ser las estrategias más convenientes para ser utilizado en beneficio de la comunicación académica.

Uno de los apartados sobre los que investigo se refiere a cómo es el autor de los libros electrónicos y si este sería diferente a al autor de los libros actuales. La primera idea, por supuesto, es que ser autor de un libro digital es lo mismo que ser autor de un libro electrónico. Actualmente esa simultaneidad se da y parece que se prolongará todavía un tiempo, aunque ya comience a haber autores exclusivamente digitales. El problema, sin embargo, no consiste sólo en el hecho de que se sea autor de libro electrónico, sino de la forma en que ha cambiado la noción de autoría la existencia de una gran variedad de publicaciones electrónicas: desde el simple correo electrónico, al blog, la wiki y una largo etcétera.

El problema de la autoría digital y del autor digital, es que se inserta en la transformación de los medios de producción y distribución del texto, que definen un nuevo campo a partir del cual autor y autoría comienzan a discutirse y transformarse.

Muchas de las reflexiones sobre el autor digital parten del texto de Foucault ¿Qué es un autor? Para señalar que el libro en papel lleva implícita una cierta relación del autor con el texto, que se modifica cuando el texto es digital.

A primera vista, como recoge Siân Bayne, lo primero que parece verse afectado por la distribución digital del texto y por la facilidad de su reproducción es la autoridad del autor como fuente de valor. ¿De quién es el texto? Parece una pregunta cada vez  menos relevante en el mundo de internet, pues el vínculo del texto con el nombre de un autor puede romperse en cualquier momento, ya sea para perderse o para confundirse con el de otro. La pérdida de autoridad del autor es consecuencia de esta relación menos estrecha entre el nombre del autor y el texto. El texto digital, para Mark Poster, es más independiente de quién lo escribe y, en esa medida, hay una “rearticulation of the author from the center of the text to its margins, from the source of meaning to an offering, a point in a sequence of continuously transformed matrix of signification”.

No es esta, sin embargo, la única razón por la que la autoridad del autor se ha ido transformando. Para Kathleen Fitzpatrick al menos estas tres características del texto digital “commenting, linking, and versioning —produce texts that are no longer discrete or static, but that live and develop as part of a network of other such texts, among which ideas flow.“

Ya aquí había escrito sobre lo difícil que es establecer un texto en el mundo digital. Estos están llenos de versiones no solo textuales, también auditivas y visuales, en las que en ocasiones es difícil discernir los comentarios y los vínculos como parte o no del texto del que se trata.

Todos estos son fenómenos cambian lo que es el autor y lo que es la obra, incluso en el caso de publicaciones “más cuidadas” como los libros digitales. En su base, un libro digital no es más que un xml guardado en un zip y abierto de cierta forma por un software a partir de ciertos comandos para su representación en la pantalla, y puede contener todos los elementos y las características de cualquier publicación digital: desde links hasta comentarios, y hoy la posibilidad de socializar la lectura. Elementos todos que cambian la experiencia de ser en nuestros días un autor.