Ernesto Priani

Afecto y emoción por Gómez Dávila           

A menudo me dejo guiar sobre todo por el afecto. Temas y asuntos que pueden serme distantes e incluso ajenos, despiertan mi curiosidad por la intermediación del afecto a ciertas cosas o a ciertas personas. Leí Facetas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila, publicado por la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia y que se puede bajar aquí, porque le tengo mucho aprecio al que fue el editor académico del volumen, Juan Fernando Mejia Mosquera.

En numerosas conversaciones e intercambios, Juan me ha hecho saber de la existencia de Nicolás Gómez Dávila, una figura muy interesante de la cultura y la filosofía colombiana del siglo XX, y de su enorme interés profesional y personal por este personaje a la vez lúcido y enigmático.

A pesar de que no ha logrado contagiarme del entusiasmo por Gómez Dávila, me concedí la libertad de leer el libro para saber más y entender mejor la pasión de Juan por él, y quizás aprender algo más de Gómez Dávila, y del pensamiento y la cultura colombiana y latinoamericana del siglo XX.

Lo que encontré en el libro fue algo muy interesante que hace y no honor al título. Me explico: no soy quien para juzgar si son o no afortunadas las distintas excursiones que los autores de los capítulos del libro hacen al pensamiento de Gómez Dávila. Pero creo poder ser un observador de los métodos de aproximación seguidos por los autores. En otras palabras, terminé leyendo el libro con la mirada puesta en las facetas de aproximación, más que en las facetas del pensamiento del filósofo colombiano.

Cabe aclarar, antes de seguir, que la obra de Gómez Dávila ofrece un enorme desafío a sus intérpretes. Escrita en su mayoría en forma aforística, sin grandes ensayos, salvo un par de textos, no declara expresamente a partir de qué texto o textos elabora sus reflexiones. En su conjunto presenta a quien la estudia diversos problemas que lo mismo se refieren al estilo, cuestiones de establecimiento del texto, identificación de sus fuentes, a su inserción dentro del pensamiento colombiano de la época, además de cuestiones de autoría, semántica y, claro, temas propiamente filosóficos.

El libro responde a este desafío desde múltiples frentes. Por un lado, los primeros capítulos están dedicados a abordar el problema que es la obra de Gómez Dávila, tanto desde el punto de vista de cultural como una obra aislada y a la vez inmersa en una dinámica cultural, como desde el punto de vista filológico-literario. Me interesó particularmente el capítulo escrito por Francia Elena Goenaga Olivares que aborda el problema del lector-autor, en una obra como la de Gómez Dávila que se presenta a sí misma como producto y comentario de otra no declarada. En su conjunto, los cinco primeros capítulos y la introducción escrita por Juan Fernando Mejia Mosquera ayudan a comprender la excepcionalidad del objeto que estudian y la dificultad de establecerlo por completo. Cabe decir que no es frecuente una aproximación como ésta a pensadores contemporáneos cuya obra se toma como dada inmediatamente y fuera de discursión.

Los siguientes capítulos, con nombres elocuentes como 2Contra el mundo: bolero desesperado…”, “Fantasía y represión en ‘De Iure’”, “Vida y obra como partes de un mismo experimento”, “El valor de lo inútil”, enfrentan a Gómez Dávila con otras herramientas de análisis tomadas de la lingüística y la filosofía. En ellas, la obra del filósofo colombiano sirve en realidad como motivo para el desarrollo de reflexiones desde la perspectiva y la problemática en las que está interesado el autor del capítulo. Curiosamente, más que ofrecernos una perspectiva de Gómez Dávila, este grupo de capítulos ofrece una aproximación a los temas y autores que inquietan en ese momento a pensadores colombianos, y que los reflejan en su acercamiento.

Los últimos capítulos hacen un estudio más tradicional al filósofo bogotano. Y por esto quiero decir que intentan hacer una hermenéutica de su obra desde los confines del texto. Se trata sobre todo de intentos de reconstrucción del pensamiento jurídico, estético y antropológico de Gómez Dávila, en un afán por comprender, más allá de los límites impuestos por el estilo, una reflexión amplia sobre estos tres asuntos.

La riqueza de Facetas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila no se reduce, pues, solo a lo que se dice de él, sino a la multiplicidad de herramientas y formas de aproximación contemporáneas a su obra, vida y pensamiento, que muestra la riqueza conceptual y analítica con la que puede ser estudiado un autor tan complejo.

 

Nota final

Nicolás Gómez Dávila es una figura que me sigue resultando ajeno, pero el libro me ha mostrado un punto de encuentro. Gómez Dávila se describe a sí mismo como reaccionario por “su distancia y su desacuerdo con su tiempo, con su espacio, con su país, con su tradición cultural”. Me identifico plenamente con esa idea. Con esa forma de no pertenecer, de verse a uno mismo aislado.

 

Mejía, J. F. (ed. ac.). Facetas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila. Pontificia Universidad Javeriana & Instituto Caro y Cuervo. PP 279-28. ISBN 978-958-781-227-5.

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