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Aquí se habla de sueños
Comencé ha hacer tiktoks hace más de un año, con la idea de promocionar mi libro, Los instrumentos de la noche. Poco a poco se fue convirtiendo en un espacio para hablar de sueños, de magia y de otras cosas que me interesan y me gustan mucho.
Podcast: Inéditos e inconclusos
Desde hace algunos años mi amigo Juan Fernando Mejía Mosquera, colombiano y filósofo, tenía ganas de iniciar un podcast sobre la vidas filosóficas que poco a poco fue derivando en la idea de hacer un podcast sobre las vidas. Después de planearlo, pensarlo y no decidirse completamente a hacerlo, un día nos juntamos y platicamos, y me invitó a hacerlo juntos. El podcast se llama Inéditos e inconclusos y en él hablamos sobre las vidas para aprender de la vida. Puede escucharse aquí:
Pero también en
Hola y adiós a Ráfagas de pensamiento
Ráfagas de pensamiento es un proyecto que complió hace poco veinte años, que la verdad es que son muchos. Así que Ignacio Bazan, mi productor, y yo, decidimos junto con Radio UNAM, dejar de hacer nuevas ráfagas, para iniciar otros proyectos -de los que les avisaré pronto.
Eso nos llevó a cerrar la cuenta de podbean donde se alojaban para distribuirlas por internet, porque nos constaba bastante. En su lugar comenzamos ya a subirlas directamente a Spotify, así que poco a poco volverán a estar ahi. La liga al canal en ese servicio está aquí
Más adelante, comenzarmos a conectar Ráfagas con otros serivicios.
Además, siguen disponibles todas las Ráfagas de la segunda época en Radio UNAM en esta dirección https://www.radiopodcast.unam.mx/podcast/verserie/281
Nuevos cursos
El último año he tenido la oportunidad de que dos de mis cursos en la Facultad de Filosofía y Letras fueran grabados. Ambos tienen como eje la inteligencia artificial, tema por supuesto de mucha relevancia hoy.
El primero aborda algunos de los problemas filosóficos de la inteligencia artificial y lo puedes encontrar aquí.
El otro aborda el tema de la inteligencia artificial desde un punto de vista más amplio, pues fue impartido por especialistas de varias áreas que se ocupan de ellas y la puedes encontrar acá.
Vuelta a clases: el sueño
Anoche soñé que iba a mi primer día de clase. Todo era confusión. Llegaba a un salón parcialmente lleno en el que ningún alumno usaba cubrebocas, ni tampoco lo usaba yo. Entraba con desconfianza y confundido. ¿Era el salón correcto? ¿Por qué ninguno estaba usando cubrebocas? ¿Dónde había dejado el mío? Un alumno en la clase nos recuerda a todos que el inicio del semestre sería en línea. ¿Qué hacíamos entonces ahí todos? Poco a poco fui entrando en pánico, mientras el salón se iba poblando más y más de alumnos hasta llenarse. ¿Ya estaba contagiado? ¿Me podía contagiar si seguía adelante de la clase? Al final salía confundido y angustiado del salón.
El día anterior por la mañana había llegado el comunicado de la Dirección de Facultad de Filosofía de la UNAM donde trabajo que informaba lo siguiente:
La Dirección General de Obras realizó pruebas para medir la concentración de CO2 en los espacios de la Facultad con detectores de dióxido de carbono. Para los especialistas es conveniente no rebasar las 700 partículas de CO2, siendo el límite máximo 1000. Las pruebas se practicaron en todos los espacios y salones con personas simulando alumnos y profesores, dando como resultado un aforo permitido de hasta un 70%.
Para el regreso presencial se realizaron las siguientes obras:
• En los 33 salones del área blanca se instalaron extractores y se dio mantenimiento a ventanas, puertas y cancelería para propiciar una ventilación óptima.
• En los 40 salones y en los pasillos del edificio principal se hicieron adecuaciones en la cancelería para permitir mayor apertura de las ventanas y ampliar la ventilación.
• En las aulas-teatro Fernando Wagner, Enrique Ruelas, Rodolfo Usigli y Justo Sierra se instalaron equipos de inyección y extracción de aire que incluyeron la habilitación de ductos de retorno e inyección. Además, en los salones de danza y ensayos se instalaron extractores de aire.
En apego a los lineamientos del Comité de Seguimiento COVID 19 se ha establecido el siguiente protocolo para las actividades presenciales:
• Uso obligatorio de cubrebocas, cubriendo del puente de la nariz hasta la barbilla
• Apertura permanente de las ventanas para mantener la ventilación de los espacios
• Ocupación de los salones al 60% de su capacidad (aforo reducido)
• Ingreso a las aulas 10 minutos después del horario de inicio de cada clase
• Salida de las aulas 10 minutos antes del horario establecido para el final de cada clase
• Práctica de etiqueta respiratoria al estornudar o toser cubriendo nariz y boca con el ángulo interno del brazo sin retirar el cubrebocas
• Lavado frecuente de manos con agua y jabón o uso de gel con alcohol al 60%
• Liberación de pasillos, corredores y escaleras de manera permanente para evitar aglomeraciones
Considerando lo anterior, el Consejo Técnico ha determinado que las clases del semestre 2022-2 que darán inicio el 31 de enero, se llevarán a cabo en línea hasta el 26 de febrero. A partir del lunes 28 de febrero se retomará el acuerdo del Consejo Técnico de noviembre, para la alternancia entre una semana de clases presenciales y otra virtuales para el sistema escolarizado y para reiniciar la programación habitual del SUA. Todas las actividades que ya se vienen realizando de manera presencial continuarán así con las medidas preventivas necesarias.
Dos sueños
Sueño de Lichtenberg
Septiembre 1798
A fines de septiembre de 1798 soñé que le contaba a alguien la historia de la joven y hermosa condesa Hardenberg, que me emocionó tanto como a cualquier otro. Murió en septiembre de 1797, en las semanas… o más bien durante el parto que no llegó a cumplirse. La abrieron y el niño fue colocado junto a ella en el ataúd. Los condujeron de noche, alumbrados con antorchas entre la horrenda turbamulta, a un sitio cercano donde se encuentra la cripta de la familia. Para ello se utilizó el carruaje fúnebre de Gotinga, un artefacto casi inservible, que hizo que los cadáveres rodaran de un lado a otro. Como algunas gentes quisieron verlos una vez más antes del entierro, el ataúd fue abierto: vimos el rostro destrozado y el niño hecho un amasijo. Aquella mujer hermosa, corona de nuestras damas, que difícilmente llegaría a los veinte años y en cierto baile provocara la envidia de las más bellas, ¡en ese estado! En su momento pensé mucho en esta imagen, sobre todo porque conocía muy bien al marido, uno de mis más aplicados escuchas. Fue ésta la triste historia que le conté a alguien en mi sueño, en presencia de un tercero que también la conocía. Sin embargo, me olvidé (algo muy curioso) del aspecto del niño, un detalle crucial. Después de concluir la historia (con gran energía y, según creí, logrando conmover a mi escucha), el tercero dijo: “Sí, y el niño yacía con ella en el ataúd, no eran sino una masa.” “Sí -proseguí de inmediato-, y su niño estaba en el ataúd.” Este es el sueño, Lo que me parece singular es lo siguiente: ¿Quién me recordó al niño en el sueño”, ¿fui yo mismo quien recordó aquel detalle?, ¿por qué no lo expresé en el sueño, como parte del recuerdo?, ¿por qué creó mi fantasía un tercero que tuviera que sorprenderme y al mismo tiempo humillarme? De haber contado despierto la historia, seguramente no se me habría escapado aquel detalle estremecedor, pero en este caso tuve que omitirlo para dejarme sorprender. De aquí se puede sacar cualquier conclusión. Menciono sólo una, justo la que habla peor de mí y mejor de la sinceridad con que cuento este sueño singular. Al dar algo a la imprenta, en el último momento, cuando ya nada se puede cambiar, suelo darme cuenta de que todo se podría haber dicho mejor, sí, que he olvidado detalles cruciales, y esto me enerva. Creo que aquí radica la explicación: dramaticé un incidente que me es familiar. Tampoco hay nada extraño en ser aleccionado por un tercero en el sueño; se trata, sencillamente, de una reflexión dramatizada. Sapienti sat.
Lichtenberg, Georg Christoph. Aforismos. Barcelona, Edhasa, 1990 (Traductor Juan José del Solar)
Sueño de Robert Southey
14 de julio de 1806
Una Biblia que había sido de Chatterton estaba en manos de una mujer con la que fui en busca de ella. Se trataba de una criatura con una mirada tan malvada como bien puede ser imaginado, y su aspecto no la desmentía. Preparó esta Biblia con un propósito mágico que desconozco, manchando cada página con la sangre del corazón de un bebé. Es el libro de la vida, dijo, y cada hoja iba a tener una vida en ella, y ella no había respetado la vida para completarlo. Tan pronto como esto fue conocido, una multitud enardecida, y para mi gran satisfacción, estaba determinada a prender fuego a su casa y quemarla con todo lo que contenía. En principio, sentí un placer vengativo y justo placer en ello, pero la casa estaba en una calle estrecha y, por lo tanto, yo y el joven pastor que estaba junto mí, pensamos que era mejor llamar a la oficial al mando en la ciudad e informarle del peligro. Forzamos nuestro camino con mucha dificultad a través de la multitud, y entramos en la habitación donde el oficial estaba bebiendo su vino: oyó nuestra historia con la máxima frialdad, sonrió ante nuestra alarma y dijo que ya había oído la historia y había dado en consecuencia las órdenes. De ahí volvimos, pero por un camino posterior y aquí, como muy a menudo ocurre en mis sueños, parecía como si yo me arrastrara a lo largo de un camino subterráneo donde era apenas posible formar un pasaje. En la parte superior de esta larga bóveda había una cámara que estaba bajo una calle y tan robusta como era posible sin estar arqueada, en ella encontramos una caja y estas palabras escritas en ella: “Tenga buena atención”. La abrí y encontré algunos minerales y cuatro volúmenes de alquimia: la dejé allí para que la encontrara alguna persona que estaba tratando de obtener el gran secreto: un hombre vino por ella y yo le desee que cuando tuviera éxito y pudiera hacer oro, fuera tan bueno como para recordarme. Esto no rompió el sueño. Cuando salimos de la casa estaba en llamas, pero supe que la mujer no estaba en ella. Una vez que había intentado salir corriendo, se vio obligada por la multitud a volver, pero un sirviente se mantuvo con ella hasta el final, y la gente se sintió tan impresionado por su fidelidad, que imploraron salir a ambos. La mujer se quemó de pies a cabeza, sus piernas ser negro como cenizas, y en este estado estaba reservado para la justicia.
Southey, Robert, Caroline Bowles Southey, and Edward Dowden. Correspondence with Caroline Bowles, to which are added correspondence with Shelley, and Southey’s dreams: Edited, with an introd. by Edward Dowden. Dublin: Hodges Figgis 1881. En línea https://archive.org/details/correspondencewi00soutuoft
Bitácora de mis clases en línea 5
El cierre del semestre
Tenía pendiente escribir sobre cómo terminó el semestre y cuál es el balance final de la primera experiencia. Pero la premura por iniciar el siguiente semestre -que de hecho iniciamos esta semana- me llevó a posponer muchas cosas y, entre ellas, esta entrada.
Al hacer un primer balance general, me parece que hubo aciertos y problemas en muy distintos aspectos del curso, en buena medida por no haber tenido tiempo suficiente para planearlo, la falta de experiencia, la situación de incertidumbre que rodeaba (y rodea aun todo).
Pero veamos algunos de esos problemas:
Estudiantes y participación
El semestre vivió una primera parte caótica, debido sobre todo ciertas decisiones sobre cómo inscribir a los alumnos y la incertidumbre generada por la semana de altas y bajas. Fue a lo largo de ese primer mes y medio que un número muy alto de estudiantes dejó de participar en las sesiones virtuales como en las actividades en Classroom. Imposible saber cuáles se cambiaron de grupo, cuales se dieron de baja o cuáles simplemente dejaron de estar ahi.
La segunda parte fue, en este sentido, mas estable y sistemática. Cerca del 50% del grupo estuvo hasta el final y recibió una evaluación a partir del número de actividades que entregó.
La evaluación
Esto último merece una explicación. Al principio tomé la decisión -sin saber muy bien por qué- de calificar cada actividad sobre una escala de 10 en vez de una escala de 3, que uso habitualmente. Al poco tiempo me di cuenta que la gran mayoría obtenían entre 9 y 10, porque en el camino adopté un criterio de no ser especialmente severo con las evaluaciones, debido a la situación, y porque los alumnos estaban haciendo en muchos casos, esfuerzos extraordinarios. De modo que al final, la forma más sencilla, y al mismo tiempo más justa de calificar fue a partir del número total de actividades entregadas.
Un desliz
Aunque no toda la parte final fue miel sobre hojuelas. Como nos lanzaron al ruedo sin muchas armas, fui armando las actividades poco a poco cada semana. Las había programado para que se resolvieran cada dos semanas y, todo iba bien hasta que llegaron las vacaciones de verano. Esas absurdas vacaciones -porque nadie salía de casa- y que me hizo interrumpir el ritmo y la secuencia que llevaba -justo por no haber planeado todas las actividades desde un principio-, y perder, por distracción, una semana completa en que debí haber subido una nueva actividad y que olvidé por completo.
Al final todo salió mejor de lo esperado. Yo quedé satisfecho y mis alumnos, a juzgar por sus comentarios, también. Por supuesto, aprendí mucho y hay muchas cosas que voy a modificar este nuevo semestre:
Estoy dejando ya planeadas todas las actividades y el modo de calificar ya quedó establecido desde el principio, sobre tres. Pero de eso y del curso que tomé de diseño instruccional, ya haré un post próximamente.
La biblioteca del otro
Estos días de epidemia y encierro tomé la decisión, mucho tiempo postergada, de reordenar mi biblioteca y al mismo tiempo renovar libreros y otros espacios del estudio. Pensaba que sería una tarea grata, como siempre lo fue para mi, pues poner orden, reencontrarme con mis libros, es una de las cosas que mas me gustan. Pero esta vez fue diferente.
Hace mucho tiempo que no reordenaba la biblioteca y hace mucho también que no leía un libro en papel, pues desde hace ya más de un lustro mi fuente primaria y casi única de lectura es digital, como da cuenta esta entrada escrita hace exactamente cinco años.
El tiempo pasado, la falta de cercanía con los libros en papel ocasionó que, en cuanto comencé a bajar los libros, sacudirlos y apilarlos, tuviera la sensación de que se trataran de los libros de otra persona. De alguien que había vivido el siglo pasado y que, de pronto, hubiera dejado de existir y yo los hubiera heredado.
Todos me parecían libros viejos, empolvados -que lo estaban, porque en esta casa cómo hay polvo- que había pertenecido a otra persona. Pero esa otra persona era yo, por supuesto, hace veinte, treinta años.
Ahí estaban los libros, bastante arruinados algunos, de mi adolescencia; los de mi formación profesional -estos más cuidados. Los primeros que compré sistemáticamente en el extranjero, con una visión más especializada. Pero también podía verse que los mas nuevos eran regalos de colegas y de amigos y que se había producido un salto. O un vacío que separaba el último de los libros comprados por mí, con estos que eran más relucientes y nuevos.
Esta sensación me produjo vértigo. Una súbita consciencia de que, en efecto, algo había cambiado mucho en mí. Que hay una ruptura, un vacío en mis hábitos de lectura, que me separaban mucho, mucho más de lo que yo alguna vez había pensado, de quien había sido yo hace tiempo.
Volví a leer la Flecha negra de Stevenson, una de las novelas favoritas de mi juventud, quizás por volverme a conectar conmigo mismo. Pero esta vez la leí en un libro electrónico en inglés. Lo mismo, sí, pero diferente al fin.
Bitácora de mis clases en linea 4
Después de vacaciones
Pues si, tuvimos vacaciones o, para los que nos quedamos en casa y no pensamos que las vacaciones son para salir cueste lo que cueste, un periodo sin actividades en línea. Aunque esto es un decir. Poco antes de iniciar el periodo vacacional le dije a mis alumnos que permanecería conectado, de modo que si alguno quisiera aprovechar el tiempo para ponerse al corriente -cerca de la mitad del grupo tiene una o más actividades de retraso- yo estaría revisando la plataforma. Algunos me tomaron la palabra. Así que con menos regularidad, pero me conecté para calificar esas actividades y para monitorear el avance general del grupo.
Las vacaciones, sin embargo, me rompieron el ritmo de trabajo y me ha costado volverlo a recuperar. En particular, volver en tener en mente revisar la plataforma y el correo un par de veces al día y a planear con anticipado las actividades siguientes.
Pero las vacaciones sirvieron también para evaluar el curso. Una de las cosas que en las que más he pensado es en cómo la migración digital me ha hecho replantearme dos preguntas básicas: qué es exactamente lo que enseño y cuáles son los aprendizajes que espero que obtengan mis alumnos.
Una cosa que pasa con la filosofía y su enseñanza en México, según mi experiencia, es que no se discute su pedagogía. Se asume, sin hacerlo nunca explícito, que la cátedra decimonónica es el modelo pedagógico perfecto: uno se para delante del grupo y habla. Luego, ya sea por seguir el ejemplo, o quizás por ósmosis, los alumnos aprenden. ¿Pero qué aprenden? Para mi esto es un misterio y eso que yo “aprendí” de esa forma.
De modo que transformar la enseñanza en un conjunto de actividades que guíen al alumno hacia los aprendizajes esperados, me obligó a preguntarme: qué quiero que aprendan. Poco a poco, a través del diseño de actividades -no antes- fui comprendiendo qué quería que aprendieran: a identificar las ideas sobre el hombre, sobre el gobierno y la política, y sobre cómo se desarrollan las ideas de la ciencia en el renacimiento. De modo que su integración les permita tener un panorama de los temas en discusión y de las dimensiones de la discusión filosófica en esa época.
En el caso de optativa sobre Humanidades Digitales la identificación de los aprendizajes fue mucho más rápida, porque se trata de un taller que tiene como fin la realización de un proyecto común, de modo que muchas de las ideas estaban ya definidas, aunque el momento de llevarlas a cabo tuvo ajustes pues los procesos de investigación no son tan lineales como uno los concibe.
Planear las actividades ha sido el mayor reto, pero también lo que más he disfrutado. Implican mucha reflexión pedagógica, pero sobre todo, mucha creatividad. Algunos, como el comentario colectivo a El príncipe de Maquievalo, o el comentario individual a un párrafo de la Ciudad del sol de Campanella han resultado muy efectivos. Otros, como un mapa mental, un poco mas difícil de realizar para algunos, por limitaciones técnicas. Mientras, en el caso de la optativa, un experimento de formar un corpus de noticias resultó muy estimulante para los estudiantes.
El reto ahora es pensar en nuevas actividades, que sean atractivos para ellos, y que cumplan el objetivo que se busca.