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Día de las humanidades digitales: el esfuerzo está en todos lados

Ayer Esteban Romero, @polisea y Ernesto Priego, @ernestorpiergo, sostuvieron un intercambio de ideas sobre los resultados de la difusión del día de las humanidades digitales en twitter. Todo comenzó con la publicación que hizo @polisea de sus resultados en un post con un título provocador: ¿Dónde estaban entonces los humanistas digitales? que fue pronto contestado por @ernestopriego como puede verse en el comentario que hace a la entrada de @polisea, donde ofrece el análisis qué él hizo de los resultados en twitter y que puede verse aquí.  A lo conversación se sumaron, porque fueron interpelados por @polisea otros miembros de la RedHD como Isabel Galina @igalina, Elika Ortega @elikaortega, y Silvia Gutiérrez @silviaegt. Elika nos remitió a su comentario sobre las dificultades de permanecer conectada durante el día HD y cómo ello cambió su perspectiva sobre su participación. Silvia, a su vez, nos remitió a un post que escribió, precisamente para reflexionar sobre lo que estaba pasando en ese momento con la conversación y como ella aprendió del día HD en dos planos, y haciendo énfasis en la importancia de leernos entre nosotros, que fue el reclamo inicial de Ernesto Priego a Esteban Romero.

La polémica generada se ocupó de varios temas importantes. La necesidad de leernos para formar una comunidad y una red (en la que se debe asumir, también, que no puede leerse todo). El escaso impacto del evento en twitter cuya importancia, a decir verdad, me resulta relativa: twitter es más una manifestación que un fin y, en ese sentido, me parece que Esteban Romero toma su práctica personal del vínculo on/offline como mandatoria para una comunidad que por cultura académica, condiciones de infraestructura, disponibilidad laboral no la tiene. Los problemas de conectividad y de disponibilidad, en general, de una parte de la comunidad. Y la propia naturaleza del día de las Humanidades Digitales, ¿una fiesta o una forma de hacer visible las humanidades digitales?

Y en este punto quisiera decir que la principal diferencia de este Día de las Humanidades Digitales con el realizado el año pasado, es precisamente la discusión que ha propiciado. Pues marcadamente, este año han existido, desde el principio, una discusión sobre la forma de celebración, el hastag a utilizar y, por supuesto, las que ya he referido. Sumo a ellas lo que me hicieron saber Gimena del Rio, de la Universidad de Buenos Aires y María Clara Paixão de Sousa de la Universidad de Sao Paulo, a través del correo que compartimos el grupo organizador. Ambas coinciden que las diferencias horarias, entre América y Europa, así como entre los países del continente, les hizo difícil seguir el día de las Humanidades Digitales. Gimena, que sumó a la Asociación Argentina de Humanidades Digitales, hizo notar que el tema del uso horario la desmotivó bastante, pues ese tía trabajó la mayor parte del tiempo y cuando pudo conectarse en la noche, el día prácticamente había terminado.

En lo personal, me parece muy bueno que este año estemos discutiendo el modelo, la forma de hacerlo, la cultura que queremos compartir, así como nuestras dificultades. El hecho de que la discusión se de en distintos canales: en blogs (incluyendo los del día HD), en twitter, en correos, personalmente muestra cómo una comunidad tan amplia no tiene los mismos canales de comunicación, la misma cultura digital, las mismas formas de colaboración, ni el mismo acceso, tiempo y espacio para hacerlo.

Mi lección en este momento, para aprender como Silvia Gutiérrez de lo que está pasando, es que hay una discusión abierta que hay que aprovechar para ir encontrando cómo agrupar la comunidad de habla española y portuguesa de las HD, y qué quisiéramos hacer el año que entra. Existe ya la propuesta de que el día de las Humanidades Digitales se celebre dentro del Day in Life od the DH, que el año que entra será responsabilidad del Laboratorio en innovación en Humanidades Digitales de la Universidad Nacional a Distancia de España, lo que quizás nos permita buscar y encontrar otro modelo, para hacer visible y celebrar, las HD en nuestras lenguas.

Digitalización, datos y valor

Escribo con una enorme emoción. De esas que te embargan cuando no dejas de pensar en las mil cosas que se puede hacer y que no estás haciendo aun, pero que deberías pensar en hacerlas pronto. La culpa de que escriba arrastrado por ese entusiasmo es una semana plena, llena de eventos, charlas y encuentros, que no sólo me nutrieron sino que me dispararon en todas las direcciones posibles. Un recuento breve quizás de una idea de por qué lo que busco transmitir más la ebullición que el relato.

La semana, una semana en que celebraríamos el miércoles 15 de octubre de 2014 el día de las Humanidades Digitales la comunidad portuguesa e hispanaamericana, comenzó para mi, el lunes y el martes, asistiendo a reuniones convocadas por la SEP para la conformación de redes temáticas para un proyecto de Comunidades Digitales de Aprendizaje. Sobre eso escribí algo ya en mi blog para el día de las humanidades digitales. Pero luego vindo el díaHD2014 y con él la conferencia de Dominique Vinck, director del Laboratoire de cultures et humanités digitales de l’Université de Lausanne. Sobre ella diré mucho más en un momento, porque fue uno de los dos eventos que despertaron mi entusiasmo. El miércoles, además de ello, me ocupé en escribir mi blog para el DíaHD2014 y en revisar el de los demás, ya entusiasmado por todo lo que sentía que estaba pasando. El jueves di un taller, junto con Isabel Galina sobre Libro electrónico y el viernes asistí toda la mañana al Congreso Las Edades del Libro, que organiza el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM. Ahí, además de una sorpresiva e interesante ponencia de Elika Ortega sobre Between page and screen, una reflexión de Isabel Galina sobre las dificultades para desarrollar proyectos digitales en la UNAM, estuvo Andrew Piper, director del textLab de la Universidad de McGill en Canada.

Como puede verse, humanidades digitales a todo lo que da. Puros estímulos para intentar emprender cosas nuevas, mejorar las que ya están en curso, para reflexionar sobre lo que está pasando. No voy a revisar aquí todas las cosas que se me ocurrieron. Me detendré, como advertí, en la charla de Dominique Vinck porque creo que algunas de sus ideas pusieron el dedo en la yaga de o que está pasando ahora.

La conferencia de Dominique Vinck giró, sobre todo, al rededor de lo que el laboratoire de cultures et humanités digitales de l’Université de Lausanne está haciendo con el archivo del Festival de Jazz de Montreux. Pero más allá de lo anecdótico, sin embargo, su presentación se basó en dos premisas fundamentales. La primera, el temor, manifestado por Vinck de que con el patrimonio cultural de las naciones pasara lo mismo que con la riqueza genómica de los países, de la cual se han ido apropiando corporaciones y entes privados, con recursos suficientes para estudiarlo y registrar patentes. Pero, y esta fue quizás la parte más rica de su intervención, la protección de ese patrimonio no puede reducirse, en realidad, a la digitalización y la preservación de los archivos digitales. El trabajo para crear herramientas que permitan explotar los datos en esos archivos es aquello que le da valor a éstos y que posibilitan su apropiación por parte de las naciones.

Para decirlo de una manera sintética: si no somos capaces de generar instrumentos para conocer nuestro patrimonio cultural, sin importar dónde estén los archivos, otros lo harán. Y el que genere los instrumentos, y no necesariamente el poseedor del archivo, será quien genere riqueza. El punto aquí es doble, pues el valor de un archivo digital, valor en términos de conocimiento, pero también valor en términos monetarios, depende de los medios creados para su explotación. No sólo porque se puede, a través de ellos, explotar el archivo, sino que precisamente la creación de los instrumentos tiene un valor más allá de su aplicación específica. Así, por ejemplo, en el caso de lo que se hace con los archivos de Jazz, al crear aplicaciones para ordenar, registrar y corregir datos, se crean en general aplicaciones que pueden ser utilizadas para encontrar música e identificarla, o bien para crear otro tipo de aplicaciones, de diversión por ejemplo, que pueden tener popularidad en el mercado.

Por supuesto, me quedé pensando en qué estamos haciendo con los archivos en México. El foco, por desgracia, está puesto sobre todo en la digitalización. Así lo está haciendo lo mismo Conaculta que la UNAM, que la Universidad de Nuevo León, que Puebla. Presentando imágenes digitalizadas, con ningún añadido en términos de explotación de datos. La cuestión es política, económica y, por supuesto, científica y cultural. Si no se avanza en la obtención de nuestro patrimonio digital, ya otros lo están haciendo… por ejemplo, Google y otras empresas a las que, en algún momento, se les permitió digitalizar, pero sobre todo, explotar el patrimonio encerrado en nuestros documentos.

 

No es un lamento, es un llamado a hacer algo.