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Primeras historias de la filosofía

Captura de pantalla 2013-11-17 a la(s) 20.35.13Desde hace tiempo me interesa la historiografía de la historia de la filosofía. Esta semana, en parte por este interés, pero también por mera curiosidad, me puse a buscar las primeras historias de la filosofía.

Tomé como punto de partida las Lecciones sobre la historia de la filosofía de Hegel, para rastrear sus fuentes, que son sobre todo son dos: La historia de la Filosofía de Johann Jakob Brucker escrita entre 1742-46, y la Historia de la Filosofía en once tomos de Wilhelm Gottlieb Tennemann, de la que encontré además su Manual de historia de la filosofía traducido al inglés. La revisión de la bibliografía del manual de Tenneman arrojó otros resultados, La historia de la filosofía en ocho partes de Thomas Stanley de 1656, y el mas antiguo y sorprendente de Joannis Jonsii Holsati Sobre la historia de la filosofía en cuatro libros de 1659.

No deja de ser fascinante hacer de estos instrumentos para transmisión de las ideas filosóficas objeto de un estudio. Claves para la formación y el conocimiento de la filosofía y a la vez, tan extraños para su análisis.

Un discurso y una apología

Voy a hablar de dos novedades, aunque a decir verdad, este blog hace mucho que no es tan actual y tan novedoso como su autor quisiera. Claro que esto se debe no sólo a la molicie de quien escribe, sino a que lo hago desde un país periférico y ciertas novedades, como las que tienen que ver con la filosofía del Renacimiento en realidad no es que tarden tanto en llegar sino que uno tiene que ir descubrirlas.

Ese es el caso de la nueva edición al Discurso sobre la dignidad del hombre de Pico della Mirandola: Oration on the Dignity of Man A New Translation and Commentary Edited by Francesco Borghesi, Michael Papio y Massimo Riva, Cambridge University Press 2012, del que se puede ver una reseña si tienes acceso a Jstor aquí. No he tenido ocasión de examinar la publicación a profundidad, pero conozco los antecedentes de la traducción que es fruto del Proyecto Pico. La buena noticia, si puede decirse así es que el libro es accesible como ebook aunque por el escalofriante precio de 79 dólares. 

La otra es un poco menos actual, pero quizás más importante. Se trata de la publicación de la Apologia. L’autodifensa di Pico di fronte al Tribunale dell’Inquisizione, editada por Paolo Edoardo Fornaciari y publicada por SISIMEl edizioni dell Galluzzo en 2010. Se trata de la primera y, hasta ahora, la única edición  y traducción moderna de la Apología de Pico della Mirandola, en la que se defiende de las acusaciones hechas contra él por la inquisición. Una obra que no ha sido muy poco estudiada y valorada por los especialistas quizás injustamente.

De ambas prometo una reseña más completa en algún momento del futuro, cuando hayan pasado más detenidamente por mis manos. Pero es de celebrar, para los estudiosos en Pico, que el interés por su filosofía, no se haya perdido.

 

 

Curso de maestría: Metodología e historia de la historia de la filosofía

Para el próximo semestre he propuesto, junto con María Teresa Rodríguez un seminario de posgrado sobre metodología de la historia de la filosofía. LaCaptura de pantalla 2013-11-03 a la(s) 19.44.53 idea parte de reflexionar sobre el modo que hemos heredado el hacer historia de la filosofía, buscando tener una perspectiva de cómo se han formado algunos de los conceptos centrales que utilizamos.

Esta es la propuesta:

Durante el proceso de investigación y docencia de la historia de la filosofía solemos emplear categorías historiográficas, periodos y valorizaciones delos distintos pensadores de una manera automática y muchas veces a-crítica. Esto implica que la inclusión o exclusión de los pensadores en esa “lista de honor” que es la historia de la filosofía se realiza de manera más o menos arbitraria, lo que se traduce en una formación esquemática e incompleta.

El curso pretende reflexionar entonces sobre el surgimiento de las grandes categorías historiográficas en la historia de la filosofía a partir de J. Brucker: sistema, eclecticismo, sincretismo. Estudiaremos algunas de las características más aceptadas de lo que se supone deben ser los sistemas filosóficos  (autonomía respecto a otras disciplinas no filosóficas, deducción de las distintas doctrinas a partir de un principio, desarrollo de todas las ramas de la filosofía con coherencia interna) y cuestionaremos la pertinencia de su aplicación a todos los pensadores sin excepción, con énfasis en la tradición platónica.

 

Programa

Dos Libros. Uranga y Pereda

La verdad es que este blog ha estando en un relativo estado de abandono porque definitivamente el trabajo, si ese horrible enemigo del ocio, me ha consumido no solo el tiempo, sino las fuerzas para hacer cualquier cosa. Esto último es, por supuesto, una exageración, pero es que tengo tan poco tiempo libre que debo dedicarlo a escribir otras cosas que de pronto parecen más urgentes. Esta es la razón por la que he dejado pasar el tiempo sin atender este espacio. Vuelvo a él no sólo por mantenerlo con vida, sino porque tengo un pendiente importante.

En los últimos meses se publicaron dos libros que considero importantes dentro de la actividad filosófica en México. Una es el Análisis del ser del mexicano y otros escritos sobre la filosofía de lo mexicano (1949-1952), de Emilio Uranga, en donde Guillermo Hurtado es el autor de la selección, el prologo y las notas y publicado por Conaculta junto con Bonilla Artigas editores. La aparición de este libro no solo llena un hueco en la difusión de los textos que se produjeron al rededor del problema del y de lo mexicano, sino que además rescata de la ignominia a un pensador que fue condenado por su  carácter huraño y altanero, sus posiciones políticas y las sospechas sobre su papel en la difamación del movimiento estudiantil de 1968.

El otro libro es La filosofía en México en el siglo XX. Apuntes de un participante de Carlos Pereda publicado por Conaculta. Se trata de una recopilación de textos, entre reseñas, apuntes y memorias, que intentan rescatar una parte de la vida filosófica e intelectual del México contemporáneo de que Pereda es sin lugar a dudas uno de sus mas importantes los protagonistas.

Ambos libros tienen el mérito de rescatar la memoria filosófica y reivindicar, de cierto modo, el quehacer filosófico, en un momento en que la actividad de los filósofos se ha desdibujado de la vida social. En hora buena.

 

Reunión y un experimento: 2º Encuentro de Humanistas Digitales

encuentro-logo_smallLa Red de humanistas digitales (#RedHD) es una iniciativa de académicos que busca impulsar las humanidades digitales en México y en América Latina. Hace dos años organizó el Primer encuentro de humanistas digitales como un esfuerzo por reunir a todos aquellos humanistas que utilizan el cómputo como herramienta de investigación en México. Este año de nueva cuenta, la RedHD convoca al Segundo encuentro de humanistas digitales, que tendrá lugar entre el 21 y el 23 de Mayo en la Ciudad de México. La novedad, sin embargo, es que la convocatoria se hace junto con Perspectivas Globales :: Humanidades Digitales (GO::DH), un grupo especial de la Alianza de Organizaciones de Humanidades Digitales (ADHO), que busca una mayor participación de las comunidades emergentes en las Humanidades Digitales. Se trata pues de un encuentro nacional y global, en que se busca reunir tanto a los humanistas digitales de México, como a los que pertenecen a la comunidad mundial de las HD desde los horizontes lingüísticos más diversos. No tendrá por ello un único idioma para la presentación de participaciones, sino cuatro: español, inglés, francés y portugués, pero aceptará propuestas en cualquier idioma. La intención, romper la barrera que significa para algunos, el dominio de otro idioma para poder compartir experiencias en el campo de las HD. Un encuentro y un experimento.

Cómo enseñamos filosofía

El mes de junio fui invitado por la Coordinación Sectorial de Desarrollo Académico de la Subsecretaría de Educación Media Superior de la Secretaría de Educación Pública a impartir una serie de conferencias a grupos de docentes del bachillerato tecnológico, en el marco de un taller de capacitación que debían tomar con el fin de prepararlos para impartir la clase de lógica que, en el marco de la Reforma Integral de la Educación Media Superior y los acuerdos por los que se integran las materias de filosofía al bachillerato tecnológico, comenzarán a impartir a partir de agosto de este año.

Para mi plática decidí abordar una cuestión que siempre me ha resultado conflictiva: que enseñamos filosofía como un esfuerzo de traslado y reconstrucción, como un intento de transportar la filosofía en su conjunto y con su historia, para reconstruirlo. Manteniendo Y este esfuerzo, que es el de los primeros maestros de filosofía en la Nueva España, no parece haber cambiado ni en su espíritu ni en su metodología durante siglos hasta, quizás, y solo quizás, la agitación creada por la amenaza de suprimir la filosofía.

Ya comenté en otro momento la experiencia de participar en esos talleres. Sumamente enriquecedores. Aquí, solo dejo el video y la presentación que utilicé, para mi reflexión.

El video de la conferencia

La presentación

Ese obstáculo que es el libro

Hace cuatro años (creo), al solicitar mi promoción dentro el Sistema Nacional de Investigadores (SIN), recibí por respuesta que me hacia falta una “obra de largo aliento” (la frase, me explicaron, es parte de un formato estándar de respuesta y se refiere a la publicación de un libro, lo que no le quita lo chocante a la expresión). Este año, al ser propuesto para un nuevo nivel del PRIDE (un programa de estímulos dentro de mi universidad) recibí como respuesta de parte del Comité correspondiente, que “no presenta un libro de su autoría, que diera fundamento para considerar excepcional su desempeño académico”.

No es, por supuesto, una coincidencia que dos instancias de evaluación distintas hayan utilizado la misma fórmula. El libro es el producto estrella de las humanidades: la expresión de una esfuerzo de “largo aliento”  y la “constancia del excepcional desempeño académico”

Para los que nos dedicamos a las humanidades digitales, está centralidad del libro es quizás, uno de los mayores obstáculos para el desarrollo de nuestra disciplina. Sobre todo porque quienes utilizamos metodologías e instrumentos computacionales en el campo de las humanidades, generamos otro tipo de productos, como ediciones y bibliotecas digitales, construidas con aplicaciones y herramientas para el análisis y el estudio de los textos, entre otras cosas, que además están abiertas al público desde un primer momento, pero que, por desgracia, no son un libro. Y esto parece desacreditar el esfuerzo invertido en el desarrollo de un sistema, en la producción de unas publicaciones y unas herramientas, que no corresponden a lo que las instancias de evaluación esperan del trabajo académico.

Aunque soy perfectamente capaz de entender las razones históricas que hacen del libro el producto más acabado de las humanidades, esa misma perspectiva histórica me permite entender que frente a muchos de los productos digitales, que son abiertos, que son de uso libre, disponibles casi de inmediato y que pasan por numerosísimas evaluaciones académicas, de manera pública muchas veces, para obtener financiamiento, los procesos que llevan a la publicación de un libro resultan opacos, no siempre files a la calidad académica y muchas veces, un mero campo de acción de los intereses e influencias que se mueven en el mundo académico.

Cualquiera que haya estado cerca del trabajo editorial sabe que la publicación de un libro, y particularmente, la publicación de un libro académico, difícilmente responde a esa visión idílica de que son publicados porque ha sido valorada su alta calidad académica. No quiero decir con esto que todo libro sea una simulación, pero si que muy a menudo –sin importar si se trata de ediciones universitarias o comerciales- los dictámenes son inducidos, pactados o negociados, porque la decisión de publicar un libro no depende únicamente –ni siquiera de manera preponderante- de su calidad. Influyen muchos factores, dentro de los cuales destaca, por supuesto, la capacidad de gestión del académico, la fortaleza de sus contactos, su empecinamiento, la disposición de recursos para pagar coediciones, el interés comercial de las editoriales, etcétera. De hecho, la relevancia dada a las editoriales comerciales sobre las universitarias (porque son menos caseras), significa también una subordinación de la academia a los intereses comerciales de estas editoriales, como de hecho sucede.

La cultura digital es disruptiva de muchas formas de control y de exclusión académica, a las que con el tiempo sustituirá por otras que, debemos vigilar, sean mejores. Con el tiempo, y con paciencia, pero quizás antes de lo que se espere, la cultura digital hará que el libro eje de ser el único producto de excelencia, la única obra de largo aliento, en este curioso mundo de las humanidades.

 

 

Enseñar filosofía: ¿Y que les ofrecemos a los profesores de bachillerato?

La semana pasada, la Secretaría de Educación Pública (SEP) me invitó a dar una conferencia a un grupo de profesores del Bachillerato Tecnológico provenientes de todo el país, que participaban en un curso sobre la enseñanza de la lógica.

El curso es parte de su preparación para comenzar a impartir lógica con base en el acuerdo que Reforma del Bachillerato (la famosa Riems) y el posterior cuestionamiento que el Observatorio Filosófico hiciera a la SEP, sobre considerar las materias filosóficas como obligatorias, y no como transversales, y los ajustes y decisiones que la SEP tomó para “atender” las exigencias del observatorio.

En este contexto, llegué a un salón donde estaban alrededor de 60 profesores de Bachillerato Tecnológico, y donde sólo dos de ellos habían estudiado filosofía y el resto era un grupo heterogéneo de abogados, sociólogos, politólogos, psicólogos, y otras profesiones afines.

El curso estaba enfocado particularmente a fortalecer las estrategias pedagógicas para la enseñanza de la lógica, ahora que más impartirla como una disciplina, se busca que los contenidos estén vinculados al entorno y a la actividad de quienes estudian en el Bachillerato Tecnológico.

Mi intervención no fue en ese sentido. Al contrario, hice un recuento de cómo se ha enseñado filosofía en México, desde que llega con la Conquista, y se fortalece con el liberalismo positivista y el humanismo de Vasconcelos, pero sobre todo cómo su enseñanza no ha cambiado, pues se ha ajustado siempre a una visión doctrinal, bajo la premisa de que todo ciudadano debería ser filósofo y haberse formado como tal. Un absurdo.

Todo esto con el fin de acentuar que estamos en un momento extraordinario para pensar cómo enseñamos filosofía de otra manera, con otros fines y otras perspectivas. Y quizás, ahora si, para incidir más en los jóvenes, en una época en que a todas luces, es fundamental.

Lo que quería decirles a esos maestros, es que al enseñar filosofía ellos mismos comienzan un camino en el conocimiento de la filosofía, y que eso lleva una responsabilidad: la de comprender y estudiar más a fondo lo que se imparte.

La respuesta de los asistentes fue buena, pero en particular, en el momento de intercambio de preguntas y respuestas, lo que aprecié sobre todo, fue un interés genuino por ser formados no sólo en estrategias pedagógicas, sino también en filosofía, en eso que tienen que impartir y de la que tienen un conocimiento mínimo.

Por supuesto, no puedo dejar de preguntarme: hay cientos de profesores sin formación filosófica         que imparten filosofía en el bachillerato en este país, y a ellos, ¿qué les estamos ofreciendo los filósofos para hacerlo?

 

Una televisión disociada de la televisión

A diferencia del cine, que casi de inmediato se convirtió en arte, la televisión no ha sufrido el mismo destino. Las razones seguro son muchas y, sin duda, una de ellas debe ser que la televisión, como el radio, son canales de transmisión (como lo es internet) y no una tecnología como la cámara de cinematográfica para producir un producto.

Esa estrecha relación del contenido televisivo con el medio de emisión, es una de las razones por las que obras de televisión, que no podrían producirse sino dentro de la lógica de la transmisión, como los sitcom, las series y en general, los programas de entretenimiento, nunca aspiraran a la calidad del arte, a pesar de su cercanía con el cine.

En los días que corren, y con cerca de un cuarto de siglo desde que los programas de televisión pueden verse, gracias primero a los videos (Beta y VHS), y ahora a los DVD e Internet, con independencia del medio que los transmite, está comenzado a ocurrir algo curioso. Las series, sobre todo, y en menor medida los sitcoms, comienzan a ser productos completamente independientes del medio que lo emite. Lo era ya, pero ahora lo es definitivamente después de distribución (esa es la palabra correcta?) de House of cards por Netflix, una serie dramática que nunca se transmitió por televisión.

Esto está alterando nuestra relación con esos productos (y con la televisión en general) disociando lo que antes era una sola experiencia y ofreciendo la posibilidad de valorarlos de otra manera, quizás finalmente como arte.

Filosofía digital toma uno

La filosofía siempre ha tendido a ser profundamente disciplinar. En la academia este carácter disciplinar de la filosofía se acentúa porque sirve muy bien para guiar criterios de evaluación y definir estructuras académicas.

En lo personal, nunca me he sentido cómodo con la correa disciplinaria de la filosofía. Cada vez que hay que llenar un cuadrito, de esos que tenemos que llenar todos los días para registrar algo de nuestra vida académica, nunca encuentro el que  describa con exactitud el ámbito de mis intereses. A mi, que me asombran las intersecciones, las fronteras, los bordes, que leo literatura pensando en filosofía, que me abruma el saber que todo tiene historia, que me gusta el cine, pero sobre todo la televisión y los deportes; y además, por sí fuera poco, las computadoras y la tecnología y los juegos de video, nunca he sabido exactamente dónde colocarme. Entre la ética, la estética y la filosofía de la cultura, ese cajón de sastre tan útil cuando uno no encuentra donde ponerse o en cualquier otra parte -hay días que entiendo de forma natural porque Foucault prefería llamarse historiador a filósofo.

Pero escribo esto no para quejarme otra vez de mi incapacidad para disciplinarme, sino por el asombro que me produce ver cuánto está cambiando mi perspectiva de la filosofía desde que hago humanidades digitales. Uno puede decir que las humanidades digitales son un campo de estudio o un conjunto de metodologías aplicadas a la investigación tradicional en humanidades, pero en cualquiera de los dos casos, la utilización del cómputo para el trabajo humanístico, es una transformación profunda, por la sencilla razón de que altera sus fronteras,

Hay una en particular que hoy mi interesa más que otras. Estamos acostumbrados a ver al filósofo como un autor, con las implicaciones que esto tiene. Reflexionamos sobre su biografía, su psicología, y lo buscamos incesantemente a través de sus textos. Esto se refleja no sólo en cómo  indagamos, sino en cómo nos concebimos como filósofos: como autores de obras y libros de “largo aliento”. Uno de los efectos del tránsito de la pluma a la pantalla es la emergencia del problema del texto por encima del del autor, Un texto además que se descubre fragmentario, compuesto a saltos. Discontinuo. Porque entonces aparece otra imagen del filósofo, no sólo porque indaga trozos, sino porque él mismo los construye. Alguien que registra y comparte ideas, antes que alguien que cultiva parcelas de pensamientos.

Algo de este ocaso del filósofo como autor pasará por las formas disciplinarias de la filosofía. Habrá -hay- nuevos campos y nuevas parcelas que desdibujen o se añadan a las existentes. Y alguna, quizás, sea en la que me sienta cómodo.