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Bitácora de mis clases en línea 3

Una experiencia tan compleja como las clases en línea tiene muchas facetas y niveles, pues no es sólo el uso de la plataforma, el contacto con los estudiantes, la producción de materiales, sino que se amplía a las reuniones virtuales, a la experiencias de otros profesores, la gestión administrativa, a la preocupación por el ritmo de avance de los alumnos y un largo etcétera.

Aquí hablaré de tres cosas: las primeras video reuniones, los cambios de grupos y la experiencia de otros profesores, y volveré a aquello que me preocupa más en el proceso.

La video reunión

Tuve mi primera video reunión con los dos grupos a los que imparto clase. Lo hicimos a través de Meet, sólo por utilizar todos los recursos de la plataforma. Sorpresivamente, tuve más alumnos de los que esperaba en ambas. Estuvieron presentes, por ejemplo, alumnos que no hay avanzando en las tareas asignadas al grupo, además de los alumnos esperados y otros que están cursando para presentar su extraordinario.

La reunión fue muy cordial. Hice una breve exposición de cuál es el plan de trabajo de la clase, cuáles son las dinámicas y les di la palabra para que me contaran su experiencia, su situación y preguntan sobre algún tema de la clase. Arrancamos con las preocupaciones personales, angustias, limitaciones, situaciones difíciles. Pero después de escuchar algunas y de resolver temas de preocupación, tiempos, evaluación, trato de unos con otros, comenzamos a hablar de temas de la clase con muchas amplitud y gran variedad, a partir de sus preguntas.

Me sorprendió que muchos de ellos tuvieran la cámara encendida, aunque hubo algunos que prefirieron no encenderla, y algunos con dificultades para usar el micrófono se comunicaron por el chat, haciendo comentarios y preguntas. No grabé las clases porque en principio pensaba no hacerlo. Aunque los participantes de Historia de la filosofía pidieron que lo hiciera la próxima vez. Propuse en cambio hacer un resumen entre todos en un documento abierto, pero la idea no pegó.

En la optativa, en cambio, optamos por ir haciendo el resumen mientras duraba la videocharla y aunque no muchos participamos en su elaboración, obtuvimos un buen resumen.

La experiencia de otros profesores

Entiendo que hay una diferencia en como quiero que trabajemos en mis grupos y lo que hacen otros profesores cuya experiencia leo en correos que nos han hecho llegar a través de la coordinación. Todos se leen muy entusiastas y muy felices con sus clases en Zoom de dos o más horas, aunque les pone nervioso que no tengan sus cámaras encendidas (!).

Los que he leído parecen solo haber trasladado sus clases sin muchos cambios a la nueva dinámica: darán clase, compartirán lecturas y esperaran un trabajo al final. Me inquieta que esto genere ciertas expectativas en los alumnos y que frente una dinámica más cargada de trabajo dentro de un proceso de auto aprendizaje, como el que sigo genere algún conflicto.

Cambios de grupo

Hasta ahora la mayor confusión en torno a la dinámica de las clases la provocó los cambios de grupo. Al principio recibimos los “inscritos” a la clase, pero durante las dos semanas de cambios de grupos fue muy difícil seguir el proceso. En Historia IV por ejemplo, pasé de tener 18 a tener 27 inscritos, sin que supiera exactamente quién se dio de alta y quien de baja, salvo por los alumnos que me inscribieron para darse de alta. Sin embargo, en Classroom tengo un total de 36 inscritos y he tenido que revisar uno por uno quién esta inscrito y quien no.

En el Seminario Optativo no hubo mucha variación, tenía en total 14 alumnos y sigo con los 14, porque el mismo numero que se dio de baja, se dio de alta.

En ambas clases tengo un grupo de personas inscritas pero inactivas -es decir, no han hecho ninguna de las actividades- y un grupo de “oyentes”, si tal concepto cabe aquí. Determinar todo esto ha implicado un par de horas dedicadas solo a comprara listas y nombres para conciliarlos. Como los nombres en los correos y por ende en la lista de Classroom no siempre coinciden con los nombres en la lista oficial, hay que hacer inferencias o de plano, preguntar.

Al final he podido saber quienes están inscritos, pero no activos, para contactarlos de nuevo y escribirles para invitarlos a seguir o ayudarlos de alguna forma, y quienes probablemente fueron bajas.

Bitácora de mis clases en línea 2

La ansiedad

El inicio fue confuso. A pesar de haber tomado una decisión de iniciar las clases mediante actividades en la plataforma Classroom, de estar convencido de que esa era la mejor manera de comenzar considerando la circunstancias de los alumnos y las condiciones de mi propia infraestructura, el continuo bombardeo de mensajes de las autoridades me hizo dudar. Y resulta después que si es obligatorio dar clases en “vivo” como las llamó una alumna.

Además, la sensación de que no vería caras, sino correos, un post en FB, un mensaje en twitter, me causaba también cierta desazón. La impresión, por supuesto, de que uno no puede saber si los alumnos aceptarán esta forma de trabajo.

Los materiales

Pero más allá de las confusiones y de las dudas decidí iniciar la clase de Historia de la Filosofía IV grabando un video de bienvenida, preguntando a los alumnos cómo se conectaban a internet, en qué dispositivo y de qué forma, datos/red, y si tenían posibilidades para tener una conversación. Dejé también una primera lectura que deberían trabajar para entregar un mapa mental.

En el Seminario optativo sobre Humanidades Digitales, que es más complejo -una clase que es nueva en la Facultad- opté por un video de bienvenida, compartirles una conferencia sobre Humanidades Digitales que grabé para la Universidad de Querétaro y pedirles que revisaran el sitio de la Secretaria de Salud sobre el Coronavirus, para que vieran cómo estaban graficados los datos. Más adelante veríamos directamente los datos.

Algunos resultados

Obtuve una buena respuesta en ambos casos. Casi todos, al rededor de un 90% respondieron la pregunta sobre cómo se conectan. De la eficacia de lo demás, no tengo muchos elementos. Han sido pocos los que respondieron al correo de bienvenida, que envié personalizado a todos los alumnos en los dos grupos, y los que han hecho comentarios espontáneos en Classroom o en FB.

Cierro, pues la semana, con una sensación menor de ansiedad, y más seguridad en la forma en que estamos trabajando.

Bitácora de mis clases en línea 1

Un poco de contexto

La Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde imparto clase, fue cerrada en noviembre de 2019 por estudiantes alumnas que demandaban acciones decididas contra la violencia de género. Permaneció así hasta el 14 de marzo de 2020 en que se retiraron debido a la epidemia que en ese momento estaba ya extendiéndose por México.

Tras la entrega, el Consejo Técnico de la Facultad decidió una semana después comenzar el semestre en línea, fijando como fecha el 4 de mayo. Esta decisión dejaba una semana y media para preparar el material y la estrategia para impartir la clase en un formato completamente nuevo.

Afortunadamente gracias a que otras facultades habían iniciado el semestre y a raíz de la epidemia habían pasado a dar clases en línea, la UNAM contaba para entonces con algo de experiencia y de infraestructura para responder a las necesidades de la Facultad. Se habían adquirido licencias de Zoom y Blackboard, y acordó con Google el uso de Classroom y puso un Moodle a disposición de los profesores.

La incertidumbre

No conozco el proceso por el cual la Facultad decidió utilizar Classroom de Google como plataforma para que se impartieran las clases. Imagino que fue la forma más fácil que encontró la institución de poner en contacto a profesores y alumnos, sin tener que darnos a cada maestro los correos de los alumnos inscritos en la materia.

De cualquier forma, nos fue comunicado que el punto de contacto con los alumnos sería esa vía y existía la expectativa de que, tratándose de clases presenciales, los profesores harían uso extensivo de una plataforma de videoconferencias. Otras experiencias en la UNAM así lo indicaban.

Sin embargo, es claro, como se mira en los comunicados del Consejo Técnico, de la Dirección y en los correos de la Coordinación del Colegio, que no había mucha claridad respecto de la adopción de una estrategia institucional.

Lo que más se acercó a eso fue el reconocimiento de las dificultades que profesores y alumnos tienen para migrar a lo digital: los evidentes problemas de infraestructura, el desconocimiento del uso de las plataformas, la falta de experiencia en la educación en línea, y la decisión que tomó la institución de que se optara por la “flexibilidad”.

En los hechos, sin embargo, esta decisión produjo más incertidumbre sobre cómo y para qué usar Classroom, cómo y en qué condiciones impartir lecciones en zoom, y si debíamos renunciar a usar otros medios para llevar a cabo las clases, especialmente en el caso de profesores que ya usaban otras plataformas o páginas personales o blogs como medios de enseñanza.

De cualquier manera, con estas recomendaciones cada profesor tuvo que decidir, en muy poco tiempo, 4 días, qué estrategia quería seguir y cómo (los classrooms fueron habilitados apenas dos días antes de los comunicados, el 28 de abril). Además de aprender a usar probablemente una o dos plataformas nuevas, y planear sobre la base de ello, como enseñar.

Mis decisiones

Yo tomé la decisión de usar Classroom como vía para comunicarme y establecer actividades con mis alumnos por varias razones. La primera es que ahi estaría precargado todo y a donde se dirigirían los alumnos inicialmente. Segundo, las cátedras por Zoom no era opción para mí. Las considero imprácticas, aburridas para los “participantes”, pedagógicamente ineficientes y además excluyentes, porque al menos una tercera parte de mis alumnos no podrá conectarse en un horario regular. Y finalmente, fastidiosas, porque mi internet de la periferia de la ciudad, no tiene palabra de honor.

Tenía además ganas de experimentar con la plataforma, conocer sus limites y ver cómo respondían los alumnos a un modelo no sincrónico. De modo que el semestre podría resultar en una experiencia muy rica de construir otra forma de aprendizaje en condiciones extremas, que respondiera mejor a las posibilidades de todos mis alumnos.

La primera sorpresa, al comenzar a utilizar la plataforma, fue descubrir que los correos precargados, al menos en un 40% no correspondían a los que usaban los alumnos. En muchos casos, correos que habían abierto al inscribirse en la preparatoria y que ya no usaban más. Así, el proceso de “inscripción” de los alumnos en muchos casos se tuvo que hacer mediante contacto directo con los profesores. ¿Cuántos se quedaron fuera por eso? Quién sabe. Yo recibí correos en tres diferentes cuentas de correo, un mensaje directo en FB y, al término de la primera semana, tengo incorporados a mis plataformas 31 alumnos en la clase de Historia de la Filosofía IV -incluye “oyentes”, por inscribirse, extraordinarios e inscritos- y 13 en mi Seminario optativo donde la totalidad está inscrito.

Sobre aquel debate entre Žižek vs Peterson

En abril de este año se llevó a cabo el debate entre Žižek y Peterson. Yo preparé un texto para aparecer en El financiero, pero por diversas circunstancias, no apareció. Un poco lejos en el tiempo, pero lo publico ahora a continuación:

Žižek vs Peterson: la imposibilidad del debate

Hace un par de semanas la filosofía o, quizás con mayor precisión, lo que se llama crítica cultural, protagonizó su gran evento de la post verdad. El que se promocionó, por supuesto, de manera totalmente exagerada como el debate del siglo. 

La fecha elegida para que el filósofo y psicólogo hegeliano, marxista y lacaneano, educado en Belgrado y en París, Slavoj Žižek de 70 años, debatiera con el psicólogo clínico y crítico cultural educado en Canadá, Jordan Bernt Peterson de 56 fue, si los símbolos aun importan o quizás, porque no importan, el viernes santo.

A tono con esto el tema del encuentro entre estos dos intelectuales fue, por decir lo menos, desconcertante. Primero, porque se proponía como un enfrentamiento y, segundo, porque uno de los enfrentados era un fantasma: el marxismo.

Así, el cartel con el que se promocionó este debate del siglo entre una estrella mediática de la filosofía y un débil aspirante al título como si fuera una pelea de box entre dos pesos pesados fue: «Felicidad: Capitalismos vs marxismo».

No creo que haya nadie que piense que hoy en Canadá, donde se llevó a cabo el debate, el marxismo sea una alternativa teórica, política o incluso ética –sobre todo si hablamos de felicidad. Pero no debe sorprendernos, una característica de nuestros días es la artificialidad de los enemigos, su carencia de sustancia, pero, al mismo tiempo, la necesidad de su presencia para dar alguna legitimidad a los argumentos. Es igual si son marxistas, chairos, fifís o conservadores, ninguno posee verdadera identidad.  

Desde mi punto de vista, si algo mostró el debate entre Žižek y Peterson fue precisamente la imposibilidad de la confrontación y, paradójicamente, su necesidad.

El primero en tomar la palabra en un segmento de media hora fue Peterson. Para entrar a tema decidió hacer una crítica al Manifiesto comunista de Marx y Engels. Una elección fallida: el Manifiesto no es un texto teórico sino un panfleto político. Los argumentos que quería encontrar Peterson para cuestionarlos no se encuentran ahí sino en otras obras –como le hizo notar Žižek más adelante.

Peterson recurrió, pues, a la estrategia de un estudiante flojo: leer la obra sin revisar ninguna otra obra del autor, ni ninguna referencia secundaria, pensando que basta con su comprensión muy general de las ideas vistas en la obra para discutirlas oponiendo, otras posiciones igualmente primarias y generales.

Argumentó que la lucha de clases no era la única lucha dentro del capitalismo, porque si miramos al hombre desde la psicología hay muchas luchas, comenzando por la sobrevivencia. Hubo risas en la sala. Luego reprochó a Marx y Engels que no es fácil identificar quién es explotador o explotado.

¿Las risas eran de incredulidad? Peterson siguió denunciando que el Manifiesto no señala cómo se escogerá a los líderes del proletariado, para acabar por explicarle a Marx y a Engels algo que seguramente no habían entendido, que las ganancias no son malas.

Žižek tomó entonces el estrado. Ignoró por competo todo lo que Peterson había dicho, traía un texto preparado, y comenzó a hablar… de sí mismo, de esos liberales (el otro enemigo), que eran sus mayores críticos.

Quedó claro, de entrada, que el marxismo no era tema de su interés. ¿Para que discutir con ese fantasma si ahí están China, Trump y Bernie Sanders?

El mayor talento de Žižek es la provocación. Su intervención puede sintetizarse en un puñado de ideas controversiales:

China es ejemplo de un capitalismo autoritario, porque esa es también una opción del capitalismo.

Trump es un ejemplo de que ya no hay autoridad, porque es él quien defiende los “valores tradicionales”.

Berni Sanders en cambio, es sólo un moralista. El sufrimiento, de los más pobres, de los oprimidos, no es prueba de autenticidad.

El terrorismo ha mostrado que, si hay un Dios, todo es posible. La ideología hace que buenas personas hagan cosas horribles.

And so on, and so on….

La larga sesión de intercambio que siguió a las presentaciones iniciales no aportó mucho. Pero dejó en claro una cosa: los oponentes estaban de acuerdo desde el principio. El mundo capitalista (porque no hay otro) enfrenta muchos problemas cuya solución, oh sorpresa, no es fácil.

Más que una tenaz lucha por, si ya no la verdad, al menos ideas que construyan alternativas para pensar, el pobre debate del siglo sólo ayudó a constatar que, en tiempos de la post verdad, interlocutores, enemigos e ideas, lucen por su banalidad.

La filosofía está desapareciendo, en serio

No es el mejor tema para la primera entrada del año, pero después de pensarlo varios días, llegué a la conclusión de que este es un tema al que había que tomarse con cierta seriedad: la desaparición de la filosofía, al menos tal y como la conocemos en la actualidad.
La idea me vino después de leer este tuit de @_perroTuerto

El tuit compartía otro tuit en el que a su vez se compartía un artículo del periódico El País firmado por Peio H. Riaño en el que se afirma que la publicación de libros de filosofía en España se redujo en 2018 un 62 por ciento.

Las explicaciones del fenómeno, que van desde el desinterés por la disciplina a la falta de claridad sobre lo que debe ser publicado bajo esa categoría, me pareció un dato muy firme de algo que desde hace tiempo veía en las librerías: los estantes dedicados a la filosofía eran cada vez mas reducidos, pero sobre todo contenía libros de autores clásicos o estudios sobre los autores clásicos.

Todo esto, por supuesto, lleva a preguntarse si eso es así por el interés comercial por los libros de filosofía se ha ido reduciendo y concentrado solo en los autores de manual, o porque la producción filosófica ha ido desapareciendo de las estanterías generales por otras razones que pueden ser desde el haberse concentrado en la publicación académica especializada, haberse desinteresado por la divulgación, falta de impacto económico, etcétera.

Una rápida mirada a la información de la Cámara Nacional de la Industria Editorial en México muestra que las ventas de libros de humanidades en México representa el uno por ciento de las ventas de libros. No sé qué micro porcentaje representarán los libros de filosofía, pero podemos ver que no pintan mucho en el panorama editorial de México.

Sin entrar en el debate de qué se necesita para que una disciplina exista, es obvio que la producción de obras en ese campo, sobre todo si es parte de las humanidades y las obras son un elemento central de su producción y diseminación, es un factor fundamental para que exista.

Los datos para la filosofía en español, al menos, son muy desalentadores. El campo de la filosofía se está compactando. Habra que reflexionar qué factores están ocasionando este fenómeno. Y para eso, creo yo, hay que tomarse en serio que la filosofía está desapareciendo.

 

 

 

 

 

 

Afecto y emoción por Gómez Dávila           

A menudo me dejo guiar sobre todo por el afecto. Temas y asuntos que pueden serme distantes e incluso ajenos, despiertan mi curiosidad por la intermediación del afecto a ciertas cosas o a ciertas personas. Leí Facetas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila, publicado por la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia y que se puede bajar aquí, porque le tengo mucho aprecio al que fue el editor académico del volumen, Juan Fernando Mejia Mosquera.

En numerosas conversaciones e intercambios, Juan me ha hecho saber de la existencia de Nicolás Gómez Dávila, una figura muy interesante de la cultura y la filosofía colombiana del siglo XX, y de su enorme interés profesional y personal por este personaje a la vez lúcido y enigmático.

A pesar de que no ha logrado contagiarme del entusiasmo por Gómez Dávila, me concedí la libertad de leer el libro para saber más y entender mejor la pasión de Juan por él, y quizás aprender algo más de Gómez Dávila, y del pensamiento y la cultura colombiana y latinoamericana del siglo XX.

Lo que encontré en el libro fue algo muy interesante que hace y no honor al título. Me explico: no soy quien para juzgar si son o no afortunadas las distintas excursiones que los autores de los capítulos del libro hacen al pensamiento de Gómez Dávila. Pero creo poder ser un observador de los métodos de aproximación seguidos por los autores. En otras palabras, terminé leyendo el libro con la mirada puesta en las facetas de aproximación, más que en las facetas del pensamiento del filósofo colombiano.

Cabe aclarar, antes de seguir, que la obra de Gómez Dávila ofrece un enorme desafío a sus intérpretes. Escrita en su mayoría en forma aforística, sin grandes ensayos, salvo un par de textos, no declara expresamente a partir de qué texto o textos elabora sus reflexiones. En su conjunto presenta a quien la estudia diversos problemas que lo mismo se refieren al estilo, cuestiones de establecimiento del texto, identificación de sus fuentes, a su inserción dentro del pensamiento colombiano de la época, además de cuestiones de autoría, semántica y, claro, temas propiamente filosóficos.

El libro responde a este desafío desde múltiples frentes. Por un lado, los primeros capítulos están dedicados a abordar el problema que es la obra de Gómez Dávila, tanto desde el punto de vista de cultural como una obra aislada y a la vez inmersa en una dinámica cultural, como desde el punto de vista filológico-literario. Me interesó particularmente el capítulo escrito por Francia Elena Goenaga Olivares que aborda el problema del lector-autor, en una obra como la de Gómez Dávila que se presenta a sí misma como producto y comentario de otra no declarada. En su conjunto, los cinco primeros capítulos y la introducción escrita por Juan Fernando Mejia Mosquera ayudan a comprender la excepcionalidad del objeto que estudian y la dificultad de establecerlo por completo. Cabe decir que no es frecuente una aproximación como ésta a pensadores contemporáneos cuya obra se toma como dada inmediatamente y fuera de discursión.

Los siguientes capítulos, con nombres elocuentes como 2Contra el mundo: bolero desesperado…”, “Fantasía y represión en ‘De Iure’”, “Vida y obra como partes de un mismo experimento”, “El valor de lo inútil”, enfrentan a Gómez Dávila con otras herramientas de análisis tomadas de la lingüística y la filosofía. En ellas, la obra del filósofo colombiano sirve en realidad como motivo para el desarrollo de reflexiones desde la perspectiva y la problemática en las que está interesado el autor del capítulo. Curiosamente, más que ofrecernos una perspectiva de Gómez Dávila, este grupo de capítulos ofrece una aproximación a los temas y autores que inquietan en ese momento a pensadores colombianos, y que los reflejan en su acercamiento.

Los últimos capítulos hacen un estudio más tradicional al filósofo bogotano. Y por esto quiero decir que intentan hacer una hermenéutica de su obra desde los confines del texto. Se trata sobre todo de intentos de reconstrucción del pensamiento jurídico, estético y antropológico de Gómez Dávila, en un afán por comprender, más allá de los límites impuestos por el estilo, una reflexión amplia sobre estos tres asuntos.

La riqueza de Facetas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila no se reduce, pues, solo a lo que se dice de él, sino a la multiplicidad de herramientas y formas de aproximación contemporáneas a su obra, vida y pensamiento, que muestra la riqueza conceptual y analítica con la que puede ser estudiado un autor tan complejo.

 

Nota final

Nicolás Gómez Dávila es una figura que me sigue resultando ajeno, pero el libro me ha mostrado un punto de encuentro. Gómez Dávila se describe a sí mismo como reaccionario por “su distancia y su desacuerdo con su tiempo, con su espacio, con su país, con su tradición cultural”. Me identifico plenamente con esa idea. Con esa forma de no pertenecer, de verse a uno mismo aislado.

 

Mejía, J. F. (ed. ac.). Facetas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila. Pontificia Universidad Javeriana & Instituto Caro y Cuervo. PP 279-28. ISBN 978-958-781-227-5.

¿Cómo enseñaremos la filosofía en el futuro?

Esta semana participé en el evento Sentido, enseñanza y ejercicio de la filosofía, un encuentro para la renovación del plan de estudios de la licenciatura en Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que se prolongó por tres días, mañana y tarde, y en el que numerosos profesores de la carrera presentaron sus propuestas para modificar, ajustar, repensar y reorientar el plan de estudios actual.

Lo primero que hay que decir es que se trata de una muy buena iniciativa de la Coordinación del Colegio. El plan tiene cerca de 20 años de que entró en vigor, con una revisión intermedia que consistió en reducir la carga horaria contenida en el plan original, y a que le urge una revisión seria, sobre todo en vista de los significativos cambios que han ocurrido en el mundo y en la academia en esas dos décadas. Pensemos sólo que en 1999 Internet, al menos en México, era una hecho apenas incipiente y que no existían los teléfonos celulares, sólo para darnos una idea de la profundidad del giro ocurrido en el acceso a la información y en la aparición de temas y problemas de discusión. Por otro lado, el Sistema Nacional de Investigadores tenía apenas una década, y sus políticas comenzaban sólo a modificar la práctica de la investigación, aun muy lejos de los efectos que tiene en la actualidad, y que han definido rasgos y prácticas que no eran previsibles hace 20 años. .

De modo que hoy hay innovaciones, nuevos temas, preocupaciones relativas a la inclusión y al género, a la identidad de la filosofía en México, que han emergido a lo largo de estas décadas y que han sido impulsados por grupos y académicos dentro de la comunidad de la faculta que nos gustaría ver plasmados en un nuevo plan de estudios.

Yo no pude asistir a todo el evento. Estuve dos mañanas completas y seguí el resto por twitter, gracias a que algunos profesores y alumnos compartieron el evento y sus impresiones. Mi impresión general es que, pese a los problemas y limitaciones a los que me referiré un poco más adelante, el evento mostró que estamos ante una buena oportunidad de repensar no sólo el plan de estudios como instrumento que plasma nuestras ideas sobre la enseñanza de la filosofía, sino los objetivos mismo de la enseñanza de la filosofía.

En términos generales a lo largo del evento se hizo evidente que hay una fuerte preocupación por mejorar y fortalecer el área de metodología, como una forma de abrir la puerta no sólo al fortalecimiento de la adquisición de técnicas e instrumentos metodológicos para el estudio y la investigación de la filosofía, sino a toda una nueva forma de ver el ejercicio profesional de la filosofía. Hay se hicieron presentes temas como la reconceptualización del área de metodología, la incorporación de la divulgación, la formulación de proyectos no académicos entre otros. A la par de esta preocupación, hubo propuestas relativas a áreas específicas; lógica, teoría del conocimiento, estética, que buscaban replantear el lugar curricular de las mismas, los contenidos o las orientaciones en las áreas, la propuesta de alternativas a las tradiciones dominantes. Por otro lado, hubo propuestas específicas de grupos de investigación y de docencia para la incorporación de materias obligatorias en campos que no se encuentran actualmente considerados, como filosofía de la religión, de la tecnología. Y una propuesta fuerte a reforzar el estudio de la filosofía mexicana.

Pese al entusiasmo de los participantes, tanto en la presentación como en la discusión, y al valor que el evento tiene como una primera mirada a las inquietudes para modificar el plan de estudios, existieron limitaciones que hay que tomar en consideración. Por un lado la escasa asistencia de alumnos y profesores por razones distintas. En cuanto a los alumnos, me parece que nunca quedó claro que su participación era bienvenida y que en la organización y difusión del evento, se dejó de hacer algo para su inclusión. En cuanto a los profesores, no descarto que hubiera problemas de comunicación y limitaciones de horario para asistir. Pero me inclino más por el desinterés. La comunidad filosófica ha mostrado muchas veces estar poco interesada en los eventos locales y muestra una actitud displicente para la escucha. Notablemente, los propios participantes -con sus excepciones, por supuesto- no se tomaron el tiempo para escuchar a otros colegas más allá de aquellos que coincidían en el  momento de su intervención.

Por otro lado, creo que faltó incluir ex alumnos en la discusión y algunos especialistas en pedagogía y enseñanza. Tengo para mi que los filósofos no somos siempre, ni necesariamente buenos pedagogos,  y que abundan las opiniones “expertas” en la propia experiencia que valdría la pena contrastar con la de otros especialistas.

No está del todo clara la ruta que vamos a seguir ahora, después de este evento. Pero yo estoy verdaderamente entusiasmado.

Abajo, mis dos presentaciones en el evento.

 

 

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Ráfagas sobre Marx: 200 años después

 

El 5 de mayo se cumplen 200 años del natalicio de Carl Marx, cuya obra ha sido frecuentemente comentada en Ráfagas de Pensamiento. Aquí dejamos una lista preparada por Ignacio Bazán, productor de las Ráfagas, en las que celebramos al autor del Capital.

El filósofo recomienda: la práctica

La filosofía hasta el día de hoy

La destrucción del tiempo

También Marx escribe de amor

Historia y farsa

La Revolución, la teleología y los espectros

La opresión de la tradición y la rebeldía repetitiva

La ideologia

Y añadimos dos más de Raúl Fornet-Betancurt sobre el marxismo

El marxismo

El marxismo y los mundos posibles

Dos sueños

Es común que soñemos con todo aquello que nos preocupa. He tomado de los diarios de Ralph Josselin y de Emmanuel Swedenborg, estos dos sueños que los agitaron una noche en 1658 y otra en 1744.

Ralph Josselin

Soñé por la noche que era condenado a morir por mi religión, junto conmigo fueron condenados otro ministro y algunas mujeres. Al principio de algún modo tenía miedo, pero después en mi espíritu muy confortable. Yo estaba enmarañado en un cuarto maravilloso y grande, pero desperté antes de la ejecución. No recuerdo el punto en que se produjo.

15 de febrero de 1658

 

Emmanuel Swedenborg

[193] Al parecer yo había perdido un cheque, y la persona que lo encontraba solo obtenía 9 stivers por él. El mismo fue el caso de otra persona que había encontrado el cheque, que solo fue cambiado por nueve strikes. Yo observaba, divertido, que esto era “pietasteri”1. Ello probablemente mostraba que es el estado en Inglaterra, parte honesto, parte deshonesto.

Mayo 4-5 1744

 

 

  1. “pietasteri” es un termino usado por Swedenborg cuyo significado no está claro. Parece tener el sentido de “falsa piedad” pero también pederasta.

Dudar de su interpretación no acaba con el interés por los sueños

En los últimos meses he trabajando en la transición que se produce entre los siglos XVI y XVII  en el tratamiento de los sueños en occidente. La circunstancia concreta en que esta se produce tiene una base que es necesario recordar. 

Es bien sabido que el cristianismo siempre mantuvo una posición no sólo crítica sino abiertamente hostil contra la interpretación de los símbolos en el sueño, que es la base de la onirocritica clásica. Sin embargo, con la separación de las iglesias, mientras en occidente se mantuvo firme la oposición a la interpretación de los sueños, en Bizancio tanto por la vecindad e influencia árabe, como por la propia tradición cultural griega, se cultiva la interpretación de los sueños. El contacto entre Bizancio y Florencia en el siglo XV y la difusión de la cultura griega durante el Humanismo florentino, produjo un interés por la interpretación de los sueños, cuyo ejemplo más notable es la obra de Girolamo Cardano sobre los sueños (1562), pero que, en paralelo, colabora en la aparición de una cultura de videntes, uno de cuyos ejemplos es la joven española Lucrecia de León, cuyos sueños son transcritos entre 1587 y 1591 por su confesor, en los cuales se anticipan o narran acontecimientos bélicos o políticos ocurridos alrededor de esos años.

El renacimiento de este interés por los sueños produce una fuerte reacción en contra de la teoría y práctica de la interpretación de los sueños. En particular, la reacción busca cerrar la brecha que mantenía abierta el pensamiento cristiano en torno a los sueños proféticos o verdaderos, considerados mensajes divinos, con la finalidad de distinguir entre charlatanes y profetas. La obra del inquisidor y religioso Lope de Barrientos, Tractado del dormir et despertar et del soñar et de las adevinanças et agüeros et profeçía, escrita el siglo precedente pero con manuscritos en circulación en el XVI, es la fuente de muchas de las ideas críticas contra la idea de que los sueños pueden contener algún mensaje.

Curiosamente, las ideas de Barrientos, de que fisiológicamente los sueños son un desecho del cuerpo tienen eco en Thomas Nash y su Terrors of the night de1594. El argumento principal de los críticos de la onirocrtítica es que las imágenes de los sueños son un excremento de la imaginación, y por lo tanto, sin ningún valor ni sentido.

Lo que resulta interesante observar es que esta descalificación del contenido de los sueños tiene efectos distintos y en apariencia contradictorios. Por un lado, parece haber desacreditado suficientemente la técnica clásica de interpretación de los sueños con base en las imágenes que aparecen en ellos. Es decir, tuvo efectos devastadores -aunque no definitivos- en la interpretación con base en los signos oníricos. Pero este resultado no clausuró el interés por los sueños, ni disminuyó el intento por saber qué podrían querer comunicarnos. En realidad, abrió la puerta a otras formas de interpretación de los sueños. Por ejemplo Thomas Browne en su On dreams (c 1658) escribirá que:

No obstante, los soñantes pueden ser falaces en relación con eventos externos, y sin embargo haber un verdadero significado en casa y por lo mismo más sensato: entendernos a nosotros mismos. El hombre actúa en el sueño con cierta conformidad con sus sentidos cuando está despierto, y consuelo o desánimo puede ser derivado de los sueños, lo que íntimamente nos dice (cómo somos) nosotros mismos.

Para Brown, pero después de él, para muchos estudiosos del fenómeno del sueño, los sueños pueden ser falsos en relación con eventos de la realidad. Es decir, no se refieren a ningún acontecimiento externo, pero pueden ser un vehículo para conocernos a nosotros mismos, pues finalmente, dentro o fuera del sueño, actuamos tal y como somos.

En síntesis: la crítica a la interpretación de los sueños no termina con la búsqueda de su sentido. Por el contrario, deja espacio para indagar por otras formas de intentar comprender el sentido de los sueños.