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Criterios de evaluación de publicaciones digitales

La producción científica, especialmente en las ciencias sociales y en las humanidades, ha girado en torno a la publicación de libros y artículos. En gran medida, la acreditación del valor y la calidad científica de esas publicaciones ha sido, y continua siendo, dependiente del proceso de publicación editorial tradicional: el proceso de selección de los textos por un editor o comité editorial o grupo de pares, la periodicidad obligada por la forma de producción de la revista, el prestigio de la casa editorial y su capacidad de distribución, etcétera. Hoy sin embargo, la aparición de Internet ha venido a poner en cuestión este modelo, abriendo una serie de debates cuyo final es aun incierto, pero que en los hechos han comenzado a discutir desde la continuidad del libro (y la revista impresa) como dispositivo de lectura, la permanencia de la industria editorial bajo el modelo que hoy conocemos, hasta la forma de llevar a cabo el proceso de revisión por pares. Esto significa, para la acreditación del valor y la calidad científica de las publicaciones, un desafío enorme, no sólo por la necesidad de adecuar los modelos actuales de validación a los cambios de soporte (como se ha hecho parcialmente en el caso de las revistas), sino por la necesidad de encontrar formas de evaluación de calidad científica para formatos y modos de publicación que no corresponden ni al libro ni al artículo, y que siguen un proceso de elaboración y difusión completamente diverso. Sin la pretensión de ser exhaustivo, me refiero a los blogs, a las producción de ediciones académicas en línea, la generación de bibliotecas digitales, los sistemas de colaboración bajo el modelo de redes sociales y, para dejarlo abierto, todas las que de un modo u otro, están aun por venir. Las reflexiones que presento a continuación intentan presentar los problemas de evaluación a los que nos confrontan estas nuevas producciones científicas, así algunas propuestas de criterios de evaluación y validación, de estas publicaciones.

II
Comenzaré refiriéndole, muy brevemente, al tema de las revistas digitales, como primer paso para introducir los problemas centrales a los que se enfrenta la formulación de criterios de evaluación científica para las nuevas publicaciones.
La aceptación de revistas en formato electrónico por parte del Conacyt ha sido relativamente resiente y producto, como puede saberse, de la sistemática migración de las revistas académicas a formatos digitales, la aparición de nuevas revistas en este formato y la aparición de los repositorios digitales de artículos académicos, que han generalizado el uso de archivos en vez de revistas.
En esencia, el reconocimiento de las revistas digitales se ha hecho, como cabría esperar, bajo el mismo modelo de las publicaciones en papel. Los criterios de valoración académica son, en esencia idénticos y solo hay dos requisitos en donde se reconoce que se está ante un sistema diferente de publicación. Uno es la exigencia de hacer públicas las estadísticas de distribución (numero de visitantes, artículos descargados, etcétera) y la otra, el establecimiento de la periodicidad a la que se comprometa la revista. Hay que decir, sin embargo, que sin hacerlo explícito, estos criterios asumen también, de manera relevante, que las revistas digitales deben ser repositorios de archivos y que los artículos no son documentos HTML o XML, sino archivos descargables, txt, pdf, doc, rtf.
En principio, podemos calificar estos criterios de valoración como conservadores respecto a las posibilidades de edición electrónica. Básicamente, exigen a la revista digital comportarse como una revista de papel escaneada. Esto no constituye en sí mismo un problema. Pero muestra, sin embargo, que no se toman en cuenta ciertas características fundamentales de la publicación digital que deberían conformar criterios centrales de valoración para una publicación científica y académica. Enunciaré dos que me parecen centrales hoy: uno es la habilidad de búsqueda dentro de las revistas, dos, es la inclusión de protocolos para compartir información, como OAI, que permitan la indexación de la información por otros sistemas.
En realidad, una revista no es digital porque ofrezca a través de internet un índice plano y resúmenes, o incluso descargas de PDF o archivos HTML de su contenido. Sin habilidades de indexación, búsqueda y recuperación de la información, es como si siguieran siendo de papel, pues en un punto serían “mudas” para la red. Un cajón más donde buscar en lugar de un sistema realmente integrado a la circulación de conocimientos.
Lo que hace que los repositorios de artículos académicos sean tan populares y cada vez más necesarios como herramienta de investigación, es precisamente porque indexan mucha información de los artículos a su disposición y ofrecen herramientas sofisticadas de búsqueda. Y el valor de los repositorios sobre las revistas es precisamente que facilitan el encuentro de la información apropiada, en bases de datos amplísimas.
Lo que ocurre es que Internet es mucho más que un canal de distribución. Internet es sobre todo una gran herramienta de búsqueda y recuperación de información, y en estos momentos, cada vez más, un vehículo de socialización de la información. Para que una revista científica cumpla su cometido científico debe poder colocar información para su circulación en internet. Y esa circulación debe contemplar, precisamente, habilidades de búsquedas dentro de su sitio, tanto como capacidades de compartir la información. Incluir estos como criterios elementales de valoración científica en las revistas digitales deberá conducir a eliminar algunos formatos de archivo (txt, rtf, docs) por ser inoperantes para compartir información e incluir otro formato además del PDF, como es XML, para que la búsqueda pueda ser más sofisticada.

II
Pero dejemos ahora las revistas y pasemos a hablar de eso a lo que se le llama “libro electrónico”. Desde mi punto de vista, hay varios factores que están influyendo para que el PDF se esté convirtiendo en un “libro electrónico”. Por un lado, existen una serie de condiciones que están empujando el mundo de la edición especializada hacia la publicación electrónica. Una es el hecho de que mientras los presupuestos para la edición en papel se mantienen o, incluso, van en declive, la presión para que investigadores y profesores generen publicaciones va al alza. Por otro lado, las limitaciones en el número de ejemplares que se autorizan para cada tiraje con presupuestos universitarios (500) y las deficiencias en la distribución de los libros, hacen que el impacto de éstos sea, en realidad, mínimo, y que la distribución en internet de archivos electrónicos se vuelva mucho más interesante. Se sabe por otro lado, que los artículos publicados en internet tienen un índice de citación mayor que los publicados en papel. (Christine L. Borgman. The Digital Future is Now: A Call to Action for the Humanities. Fall 2009 Volume 3 Number 4)
Por otro lado, hay una serie de hechos que han ido haciendo del PDF la metáfora electrónica del libro. Uno, la circulación de libros escaneados en formato PDF como práctica académica común, que ha venido a sustituir la circulación de fotocopias. Y, como ya se mencionó antes, la adopción del PDF como formato para la circulación de artículos especializados..
Sin embargo, el hecho determinante, en del terreno simbólico, para que los archivos PDF se estén convirtiendo, de la noche a la mañana, en libros electrónicos, ha sido la aparición de los dispositivos de lectura como el Kindle de Amazon y todas sus variantes comerciales, hasta el Ipad de Mac.
En realidad, no importa que los dispositivos no estén disponibles en México, y que su llegada, si alguna vez ocurre –en realidad, es aun muy pronto para saber si será la tecnología y el modelo que prevalecerá al final- pueda darse, de forma masiva, hasta dentro de algunos años. Pero el término libro electrónico, y la asociación de dispositivos con librerías virtuales como Amazon y casas editoriales, ha venido a ser clave para que, súbitamente, algunos bites se conviertan el libros.
Ahora bien, definir criterios de evaluación en estas publicaciones es urgente, porque ya se están produciendo libros electrónicos y una forma importante de producción científica pasará en muy poco tempo a aparecer en este formato. De hecho, uno de los problemas fundamentales al definir los criterios de valoración de las publicaciones académicas, es que el sistema tiene que cambiar una posición conservadora, por una posición activa de producción de políticas para la evaluación y el reconocimiento de los productos digitales, no sólo para valorar los que de hecho ya se están produciendo, sino para no frenar el desarrollo científico al quedar atado a modelos y sistemas de valoración que no corresponden a lo que está produciendo la comunidad científica.
El desafío principal que plantea el libro en PDF es que no es necesaria una casa editorial para producirlo y que la confianza depositada en la producción del libro como un gasto que solo se justifica a partir del valor de la publicación, desaparece. El problema, si embargo, aquí es idéntico al de las revistas. El libro no será más que un artículo grandote. Y el problema debe plantearse en términos muy semejantes a los de las revistas. Cómo deben ser los repositorios y cómo deben operar, dictaminar, elegir la inclusión de un archivo, los repositorios de libros electrónicos para que sean reconocidos académicamente.
De hecho, los criterios aplicados a las revistas, pueden aplicarse aquí también y, de nueva cuenta, solo habría que insistir en que deben contemplar formas de búsqueda y de indexación para que realmente tengan un valor científico como distribuidores de conocimiento.
Quizás en este momento se pueda ver con más claridad, que lo que antes llamábamos libros y revistas, y casas editoriales, ahora pueden llamarse repositorios electrónicos. De hecho, la discusión más intensa en la industria editorial norteamericana tiene como fondo esto: la creciente importancia de quien distribuye digitalmente, frente a las casas editoriales que, como las disqueras, están perdiendo la batalla de hacer llegar a los lectores los textos de manera más eficiente. (Cf. Publish or Perish Can the iPad topple the Kindle, and save the book business? by Ken Auletta)
Esto quiere decir que debe contemplarse trasladar los criterios académicos hacia un nuevo instrumento que son los repositorios digitales institucionales. Esto llevará todavía cierto tiempo, pero es importante que comencemos a pensar en ellos, para definir criterios y modelos de valoración, y para estimular la creación de repositorios institucionales.

III
Paso ahora a la parte que me parece más relevante, y que son todas los productos académicos que no tienen un equivalente en papel, y cuyos ejemplos son muy escasos en la producción académica mexicana, en gran medida por encontrarnos con dos fenómenos simultáneos: una comunidad científica conservadora y sin conocimiento real de las nuevas tecnologías, y la falta de estímulos para la exploración de nuevos modelos de producción de conocimiento en humanidades y ciencias sociales por parte de instituciones como el Conacyt y el propio SNI, al carecer de formas para su acreditación, valoración y reconocimiento. Me refiero, en primer lugar, a las ediciones académicas de textos. Hay ediciones académicas –para no discutir aquí si son efectivamente ediciones críticas- de textos relevantes para su estudio como la edición del Codex Sinaicus  http://www.codexsinaiticus.org/en/, o las 900 tesis de Pico della Mirandola, http://www.stg.brown.edu/projects/pico/index.php, por citar sólo dos que yo frecuento. Ambas son ediciones muy especializadas en formato digital, sustentadas en una serie de procedimientos académicos ya estandarizados en buena parte del mundo, a partir de los cuales es posible reconocer la calidad académica de la publicación. Los criterios son similares a los utilizados en bibliotecas digitales (que son distintas a las bibliotecas digitalizadas) como el Perseus project (http://www.perseus.tufts.edu/hopper/) de textos clásicos, o la biblioteca Bivio de textos renacentistas http://bivio.signum.sns.it/. Estos tienen que ver con el modo de representación de los textos (trascripción, imagen), su marcado utilizando estándares de XML como TEI de la Text Encoding Iniciative, el uso de estándares de interoperatividad como OAI para la difusión de su contenido a otros sistemas, y buenas prácticas como la documentación publica de los procedimiento seguidos, la acreditación académica de los participantes, el respaldo de instituciones al proyecto. En México ya hay en desarrollo, algunos incluso respaldados por el Conacyt, proyectos de esta naturaleza. Pero no hay, ya no digamos criterios de valoración, sino formas de acreditar este trabajo.
Es decir, el formato de captura de información del SNI en informes y solicitudes, no incluye un la posibilidad de documentar proyectos digitales como ediciones académicas. Además, en mi experiencia personal, en los criterios seguidos por los evaluadores, los proyectos digitales simplemente no son considerados, ni siquiera enumerados como parte de la producción científica evaluada. En otras palabras, no existen.
Se sabe, sobre todo en el área de humanidades, que algunos evaluadores han recomendado hacer una “obra de largo aliento” , lo que de suyo es académicamente incomprensible, pero que expresa claramente a mi juicio, una cultura centrada en un modelo que no es ni colaborativo ni digital, sino claramente centrado en el libro y en la imagen del investigador solitario que es, precisamente, la que está cambiando.
La preparación, diseño y ejecución de un proyecto de edición académica, como las mencionadas arriba, es un trabajo extraordinario que exige tanto rigor como el más complejo de los libros, y es necesariamente un trabajo de colaboración. Su valor como medio para socializar el saber y multiplicar su explotación colaboración, es infinita. Por eso considero que tenemos que avanzar, en este terreno, en dos direcciones: la primera es en la forma de acreditar este trabajo en los informes y en los medios de evaluación tanto en el SNI como en las instituciones académicas. La segunda, es que tenemos que colaborar en la difusión de estos productos como productos de alto valor académico, lo que implica a la vez, un esfuerzo de reconocimiento y de promoción de una cultura digital en todos los miembros del sistema.
Hay otros productos que pueden incorporarse a esta discusión. Por ejemplo, los sitios web de investigación. No me refiero a los sitios de grupos académicos o de instituciones que anuncian lo que trabajan y lo que hacen, sino los que son resultado de la investigación. Por ejemplo, el sitio sobre las noticias en la época de los derechos civiles de la Universidad de Virginia, o sobre la emigración de afro americanos a Liberia en el siglo XVIII. Estos son productos de investigación y formas de comunicación científica que como los dos anteriores, también requieren de un espacio para su acreditación y de la estandarización de criterios para su evaluación académica. En el mismo sentido, su reconocimiento académico debe ser difundido entre los miembros de las comisiones evaluadoras y del sistema todo, quizás a partir de los mismos criterios propuestos paa las ediciones académicas.
Dejo al final los blogs porque son más polémicos, y no me referiré a actividades tan resientes como el participar en redes sociales académicas. Decir que un blog puede ser una publicación académica quizás suena provocador. Pero no lo es. Los blogs académicos existen y algunos están alcanzando un prestigio muy alto, como medio de socialización del conocimiento y de diálogo académico. Pongo solo dos ejemplos de los muchos documentados por su continuo uso por la comunidad académica por bibliotecarios (Nancy L. Maron and Kirby Smith. Digital Scholarly Communication. A Snapshot of Current Trends), como son http://peasoup.typepad.com/ para el mundo de la filosofía o http://www.realclimate.org/ para el de las ciencias. ¿Puede la academia mexicana generar criterios para valorar y reconocer este tipo de producción académica y hacerlo rápidamente?
De entrada, no me atrevería a proponer aquí criterios específicos sino apertura. Sería interesante identificar primero qué blogs se están produciendo en el ámbito de la ciencia y las humanidades en México, y desde ahí, comenzar a establecer formas de reconocimiento del trabajo científico expresado por ese medio. El SNI, como el Conacyt, son instituciones con capacidad para promover la utilización de otros medios de comunicación científica, o simplemente frenarlos. Y en este caso, es importante que los blogs académicos encuentren un lugar dentro del sistema. Es importante que el sistema no sea indiferente a este tipo de producción que de manera privilegiada alimentan y mantienen los investigadores más jóvenes y que sin duda lo harán las generaciones que se están formando. Para decirlo de manera muy simple: los productos académicos están cambiando. Hay nuevas formas y modelos de producción de conocimiento que requieren ser reconocidas. El SNI, como el Conacyt, tiene, en este caso, que ser parte activa en el reconocimiento y promoción de esos esfuerzos.
Hay un dato importante a considerar. En relación con lo que se está haciendo en el mundo, México está más de 20 años atrás, por lo menos, en el conocimiento y uso de las tecnologías de la información para su aplicación en las humanidades y ciencias sociales. Y un dique definitivo ha sido la indiferencia del SNI ante estas nuevas formas de compartir el conocimiento. Simplemente, la carencia de herramientas para acreditarlas, reconocerlas e incorporarlas a los modelos de hacer ciencia, es el ejemplo más claro de esa indiferencia.
Termino diciendo. El proceso de sustitución de un modelo basado en el libro por un modelo basado en la socialización del conocimiento, se está acelerando. Y lo que ello implica, en muchos sentidos, es una fractura generacional. En un punto, llegarán a saber –o de hecho, ya saben más- los jóvenes que los experimentados. Ese es un punto de tensión y de dificultad sin duda. El desconocimiento de cómo operan los nuevos sistemas, la sensación de imposibilidad frente a su uso, son factores que agudizan el empecinamiento en el uso de un modelo que esta en proceso de caducidad. Pero a nosotros nos toca, como comunidad, ser generosos y abrir la puerta a la innovación.

¿Qué tiene el PDF?

Las humanidades en México han sido bastante conservadoras en relación con la adopción, uso y conocimiento del cómputo y la computación en red. Pero en estos días es posible sentir una corriente favorable en el ámbito de las humanidades hacia la publicación electrónica a través de PDF.
Desde mi punto de vista, hay varios factores que están influyendo para que sea éste el formato que esté ganando adeptos. Por un lado, existen una serie de condiciones que están empujando el mundo de la edición especializada hacia la publicación electrónica. Una es el hecho de que mientras los presupuestos para la edición en papel se mantienen o, incluso, van en declive, la presión para que investigadores y profesores generen publicaciones va al alza. Por otro lado, las limitaciones en el número de ejemplares que se autorizan para cada tiraje con presupuestos universitarios (500) y las deficiencias en la distribución de los libros, hacen que el impacto de éstos sea, en realidad, mínimo, y que la distribución en internet de archivos electrónicos se vuelva mucho más interesante.
Por otro lado, hay una serie de hechos que han ido haciendo del PDF un modelo de edición electrónica, destaco los dos que me parecen más notables. Circular libros escaneados en formato PDF es una práctica académica común, que ha venido a sustituir la circulación de fotocopias. Coincidente con esto, el formato PDF fue adoptado para la reproducción digital de los artículos especializados en revistas para su inclusión en bases de datos, lo que le ha dado legitimidad dentro de la comunidad académica.
Sin embargo, el hecho determinante, en del terreno simbólico, para que los archivos PDF se estén convirtiendo, de la noche a la mañana, en libros electrónicos, ha sido la aparición de los dispositivos de lectura como el Kindle de Amazon y todas sus variantes comerciales, hasta el Ipad de Mac.
En realidad, no importa que los dispositivos no estén disponibles en México, y que su llegada, si alguna vez ocurre –en realidad, es aun muy pronto para saber si será la tecnología y el modelo que prevalecerá al final- pueda darse, de forma masiva, hasta dentro de algunos años. Pero el término libro electrónico, y la asociación de dispositivos con librerías virtuales como Amazon y casas editoriales, ha venido a ser clave para que, súbitamente, algunos bites se conviertan el libros.
Este reconocimiento simbólico del PDF como libro y el consecuente entusiasmo por su uso como modelo de publicación, no deja de ser problemático. Principalmente porque a través de él intentan conservar algunas cualidades, pero a través de ellas, también los intereses y las estructuras económicas y de poder del libro impreso (Copyright, mediación editorial, barreras al flujo del conocimiento y al intercambio comercial). De modo que legítimamente uno puede preguntarse si es la institución universitaria la que debe apostar por algo así.
Pero el otro problema, que en el fondo es el que a mi más me inquieta, tiene que ver directamente con el cómputo en las humanidades: el PDF es para ello un dique, porque no abre la puerta a la exploración y reconocimiento de otros productos de las humanidades a partir del aprovechamiento del cómputo y del cómputo en red.

Codex Sinaiticus: humanidades y tecnología

Hay obras y textos para los que la publicación digital en línea parece haber sido concebida. Las más de las veces, se trata de obras cuya edición en papel resulta simplemente impensable, más por su complejidad, que por otras variables como el costo o el mercado. Obras donde encontramos vinculadas imágenes facsimilares, transcripciones, traducciones a más de un idioma, anotaciones a cada uno de los distintos textos, así como presentaciones, introducciones y un largo etcétera. Es ahí cuando se aprecia la versatilidad, amplitud y conveniencia de la edición digital, y se rinde ante lo que es sin duda, un trabajo admirable.
El Codex Sinaiticus es una de esas maravillas indiscutibles. Se trata de uno de los manuscritos más antiguos que se conservan. Escrito hace 1600 años, a mediados del siglo IV, es unaBiblia compuesta en griego donde se incluyen, como parte de la Septuaginta textos que no aparecen en la Biblia hebrea. Al Nuevo Testamento, incluido en su totalidad, se agregan dos textos claves en la historia de la cristiandad que no prosperaron como libros bíblicos: la Epístola de Barrabas y “El pastor” de Hermas. Hay diferencias notables también en la secuencia de los textos. Pero el conjunto de estas características del Codex, lo hacen ser una clave en la historia de la Biblia y en la formación del pensamiento cristiano. El Codex tiene también mucha importancia en la historia del libro, por el material en que esta escrito y la forma de reunión de sus páginas, de modo que nos aproxima y nos revela un pasado al que sólo tenían acceso los especialistas más interesados en el tema, y con mejores recursos.
Pero mi interés principal está en la edición electrónica de esta joya. Es primero, una edición facsimilar, en la que se han digitalizado cada una de las páginas del Codex en un esfuerzo que es a la vez, de conservación y de difusión. La digitalización es de muy alta calidad y permite trabajar plenamente con las imágenes. Además, se encuentra un trascripción por verso o por página, que se llevó acabo a través de un procedimiento que implicó la realización de dos trascripciones independientes, su comparación a través de un software que detecta las diferencias y la revisión de los casos en que hubo desavenencias entre los transcriptores. Además, los textos transcritos tendrán una traducción al inglés, al alemán, al ruso y al griego (no todas las traducciones está ahora disponibles), que son los idiomas de las instituciones participantes.
En suma, se encuentran presentes e integrados, prácticamente todos los elementos que uno podría esperar en la edición digital de una obra así de compleja, para hacerla accesible a quien, desde cualquier parte del mundo, se interese en estudiarla. Pero el desarrollo de este proyecto muestra otra cosa. Nos deja ver hasta qué punto el cultivo de las humanidades hoy pasa también por el conocimiento y el desarrollo de la tecnología. Pues el diseño y la creación de la interfaz de usuario, la formales de comprender la integración de las dimensiones textuales implícitas en un trabajo de escaneo, trascripción y traducción –que han sido labores fundamentales de la tradición humanística- es producto del propio trabajo de los humanistas y resultado de sus propias necesidades.
En este sentido, no dejaré de repetir la urgencia de que nuestras humanidades accedan y se expresen ya, también, como una cultura de la tecnología, y como una empresa, a la vez, de apropiación, investigación y desarrollo de las herramientas futuras de las humanidades.

La tibia alternativa a Google Books

Dos proyectos aparecidos en los últimos 8 meses se han propuesto marcar una diferencia frente a la enorme iniciativa de digitalización de Google Books. El primero es Europeana, financiado por la Comunidad Europea, que organiza y da acceso a 4 millones de objetos digitalizados de la red de bibliotecas y acervos europeos, y que proyecta llegar a los 10 millones de objetos para el 2011. El otro es la World Digital Library, desarrollada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, con la participación de la UNESCO, de distintas instituciones en varias partes del mundo, y financiados con fondos privados, entre los que se encuentra entre otros Google. Por ahora, ésta ofrece alrededor de 1000 objetos digitales, pero planea tener un crecimiento exponencial los próximos años.
La historia de ambos proyectos se remota, coincidentemente, cuatro años atrás, al año 2005, cuando se origina el boom de los programas de digitalización de fondos editoriales. Ese año, mientras Google Prints pasa a llamarse Google Books, y Microsoft y Yahoo, en respuesta, se integran a la Open Content Alliance, la Comunidad Europea y la Biblioteca del Congreso inician la planeación de sus iniciativas que tendrán como origen un diagnóstico semejante frente a los problemas y peligros implícitos en el hecho de que empresas privadas, con criterios comerciales en materia de digitalización de libros, todas ellas de origen norteamericano y sin claridad en cuanto a los criterios de organización y validación de la información bibliográfica (el problema ya detectado en el Proyecto Gutenberg), tomaran la vanguardia en el proceso de llevar los archivos bibliotecarios al mundo digital.
Cuatro años más tarde vemos la respuesta a ese diagnóstico: ambas son iniciativas públicas no comerciales. Se proponen la preservación del patrimonio colectivo, dando dan acceso a él libremente y a través de interfaces multilinguísiticas, para que el idioma no sea una barrera en la obtención de la información. Han cuidado que el material digitalizado sea valioso y relevante, y claramente identificado, y que vaya acompañado de algunos elementos de contexto que permitan comprenderlo mejor a los visitantes. Pero más allá de estas coincidencia y compromisos más o menos comunes, los proyectos tienen diferencias importantes en su ejecución.
Europeana es un proyecto centrado en Europa y consiste básicamente en un interfaz de acceso a colecciones de información ya existentes, y en proceso de crecimiento. Es pues un intermediario entre esas colecciones y los usuarios, que incluye algunas herramientas como crear comunidades sobre un tópico y funcionalidades como organizar la información siguiendo una línea del tiempo, por idioma, país.. etcétera… Quizás, el mayor problema del sistema es que no distingue materiales escaneados y meras fichas de registros en las bases de datos de una biblioteca, por lo que presenta ambos indistintamente. Esto es frustrante porque al lado del acceso a una foto de Sarte o de Freud en la Biblioteca Nacional de Francia, uno encuentra sólo una entrada al catálogo de una biblioteca española. De modo que el proceso de discriminación entre objetos digitales valiosos (visibles directamente por internet) y los catálogos de fondos debe hacerla uno mismo, y el resultado es exasperante: hay más fichas de catálogo que textos, imágenes o sonidos digitalizados. En el fondo, precisamente por eso, es difícil saber qué aporta, además de centralizar la información, un proyecto comoEuropeana. En muchos sentidos, sólo es un buscador especializado, que no parece, todavía, hacer ninguna diferencia respecto al uso de cualquier otro buscador mucho más amplio, por ejemplo Google, y no aporta mucho más al tema de libros escaneados.
La WDL es otra cosa por completo. Se trata de una colección original de objetos digitales, provenientes de distintas instituciones, escaneados para conformar esa biblioteca. Tiene un interfaz gráfico multilinguístico para acceder a los objetos, con funcionalidades para ubicarlos por tiempo, lugar, idioma, tema, etcétera… Lo objetos son presentados con información de contexto y datos de catalogación, y con una calidad verdaderamente excepcional. El valor de la biblioteca es, sin embargo, limitado. Tiene una orientación más bien museográfica, y da la impresión de que los criterios de selección tienen que ver con la vistosidad de los materiales y su representatividad de una cultura o un país, más que con otros fines. Está bastante más lejos de representar una alternativa a Google Books, de lo que está, por ejemplo, Europeana.
En todo caso, Google puede seguir tranquilo. Ninguna de estas iniciativas va a hacer alguna diferencia, ni va a cambiar las rutinas de búsquedas. Y en muchos casos, sospecho que es una de esas grandes inversiones inspiradas más en dar una respuesta política –más o menos honrosa- que en construir realmente una alternativa.

 

Biblioteca Virtual de Filosofía Mexicana

La Asociación Filosófica de México ha iniciado la creación de una Biblioteca Virtual de Filosofía Mexicana. El proyecto tiene como objetivo, según declara en su Presentación, “difundir la producción de la filosofía mexicana desde el siglo XVI hasta el presente, con el fin de que el lector comience a familiarizarse con los filósofos mexicanos y sus propuestas… Se trata de hacer un estudio urgente y necesario de aquellos imprescindibles de nuestro pensamiento, muchos de los cuales aún siguen ignorados.”
Es indudable que, por paradógico que resulte, la difusión de la historia de la filosofía mexicana en México es un pendiente, y que incluso la creación de un canon de imprescindibles –por más discutible que pudiera ser en esta época querer generar un canon- es también necesario. Los esfuerzos por hacerlo, desde Valverde Telléz y Samuel Ramos, hasta nuestros días, han sido esporádicos, un libro cada 50 años sobre la historia de la filosofía en México, y casi nunca han ido acompañados de la recuperación de los textos y las obras de los filósofos mexicanos, para que circulen de nuevo y sean conocidas y estudiadas por nuevas generaciones de filósofos.
Por eso la Biblioteca Virtual que se propone la Asociación es un esfuerzo importantísimo y muy necesario, en el que no es menor cosa que la iniciativa provenga de quién proviene porque reúne y representa a una parte importante de quienes se dedican a la filosofía actualmente en México.
Es debido a la importancia y el valor que tiene esa biblioteca, como la institución que la impulsa, que uno esperaría que la iniciativa estuviera sustentada en una idea clara de lo que es una biblioteca digital y en la definición de unos parámetros tecnológicos precisos que brindaran a la biblioteca los elementos de valor que la hicieran un instrumento de difusión, estudio y análisis de las obras de los filósofos mexicanos. Pero no es así.
Hasta ahora, lo que puede ser visto del proyecto es un listado de filósofos mexicanos desde la colonia hasta nuestros días, cuyos nombres vienen acompañados de sus fechas de nacimiento y muerte, una muy breve relación biográfica, las “Obras contempladas” (uno supone que para su digitalización) y una relación de las obras en el acervo de la BVFM.
Del total de obras y autores listados, sólo se ofrece liga a Primero Sueño de Sor Juana, La crítica filosófica o estudio bibliográfico y crítico (1904) de Valverde Téllez (que está muy bien digitalizado por el proyecto de filosofía.org) un PDF del Ensayo de una ontología del mexicano, del que se dice fue subido por la UACJ, la digitalización de la Ética, ética empírica, ética de bienes de García Maynes que hizo también muy bien la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y un PDF de La antropología filosófica de Alonso de la Vera Cruz, de Mauricio Beuchot.
Como puede verse, la Biblioteca virtual es en parte una colección de ligas y en parte un repositorio de archivos PDF. Como colección de ligas, tiene el problema de que la calidad, por ejemplo, de la edición del Primero sueño, es bastante mala como para considerarla una edición seria del mismo, y no se ha hecho una búsqueda mínima tanto en Google books, como en la Biblioteca Cervantes, para encontrar la ya numerosa serie de libros que pertenecen a la historia de la filosófica en México que ya han sido digitalizados. En cuanto al repositorio de PDF el problema de la calidad es mayor, los dos archivos PDF que se pueden descargar carecen de portada y la calidad de su reproducción es baja, para ser tomada un copia fiel al menos de una edición de referencia de las obras.
Yo tengo mis reservas en cuanto a llamar bibliotecas a un repositorio de PDF. A mi juicio, circular PDF es como circular fotocopias. Y en ese sentido, la Biblioteca Virtual, si se decide por ello, sería como un gran centro de circulación de fotocopias. Aunque yo no comparto la idea y de ningún modo es el estándar de las Bibliotecas Digitales más importantes en la actualidad, podría ser una opción legítima en la medida en que no implique una renuncia al trabajo académico que debe tener detrás de una iniciativa como esta: las reproducciones deben ser de alta calidad, de la obra completa, de preferencia una edición que tenga valor por si misma: una primera edición, una edición anotada, y cuidando todo el tiempo de no hacer reproducciones de obras en circulación en que se podrían estar violando derechos de autor.
En lo personal, creo que el esfuerzo de crear bibliotecas virtuales debe estar orientado  a utilizar internet como una herramienta generadora de conocimiento. Las bibliotecas como elPerseus Project, dedicado a los autores clásicos, la biblioteca en línea Bivio para obras del Renacimiento, el proyecto de colecciones mexicanas, o incluso el proyecto de filosofìs.org, han procurado utilizar la tecnología para ofrecer una edición que no sólo presente el texto a su circulación, sino que forme parte de una estructura que permita generar nuevos conocimientos. Los PDF, por desgracia, no hacen eso. Son en cierta forma, la manera más económica, cierto, pero también la menos creativa e interesante de circular obras en internet.
La Biblioteca Virtual de Filosofía Mexicana apenas comienza, es una magnífica oportunidad para generar un proyecto de gran valor. Por eso creo que los responsables de la biblioteca dentro de la Asociación deberían reconsiderar su estrategia y reflexionar sobre su concepción. Sería lamentable que un esfuerzo así de importante terminara perdiéndose por carecer de la calidad de sus equivalentes en otros países.

La biblioteca ideal de Giordano Bruno

http://giordanobruno.signum.sns.it/bibliotecaideale/
Comitato Nazionale per le celebrazioni di Giordano Bruno nel cuarto centernario della morte.
Ideazione
Michele Ciliberto, Simonetta Bassi

Las bibliotecas digitales se están mutiplicando y esa es una razón para el optimismo. Estamos presenciando un fenómeno de publicación digital, en todas sus variantes y acepciones, que está alcanzando dimensiones extraordinarias. El valor sin embargo, no está únicamente en los proyectos delirantes, como Google Books, Europeana o la Biblioteca mundial auspiciada por la ONU. Está sobre todo, quizás, en las bibliotecas temáticas y especializadas alrededor de la obra de un autor o de un ámbito temático, cuando se aprovechan los elementos de la edición digital, y en especial del XML, para producir ediciones que realmente actualiza la circulación de los textos, a través de la adicción de conocimientos, herramientas de lectura e instrumentos para la manipulación más eficaz de los textos en la investigación.
La Biblioteca ideal de Giordano Bruno es un buen ejemplo de este tipo de ediciones. Incluye, en primer lugar, la trascripción de la Opera Omnia de Giordano Bruno dividida en Opere Volagari y Opere Latine, tomando como referencia textual para la trasncripción los textos establecidos en las ediciones de clásicas, de Gentile y Aquilecchia, de Tocco y Vitelli, entre otras. El hecho de que se trate de una transcripción es importante por que facilita la manipulación del texto y su utilización en espacios diferentes a Internet.
El trabajo de marcación del texto en el XML hace que la edición ofrezca algunos elementos esenciales para la investigación como referencias y nombres destacados en el texto –es interesante es que la edición ofrece la opción de habilitar o deshabilitar la marcación de nombres y textos-; incluye además la opción de buscar sobre cada obra en específico o sobre el corpus todo. El valor de pasar de la obra singular al corpus en su conjunto es importante y los nombres citados como las obras citadas pueden ser examinadas por obra o en el corpus, de manera independiente a como aparecen en la lectura directa del texto. La edición además, incluye las imágenes que forman parte de los textos, aunque en un formato no compatible con todos los navegadores.
El único problema, quizás, en cuanto al trabajo de edición son sus limitaciones. No incluye traducciones de los textos a otros idiomas, los textos están en italiano y latín, cosa que es fabulosa en términos de su valor, pero que no tienen por qué ser las únicas en términos de puesta de circulación de las obras. En cuanto a los índices, particular mente el índice onomástico, el sitio no incluye ningún dato de la persona o el lugar referenciado por Bruno. De Niceta Siracusano Pitagorico, por ejemplo, que es citado dos veces en La cena de le ceneri, no se dice nada, y como lectores nos quedamos con la misma indiferencia que cuando lo encontramos referido en papel.
Es decir, le falta a la edición la incorporación del trabajo de especialistas en la obra de Bruno, de los traductores, para alcanzar mucha mayor profundidad y un valor aun mayor, sobre todo como ediciones que aportan todavía un mayor conocimiento y además el conocimiento más resiente.
Pero frente a la edición de imágenes de textos en Google Books o de los incunables de las obras en los acervos históricos, que tienen el valor de dar acceso a la imagen del texto, y abrir la puerta a su conocimiento, la edición de las obras de Bruno, muestra que se puede y se debe ir más allá, en la producción de nuevas ediciones de libros, complejas y ambiciosas

México, el espiritismo y Harvad

En sus Apuntaciones históricas sobre filosofía en México, Emeterio Valverde Téllez discute el espiritismo no directamente, sino evocando la obra del cura de Tecolotlán Homobono Anaya, Disertación sobre el espiritismo publicada en 1871 en Guadalajara, con licencia del ordinario en la Tipográfica de Rodríguez de la calle Santo Domingo número 13. Como puede pensarse, se trata del furioso ataque de un cura de pueblo contra las prácticas espiritistas, escrito como respuesta a las acusaciones hechas contra el párroco porque, a decir de sus acusadores, se extralimitaba en sus funciones al denunciar sin misericordia y desde el púlpito, a quienes se entregaban al espiritismo. El inicio de la Disertación es por lo demás elocuente:

No me ocuparé de probar que el Espiritismo es una especie de religion, pues tiene sus dogmas, sus misterios, sus ceremonias, sus preceptos, sus pontífices y demas ministros. (1)  Tampoco diré que tiene su aire de ciencia, pues así le llaman sus corifeos; porque tiene sus principios (aunque falsos) metódicamente ordenados que facilitan su estudio. Pero sí diré que es un error pestilente tanto mas peligroso cuanto que puede apoderarse de los hombres que ocupan mejor lugar en la sociedad, los cuales á su vez pueden arrastrar á los demas sin mucha dificultad

(1)    Y tambien tiene su cabeza invisible, el demonio.

Un ejemplar de la Disertación está disponible en línea, junto con un manuscrito en latín del mismo Homobono, en la Colección Digital de Panfletos Latinoamericanos de la Universidad de Harvard, accesible gratuitamente. El libro forma parte de la Widener Library Latin American, Spanish, and Portuguese Collection, un repositorio de panfletos latinoamericanos publicados en el siglo XIX y el XX que, como en el caso del espiritismo, iluminan muchos aspectos de la cultura popular, así como de las disputas y de los problemas políticos y de las relaciones, conflictivas, entre iglesia y Estado. La colección tiene más de 500 títulos, inaccesibles prácticamente todos antes del 2002 en que se comienza a digitalizar la colección, y representan sin duda una fuente inapreciable para quienes se interesan por esos temas.
Desde el punto de vista de la edición digital, se trata de un fondo digitalizado al que se accede por distintos sistemas de búsqueda, pero que en lo esencial, sólo presentan los materiales escaneados. A estas alturas, y sin que se a visible un esfuerzo de renovación, se echan de menos herramientas que incrementaran el valor del fondo como instrumento de investigación, y no sólo como soporte para su clasificación, acceso y difusión.
La colección es uno de los ejemplos de lo que está implícito en el desarrollo de ediciones digitales: su actualización con el tiempo. En 2002 cuando inició el proyecto, la idea de tener documentos accesibles en línea era de altísimo valor. Pero ahora, ese valor, si bien no ha desaparecido, muestra sus limitaciones frente a otros fondos que, utilizando tecnología más nueva han incrementado el valor del acceso a las colecciones y los catálogos.
De cualquier manera, para los que nos interesamos en la historia de esas formas heterodoxas del pensamiento (habría que preguntarse por la relación entre positivismo y espiritismo en México), el fondo de la biblioteca de Harvard y los libros de Emeterio Valverde Crítica filosófica y la Bibliografía filosófica escaneados recientemente por Google de bibliotecas en Estados Unidos, abren una puerta inapreciable.

 

Garibaldi y el Risorgimento


En Estados Unidos algunos de los proyectos más sofisticados de digitalización, han partido de una colaboración entre la fuente de los archivos a digitalizar, que son en concreto los fondos de las bibliotecas universitarias, un grupo tecnológico especializado y los departamentos académicos vinculados temáticamente con los archivos a digitalizar. El sentido de esta organización debería ser obvia: no se trata sólo de producir digitalizaciones de archivos, sino que éstas contengan elementos adicionales que agreguen valor y conocimiento a al material fuente.
En otras palabras, la digitalización, y la difusión sobre Internet de los archivos –cualquiera que estos sean- tiene un valor relativo que se incrementa sustantivamente cuando forman parte de un proyecto académico que los dote de contexto, relevancia y sentido, lo mismo para el visitante no familiarizado con el tema, que al visitante experto.
Uno de los proyectos resientes de la universidad de Brown es fruto de la colaboración entre el Departamento de Estudios Italianos y el centro para iniciativas digital, con material bajo el resguardo de la Brown University Library, es la digitalización del Panorama llamado: La vida heroica y la carrera de Garibaldi.
El panorama (conocido en español, mejor como Diorama) era uno de los entretenimientos visuales del siglo XIX, que consistía en un rollo de papel pintado de grandes dimensiones, que montado sobre un sistema que le permitía rotar, era presentado como una secuencia narrativa en la que se relataba algún evento o personaje histórico.
Lo interesante del trabajo de digitalización de este Panorama de Garibaldi, es que, insertado en el contexto de una investigación sobre el Risorgimiento italiano, no sólo ha digitalizado el material, sino que lo ha hecho de modo tal que podamos apreciarlo en la secuencia en que se exhibía y con los materiales (libreto, las invitaciones a verlo, las reseñas de su exhibición en Estados Unidos, etcétera.. ) con que estaba rodeado.
La digitalización incluye algunos otros materiales como ilustraciones de la figura de Garibali conservadas en la colección militar Anne S. K. Brown, y ediciones históricas de periódicos alrededor de la figura de Garibaldi.
El sitio en que se exhibe esta digitalización, que es sencillo, ofrece suficiente información para captar no sólo el valor histórico del panorama, sino el tema de la recepción del movimiento garibaldino en todo el mundo.
Una observación final: es interesante ver cómo la universidad de BRown ha creado, para sus proyectos de digitalización un cierto brand visual que puede apreciarse comparando este sitio con otros sitios de la colección producidos por el Centro de iniciativas digitales. Un modelo que, ciertamente, no siempre es funcional, pero que tiene la ventaja de mantener una continuidad visual en la producción de digitalizaciones.

 

Catálogos, bibliotecas digitales y bibliotecas digitalizadas


Cada día hay más libros sobre Internet. Y cada día hay, por lo mismo, más bibliotecas. Por supuesto, no todas las bibliotecas son iguales, y no todos los libros en esas bibliotecas están en un formato similar, y más aún, no todas son igualmente útiles.
En general, hablando de bibliotecas, podemos encontrar tres grandes categorías: catálogos sobre Internet, bibliotecas digitalizadas y bibliotecas digitales.

Catálogos de bibliotecas sobre Internet.
Una de las primeras cosas que hicieron las bibliotecas establecidas fue hacer disponible en Internet el catálogo de sus libros. Hoy, casi todas los tienen puestos en línea. Así, por ejemplo, el de la UNAM lo puedes encontraraquí, el de la Biblioteca Nacional de México aquí, el del Colegio de México, acá. Por lo general, esto catálogos tienen valor si eres usuario de la biblioteca, pues son útiles para encontrar la ubicación física del libro en una biblioteca.
Esto cobra un relevancia especial cuando el libro no es cualquier libro, sino un libro antiguo. Pues saber dónde se encuentra físicamente uno de los escasos ejemplares de ese tomo, puede ser central para un investigador. Existen ya, por supuesto, algunas de esas herramientas: por ejemplo, el del Patrimonio bibliográfico mexicano, o el catálogo de incunables de la Biblioteca británica.
Pero para el común de los mortales, las fichas que ofrecen estos catálogos muy especializados es apenas interesante, pues no sirven sino para conocer de manera muy general la existencia del libro y su estado, y eso claro, si acaso te interesa.

Bibliotecas digitalizadas.
Frente a los catálogos, algunas bibliotecas, pero sobre todo, aquellas que tienen fondos antiguos de gran valor, han comenzado a digitalizar algunos de sus libros. Digitalizar aquí quiere decir que han escaneado las páginas de los libros y han puesto en Internet las imágenes resultado de ese proceso . En muchos casos, los libros están completos y es un gozo andar sobre sus páginas. Como a mi que el tema del renacimiento me enloquece, ver las edición de las Sententiae Pulcherrimae CVM multarum rerum definitionibus: ex Marsilii Ficini Florentini, Philosophi que tiene la Universidad de Valencia, me vuelve loco; así como De occulta philosophia de Agrippa, que tiene la bibliotea August Herzog. También se pueden consultar las joyas del fondo antiguo de la Biblioteca Nacional de Francia enGallica. Y la biblioteca August Herzog, que ha digitalizado, entre otras cosas, De occulta philosophia de Agrippa.
Por regla general, estas bibliotecas en el mejor de los casos, se limitan a presentar la totalidad de los libros en imágenes. Algunas ni siquiera hacen eso. Pero hay que decir, que eso dificulta trabajar con ellos, pues no es posible buscar sobre el texto, amenos que te armes de paciencia y pases las imágenes una tras otra durante horas… y por supuesto, no se puede utilizar directamente el texto para trasladarlo a otros formatos, -a no ser que lo transcribas tu mismo. Tampoco ofrecen elementos para identificar pasajes o títulos entre las páginas, y en este sentido, están más bien para servir como objetos de admiración que de trabajo.

Biblioteca digital.
Las bibliotecas digitales se diferencian de las bibliotecas digitalizadas por estar conformadas por publicaciones electrónicas. Es decir, se hacen a partir de libros o documentos cuyo contenido ha sido trasladado a un formato electrónico a partir de una transcripción desde dónde pueden ser leídos y manipulados, trabajados e investigados a través de herramientas electrónicas –búsquedas avanzadas, índices, glosarios, mapas, etc..-, sobre Internet. Muchas de estas bibliotecas, suelen incluir la imagen de los textos transcritos, de modo que amplían la funcionalidad de las bibliotecas digitalizadas y se conforman, mucho mejor que las otras, en verdaderos instrumentos de investigación.
Muchas de estas bibliotecas ha surgido de proyectos de investigación especializada en algunas materas, como es el caso del proyecto Bivio on line, de la Universidad de Pisa, sobre documentos del renacimiento italiano. También está el caso de las publicaciones de las obras de Pico de la Mirandola por parte de las Universidades de Brown y de Bologna, o el proyecto de la Universidad de Virginia respecto de los documentos sobre los procesos debrujería de Salem.

 

 

Buscador Personalizado

El buscador personalizado es una de las nuevas herramientas que ofrece el laboratorio deGoogle. Funciona buscando en las páginas y en los sitios que uno mismo determina, de manera que sus resultados sean relevantes ya sea en la materia o en el ámbito de la búsqueda decidido.

El motor que incluyo fue realizado por Joe Lau de la University of Hong Kong, con base en dos fuentes: la lista de sitios de Online Papers in Philosophy iniciado por Brian Weatherson y ahora mantenido por Jonathan Ichikawa y la list of people de David Chalmers.

Como es de esperar, los resultados son principalemente en inglés y vinculados con la filosofía predominante que actualmente se hace en ese idoma.