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Doctrinas Filosóficas

Del prólogo

Habiendo tantas cosas divertidas que hacer, ¿por qué estudiar filosofía? Esta pregunta, que tal vez tu ya te has hecho antes de abrir este libro, es una que cualquier que ha llegado a la preparatoria se ha hecho alguna vez.

A nosotros nos gustaría tener una respuesta que te convenciera de la extraordinaria importancia que tiene estudiar filosofía. Pero no, no la tenemos…

En su lugar, podemos decirte algo muy raro que pasa cuando te preguntas eso: que si en de verdad te lo has preguntado, aunque sea sólo para responderte: “no tiene mayor importancia estudiar filosofía”, haz iniciado ya, incluso contra tu voluntad, una reflexión filosófica.

¿Por qué? Porque nada es más propio de la filosofía que el formular un problema y el tratar de darle una respuesta. Por ejemplo en tu caso, si te preguntas por qué estudiar filosofía cuando está por comenzar mi programa de televisión favorito, lo que estás haciendo es preguntarte cuál de entre dos actividades, tiene mayor valor para ti.

Si te decides por la televisión, que es lo que haríamos casi todos, quiere decir que le otorgas más valor al entretenimiento que al estudio, más al pasar el rato que al formarte.

No te vamos a decir aquí que eso está muy mal y que deberías pensar en otra cosa, porque lo que buscamos en realidad es que te des cuenta cómo el hacerte una pregunta te lleva, en este caso, a pensar en tus valores y a confrontarte con ellos: ¿De verdad crees que entretenerte es mejor que estudiar? De nuevo, no importa si, armado de valor contestas: si, es mejor estar entretenido que estudiar, porque lo que esperaríamos a continuación es que nos explicaras qué tan fascinante puede ser la vida de alguien que está solo entretenido… ¿Te imaginas a ti, dentro de 10 año, de 20 años, todavía sentado ahí viendo tu programa favorito? ¿De verdad esa es la mejor vida?

Pero no te fastidiamos más con eso… porque a este punto, si no has cerrado el libro y te has ido a ver tu programa favorito, es porque quizás este asunto de estarse preguntando cosas tiene un cierto interés para ti.

Nosotros escribimos este libro de Historia de las doctrinas filosóficas pensando que la herramienta principal que aporta la filosofía, no sólo a los filósofos sino a todos, desde un jugador de futbol, a un técnico en la más sofisticada ingeniería o a un científico en un campo de vanguardia, es el pensamiento crítico. Es decir, la forma de hacer preguntas y tratar de ver los problemas y las situaciones desde un punto de vista diferente al que ya se tenía, buscando encontrar respuestas novedosas e innovadoras, ya sea para la vida personal, el mundo del trabajo o el de la investigación.

Cierto que un libro de Historia de las doctrinas filosóficas tiene que mostrar el desarrollo de la filosofía, desde sus orígenes históricos, ubicados oficialmente en Grecia Antigua, hasta la filosofía de los siglos XX y XXI. Pero no creemos que su contenido tenga que ser sólo un recuento de lo que pensaron, sino de las preguntas y los problemas que los llevaron a pensar: ¿Por qué estoy aquí?, ¿de dónde se originó este lugar? ¿es verdad lo que siento? ¿mis ideas son verdaderas? ¿cómo debo comportarme?, ¿qué sentido tiene lo que hago?

Como puedes ver, aunque son preguntas que puedes hacerte tu, y que probablemente ya te has hecho una y mil veces, también son las preguntas que se han hecho los filósofos y a las que de diversas maneras han ido respondiendo. Por eso en el libro hemos querido que sean el hilo conductor. Porque más que explicar las doctrinas filosóficas, hemos procurado poner los elementos que te dejen comprenderla: una breve exposición de la doctrina, una selección de textos filosóficos originales de los autores y un montón de ejercicios, para que seas tú el que, haciéndote preguntas, te vaya adentrando en la comprensión de lo que cada filósofo ha dicho a partir de las preguntas que se ha hecho.

Pensando en los profesores de historia de las doctrinas filosóficas, lo que el libro ofrece es una propuesta de didáctica de clase que pueden adaptar a sus necesidades, objetivos y dinámicas personales. Porque lo que hacemos son sugerir temas y autores para la comprensión de cada etapa del pensamiento filosófico, así como sugerencias de lecturas, actividades extractase y material audiovisual para conducir al grupo al objetivo de comprender más que memorizar las doctrinas filosóficas.

Creemos que el mayor aprendizaje de los conceptos se obtendrá al propiciar que los alumnos se involucren de manera directa en la reflexión y el estudio del tema. Y que esto se puede lograr comenzando las explicaciones con lo que hemos llamado las Preguntas fundamentales y los ejercicios para reflexionar. El objetivo principal es atraer a los alumnos a participar activamente en la reflexión filosófica, mediante problemas actuales con los que ellos puedan identificarse.

El libro está formado por diez unidades, en que hemos condensado las etapas fundamentales de la historia de la filosofía. En ellas, además de mostrar el orden cronológico en que se suceden las distintas doctrinas filosóficas, hemos puesto especial énfasis en explicar las causas del cambio de una forma de pensamiento a otra, aludiendo a factores históricos, científicos, religiosos, etcétera; y a como se articula ese cambio a través de la formulación de una serie de preguntas, a las que los filósofos buscan dar respuesta.

En el capítulo I se da una introducción a la filosofía, explicando a grandes rasgos en qué consiste, para qué sirve y cómo se aplica. Los capítulos II y III exponen las ideas fundamentales de la filosofía griega, desde los presocráticos hasta Aristóteles. En el capítulo IV se explica la transmisión de la filosofía de Grecia a Roma, la importancia de los pensadores árabes para transmitir la filosofía a occidente y la obra de los padres de la iglesia. Se explica también el surgimiento de la escolástica en el siglo XIII. El capítulo V se refiere a la filosofía renacentista y el desarrollo del método científico. En los capítulos VI y VII se desarrolla el tema de la filosofía moderna, desde Descartes hasta Kant. En el capítulo VIII se expone la filosofía de Hegel, como representante del idealismo clásico alemán. En el capítulo IX se habla de las filosofías de la transformación, agrupadas bajo este concepto porque además de comprender y explicar al mundo se proponen transformarlo; las doctrinas son el positivismo, socialismo utópico y marxismo, la filosofía de Nietzsche y la filosofía de Kierkeggard. En el capítulo X se habla de la filosofía contemporánea agrupada por corrientes más o menos generales: existencialismo, neopositivismo y estructuralismo.

Para lograr nuestro objetivo cada capítulo cuenta con las siguientes herramientas didácticas:

Preguntas fundamentales. En los recuadros marcados con este título presentaremos las preguntas que sirvieron de resorte para el desarrollo de la doctrina filosófica que exponemos. Así se demostrará que las tesis de los filósofos no surgen de la nada, sino que responden a problemas que todos podemos plantearnos en algún momento, sino es que ya lo hemos hecho.

Para reflexionar. En esta sección, que aparecerá antes de la presentación de un tema nuevo, se presenta un estímulo para activar el pensamiento. Se plantean problemas actuales y cotidianos, para que el alumno descubra una forma de entrar al pensamiento de los filósofos por el camino más directo: compartir con ellos las inquietudes.

Espacio de lectura. Nada hay como leer a los filósofos. Aquí se presentan fragmentos y citas de textos filosóficos, tal y como sus autores los escribieron.

Unas claves. En esta sección se hallarán ideas o datos para descifrar las doctrinas que más dificultad ofrezcan.

Recuerda que… Bajo esta frase presentaremos las preguntas, conclusiones o conceptos aprendidos en lecciones anteriores y que se deben repasar antes de estudiar el tema nuevo.

Conclusiones. Al final de cada tema el alumno encontrará un espacio para elaborar sus propias conclusiones, con base en lo que ha aprendido y leído.

Glosario. Se ubica al final de cada capítulo y en él se encontrarán los términos y conceptos filosóficos más importantes del tema estudiado.

 

Todo esto que hemos dicho aquí puede sonar quizás muy ambicioso: hacerte pensar como los filósofos, llevarte a comprender todo lo que ellos han dicho, saber lo que a lo largo de muchos siglos ha sido escrito y pensado por los filósofos. Pero en realidad, nuestras intenciones son mucho más modesta. Porque no esperamos que te sepas todo lo que han dicho los filósofos. En realidad, nos basta con que, al terminar de estudiar con este libro, no puedas volver a hacer algo sin que te preguntes por lo que estás haciendo, sin que te hagas no una sino muchas preguntas, incluso sobre la cosa más simple del mundo: por qué nos levantamos temprano en lugar de tarde, porque dormimos por la noche y no por el día, por qué en la escuela hay una clase de Historia de las Doctrinas Filosóficas. Como dijimos más arriba, estamos convencidos de que la herramienta que te puede aportar la filosofía es el pensamiento crítico: el tomar distancia de las cosas y preguntar por lo que estás haciendo y el modo en que lo estás haciendo. Simple, ¿verdad?

 

Los libros del placer

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Se ha definido a este siglo como la época del placer. Proposición audaz y ciertamente polémica que, sin embargo, atina en su diagnóstico a pesar de ser complaciente con el modo como los hombres abordan hoy su relación con el placer. Es decir, que no percibe que si éstos son los días del goce, lo son no porque el placer sea la solución para los interrogantes de lo vida, sino porque al contrario se ha tornado problemático y se ha convertido en la fuente principal de incertidumbre. El autor propone en esto obra no sólo un ejercicio puramente reflexiva de argumentaciones teóricos que ofrezcan certeza y certidumbre. Por el contrario se propone hacer historia, necesariamente fragmentaria e incompleta, de los modos positivos o través de los cuales el hombre ha planteado sus relaciones con el placer. A través de un grupo de textos -que van desde la poesía erótico romana a las memorias y diarios personales del siglo XIX- Ernesto Priani explora la práctica ética del placer a lo largo de la historia y sus implicaciones en la construcción de la subjetividad y en la creación de horizontes éticos.

Magia y Hermetismo

Fragmento

Al modelar el alma del mundo, cuya característica esencial es fijar el orden del devenir, el demiurgo ha de construir el cuerpo del mundo, es decir, aquello que deviene. Se trata de un cuerpo único, autónomo y eterno que agota toda la materia.

Pero lo que vale la pena resaltar es cómo lo forma:

 

He aquí cómo y con qué cuatro elementos fue formado el cuerpo del mundo; lleno de armonía y de proporción, tiene de su naturaleza la amistad, con la que se une tan íntimamente a sí mismo, que ningún poder podría desasociarlo como no fuera el mismo que encadenó sus partes.[1]

 

Se trata de un vehículo dinámico que define las relaciones entre el fuego, la tierra, el agua y el aire, pero no sólo en términos de sus relaciones físicas, sino en tanto que constitutivas de psyché. Los elementos mantienen entre sí vínculos no sólo a nivel de la experiencia sensible, como algo que se produce por sí mismo, sino también en uno, al que llamaré emotivo, en tanto que constituyen los cimientos de un organismo vivo e inteligente como lo es el alma del mundo.

Así, no sólo los elementos pueden unirse físicamente, sino que esas posibilidades son entendidas como amistad o rechazo, amor u odio; responde, pues, a la vida, a lo orgánico — entendido como inteligente—  y no únicamente a lo físico. La amistad que los une no es, en realidad, otra cosas que la manifestación del deseo.


[1] Platón, Timeo, 32a.


De Espiritus


En sus seis propuestas para el próximo milenio, Italo Calvino propone la ligereza para ser un atributo de la literatura del nuevo milenio. Una ligereza que es, a la vez, una defensa de la fantasía. Para el Renacimiento, en general, de todas las facultades de los espíritus, la fantasía era la única que operaba con absoluta libertad. Capaz de combinar entre sí las imágenes más dispares, la fantasía operaba fuera de las restricciones del resto de las funciones sensibles de los espíritus.Esto la convertía en el reflejo privilegiado del carácter de cada persona y de su capacidad de transformación. Si la imaginación era como el espejo al través del cual Perseo pudo mirar, sin petrificarse, a la Medusa, la fantasía fue el lugar donde apareció todo aquello que hizo de Perseo un héroe: las sandalias aladas, Pegaso, los corales… Aunque hoy ya no creamos en esos corpúsculos que se llamaron espíritus, aunque no pensemos ya, nunca más, que salían de nuestro cuerpo con un suspiro, todavía tenemos la fantasía. Ella es, si se puede, el costado ético de la levedad literaria que Calvino pide conservar para el siglo XXI.

Algunos textos contenidos en el libro

La rosa

El ejercicio del recto pensamiento.

 

Brevedad, fragmentación, sabiduría

Presentación dada en Social Media México, Tecnológico de Monterry,

Campus Ciudad de México, 9 de diciembre 2010

 

 

La brevedad y la fragmentación son una característica común a todas las redes sociales. Cierto, no son las únicas, quizás tampoco son las más representativas, ni siquiera las más importantes. Aun así, detenerse en ellas puede ser útil. A fin de cuentas, el que los textos dentro de las redes sociales sean cada vez más breves y fragmentarios, despierta algunas interrogantes. ¿Qué cualidades hay en la brevedad que la hacen una forma más eficiente de comunicar socialmente? ¿Qué deja hacer la brevedad que la extensión no permite? ¿Cuáles son, pues, sus ventajas para la comunicación y el conocimiento? Pero, al mismo tiempo, ¿qué implica la fragmentación en términos de la conformación de la textualidad digital? Es decir, ¿qué dice del texto digital? ¿Qué condiciones establece para su escritura, transmisión y despliegue?  Y finalmente, ¿cómo la brevedad y la fragmentación se conforman como cualidades del pensamiento? En otras palabras, ¿qué clase de estructura del pensar estamos desarrollando al producir mensajes con esas características? ¿Cuáles son las reglas que gobiernan esa forma de pensamiento?
Por supuesto, no se trata de preguntas que se resuelvan fácilmente. Tanto por su complejidad, como por la dinámica de transformación que experimentan internet y las redes sociales prácticamente cada día, es difícil dar cosas por establecidas. De modo que me propongo hacer sólo una especulación. Ensayar algunas respuestas, apuntar caminos y senderos posibles, tal vez rectificar alguna idea. El terreno es movedizo, y la suerte de esta reflexión dependerá de qué tan bien encuentre asideros dónde detenerse. No puedo garantizar, pues, otra cosa, que ejercitarnos en la indagación de esas inquietudes.

 

Brevedad

Brevedad es una palabra de dos filos. En uno de sus lados, es concreción, concentración, unidad completa dónde se encuentra todo sin que sobre nada. Es la característica esencial del resumen y de la conclusión. Por el otro, brevedad es carencia y falta. Implica que algo se queda corto, y por tanto es insuficiente. Por eso pensamos el fragmento también como algo breve. A fin de cuentas, las ideas asociadas con la brevedad son contradictorias. De un lado la concisión de la otra la limitación.
Por las redes sociales circulan todos los días, por igual, fragmentos que conclusiones. Esa es, en general, la forma de la comunicación en ellas. Es, si se me permite decirlo así, la forma de comunicación que más les conviene. ¿Pero en qué estriba esa conveniencia? Es decir, ¿qué deja hacer la brevedad que no permite la extensión?
La extensión es, casi por definición, la forma de expresión de la totalidad en su despliegue. Es decir, permite dar detalles de cómo se desenvuelve el todo en cada una de sus partes. Es el modelo de las prolijas sumas medievales, tratando, como escribe Santo Tomás, “de investigar por medio de la razón todo cuanto la razón humana nos puede llegar a descubrir acerca de Dios”. (Suma contra gentiles1, IX p. 10).  Es el mismo caso de la Enciclopedia en la Ilustración y es una característica de ciertas obras del siglo XIX y la primera mitad del XX. Pienso por ejemplo en The History of Magic and Experimental Science de Lynn Thorndike, escrita en ocho volúmenes entre 1923 y 1958, que resume cerca de 25 siglos de pensamiento mágico y científico. Y, por supuesto, es el caso de la novela, como Cien años de soledad de García Marquez, la Guerra y la Paz de Tolstoi, José y sus hermanos de Thomas Mann. Totalidades desplegadas hasta en sus mínimos detalles.
En todas estas obras la extensión es sinónimo de completitud y exhaustividad. El punto principal es que en ellas no hay cabida para huecos o vacíos. La extensión, llena, con abundantes detalles, todos los espacios en blanco. Se concibe, pues, como el despliegue desde un solo punto, de una sola dimensión, de la que se describe sobre todo sus conexiones. Los puntos de unión, las bisagras.
La brevedad, por el contrario, representa la totalidad en su concreción expresada como un punto de vista fragmentario. La idea es un poco más compleja que la de la extensión, porque no se trata de describir cómo la totalidad se despliega, sino cómo se concentra y se ve reflejada, completa, en múltiples puntos. La brevedad corresponde a una estructura monádica del mundo, que es la contraparte de la extensión que reflejan la novela y la suma. En ella no se describen los puntos de unión, sólo se asume su posibilidad.
Lo que hago aquí es trazar una analogía entre la forma de las redes sociales, la brevedad de los mensajes que la componen, con las Mónadas de Leibiniz. Este filósofo de origen alemán, concibió en el siglo XVII, la idea de un universo formado por sustancias simples que, enteramente autónomas una de otra, podían construir sus relaciones porque, en particular, cada una reflejaba la totalidad del universo. En esa maravillosa metafísica de la brevedad que es la Monadología, Leibiniz lo describe así:

Se podría dar el nombre de Entelequias a todas las substancias simples, o Mónadas creadas, porque tienen en sí mismas una cierta perfección, se da en ellas una suficiencia que las convierte en origen de sus acciones internas y, por así decir, en Autómatas incorpóreos. (Monadología 18)

Y en otro apartado

Este enlace o acomodamiento de todas las cosas creadas a cada una y de cada una a todas las demás, hace que cada sustancia simple tenga relaciones que expresen todas las demás, y que ella sea, por consiguiente, un espejo viviente y perpetuo del universo. (Monadología 56)

Cada mensaje dentro de una red social comparte, en su brevedad, las dos categorías básicas de las Mónadas: son entidades autónomas y perfectas, porque son plenas de sentido y completas, y a la vez, son un “espejo viviente del universo” porque se conciben como un haz de relaciones posibles. Eso es exactamente ser un punto en una red, lo mismo de mensajes que de personas: el mensaje como la persona es concebido como una entelequia (un fin en sí mismo), que a la vez es la posibilidad de una infinidad de relaciones. Eso es lo que permite la brevedad en su doble filo. La concentración en un punto y la limitación que supone la existencia de reelecciones que completan ese punto, pero que no son expresadas.
Si, la brevedad es condición de fugacidad, ligereza y prontitud –atributos todos que buscan las redes sociales- pero sobre todo, es condición de multiplicidad y descentralización. La brevedad conviene a las redes sociales y a su estructura de comunicación, porque es la cualidad que supone la unidad de sentido y una constelación de relaciones a partir de su insuficiencia.

Fragmentación

Basta con mirar hacia las primeras publicaciones en Internet para darnos cuenta que lo que comenzó como el despliegue continuo del texto, al no poderse representar adecuadamente en la pantalla, desde un principio, la página de papel, se ha ido volviendo cada vez más un proceso de fractura del texto.
De hecho, desde que fue posible representar la página en el monitor, el texto se dividió y se hizo accesible ya no de un modo continuo, sino a través de un grupo de pantallas que se presentaban como secuencia. Sin embargo, esta fragmentación del texto tuvo consecuencias distintas a las que se produjeron cuando el continuo en el rollo de papiro se rompió para dar lugar a la página de papel.
La página de papel no es una hoja suelta, sino que se define precisamente por formar parte de un conjunto. En este sentido, una página es la relación de una parte con su conjunto, dentro del cual cobra valor y sentido. Por eso, si bien la aparición de la página en el siglo XII fracturó el texto, mantuvo la unidad material de la obra, al referir la página, siempre, a su conjunto. Pero con la página en pantalla no ha ocurrido lo mismo. En el monitor de la computadora cada página es una hoja suelta, una entidad independiente que no se define por su relación con un conjunto, sino por su propia autosuficiencia. Es decir, la página digital fractura no sólo el texto sino también la unidad de la obra. O, quizás, con una mayor precisión, la página digital establece límites a la unidad del texto: esta no puede ir más allá de la página que la contiene.
Esta fractura del texto es la lógica que encontramos en la base de dos fenómenos: la conformación de una escritura para las pantallas y el diseño y desarrollo de nuevos sistemas de comunicación textual en Internet.
No existe aun una escritura estándar para las pantallas, pero el punto de partida de toda escritura web tiene como premisa la máxima de que en internet “no se lee”. Afirmación, por supuesto falsa, pues la lectura es un componente esencial de la comunicación digital, pero que se ajusta, de un modo curioso, a la realidad de la lectura en pantalla, pues revela dos cosas sobre ella: por un lado, que se trata de un acto distinto a la lectura en papel (por eso no se lee), y por otro, que se trata siempre de una lectura que se interrumpe.
Es en función de esto que se aconseja escribir de manera breve y concisa para la pantalla y además, invertir la pirámide tradicional de la escritura para comenzar siempre con las conclusiones, pues no podemos determinar hasta que punto el lector interrumpirá su lectura. En todo caso, el mensaje es claro: el valor primordial del texto digital es su brevedad. De ella depende que pueda ser contenido y visto en la actualidad de la pantalla, al tiempo que evita la interrupción de la lectura.

Sabiduría

Las máximas, los aforismos, los apotegmas, los refranes, las adivinanzas, todos ellos pensamientos breves y fragmentarios, fueron la forma de transmisión de la sabiduría en un origen. Su existencia inicial, corresponde más a la enseñanza oral que a la escrita. Y tiene más una función mnemotécnica que literaria. Las máximas son, en todo caso, la forma de sobrevivencia de la sabiduría cuando no había otra forma más de registro, que su paso de una persona a otra, de una generación a otra.
Todas estas formas de la sabiduría, sin embargo, también pasan a la escritura. Ello implica, por supuesto, cambios y transformaciones significativas. Y el primero de ellos, pues, es dejar de ser algo dicho y luego escrito, a ser algo escrito y luego dicho.
Aunque es posible establecer la reaparición de los textos breves en la Edad Media, en los resúmenes o tesis con que se sintetizaba un largo texto, y que se añadían al principio o al final para ayudar al lector, lo cierto es que no es sino hasta el Renacimiento, que la escritura de textos breves se vuelve un género tanto editorial como literario. No sólo aparecen las colecciones de sentencias de sabiduría que perduran hasta nosotros, sino que de manera intencional hay autores que comienzan a producir máximas, sentencias y aforismos.
Al dar este paso hacia la escritura, el texto breve se convierte precisamente en una producción original, en un modo específico de escribir que supone una forma de pensar orientada, justamente, a ese fin.
Hay que considerar, para comprender mejor cuál es esta forma, que la característica principal de los textos de sabiduría breve del Renacimiento es su orientación hacia las cuestiones morales. Lo que define al aforismo renacentista y moderno, pues, no es sólo la brevedad sino el que ésta forma sea considerada mas apropiada para hablar de eso. Todavía en el siglo XIX, al definir el aforismo, Samuel Johnson dice que se trata de un precepto contraído en una sentencia corta, que debe comprenderse por sí misma, ser breve y tratar un tema moral. (Morson 2003, p. 409)
El proceso de reflexión que constituye el aforismo moderno puede describirse del siguiente modo. El aforismo es producto de la observación de la vida social, la destilación de las impresiones que causa y la revelación de sus vicios. Tiene como función al mismo tiempo que mostrar lo oculto, educar. El ingenio puesto en la producción de esos fragmentos, es el de causar una impresión duradera sobre un desnudamiento de la vida social, que sin embargo no es obsceno. La elegancia de las máximas morales es precisamente eso: enseñar sin ofender, edificar sin destruir. Los ejemplos, por supuesto abundan Pascal, La Rochefoucault, el propio Johnson, Wilde.
Sin embargo, hacia finales del XIX y principios del XX, las sentencias, aforismos y máximas se liberan del imperio del moralismo, y pasan a ocupar un lugar central en la expresión filosófica: Nietzsche, Wittgestein y Roland Barthres, llevan la sentencia breve a otros terrenos.
Según Vanderndorpe, “para Roland Barthes el fragmento conduce al juego de las diferencias y de lo indecidible, creando “explosiones” de lectura que claramente pertenecen al orden de un texto para la escritura, que de un texto para la lectura, dominado por la demanda de la escritura tradicional por la coherencia y la plenitud.”
Los términos claves aquí son diferencia e indecidible. Pues en buena medida, la escritura breve contemporánea busca invertir el proceso del ingenio moderno. Si este sacaba a la luz lo que estaba en la oscuridad, y colocaba a las costumbres precisamente en el centro de su temática, por ser ese el ámbito donde lo oscuro puede aflorar. El aforismo contemporáneo coloca en la oscuridad, algo de lo que está a la luz.  Al suprimir los conectores, al renunciar a la explicación, la sentencia enfatiza lo diferente y lo coloca en el terreno de lo que no puede ser decido. En el punto ambiguo de lo que no puede ser dictaminado como verdadero ni falso. Se trata de una escritura que ilumina solo una parte del todo, deja en la oscuridad el resto.

De lo que pasa a lo que piensas

Cada vez que cambiamos el estatus en Facebook, cuando introducimos un nuevo hecho en twitter hacemos una operación que es un acto breve, de fragmentación de la escritura y que sirve para iluminar una parte y oscurecer otra.
En su brevedad, cada estatus, intenta referir a la totalidad desde un solo punto. No importa de que se trate: referir un hecho, retrasmitir una información, apuntar hacia un texto o una imagen, sintetizar un sentimiento, externar una valoración, transmitir un pensamiento. Cada uno refleja, de manera absolutamente concentrada, una forma de mirar el todo. En abstracto, el despliegue de todos las actualizaciones, más sus conectores, es una definición completa de una entidad que mira al mundo, pero de la que, en realidad, vemos solo fragmentos.
El fragmento tiene, sin embargo, la función de ser presente. ¿Que otra forma de representar la actualidad, el hecho de que miro a la pantalla en este instante, sino como fragmentación? Uno de los mayores valores del texto digital es que pueda ser contenido en su totalidad en la pantalla. Y ajustarse al ritmo de mi atención, acabarse cuando he perdido el interés. Se ha descrito mucho la escritura en la pantalla como un diálogo. El diálogo solo tiene sentido cuando es presente, actual, cuando está ocurriendo. La fragmentación del texto en las redes sociales, obedece a esta necesidad de comunicación en un tiempo real, suspendido, y que se activa, cuando poso mis ojos en la pantalla.
Es una escritura, pues que ilumina solo una parte del todo, deja en la oscuridad el resto. Que supone, como parte suya, un infinito mundo de conexiones que no declara, pero que no niega. Una infinitud de alternativas a su propio decir, que no niega, pero tampoco declara.
Las redes sociales viven en el extremo de la diferencia. En la imposibilidad epistémica de dar cuenta de la totalidad. Suponen una sabiduría construida de pedazos y claro oscuros, donde nos permitimos sólo iluminar cada parte una vez. Es el todo, repetido en una infinidad de partes.

Bibliografía

Texto citados
Murray S. Davis. “Aphorisms and Cliches: The Generation and Dissipation of Conceptual Charisma”. Annual Review of Sociology Vol. 25, (1999), pp. 245-269 Published by: Annual Reviews
http://www.jstor.org/stable/223505
Gary Saul Morson. “The Aphorism: Fragments from the Breakdown of Reason”. New Literary History.  Vol. 34, No. 3, Theorizing Genres II (Summer, 2003), pp. 409-429 Published by: The Johns Hopkins University Press http://www.jstor.org/stable/20057791
Santo Tomás de Aquino. Suma contra gentiles. Introducción general por José M. de Garganta. Madrid, Editorial Católica, 1967
Leibniz. Monadología. Edición trilingüe introducción de Gustavo Bueno. Traducción de Julián Velarde. Pentalfa ediciones, España, 1981.
Vanderndorpe, Christian. From Papyrus to Hypertex. University of Illinois Press 2009. Traducción Phyllis Aronoff y Howard Scott.

Anima: danza y chat

A los 45 minutos, un mensaje aparece en el chat: “por qué intelectualizan siempre el tema del alma”. Durante todo ese tiempo, tres “chateadores” nos afanábamos en discutir el alma para que nuestras frases irrumpieran desplegadas en una pantalla durante la función del espectáculo dancísitico Anima de Camerino 4.

 


Yo chatee sin saber qué pasaba en el teatro, ni cuántas veces se desplegaba el chat durante la función, ni qué efecto tenía en los espectadores. De modo que mi primera experiencia fue la de un intenso intercambio de ideas con otros dos debatientes frente a un público imaginario que, al menos yo esperaba,  apreciaran el ingenio, la mordacidad y la oportunidad de los comentarios.
Fue agotador. Sentado en mi estudio, buscaba información en la red, twitteaba y chateaba, con la esperanza de lograr una participación digna por qué difícil es, de hecho, mantener la atención y venir pronto con la mejor idea .
Al día siguiente, asistí a la función de Anima y descubrí (ya me lo habían dicho, claro) que el chat se desplegaba unas cuatro veces durante unos 5 minutos. Lo hacía literalmente, en los momentos en que no había danza: durante el acceso al teatro, en las dos pausas que marcaban el cambio de escena en el espectáculo, durante las cuales los bailarines miraban el chat junto con los espectadores, y al final, cuando el público abandona la sala.
Mi primera impresión fue que el chat no estaba integrado con la danza. Sino que la interrumpía (o que la danza interrumpía el chat, dependiendo de lo que uno quisiera ver). Esta sensación se acentuó por el contraste entre la “ligereza” de las discusiones en el chat… Risas, chistes, frases ingeniosas… y la “solemnidad” de la danza, siempre bajo una luz de costado, tenue, que proyectaba más las sombras que resaltar los cuerpos, y una escenografía curiosamente mecánica: dos grandes ventiladores y aparatos de iluminación.
Adicionalmente, me fue difícil prestarle atención a chat. Algo me decía que lo que pasaba ahí era ajeno a lo que estaba viendo, que no tenía relación alguna, que era, literalmente, la invasión de unos cuates que ni siquiera sabían qué estaba pasando.
No me atrevo a decir nada de la danza y los bailarines porque mi conocimiento al respecto es muy limitado. Mi reflexión es más bien sobre el uso de la tecnología en el espectáculo y el doble papel de participante y espectador.

 

Anima: chat de la función

Anima es un espectáculo de danza de Camerino 4, qeu incuye una discusión por chat sobre el alma que se proyecta en pantallas a la entrada y dentro del teatro. Fui invitado a la función del 2 de octubre. Este es el chat.

 

Filosofía en Discutamos México

La verdad son pocas las ocasiones en que los filósofos y la filosofía pueden llegan a la televisión. Por eso mi interés por la participación de Juliana González, Margarita Vera, Carlos Pereda y Guillermo Hurtado en el programa de televisión de la serie Discutamos México cuyo tema fue precisamente ese, la filosofía. Una oportunidad para mostrar qué aporta y qué relevancia tiene la filosofía para discutir México, sobre todo en el marco de la crisis de identidad y relevancia que hoy está sufriendo la filosofía en este país.

El programa, emitido el 6 de septiembre por Canal Once, me pareció, sin embargo, una oportunidad perdida. El problema central fue la ausencia de debate y de crítica. Una visión de la historia de las ideas muy rígida, y quizás incluso ya superada en muchos aspectos. Y una imagen de la filosofía solemne, verbosa y aburrida. La filosofía se abordó al rededor de la influencia de las ideas filosóficas en los dos movimientos revolucionarios mexicanos y los filósofos optaron por hacer una exposición didáctica de las tesis sobre la influencia de la ilustración o la tradición jurídica española en los independentistas o la influencia o no de los ateneístas en la Revolución, en un formato muy profesoral.

Si, mucho fue el problema de no hacer concesiones al medio, el olvidar que se está delante de la cámara y no frente a un aula, así como una producción muy pobre y limitada. Pero una parte sustancial lo fueron también los vicios inherentes a nuestra comunidad filosófica. La dificultad real de diálogo, y sobre todo de diálogo y debate crítico público y abierto –de por si inexistente, pero que el SNI ha terminado por sepultar. La consecuente inmovilidad de ciertas metodologías y de ciertas formas discusivas, –la reducción de la filosofía a un puñado de temas y modos que se toman como los únicos legítimos y a partir de los cuales se practica sistemáticamente la exclusión. Finalmente, la pompa y la solemnidad como signos de autoridad.

En fin, el programa reprodujo otros dos vicios más: el UNAM centrismo, (todos los presentes eran profesores de la UNAM); el reparto de cuotas (hasta en esto hubo una paridad de investigadores del Instituto de Investigaciones Filosóficas y profesores de la Facultad de Filosofía y Letras).

Al final, comparto la opinión de @colbriesca, quien lo dijo así en Twitter: “Creo que el programa dejó mucho que desear, además de que hizo parecer a la filosofía como una mera acompañante de la historia.”

Lástima.

La verdad son pocas las ocasiones en que los filósofos y la filosofía pueden llegan a la televisión. Por eso mi interés por la participación de Juliana González, Margarita Vera, Carlos Pereda y Guillermo Hurtado en el programa de televisión de la serie Discutamos México cuyo tema fue precisamente ese, la filosofía. Una oportunidad para mostrar qué aporta y qué relevancia tiene la filosofía para discutir México, sobre todo en el marco de la crisis de identidad y relevancia que hoy está sufriendo la filosofía en este país.

Un periodismo de élites

La información en México es un bien escaso. Lo es porque su producción permanece centralizada en el Estado, por herencia y continuidad de un pasado autoritario, y porque las fuentes que deberían ser independientes, principalmente los medios de comunicación, reproducen el mismo esquema de hacer de la información el privilegio de unos cuantos.
El tránsito hacia la democracia en México no hay ido acompañada por una democratización de la información. Y quizás la mayor deuda en este aspecto no es la del Estado y los gobernantes, a fin de cuentas renuentes siempre a cambiar, sino la de los medios de comunicación que no han asumido la responsabilidad plena de hacerse fuentes autónomas de información, porque no han reflexionado y actuado, con suficiente amplitud y perfil crítico, sobre la profesionalización y democratización de sus estructuras, (dos cosas que van de la mano), y sobre la necesidad de distinguir, o al menos transparentar y aclarar, sus intereses como grupos económicos de su trabajo en el ejercicio informativo. 
El caso del secuestro de Diego Fernandez de Cevallos es un ejemplos muy claro de cómo el manejo de la información dentro los medios de comunicación reproduce esa estructura de privilegios, por la cual se convierten en mensajeros de élites políticas, al tiempo que renuncian a constituirse en fuentes autónomas de información.
Llamo, ante todo, la atención sobre el papel que juegan en todo esta estructura, los columnistas políticos. Desde que, en principio, la principal televisora mexicana, Televisa, hizo pública su decisión de no informar sobre el secuestro (en coincidencia con la decisión del Estado de renunciar menos públicamente a investigar ese delito) la información sobre cualquier aspecto del tema desapareció de prácticamente todos los segmentos noticiosos de los medios, pero no de las columnas políticas, donde una y otra vez, cada semana, un columnista hace afirmaciones sobre quiénes, dónde, cómo se está negociando el secuestro. Al igual que ocurrió en el caso de Paulette, una vez que la autoridad decidió renunciar a informar sobre los avances, las columnas políticas se convirtieron en el único medio en que se proporcionaba algún indicio en cuanto a qué pasaba.
Las razones por la que sólo los columnistas pueden informar sobre estos temas “secuestrados” por la autoridad y por los medios mismos, son varias. La primera es que “confiar” información privilegiada a un columnista es un de las estructuras de privilegio que existen dentro de los medios y de la forma de relacionarse del Estado con los medios. Recibir esa información privilegiada tiene menos que ver con la calidad del trabajo de investigación periodística de medio o del columnista, como con su eficacia y confiabilidad en la circulación de los mensajes que al gobierno le interesa enviar. Además, el columnismo, tal como se practica en México, lo permite especialmente, porque es un espacio en el que la emisión de una opinión y el ofrecer información, se confunden. Y eso resulta particularmente conveniente porque permite presentar la información ya con un los matices y las interpretaciones que quien emite el mensaje quiere ver circular, para calibrar a la opinión pública, medir la reacción de las élites, controlar el efecto probable de un información, etcétera. Además, al tratarse de un espacio de opinión, cualquier información vertida ahí adquiere, inmediatamente, el valor de una mera opinión, y por lo tanto puede ser negado por cualquier parte del gobierno o de un grupo privado.
Así, se nos ha informado que Fernández de Cevallos no está muerto, que está secuestrado, que lo tiene un grupo guerrillero, que la negociación es muy profesional, que llevará tiempo, que se manejan muchos millones de dólares, que está fuera de México… En realidad, no importa quién lo afirma, nadie puede validar esa información por el simple hecho de que no hay fuente, se presenta como una especulación, aunque eleva al columista –en la medida en que las filtraciones sean confiables- a la calidad de élite privilegiada de la información.
En el caso de Paulette, uno de los beneficiado con las filtraciones fue Loret de Mola, quien anticipó en una columna el que sería el resultado final de la investigación. Su columna sirvió para que el gobierno del Estado de México midiera el efecto mediático de los resultados de la investigación y fuera, ella misma, un reconocimiento de que Loret de Mola opera de manera conveniente a juicio del gobierno del Estado de México. Además, dado que lo presentaba como una especulación, que el mismo Loret de Mola valoraba y sopesaba, podía cambiarse sin que fuera afectada en demasía la credibilidad de la columna o del gobierno… fin de cuentas, la columna (o la opinión expresada ahí) “podría” hacer hecho cambiar de parecer al gobierno. El juego de complicidades, como se ve, es casi perfecto…
El nacimiento del periódico Reforma, que reconoció las columnas políticas el principal valor competitivo del periodismo meixcano y el medio hacia un periódico democrático fue rápidamente imitado por el resto de los medios por ser un modelo exitoso, desde el punto de vista comercial e informativo.
Pero si eso significó en un principio una ruptura con el viejo periodismo y le dio una cara más democrática a la actividad periodística en México, porque las columnas podían al fin, los medios podían ser divergentes con la información oficial, y manifestar distintos puntos de vista… lo cierto es que con el tiempo se ha convertido en un mecanismo que el propio Estado y sus estructuras han sabido aprovechar para volverlo a su favor: un sistema de prebendas informativas y beneficios comerciales, que los medios han aceptado como parte de su propia estructura y que han explotado con éxito los periodistas privilegiados que han ido multiplicando su presencia en los distintos medios: radio, televisión, prensa. Hoy ellos constituyen la élite que informa, la élite que media entre el publico y la información. Y no son más que un puñado que administran el privilegio de la información.
Para mi es claro: el proceso democrático en México requiere del nacimiento de otros medios, y de otro tipo de trabajo periodístico que sea, él mismo, mucho más democrático (y necesariamente mucho más profesional). Por ahora, sin embargo, no se ve claramente cómo o dónde pueda nacer. En todo caso, es una tarea urgente.

La Hipatia de Amenábar

Yo tenía ganas de ver en Agora, la película de Alejandro Amenábar. Me ilusionaba que la asombrosa filósofa neoplatónica Hipatia fuera reivindicada al menos frente a esa parte de la sociedad que va al cine. Sobre todo si de pasada, pudiera atisbarse algo de los problemas de la escuela neoplatónica no cristiana, a la que ella pertenecía.

No fue así. La película es entretenida y efectiva, pero se conforma sólo con tocar la superficie, sin correr el riesgo de pensar con cierta profundidad, al rededor de ella y de lo que era filosofar dentro de la escuela neoplatónica en el siglo IV en Alejandría.

Amenábar se queda con los elementos de la tragedia. Subraya la intolerancia y el fanatismo religioso cristiano contra la mujer y contra toda creencia que no sea la suya, lo que sin duda aplaudo, pero muestra a una Hipatia entregada a su propia búsqueda, indiferente a la confrontación de fe que ocurre al rededor, para hacerla la víctima más inocente y menos poderosa, en un mundo convulsionado por el cambio.

Pero al hacerlo así, Amenábar pierde la ocasión de indagar ciertos temas o problemas que la figura de Hipatia muestra. Me limito a uno sólo, cómo un neoplatónico –que no sólo sostenía una doctrina, sino que practicaba un cierto modo de vida heredado de la antigüedad- se enfrentaba a la emergencia de formas de vida y sabidurías que acabarán, a la vez, por destruir y absorber el neoplatonismo. Festejo, sin embargo, que se hagan películas sobre pensadores, sobre todo, al rededor de pensadores que no forman parte del canon de occidente. Aquellos desplazados sobre los que se ha levantado el pensamiento dominante en occidente, y que merecen también ser comprendidos y cuestionados.