El jueves de esta semana, por azares del destino, se convirtió en una larga jornada de consumo cultural: asistí a dos conferencias, una reunión de un Comité de Difusión Cultural y una obra de teatro: El lado B de la materia que fue el cierre perfecto para un día así. Tenía ganas de ver la obra de Alberto Villarreal desde hace tiempo, sobre todo después de que él estuviera en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM como participante de la Cátedra Bergman, pero, como me ocurre últimamente, no pude hacerlo sino hasta los días finales de la temporada. De modo que con este comentario, mas que invitarlos a ir a esta puesta en escena, me temo que se limitará a dar cuenta de mi propia experiencia.
La palabra es exacta, creo. No es esta la primera obra de Villareal que veo. Antes, hace ya algunos años, vi Ensayo sobre la Melancolía en una derruida casa de la colonia Condesa, por Alvaro Obregón. Entonces me quedé con la impresión de que estaba ante un espectáculo que con distintos recursos: un espacio insólito para la puesta en escena, elementos tomados del cabaret, y una apuesta por la palabra y el discurso, el autor intentaba construir un argumento al rededor de una obsesión. Al menos así me lo pareció a mi. El resultado terminó siendo desconcertante, pues se generaba un contrapunto entre la acción y la palabra; entre lo tangible e inmediato de una, y lo estático y discursivo de la otra, que dificultan su asimilación. ¿A qué atender? ¿A la dramatización? ¿Al discurso?
La misma impresión tuve con El Lado B de la materia. Espectáculo en que se entretejen muchas cosas: la inversión de la posición del público frente al escenario, la prohibición a salir al baño una vez dentro de la sala, un juego desconcertante de diversos planos en la escena, el uso de la palabra en larguísimos monólogos, el juego de la construcción de relatos dentro de relatos, que sin embargo giran todos al rededor de un puñado de obsesiones: el que la mierda y la palabra están conectados por el sistema digestivo, que una es sólida y pútrida, y la otra aérea e intangible. Pero también, la obsesión por los modelos culturales y lo que es aceptado o no en las capitales culturales. El problema del centro y la periferia, de lo aceptado y lo marginal. Lo aéreo y lo sólido.
Como espectáculo El lado B de la materia es complejo. Tiene algunos momentos vistosos, divertidos y ligeros como la ópera de los tiburones, y luego extensos discursos, algunos hechos con actores casi inmóviles, que hacen denso y cargado el ambiente. Hay que decir que las palabras, el texto de la obra, es impecable. Alberto Villarreal es un escritor notable. Lo que no se es si la reflexión que emprende logra rebasar sus propias premisas. Mi impresión es que por momentos sólo anda en círculos, sin abandonar nunca su reflexión de inicio. Y quizás eso es lo que más me desconcierta del montaje porque la reiteración de una tesis, no constituyen un argumento.


Voy a hablar de dos novedades, aunque a decir verdad, este blog hace mucho que no es tan actual y tan novedoso como su autor quisiera. Claro que esto se debe no sólo a la molicie de quien escribe, sino a que lo hago desde un país periférico y ciertas novedades, como las que tienen que ver con la filosofía del Renacimiento en realidad no es que tarden tanto en llegar sino que uno tiene que ir descubrirlas.
En los últimos meses se publicaron dos libros que considero importantes dentro de la actividad filosófica en México. Una es el Análisis del ser del mexicano y otros escritos sobre la filosofía de lo mexicano (1949-1952), de Emilio Uranga, en donde Guillermo Hurtado es el autor de la selección, el prologo y las notas y publicado por Conaculta junto con Bonilla Artigas editores. La aparición de este libro no solo llena un hueco en la difusión de los textos que se produjeron al rededor del problema del y de lo mexicano, sino que además rescata de la ignominia a un pensador que fue
Hace cuatro años (creo), al solicitar mi promoción dentro el S
A diferencia del cine, que casi de inmediato se convirtió en arte, la televisión no ha sufrido el mismo destino. Las razones seguro son muchas y, sin duda, una de ellas debe ser que la televisión, como el radio, son canales de transmisión (como lo es internet) y no una tecnología como la cámara de cinematográfica para producir un producto.