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Afecto y emoción por Gómez Dávila           

A menudo me dejo guiar sobre todo por el afecto. Temas y asuntos que pueden serme distantes e incluso ajenos, despiertan mi curiosidad por la intermediación del afecto a ciertas cosas o a ciertas personas. Leí Facetas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila, publicado por la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia y que se puede bajar aquí, porque le tengo mucho aprecio al que fue el editor académico del volumen, Juan Fernando Mejia Mosquera.

En numerosas conversaciones e intercambios, Juan me ha hecho saber de la existencia de Nicolás Gómez Dávila, una figura muy interesante de la cultura y la filosofía colombiana del siglo XX, y de su enorme interés profesional y personal por este personaje a la vez lúcido y enigmático.

A pesar de que no ha logrado contagiarme del entusiasmo por Gómez Dávila, me concedí la libertad de leer el libro para saber más y entender mejor la pasión de Juan por él, y quizás aprender algo más de Gómez Dávila, y del pensamiento y la cultura colombiana y latinoamericana del siglo XX.

Lo que encontré en el libro fue algo muy interesante que hace y no honor al título. Me explico: no soy quien para juzgar si son o no afortunadas las distintas excursiones que los autores de los capítulos del libro hacen al pensamiento de Gómez Dávila. Pero creo poder ser un observador de los métodos de aproximación seguidos por los autores. En otras palabras, terminé leyendo el libro con la mirada puesta en las facetas de aproximación, más que en las facetas del pensamiento del filósofo colombiano.

Cabe aclarar, antes de seguir, que la obra de Gómez Dávila ofrece un enorme desafío a sus intérpretes. Escrita en su mayoría en forma aforística, sin grandes ensayos, salvo un par de textos, no declara expresamente a partir de qué texto o textos elabora sus reflexiones. En su conjunto presenta a quien la estudia diversos problemas que lo mismo se refieren al estilo, cuestiones de establecimiento del texto, identificación de sus fuentes, a su inserción dentro del pensamiento colombiano de la época, además de cuestiones de autoría, semántica y, claro, temas propiamente filosóficos.

El libro responde a este desafío desde múltiples frentes. Por un lado, los primeros capítulos están dedicados a abordar el problema que es la obra de Gómez Dávila, tanto desde el punto de vista de cultural como una obra aislada y a la vez inmersa en una dinámica cultural, como desde el punto de vista filológico-literario. Me interesó particularmente el capítulo escrito por Francia Elena Goenaga Olivares que aborda el problema del lector-autor, en una obra como la de Gómez Dávila que se presenta a sí misma como producto y comentario de otra no declarada. En su conjunto, los cinco primeros capítulos y la introducción escrita por Juan Fernando Mejia Mosquera ayudan a comprender la excepcionalidad del objeto que estudian y la dificultad de establecerlo por completo. Cabe decir que no es frecuente una aproximación como ésta a pensadores contemporáneos cuya obra se toma como dada inmediatamente y fuera de discursión.

Los siguientes capítulos, con nombres elocuentes como 2Contra el mundo: bolero desesperado…”, “Fantasía y represión en ‘De Iure’”, “Vida y obra como partes de un mismo experimento”, “El valor de lo inútil”, enfrentan a Gómez Dávila con otras herramientas de análisis tomadas de la lingüística y la filosofía. En ellas, la obra del filósofo colombiano sirve en realidad como motivo para el desarrollo de reflexiones desde la perspectiva y la problemática en las que está interesado el autor del capítulo. Curiosamente, más que ofrecernos una perspectiva de Gómez Dávila, este grupo de capítulos ofrece una aproximación a los temas y autores que inquietan en ese momento a pensadores colombianos, y que los reflejan en su acercamiento.

Los últimos capítulos hacen un estudio más tradicional al filósofo bogotano. Y por esto quiero decir que intentan hacer una hermenéutica de su obra desde los confines del texto. Se trata sobre todo de intentos de reconstrucción del pensamiento jurídico, estético y antropológico de Gómez Dávila, en un afán por comprender, más allá de los límites impuestos por el estilo, una reflexión amplia sobre estos tres asuntos.

La riqueza de Facetas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila no se reduce, pues, solo a lo que se dice de él, sino a la multiplicidad de herramientas y formas de aproximación contemporáneas a su obra, vida y pensamiento, que muestra la riqueza conceptual y analítica con la que puede ser estudiado un autor tan complejo.

 

Nota final

Nicolás Gómez Dávila es una figura que me sigue resultando ajeno, pero el libro me ha mostrado un punto de encuentro. Gómez Dávila se describe a sí mismo como reaccionario por “su distancia y su desacuerdo con su tiempo, con su espacio, con su país, con su tradición cultural”. Me identifico plenamente con esa idea. Con esa forma de no pertenecer, de verse a uno mismo aislado.

 

Mejía, J. F. (ed. ac.). Facetas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila. Pontificia Universidad Javeriana & Instituto Caro y Cuervo. PP 279-28. ISBN 978-958-781-227-5.

El destino y la lengua. Sobre Arrival y The story of your life

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No es frecuente que un humanista protagonice una película. En general cualquier película, pero en particular una película de ciencia ficción (hay quien vería ahi una contradicción). Los humanistas no suelen ser audaces o sexis, ni llegan a descubrir una nueva fórmula que cambiará al mundo. Son mas bien retraídos, estudiosos, solitarios, desalineados, al menos en la imaginación popular y por eso, normalmente pierden su lugar frente a los científicos y los antropólogos. De ahí la sorpresa de ver en The arrival (La llegada), una película de ciencia ficción dirigida por Denis Villeneuve y escrita por Eric Heisserer, una protagonista que es ni mas ni menos una lingüista  -una de las ramas más duras y más clásicas de las humanidades. ¿Qué puede hacer una estudiosa de la lengua ante el evento de la llegada de unas naves alienígenas? Básicamente redefinir el sentido del encuentro con los extraterrestres de un problema bélico -que suele ser la hipótesis más común- a un problema de comunicación entre culturas distintas, mediante la comprensión de la lengua y la escritura.

Me parece que desde el punto de vista conceptual, el gran mérito de la película consiste en centrar su núcleo dramático en eso, en la dificultad de traducir una lengua, y por ende un mensaje, una intención y una comprensión del tiempo y del universo, en ves de asumir sin más, que cualquier encuentro tiene necesariamente un sentido bélico. En ello hay una posición abiertamente crítica con tantas y tantas películas de extraterrestres, y también un cuestionamiento, al menos a partir de ciertos guiños, a la ciencia por concurrir frecuentemente con la aproximación militar, pero también por su tendencia a pensar que puede cambiar el destino.

La película está inspirada en un cuento de Ted Chiang The story of your life, con el que comparte los principios anecdóticos que conforman la trama, pero no la aproximación de fondo. A Chiang le interesa discutir la posibilidad de un pensamiento, y por lo tanto, de una lengua, que exprese el acuerdo entre el conocimiento del porvenir y una voluntad libre que elige seguir el camino previamente establecido. En este sentido, el problema del aprendizaje de la lengua y el encuentro con los extraterrestres -central en la película- es secundario con respecto a la dilema de tener conciencia del porvenir y renunciar a alterarlo que destacan en el cuento. Este discurre, pues, por los caminos de la especulación metafísica -como de hecho lo hacen la mayoría de los cuentos recogidos en The story of your life, y lo hace de una manera extraordinaria. Los de Chiang son cuentos eruditos -en un sentido muy de Borges- y a la vez extraordinariamente imaginativos.

En mi caso particular, The arrival me llevó a The story of your life. A mi juicio, ninguna desmerece porque ambas son un buen pretexto para repensar y pensar desde y con la filosofía, y la lengua además de lo imaginado -la llegada de naves alienígenas-, lo presente.

 

 

 

Sueños y melancolía

Las últimas décadas del siglo XVI y las primeras décadas del XVII vieron aparecer en la Gran Bretaña ensayos sobre los sueños. Y conviene subrayarlo: no son manuales de interpretación, como los de Artemidoro o Cardano, tampoco son tratados como el de Sinesio que exploran la naturaleza de los sueño. Son ensayos en todas la extensión de la palabra: intentos, aproximaciones de poner por escrito lo que se piensa sobre el sueño. Uno de ellos es Terrors of the night de Thomas Nashe (1567-1601) y otro, proveniente de una de las plumas más reconocidas en lengua inglesa, Thomas Browne (1605-1682), que conocido como On dreams.Thomas Nashe

Ambos son ensayos satíricos, y ambos toman a broma el esfuerzo de interpretar los sueños. No es una descalificación directa y a toda regla, es simplemente una observación burlona de aquello absurdo que hacen los demás. Reírse de los que interpretan sus sueños (y ni siquiera tienen grandes sueños como Nabucodonosor) no significa, sin embargo, que estos textos dejen de trasmitir una idea sobre los sueños: lo que sus contemporáneos, y quizás ellos mismos pensaban de ellos.

A continuación los conceptos sobre los sueños que me parecen más sobresalientes de estos ensayos.

El primero, presente en Nashe, es la naturaleza terrorífica de los sueños. En los textos anteriores sobre los fenómenos oníricos, los sueños no son vistos con algo que espantara. Causaban inquietud, quizás, zozobra, a lo mejor, pero no terror. Este esta es una idea novedosa sobre los sueños, que el autor pone en relación directa con los pecados.

The Night is the Diuells Blacke booke, wherein hee recordeth all our transgressions.

La sátira de Nashe, que no es necesariamente coherente y sistemática, hace de los soñadores pecadores irredentos que se dejan aterrorizar por el demonio en las noches. Pero la causa de los sueños, de estos sueños aterrorizadores, tiene que ver con los espíritus, y particularmente con los espíritus que él asocia con la melancolía.

None of these spirits of the ayre or the fire haue so much predominance in the night as the spirits of the earth and the water; for they feeding on foggie-braind melancholly, engender thereof many vncouth terrible monsters.

La melancolía es un nuevo ingrediente en las consideraciones sobre los sueños, si lo confrontamos con otros textos clásicos que coinciden en señalar las preocupaciones diurnas, los estados anímicos y los deseos, como causa de los sueños. Pero esta preponderancia de la melancolía como su causa debe hacernos reparar en que se está produciendo una resignificación de la vida onírica, de la mano por supuesto, de una reconceptualización de la vida interior y de lo que en ella ocurre.

AAK3E8 Sir Thomas Browne 1605 1682 English doctor and essayist From the book Religio Medici by Sir Thomas Browne published 1881
Sir Thomas Browne 1605 1682 English doctor and essayist

Browne coincide en el carácter melancólico de los sueños. Como Nashe, distingue la vida diurna -llena de verdades- con el carácter engañoso de los sueños. Por eso

having passed the day in sober labours and rational enquiries of truth, we are fain to betake ourselves unto such a state of being, wherein the soberest heads have acted all the monstrosities of melancholy, and which unto open eyes are no better than folly and madness

El contraste entre un día racional y sobrio, con una noche de melancolía y locura marca en uno y otro autor la naturaleza de los sueños. Es probable que ello refleje la tendencia, presente también en Descartes, de establecer una distinción entre aquello que soñamos (oscuro, falso, impreciso, erróneo), y nuestras sensaciones y pensamientos en el día. Como si solo al día y a la vigilia le correspondiera la verdad y la claridad.

En la primera meditación de las Meditaciones metafísicas, René Descartes recurre justamente al sueño como el ejemplo del engaño del que no podemos decir que nos está engañando.

Con todo, debo considerar aquí que soy hombre y, por consiguiente, que tengo costumbre de dormir y de representarme en sueños las mismas cosas, y a veces cosas menos verosímiles, que esos insensatos cuando están despiertos. ¡Cuántas veces no me habrá ocurrido soñar, por la noche, que estaba aquí mismo, vestido, junto al fuego, estando en realidad desnudo y en la cama! En este momento, estoy seguro de que yo miro este papel con los ojos de la vigilia, de que esta cabeza que muevo no está soñolienta, de que alargo esta mano y la siento de propósito y con plena conciencia: lo que acaece en sueños no me resulta tan claro y distinto como todo esto. Pero, pensándolo mejor, recuerdo haber sido engañado, mientras dormía, por ilusiones semejantes. Y fijándome en este pensamiento, veo de un modo tan manifiesto que no hay indicios concluyentes ni señales que basten a distinguir con claridad el sueño de la vigilia, que acabo atónito, y mi estupor es tal que casi puede persuadirme de que estoy durmiendo.

El sueño representa aquí el modelo de la duda, el modelo último de la confusión. Y en esa medida, es lo opuesto al conocimiento y a la certeza. De modo que es interesante ver cómo el sueño pasa, de ser un acceso a la verdad y al futuro, a ser un modelo de engaño y de falsificación. Un cambio radical en lo que a la compresión del sueño se refiere.

Pero es curioso que este desplazamiento del sueño del campo del saber al del engaño, y ojo, no al de la ignorancia, no al lugar del no saber, sino en al de la falsificación, al del sofista, vaya acompañado de elementos asociados que le permiten comprender de cierta manera este tránsito.

CaprichoUno, como ya hemos visto, es la melancolía. Contemporánea a los dos textos de los que nos ocupamos, está la Anatomía de la Melancolía de Robert Burton.  En la cual se define la melancolía como:

Melancholy, the subject of our present discourse, is either in disposition or in habit. In disposition, is that transitory Melancholy which goes and comes upon every small occasion of sorrow, need, sickness, trouble, fear, grief, passion, or perturbation of the mind, any manner of care, discontent, or thought, which causes anguish, dulness, heaviness and vexation of spirit, any ways opposite to pleasure, mirth, joy, delight, causing forwardness in us, or a dislike. In which equivocal and improper sense, we call him melancholy, that is dull, sad, sour, lumpish, ill-disposed, solitary, any way moved, or displeased. And from these melancholy dispositions no man living is free, no Stoick, none so wise, none so happy, none so patient, so generous, so godly, so divine, that can vindicate himself; so well-composed, but more or less, some time or other, he feels the smart of it. Melancholy in this sense is the character of Mortality… This Melancholy of which we are to treat, is a habit, a serious ailment, a settled humour, as Aurelianus and others call it, not errant, but fixed: and as it was long increasing, so, now being (pleasant or painful) grown to a habit, it will hardly be removed.

Los sueños son pues producto de una perturbación de la mente. Un descontento, una preocupación, una angustia del espíritu. El sofista, el engañador, que está al pie de los sueños es nuestra mente. Es a través de ella -volviendo aquí a lo que Nashe dice del sueño- que se revelan nuestros pecados, lo que se le oculta al día, con lo que engañamos a los demás pero que no podemos ocultarnos a nosotros mismo.

Browne, sin embargo, sugiere que si bien los sueños son falaces respecto de los hechos externos, no necesariamente lo son respecto a lo que somos nosotros mismo. Y pone algunos ejemplos: Lutero, Alejandro y Demóstenes, quienes actúan en el sueño como en el día.

However dreams may be fallacious concerning outward events, yet may they be truly significant at home; and whereby we may more sensibly understand ourselves. Men act in sleep with some conformity unto their awaked senses; and consolations or discouragements may be drawn from dreams which intimately tell us ourselves. Luther was not like to fear a spirit in the night, when such an apparition would not terrify him in the day.

Alexander would hardly have run away in the sharpest combats of sleep, nor Demosthenes have stood stoutly to it, who was scarce able to do it in his prepared senses. Persons of radical integrity will not easily be perverted in their dreams, nor noble minds do pitiful things in sleep. Crassus would have hardly been bountiful in a dream, whose fist was so close awake.

No puede negarse que en estos textos se perfila una visión del sueño completamente distinta a la que dominaba hasta el Renacimiento. Un cambio de visión que se relaciona con un cambio radical en las consideraciones a cerca de la verdad  y del modo en que el hombre accede a ellas. Y es curioso que sea justo, en este giro , que lo sueños además de sueños, sean más bien pesadillas.

El arte como terapia. Reseña de un experimento

En julio tuve la oportunidad de visitar Amsterdam y el Rijksmuseum. Nunca había estado en la ciudad y no conocía, por lo tanto, el museo. Además de mi interés por recorrerlo y apreciar las piezas que se encuentran en él, tenía una curiosidad especial en dos cosas: las pinturas de Rembrandt que son espectaculares, en particular La ronda de la noche, del que había visto ya, numerosas veces el documental de Peter Greenaway, Yo acuso, y la propuesta hecha por los filósofos ingleses Alain de Botton y John Armstrong, de ofrecer una comprensión de ciertas obras de arte “por los efectos terapéuticos que pueden tener y las respuestas a las grandes preguntas de la vida que pueden dar”. 

De las primeras es poco lo que voy a decir. Me impresionaron muchísimo pues, como ocurre con las pinturas que forman parte de ti desde siempre y que no has tenido la oportunidad de verlas directamente, su aparición como un objeto real delante de ti, con sus proporciones, su textura, el espacio y el lugar en que se encuentran, transforma por completo la impresión que tenías de ellas. En cierta forma, imagino que las engrandecen, porque es posible apreciar el trabajo humano puesto directamente sobre ellas, con sus perfecciones e imperfecciones, con sus formas deslumbrantes y sus misterios. Y aunque La ronda de la noche me dejó maravillado, Los síndicos me causó, junto con La conspiración de Claudio, un entusiasmo particular, tal vez porque no las tenía tan presentes y no imaginaba el efecto que podían producir.

De lo que quisiera hablar más, sin embargo, es del proyecto de Allan de Bottom y John Armstrong. De Bottom es un filósofo exitoso desde el punto de vista mediático y empresarial, impulsor de una institución que se llama de School of life y de otra que se llama Living arquitecture, en las que ha sabido traducir la filosofía para convertirla en un instrumento para la vida cotidiana, algo que oscila entre la terapéutica y la moral en su sentido más clásico. Su actividad parece definir una de las rutas de supervivencia de la filosofía en nuestros tiempos, reintegrando la sabiduría al plano de la existencia particular y regular de todos los hombres, con su correspondiente componente de marketing y new age.

La propuesta para el Rijksmuseum, sugerente desde muchos puntos de vista, tiene el valor de utilizar el museo y el arte, como una forma de introducir el discurso filosófico en el espacio cotidiano, intentando transformar la experiencia de la contemplación de la obra de arte, de su pura apreciación mediada por el discurso didáctico del museo, en algo más. En principio, en una oportunidad para reflexionar sobrSAMSUNG CSCe el acontecer de la propia vida, a partir de aquello que la obra dice y representa. Asumiendo, de cierto modo, que en la pintura hay lecciones de vida, representaciones de sabiduría y experiencia, cuya comprensión puede ser un estímulo para conducir la vida hacia una vida buena.

El experimento, o la aventura, es difícil saber como llamarlo, no tuvo sin embargo, una ejecución tan estimulante como hubiera pensado. Traducida en grandes  papeles amarillos pegados en muchas partes de lobby del museo, y a un lado de los cuadros “terapéuticos”, como se ve en la imagen que acompaña este post, muchos de ellos ya desprendidos o doblados, ofrecían un espectáculo poco atractivo a la vista y poco claro al visitante, yo tardé un rato en entender de qué se trataba. En el fondo, parecían anuncios del conserje señalando problemas, faltas o desperfectos, improvisados en el último momento.

Pero no sólo el contraste entre la obra y el enorme cartón lleno de letras volvía extraña la experiencia. La reflexión desplegada en los papeles amarillos era extensa, a veces complicada de seguir y muy a menudo condescendiente. De hecho, la intervenciones repetían el tono “educativo” o “didáctico” tan característica del museo, sólo que este no era para dar pormenores de la obra y su valor, sino para explicar al visitante que el valor del cuadro “no dependía de que se encontrara en el museo” sino de otras cualidades en las que resaltaban los temas morales o efecto terapéutico. Algunas terminaban con frases o resúmenes muy breves, a veces verdaderamente crípticos, quizás con una intención mnemotécnica.

Entiendo que la filosofía, y en general la reflexión y el pensamiento se expresan sobre todo en palabras. Pero ¿es esta la única estrategia posible? De hecho, en su formulación, el proyecto parece asumir que no, que también la pintura y los objetos expuestos en un museo funcionan para ello¡. ¿Porqué entonces traducirlas necesariamente a palabras? ¿Para agregarles que? Esta es quizás mi mayor decepción frente a la propuesta de Bottom:  terminó trasladando el libro de texto al museo, para ilustralo, y se olvidó de utilizar las obras para incentivar la reflexión o la terapéutica.

 

 

Asterix y los pictos, una reseña

Tuvieron que pasar varios años. Ocho desde el polémico El cielo se nos viene encima; doce desde Astérix y Latraviata, para que hubiera un nuevo Astérix. Su salida fue un tanto sorpresiva para los que no estamos enterados de las dificultades legales y creativas que impidieron la aparición de nuevos episodios de los héroes galos. Además, tardó casi seis meses en llegar a México después de ser publicado en español. Pero tras esa larga espera, por fin, y con mucha emoción, tuve en mis manos, esta misma semana Astérix y los pictos.

La mayor novedad de este episodio es que no es escrito o dibujado por Albert Uderso, quien junto con René Goscinny, muerto en el lejano 1977, creó los personajes. Detrás de Asterix y los pictos está Jean-Yves Ferri y Didier Conrad, al parecer dos importantes creadores de obras gráficas. Para un emocionado conocedor de Astérix como yo, la expectativa estaba en ver cómo trataban a los personajes y cómo construían la aventura. Qué tanto de Astérix, y de qué Astérix encontraríamos en este episodio.

Confieso que el viaje de Astérix y Obélix al país de los pictos no me desilusionó, porque el solo hecho de que siga habiendo nuevos álbumes me llena de alegría, pero lo encuentro demasiado parecido, en estructura y en trama, a La gran zanja, el primero de las aventuras firmada solo por Uderzo. Quiero imaginar que el propio Albert Uderzo supervisó la historia y, por ello, la narración y la perspectiva sobre Astérix se parece a la que él desarrolló después de la muerte de Goscinny.

En lo personal, siempre he encontrado la narrativa de Uderzo muy por debajo de la de Goscinny. Sus historias no son muy imaginativas y en ellas se hace evidente la falta de conocimiento -yo diría de erudición- sobre el mundo romano, del que hacen gala los guiones de Goscinny como Astérix y Cleopatra, por solo mencionar uno de los más brillantes. Como en otras aventuras creadas por Uderso, en Asterix y los pictos se nota esa ausencia de conocimiento profundo y de humor irreverente a partir de toda esa erudición, y hay personajes cuya caracterización se diferencia de los demás, pues los “enemigos” tienen rasgos animales exagerados -un color incluso distinto de piel, que solo aparecen a partir de La gran zanja, y que son síntoma de una simplificación narrativa.

En suma, esta todavía es una historia uderziana de Astérix, con sus limitaciones, sus obviedades, sus chistes superfluos y su tendencia a tratar a los guerreros galos, como personajes de Disney. Pero hay que celebrarlo. Astérix promete tener nueva vida y nuevas aventuras. Con el tiempo, muy probablemente, irá apareciendo una nueva etapa en la historia de esta serie que, en lo personal, ha definido mi relación con la cultura clásica.

Leer profano I: Monadología

cropped-leibniz_monadology_22Con todos esos recuentos al final del año, se me ocurrió en diciembre comenzar una serie de post sobre los libros de filosofía que más me gustan.  No son aquellos de mayor importancia filosófica o de alguna forma relevantes para mi formación personal, sino esos cuya lectura más he disfrutado, ya sea porque son divertidos, despertaron mi imaginación, o provocaron un entusiasmo del que aun no me libero. Leer filosofía puede ser un asunto profano, desprovisto de toda esa presunción de inteligencia que los rodea y muy grato si uno accede al texto con un poco de ingenuidad y sin prejuicios. De esos libros escribiré ahora -tres meses después de lo previsto, solo por compartir el dulce goce que aun me provocan.

Comenzaré con un libro cuya lectura ha sido uno de mis mayores gozos: la Monadología de Leibiniz. Un curioso y brevísimo tratado sobre metafísica donde aparece uno de los seres fantásticos creados por los filósofos que más aprecio: la mónada. Así, con acento.

Descrita y definida de muchas formas, como una sustancia simple, es decir, “sin partes”, una entelequia, un “autómata incorpóreo”, la mónada es el centro y el objeto último del texto, como lo es del universo. Vista sin prestar especial atención a los razonamientos filosóficos, la Monadología puede ser leído como una perfecta obra de ficción que describe un mundo formado a partir de unos seres diminutos, impenetrables,  desde los cuales se construye todo y en los cuales, además, está contenido todo.

La peculiar, y yo diría fantástica, en el mejor sentido de la palabra, construcción del mundo que Leibiniz elabora a partir de la mónada, desemboca en  la tesis de que este es el mejor de todo los mundos posibles. Una idea de la que Voltaire, en Cándido, no dejará de burlarse sin piedad.

Lo más grato es que Leibiniz explora ese mundo dónde “el alma no cambia de cuerpo sino poco a poco y por grados, de tal manera que nunca se ve despojada de pronto de todos sus órganos; y hay frecuentemente metamorfosis en los animales, pero nunca Metempsicosis ni transmigración de las almas; no hay tampoco almas separadas por completo, ni Genios sin cuerpo. Sólo Dios está enteramente desprovisto de él.

La monadología fue escrita en francés por Leibiniz en Viena entre 1712 y 1714, poco antes de su muerte en 1716. Aunque el original está en francés, se publica por primera vez en alemán en 1720 con el titulo de Lehrsätze über die Monadologie.  la versión original aparecería hasta un siglo después, en 1840.

 

 

 

 

 

 

 

Odisea, volver a ella, descubrirla por primera vez

OdiseaMi relación con la Odisea de Homero es antigua, y más estrecha que la que tengo con la Ilíada o cualquier otro libro, con excepción de Moby Dick. De niño, antes incluso de haberla leído alguna vez, jugaba a ella en el patio de la escuela primara.

Con barcos improvisados con la imaginación, enfrentábamos al Cíclope y a las Sirenas, gracias al entusiasmo de un amigo, Martín Coronel, que la conocía y nos la imponía a todos. Recuerdo que llevamos el juego tan lejos, que terminamos por hacer una obra de teatro para la que construimos un –quiero pensar- enorme barco, cuya silueta recortamos en papel manila, que pegamos en una estructura de madera, con la que lo cargábamos los que navegábamos en él.

Después, por supuesto, la leí una de las tantas versiones para niños. Creo haber visto en unos maratones dominicales de cine que pasaba el canal 5, la película en la que Kirk Duglas es Ulises, pero en realidad, siempre ignorante aun de tantas cosas, asumí que la película de Jasón y los argonautas, era una versión de la Odisea mucho más divertida, porque prolongaba las partes que me gustaban.

En la secundaria la leí por obligación en la versión de Porrúa y busqué y revisaré más ediciones. Con el tiempo, la leí a mis hijos, los extractos de Lecturas clásicas para niños (el libro que publicara Vasconcelos) que se reimprimió en 1984.

En los días previos a salir de vacaciones, la UNAM puso en circulación una nueva versión de la Odisea realizada por Pedro C. Tapia Zúñiga. Es una versión rítmica en verso, que fui a comprar en cuanto me enteré. Fue mi lectura decembrina, y aunque no he terminado aun de leerla, al escribir estas líneas estoy por terminar el canto XIX, no quise dejar de hacer esta entrada.

Confieso mi asombro. Esta versión me está dejando la sensación de que, como dice José Molina en su reseña, estoy leyendo por primera vez la Odisea. No es solo es la certeza de que la traducción se aproxima mucho a la forma original de los versos homéricos, sino sobre todo la claridad de un lenguaje que resulta familiar. Uno en que se respetan las formas poéticas –por ejemplo, la repetición de las fórmulas: “el paciente, noble Odiseo”, “la prudente Penélope”- pero sin hacerlas extrañas a nuestra comprensión, lo que genera el efecto de una cercanía que no suele existir en las traducciones que se pretenden eruditas que utilizan todo, menos un lenguaje cotidiano. Un abismo, pues, entre esta versión de la Odisea y la muy imaginativa (y ajena) versión de la Ilíada de Bonifaz Nuño para la misma colección.

Comprendo ahora, con más claridad que antes, la importancia de la traducción. Lo decisivo que es para la formación de la cultura en una lengua. Por eso estoy convencido de que esta traducción será decisiva para dar nueva vida a la Odisea en México y en lengua castellana.

 

Ficino equivocado

Este blog se ha empeñado desde hace tiempo en relatar con un poco de retraso las novedades. Lo que es absurdo, lo reconozco. Pero que considero posible si pensamos que la filosofía es atemporal, por lo que todo, en todo momento es siempre una novedad.

Confortado por eso, comencé hace un par de semanas la lectura del Comentario al Parménides de Marsilio Ficino, elegantemente traducida y editada por Maude Vanhaelen para The I Tatti Renaissance Library de la Universidad de Harvard, y editada en el 2012. Lo hice leyendo en primer lugar la introducción, con el entusiasmo de quien recibe por primera vez el Corpus Hermeticum.

Me sorprendió negativamente, sin embargo, la forma en que Vanhaelen describe a Ficino como lector de Proclo, Plotino y Platón. Pueden ser meros detalles, pero por ejemplo dice: “Thanks to Ficino, Plato’s Parmenides continued to be read through Neoplatonic lenses for nearly five centuries, until modern scholars started to distinguish the meaning of the Platonic original form that of its Neoplatonic commentators.” (p. xiv) La afirmación parece inocente y corresponderse con la verdad salvo por el “original form”, que es una formula idealista -hay un sentido “original” del texto platónico que podemos reconstruir (nosotros, no Ficino)- que convierte a Ficino en el propagador de un “falso” Platón, y que denota, a mi juicio una fuerte falta de perspectiva histórica. En todo caso, la forma original de Platón sería una construcción del pensamiento moderno, como sin duda lo fue también el Platón transmitido por los platónicos. Pero el contraste de la lectura que Ficino hace de los platónicos, frente a la lectura que los académicos hacen de Platón, Proclo y  Plotino, es una constante con la que Vanhaelen parece advertir: “cuidado, Ficino no entiende lo que nosotros”.

En otro pasaje afirma que “Ficino is by no means a professor of philosophy like Proclus”, por lo que, según Maude Vanhaelen, Ficino “sees little utility in establishing a philosophical system like Proculus and teaching pupils the different steps in the explication of the text (p. xvi)”. En la Introducción no aclara cuál es la relación con la filosofía que Vanhaelen atribuye a Ficino y si por enseñanza de la filosofía entiende únicamente la explicación de un sistema. Pero el texto deja sentir una cierta tendencia a no concebir a Ficino como un filósofo justamente por su interés superior por la interpretación, en lugar de la exposición dialéctica, y por su afición a la mística y la teurgia, en lugar de la física.

La presentación de Maude Vanhaelen tiene, pues, el problema de abordar a Ficino desde una perspectiva donde aparece como un mal interprete de Platón y de Proclo, con poco interés por la filosofía. Una imagen que me cuesta compartir, por razones que van desde el modo de aproximarse a la historia de la filosofía, como mi interés por no establecer, sobre los filósofos antiguos, el molde de la filosofía académica contemporánea como la única legítima.

Pero más allá de estas diferencias, me parece que el texto ofrece una interesante aproximación al Comentario al Parménides. En especial destaca el análisis del Comentario como el lugar en que Ficino confronta a Pico y las críticas que en De ente et uno éste le dirige. No sólo el tema ha sido ya abordado antes por Vanhelen en un artículo, sino que aquí es puntualizado y enriquecido con la traducción misma del comentario.

Cantus Circaeus. Arte de la memoria para todos

Captura de pantalla 2013-12-08 a la(s) 20.11.47De todos los libros que Giordano Bruno escribió sobre el Arte de la memoria, el Cantus Circaeus es probablemente el más accesible. Sin duda es un texto teóricamente menos complejo que otros como De umbris idearum, Ars reminiscendi Triginta sigilli, el Sigila Sigilorum o De imaginum compositione y, desde el punto de vista de la exposición, es muchísimo menos barroco y enredado. Esto es así, en parte, porque a diferencia de los otros textos sobre el Arte de la memoria, en este Bruno expone únicamente las técnicas más tradicionales del arte, las que provienen del ad herennium, y evita presentarlas junto con las técnicas del arte mnemotécnico de Ramón Llull, como ocurre en otros tratados. Esto hace que el Cantus tenga, dentro del contexto de la obra de Bruno, un interés singular porque clarifica algunas de las técnicas, su fundamento teórico y su uso, como no lo hace de manera tan puntual en otras. Como se trata además de una de sus primeros escritos, fue puesto en en circulación en 1582, junto con otros tres tratados menemotécnicos y la comedia el Candelaio, esta versión simplificada del arte ayudaría a comprender mejor las formas más complejas que le da Bruno, así como su sentido más llano, menos filosófico.

Por el momento no parece existir una versión en español de la obra, que se puede encontrar fácilmente en en latín, tanto en la versión referida de Gallica, como la de  Twilit Grotto o  la de la Biblioteca Ideale di Giordano Bruno. Yo leí esta semana la versión en inglés, The incantations of Circe traducida por Darius Klein (si tal personaje existe) y publicada por Ouroboros Press. No se trata de una publicación académica, tiene una presentación sencilla y carece de notas y observaciones, no es bilingüe y en, general, no ofrece otra cosa mas que la traducción. No juzgo ésta, que probablemente no sea de lo más depurada. En todo caso, es una versión más o menos accesible para quienes se interesan por esta obra de Bruno y me parece, una muy buena introducción al tema general del Arte de la memoria en el pensamiento del nolano.

 

Anima y iPad

Anima ed iPad de Maruizio Ferraris no es nuevo (2011) pero apenas cayó en mis manos. Se trata, si hay que describirlo en una sola frase, de una reflexión sobre el alma que emerge con la aparición de un dispositivo tecnológico como el iPad. La tesis que está a la base de esta reflexión es simple: “la letra es la condición de posibilidad del espíritu” (p 13) y si eso es así, “un ser humano que no poseyera lenguaje, ni hábitos ni memoria; que estuviera privado de inscripciones y de documentos, dificilmente podría cultivar intenciones, sentimientos y aspiraciones sociales.”  (p 11) Es decir, dificilmente podría ser humano. Es a partir de esta consideración que Ferraris valora al iPad como un instrumento que introduce, sobre la base de simbolizar una nueva forma de inscripción y documentalidad, y por lo tanto de memoria, un nuevo oden social: el de la “società della registrazione”, que es claramente distinta a aquella que impulsó el “triunfo de la comunicación oral a través de la radio, la televisión y el teléfono” (p 23).

Fundado en estas premisas, Ferraris explora las características de este nuevo orden social, sus implicaciones, sus posibilidades, sus aberraciones. Quizás lo más interesante, más allá de las valoraciones específicas de lo que implica la repetición como principio de cultura, la imposibilidad de borrar todo rastro, como  la posibilidad de dejar el rastro de  toda una vida, y con ello posibilidad de permanencia de los muertos a través de la inscripción y la documentación, es el énfasis puesto en una sociedad cuya cultura está basada en la memoria. Memoria que, sin embargo, considera  siguiendo un modelo muy antiguo, como la permanecia de lo verdadero, frente a la fantasía que sería la construcción de lo falso. Una idea discutible, cuando se ha mostrado de muchas maneras, El archivo de Egipto de Leonardo Sciascia incluido, que la memoria es también constantemente alterada y ajustada, y que le impede comprender la cultura contemporánea no sólo como un modelo de registro y repetición, sino como de repetición y alteración. La de la inscripción y documentación de las variaciones, y no sólo de la repetición.

En todo caso, un texto interesante que toma la metáfora de la tablilla de barro que usa Platón para caracterizar el alma, para convertirla en un iPad.

Maurizio Ferraris. Anima e ipad. Ed. Guadana, colección Biblioteca della Fenice. ebook 2011