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Correspondencia

16 de febrero 2010
Los días transcurren y las ideas se acumulan. Hoy, éstas luchan entre sí para abrirse paso y ser atendidas. Como ocurre con tantas otras cosas en la vida, las ideas nacen acompañadas de un entusiasmo que, cuando no son trasladadas por una acción al áspero mundo de los hechos, poco a poco van perdiendo fuerza y energía, y fácilmente pasan al olvido.
He querido escribir primero de dos planteamientos hechos por mis alumnos en sus trabajos de maestría a propósito de la aparición del humanismo en México. El de Alejandra Avila Cortés sostiene la tesis de que el humanismo no puede haber aparecido antes en el horizonte cultural de México por una razón simple: no había una nación. Por eso el proyecto educativo de Juárez no puede ser humanista sino positivista. A fin de cuentas, el positivismo resultó ser una herramienta mucho más útil tanto para fundar una educación pública no religiosa, como para la construcción de una cultura cívica. El segundo trabajo es el de Ana María Rosas Muciño. Se ocupa de estudiar los primeros congresos educativos en México entre 1900 y 1910. La discusión en torno a la conveniencia de conservar una educación cívica en lugar de una educación moral en la escuelas públicas, revela el temor por invadir, en los albores del siglo, una esfera entonces (y quizás aun) privativa de la educación religiosa: la vida moral.
La decisión de dejar la educación cívica y suprimir la moral, define claramente que el Estado mexicano optó en ese momento (y de hecho hasta ahora), por formar ciudadanos pero no hombres, reduciendo el proyecto de nación a una dimensión jurídica y no moral.
Lo contrario ocurre en los Discursos a la nación alemana, segunda idea de la que quería ocuparme. Fichte argumenta ahí a favor de una educación pública donde se forme al hombre en la moral. La tesis es simple: defender la nación alemana en un momento en que ésta se encuentra supeditada a otra, implica convertirla en una forma de habitar el mundo. Volverla un ethos. Lo alemán, pues, como expresión de una forma de la condición humana.
Al leer el artículo de Heriberto Yepes sobre el El mejor filósofo mexicano vivo, que de inmediato se convirtió en una urgencia por aceptar la provocación y discutirlo, no pude sino enmarcarlo en este contexto. Uno de los tres pilares de idea de nación alemana de Fichte es precisamente la filosofía, la existencia de una tradición filosófica alemana. Atrás de la estridencia de Yepes está la evidencia de la inquietud por uno de los proyectos incompletos (¿?) del humanismo en México: construir una filosofía mexicana… El texto de Yepes puede leerse, pues, como la claudicación del proyecto humanista en la misma dimensión que como su “redefinición” en un mundo globalizado.  En todo caso, que no existe nación mexicana como dimensión moral, sino como diagnóstico de vacío.

 

 

Unas ideas sobre tecnología y humanidades. Reuniones sobre edición digital
29 de enero 2010
Hoy escribo después de haber dejado pasar una semana frenética. No tendría por qué ser así, pero al último momento descubrí que el protocolo escrito para ampliar mi proyecto de biblioteca digital, debía ser completamente distinto al redactado originalmente.
Como toda segunda oportunidad, la agradezco. Me ha permitido darle una nueva mirada a la propuesta y reconsiderar algunas cosas. La principal, el lugar asignado al desarrollo de tecnología en un proyecto de humanidades.
Yo estoy convencido desde hace tiempo que las tecnologías digitales deben dar cause a un nuevo modo de investigar y hacer humanidades. Pero muchos de mis colegas no lo piensan así. Prevalece la idea de que la investigación en humanidades debe permanecer intacta en sus formas tradicionales e incorporar la tecnología sólo como una vía de difusión –en el mejor de los casos- del producto final del estudio. Pasan por alto, pues, que el trabajo del investigador es completamente distinto por el solo hecho de que existe una herramienta como las bibliotecas digitales, y rara vez consideran que el desarrollo de sistemas orientados a las humanidades, para su uso como instrumentos de investigación, puede ser parte del trabajo del humanista.
Así, pues, en un afán de encontrar una convergencia entre un polo y otro, reconsideré mi proyecto para asignarle al trabajo tecnológico un papel modesto dentro de un proceso más tradicional de investigación. Una fracción, pues, en el estudio crítico de los textos.
Coincidentemente, la semana pasada tuve varias reuniones sobre el tema de la edición digital con diversas personas y grupos dentro de la Facultad de Filosofía y Letras de a UNAM. Descubrí que hay, efectivamente, una inquietud creciente en ese terreno, impulsada por las limitaciones presupuestales y, en general, por la dificultad para hacer publicaciones tradicionales en papel, pero también por el hábito cada vez más generalizado de trabajar con archivos digitales. El énfasis estuvo siempre puesto en la producción de libros o revistas en PDF, el escaneo de obras, pero ya aparecen en el horizonte, la idea de hacer revistas institucionales en web y blogs.
Esto me alienta. Es infinitamente mejor sentirse una isla a percibir que se está solo en el universo. En principio, abre la puerta a la colaboración, a compartir experiencia y recursos, a buscar el respaldo institucional para los proyectos digitales.

 

Como Internet ha cambiado la manera en que pensamos: artículo en Times Online

 

 

Donde se habla de Henríquez Ureña, el proyecto humanista y la moral de los mexicanos

15 de enero 2010
¿Quién puede preferir los días grises? La pregunta vino leyendo Los días alcióneos de Perdo Henríquez Ureña, pues me quedé con la idea, equivocada, de que éste oponía ahí a la estética (y ética) modernista, identificada como un bosque otoñal en medio de la monotonía del invierno, los días grises de esta última estación. Nada más falso, en una carta a Alfonso Reyes, cercana en fecha a la aparición de Los días, escribe:

“Me convenzo de que en invierno no podemos hacer nada. Aquí, en esta estación, la gente prefiere ver hacer: por eso va a los toros, al teatro, a los conciertos, al cinematógrafo no se diga, y a Plateros a verse unos a los otros ociando. ¡Pero la primavera¡ ¡Savia moderna, exposición, banquetes, conferencias, tés, protesta…¡ Mucho me temo que esta primavera resulte tempestuosa, con la manifestación antipositivista en honra del introductor del positivismo, o con cualquier otra cosa.”

Los días alcióneos no es, no podría ser, una exaltación del invierno sino el anuncio de una primavera antipositivista y antimodernista. Señal, sin decirlo, del desplazamiento de la cultura hacia un nuevo centro: el humanismo.
Se trata de un movimiento moral, porque detrás de la crítica estética y teórica, hay un posicionamiento de carácter eminentemente ético del intelectual, que quiere distinguirse a sí mismo de los modos de vivir católicos, positivistas o bohemios.
No estoy seguro que el humanismo haya tenido ya en México una primavera, pero cuando escucho la discusión sobre el aborto o, más en estos días que corren, sobre los matrimonios gay, echo de menos una discusión más general sobre la vida moral de los mexicanos, que vaya de los bordes hacia el centro.
¿Por dónde empezar? No tengo en este momento una respuesta. Sin embargo, pasa por mi cabeza la idea de que debemos comenzar por preguntarnos por la eficacia de la crítica humanística: ¿qué tan profundamente desmontó las fuentes católicas y positivistas que construyeron la moral del XIX? ¿Hasta dónde fue cómplice de unas y otras? ¿Hasta dónde fue un proyecto real?
Hasta ahora, un dato nos es evidente: no logró que la sociedad y las instituciones políticas mexicanas, reconocieran en la cultura y en la educación, el centro de la transformación y emancipación del país.

 

Donde se habla del humanismo, la editorial Sempere y la transmisión digital de los textos

 

8/enero/2010

En estos días leo la correspondencia entre Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña. Lo hago como parte de una investigación sobre la llegada del humanismo a México. Contrario a lo que muchos humanistas dicen y el propio término “humanismo” supone, no asumo que con esa palabra se describan unos ciertos principios doctrinales cuya tradición pude rastrearse de la antigüedad clásica hasta el presente. El vocablo “humanismo” es relativamente nuevo en todos los idiomas modernos –aunque no lo sea el sustantivo “humanista”. En realidad, no tiene más de dos siglos, y revela la aparición de una actitud inédita, que se construye al rededor del legado del mundo clásico y frente al sentido de preservar, estudiar y continuar éste, a partir de la emergencia de la universidad moderna, la creada por Humboldt.
La lectura, que brinda luz y datos importantes para lo que investigo, también ofrece otras cosas que tienen un valor más personal. Los corresponsales se recomiendan con frecuencia libros publicados por Sempere, editorial donde ambos han leído a Nietzsche. La editorial, que tenía su cede en Valencia, era propiedad de un abuelo de mi madre. Significativa en España por ser donde Blasco Ibañez publicó toda su obra, parece haber jugado en México, por la evidencia de las epístolas de éstos fundadores del humanismo, un papel quizás relevante.
Esto me place claro, aunque también me da qué pensar. Entre los proyectos impulsados por mi están varias bibliotecas digitales. Una, a punto de ser pública, intenta poner en circulación libros que no han visto una edición moderna desde que se publicaron originalmente en la Nueva España durante la segunda mitad del siglo XVII. Si hay un trabajo humanista donde todavía hay un enorme campo sobre el cual arar, es precisamente en el de la transmisión de los textos, en la importancia de hacerlo, y en la de estudiarla también como fenómeno, por su peso en la construcción del pensamiento.
En México hemos puesto poca atención en general a esto, a pesar de que el desarrollo de nuestra cultura, producto de una colonización que no se ha detenido, dependa de manera tan significativa de lo que circula y es accesible. Curiosamente, Internet, que está revolucionando tantas cosas en este campo, está conduciéndonos de nuevo hacia la cuestión de la conservación y transmisión de los textos, y hacia la paciente tarea del estudio de los textos –mucho más que a su interpretación. De esta forma, el florecimiento de lo que ha comenzado a llamarse humanidades digitales tiene como fuente el amor profundo por los textos y como materia el modo de legarlos al futuro.

 

Twitter y clase: primera lección

Este semestre propuse a mis alumnos comenzar a utilizar twitter dentro de la clase. Lo hice en dos de las asignaturas que tengo en la licenciatura en filosofía de la UNAM: la de Historia de la filosofía medieval, y otra relativa a Problemas de historia de la filosofía, en la que trabajamos sobre el tema de la producción y edición de textos para investigación. Al cierre del primer mes, la herramienta ha sido muy poco usada por ellos, que en un ochenta por ciento, más o menos, tienen una cuenta de Facebook. Quienes lo han hecho, son aquellos pocos (quizás cuatro o cinco) que ya utilizaban twitter como red social antes de la clase. Cierto que otro puñado de cinco o seis alumnos, han abierto cuenta y han intentado comunicarse por twitter, pero las participaciones son pocas y no han constituido un verdadero intercambio de ideas hasta ahora. Yo he twitteado con cierta regularidad cosas para ambas clases: ligas, preguntas, ideas, y respondido a los comentarios o a los requerimientos que se han puesto ahí, y si mi participación no ha sido mayor, es precisamente por no encontrar más eco.
Esto es un tanto decepcionante. Son grupos más o menos grandes, cincuenta en un caso, treinta en otro, por lo que mi expectativa era la de una participación ligeramente mayor, y esperaba, adicionalmente, un cierto entusiasmo por experimentar en una clase de filosofía con herramientas diferentes.
Tengo varias hipótesis de lo que podría estar sucediendo. Una es, por supuesto, la que tienen que ver directamente con una herramienta en la que es más o menos complejo iniciarse. Otra es la dificultad de los alumnos para disponer de una computadora (de un teléfono) conectada a internet mucho tiempo, lo que puede dificultar la iniciación y el goce del uso de la herramienta. También, quizás, el no tener muy claro clara cuál es la finalidad de su uso (por lo pronto su uso no es obligatorio y no se obtiene nada por usarla para la clase), en general, prevalece en apariencia la idea de que la clase comienza y acaba en sus horas, fuera de las cuales nada ocurre… Finalmente, el propio medio: que tanto el estudiar filosofía limita y obstaculiza el uso de la tecnología. Qué tanto la expectativa es más old fashon.

La ciencia no lo es todo

Rosaura Ruiz y Juan Manuel Rodríguez publicaron una reflexión a propósito de la encuesta que María de las Heras hizo para el El País, sobre la percepción de la ciencia en México. Tanto Ruiz y Rodríguez, como de las Heras, coinciden en señalar que, a pesar de la buena estima que en México tiene la actividad científica todavía un número importante de personas creen en cosas acientíficas como los milagros o la astrología. Incuso, para subrayar el caso, de las Heras recurre no a su propia encuesta, sino a otra del Conacyt del 2007 para asegurar que: “todavía seis de cada diez mexicanos piensan que la astrología y el conocimiento de los signos del zodiaco es una ciencia, y una proporción similar considera que la parasicología también lo es.”

La reflexión de todos ellos parte, sin embargo, de una premisa falsa: la difusión y el conocimiento de la ciencia hace que la gente no crea en los milagros, la astrología o el horóscopo. Debería ser claro que, después de 400 años de ciencia, ésta a llegado a convertirse en el epicentro del saber, y ha desplazado a otros saberes, otrora centrales, como la astrología, la parapsicologia o el espiritismo, hacia la periferia. Pero esto no significa que la ciencia haya probado que la astrología es falsa (ni siquiera lo ha hecho en el país de la ciencia por excelencia, como lo es Estados Unidos). En realidad,  esa es una de las falacias principales de la historia de la ciencia: suponer que esta elimina las creencias precientíficas. Lo que ha hecho, en realidad, es desplazar, colocar ciertos saberes en otro lugar, pero no eliminar.

Muchas prácticas como la astrología, la consulta al horóscopo, la creencia en los milagros y en la fe, se mantienen por razones completamente diversas a su grado de verdad o de demostración. Están ahí porque son entretenidas, dan consuelo, estimulan la esperanza, dan sentido a la existencia. Si, la ciencia no ha alcanzado a ocupar el espacio que estas mantienen. Hay una comprensión del hombre, y una sabiduría de la vida personal, que la ciencia no ha ocupado y quizás, no pueda ocupar nunca.

 

#SinLugar

Hoy participé en #SinLugar, un encuentro que tuvo su sede en internet o lo que es lo mismo, en cualquier parte. Yo asistí a él desde un Samborn’s en Coyoacán, después desde el Café del Instituto de Cultura Italiano y finalmente desde mi casa. Moviéndome de un lugar a otro, presencié las distintas presentaciones (por desgracia no puede verlas todas), que me sorprendieron por su temática, su calidad, su fuerza… (hoy en la noche completaré la experiencia viendo los que me quedaron pendientes). Yo hablé de humanidades digitales y me sorprendió la reacción y un debate. No pensé que fuera a ser tan inesperado, pero a veces, en un entorno no académico, la academia acaba por ser curiosamente sorprendente… Las demás presentaciones abordaron temas como el Copyright (ya estamos hartos de él), la vida en la frontera (Tijuana/San Diego), la defensa de los derecho humanos en México y el caso de la Guardería ABC a partir de las palabras que se han dicho al rededor de ella. Lo más interesante, además de los contenidos, fue ver que no hacía falta un lugar para discutir los temas marginales. Que los encuentros y los debates pueden suceder virtualmente, y generar una dinámica, y una reacción enormemente valiosas.
Si quiere ver las presentaciones y conocer más del evento, visita el sitio de #SinLugar

Guía de Perplejos

Después de años de evadirlo, terminó en mis manos el libro de Jorge Portilla, la Fenomenología del relajo. La obra me decepcionó, y no encuentro aun razones que expliquen su continua publicación y relativa fama, salvo quizás la tratar un tema popular como el relajo, con una de las metodologías más obtusas que ha dado la filosofía, la fenomenología. Sospecho que si no fuera por esta monstruosidad, difícilmente hubiera despertado algún interés. Portilla, sin embargo, es uno de los representantes del grupo Hiperión, y en un pequeño texto publicado en Excélsior y recogido en la Fenomenología del relajo responde a la insidiosa pregunta de para que sirve la filosofía.

 

Jorge Portilla

Artículo sin titulo originalmente publicado en

Excélsior, 18 de enero de 1959.

 

Un inteligente amigo me espetó hace días esta pregunta: ¿Para qué sirve la filosofía? Yo me quedé de una pieza y confieso que estuve a punto de contestar: “para nada”. Creo que si no lo hice fue porque una elemental vergüenza inconsciente me lo impidió. En realidad la respuesta es sencillísima y constituye también un escandaloso lugar común. La filosofía sirve para comprender. Sucede que el hombre es un ser de tal índole que no puede vivir si no comprende su vida. Pero sucede también que la filosofía es una comprensión en la que desempeña un papel esencial la persona misma que la ejercita. La pregunta de mi amigo podía ser contestada de una manera por Carlos Marx o Vladimiro “Lenin”. La Unión Soviética es hija y nieta de una filosofía particular. Es tal vez una de las pocas realidades auténticamente oriundas de la filosofía que podemos encontrar en el mundo actual. La misma pregunta hubiera podido ser contestada desde otra región de la cultura, por ejemplo, por Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz. La mística española es una experiencia fundada en una concepción filosófica del universo. El Mahatma Ghandi hubiera podido contestar también a la pregunta de mi amigo. Toda su obra está fundada sobre el principio de la más crasa elementalidad filosófica, a saber: que la realidad  sólo es accesible a través de la verdad y que por lo tanto, sólo estando en la verdad nos es dable modificar la realidad. Tal parece que la filosofía es un instrumento cuya eficacia depende de quién lo maneja. Por otra parte creo que sería imposible encontrar un hombre que no ejercite de alguna manera una comprensión filosófica de las cosas. Los únicos hombres a los que la filosofía no parece enseñarles nada son ciertos profesores de filosofía.

Comentario

Preguntarse para qué sirve la filosofía es más bien tonto. Pero en este país, la tontería es de lo mas frecuente. De vez en vez, y de tanto en tanto, alguien que cree estar poniendo en entredicho a tradición humanista occidental, la formula para regatearle unos cuantos pesos a quienes la producen o la cultivan. Por eso yo siempre la he tomado como una pregunta impertinente, que inquiere por una justificación que es tan estúpida como innecesaria. Primero porque es el tipo de justificación que demanda alguien que no comprende el sentido y el valor de la cultura en su conjunto, y por lo tanto será incapaz de comprender cualquier respuesta que se le dé, incluso aquellas en la que se muestre que la filosofía, como cualquiera del resto de las humanidades o de las artes, no es que sea necesaria para algo sino que se da como resultado de la propia existencia de los pueblos. Segundo, porque su intención al formular la pregunta es más bien mezquina y pragmática, y espera una respuesta en pesos y centavos, y no una larga reflexión sobre el pensamiento y la vida. Por eso, al igual que Portilla, yo quisiera poder responder a la pregunta sobre para qué sirve la filosofía, con la sencilla fórmula: para nada, con la intención evidente de ridiculizar la pregunta misma.

Portilla, como antes Caso y con él los Ateneístas como Pedro Henriquez Ureña, o incluso previamente, personajes como José María Luis Mora, se sintió con la obligación de ofrecer una respuesta. Una respuesta tan breve como elocuente, pero que a fin de cuentas responde a una misma mala conciencia: la del filósofo que cree que este país aun exige que probemos nuestra valía y nuestra relevancia, que justifiquemos nuestra existencia ¿Por qué no podemos renunciar a esa mala conciencia? ¿Por qué seguimos cultivando la idea de que donde hay una enorme pobreza o problemas sociales complejísimos, no debe haber filosofía? ¿Por qué seguir pensando que somos una especie de “privilegio” innecesario en una nación que necesita tanto?

La integridad del héroe

El punto de partida de Avatar y Cómo entrenar a tu dragón es muy parecida: dos tipos diferentes de seres vivos inteligentes se encuentran en guerra (no olvidar nunca que los dragones son seres inteligentes en casi toda la tradición). El protagonista, en ambas, no comparte las habilidades bélicas de sus semejantes y esa condición lo pone en contacto con miembros del enemigo. Ese contacto le permite al héroe conocerlos y relacionarse amistosamente con ellos y, en un punto, enfrentarse a sus propios compañeros, en defensa de los opositores.

 

 

A pesar de todas estas similitudes, que incluyen elementos anecdóticos, como volar en el lomo de un dragón, Avatar y Cómo entrenar a tu dragón representan dos visiones completamente diferentes de la comprensión del otro. Avatar supone una asimetría entre los seres inteligentes: el más débil desde el punto de vista bélico es, sin embargo, espiritualmente el más avanzado. De modo que el protagonista cumple la función de dotar a los más débiles de los elementos estratégicos para una defensa victoriosa en la guerra. Pero lo paradójico es que esa victoria de los débiles contra los fuertes no es espiritual sino bélica, pero además no es propia, sino prestada: el héroe termina como gobernante de los desvalidos seres espirituales. Avatar es una historia de conquista y de derrota, que no ofrece a la raza espiritualmente superior una superioridad real, sino completamente subordinada: son liberados por quien los oprime.
En Cómo entrenar a tu dragón, la situación es otra: ninguno de los dos seres es débil, y ninguno es tampoco espiritualmente superior. En todo caso, ambos son víctimas de un ser más poderoso. Así que la relación entre el protagonista y su dragón es de colaboración. Uno aprende del otro y saca ventaja de lo que el otro sabe.  No es únicamente el dragón quien se entrena. Lo hace también el hombre. Y por ello la película no tiene como tema la guerra y la superioridad, sino el aprendizaje, el conocimiento del otro, que es siempre, también, conocimiento de uno mismo: de los miedos, las limitaciones, y las propias virtudes. No es, pues, una película sobre el dominio de unos sobre otros, sino del valor del conocimiento mutuo para, a un tiempo, liberarse e integrarse. Cómo entrenar a tu dragón es, me parece, una película sobre la liberación por el conocimiento y la colaboración.
Este contraste entre una y otra, sin embargo, se agudiza, en cuanto a la integridad del héroe. En Avatar, el protagonista, lisiado en el inicio, alcanza al final un cuerpo íntegro y perfecto aunque sea solo un avatar. Tiene una epifanía espiritual mediante el sometimiento del otro. En Cómo entrenar a tu dragón, el cuerpo íntegro del protagonista terminará mutilado: la imperfección es el precio de conocerse a sí mismo.
A mi interpretación del Cómo entrenar a tu dragón se le podría objetar que en realidad se trata de una película sobre cómo domesticar dragones. Pero me temo que no. Como lo sabe muy bien Ged el archimago de Terramar, los dragones no se domestican. 

Guía de Perplejos

Una nueva sumergida en la biblioteca me llevó al encuentro de un libro de Fernando Salemerón, La filosofía y las actitudes morales, publicado por primera vez por siglo XXI en 1971 y reeditado en 1978. Es un texto extraño y un tanto atípico formado por tres distintos ensayos al rededor de la investigación filosófica. De uno de ellos, “Filosofía, Ciencia y Sociedad”, escrito para un encuentro sobre el papel de la ciencia y la tecnología en el desarrollo económico de México en 1967, tomo un texto en el que se traza una retrato de la investigación filosófica en México entonces, y un programa para su desarrollo. En él aparece de nuevo el tema de la desatención a la filosofía en México, pero también un programa para la profesionalización de la filosofía y que enfatiza su necesaria orientación hacia la ciencia.

Al comentario

 

Comentario de Carlos Vargas al texto de Fernando Salemerón.

Fernando Salmerón.

Del fortalecimiento de la investigación filosófica

Durante los últimos sesenta años han dominado la vida académica de México algunas de las corrientes filosóficas menos favorables al desarrollo de la investigación científica, no sólo por sus métodos peculiares, sino sobre todo por su temática, muy alejada de los problemas filosóficos que surgen de la marcha de la ciencia…
Existen ahora ciertas condiciones que no se daban tan claramente hace algunos años, y estas condiciones hacen posible el fortalecimiento de la investigación filosófica en aquellos campos cercanos al trabajo de las ciencias que son las que interesan en este ensayo. Desde luego, el estudio de la lógica moderna y el de las corrientes filosóficas contemporáneas que mantienen un nivel científico se ha convertido en el punto de mayor atracción para los grupos más distinguidos de las nuevas promociones surgidas en nuestras escuelas de filosofía. Se trata de un esfuerzo inicial, que no por modesto carece de importancia y que de alguna manera se puede interpretar como respuesta al estímulo derivado del trabajo de los científicos mexicanos que en los últimos años han logrado triunfos de cierta resonancia en sus disciplinas particulares.
A este cambio de actitud en las nuevas generaciones filosóficas no son ajenas, por supuesto, las publicaciones del Seminario de Problemas Científicos y Filosóficos y del Centro de Estudios Filosóficos, ahora Instituto de Investigaciones filosóficas, de la Universidad Nacional. Ambas series de publicaciones han contribuido a crear un clima propicio para la colaboración de científicos y filósofos.
La necesidad de esta colaboración se ha hecho patente también a niveles institucionales. En 1962 la Universidad Veracruzana estableció la Escuela de Física y Matemáticas dentro de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias, poniendo en práctica, acaso en forma prematura, las carreras mixtas que conducirían al estudiante a una formación filosófica, simultáneamente a su preparación en otra disciplina científica. La reforma que la Universidad Nacional puso en práctica el año de 1967 para la Facultad de Filosofía y Letras se encuentra en la misma línea al diversificar la formación del estudiante en varios campos de trabajo filosófico bien delimitados –lógica y epistemología; historia de la filosofía, estética e historia del arte; ética y filosofía de las ciencias sociales- que obligan al alumno a ligar su preparación filosófica con una determinada área de conocimientos científicos particulares.
Ni las escuelas ni los institutos de ciencias ni los institutos tecnológicos han dado pruebas todavía de abrir su atención a los problemas filosóficos….
A pesar de las condiciones favorables, el desarrollo de los estudios filosóficos tropieza en México con serios obstáculos. Aunque la filosofía no exige disponer de instalaciones especiales ni de equipos costosos –salvo la existencia de buenas bibliotecas-, reclama como cualquier ciencia su institucionalización como parte de la estructura social en organismos que garanticen la libre investigación. Además, el progreso de la investigación filosófica exige, tal vez de una manera más acentuada que la ciencia, un conjunto de requisitos culturales bajo la forma de un estado adecuado de conocimientos, que a su vez se apoye en una tradición cultural de base más amplia. Y los avances serán más seguros mientras más fácil y directa sea la vinculación de la filosofía con la marcha de las ciencias y mientras mejor se cultive la línea más viva y más rigurosa de la propia tradición cultural.
Las recomendaciones que pueden hacerse en relación con el fortalecimiento de la enseñanza y de la investigación filosófica pueden agruparse en torno a tres cuestiones que en verdad son inseparables: las que se refieren propiamente a los organismos que participan en la investigación; las que se refieren a la docencia en cuanto preparación del personal para incrementar y mantener aquellos organismo, y las acciones aisladas que vendrían a reforzar momentáneamente las tareas anteriores y sus actividades de difusión.
Si nos atenemos al volumen de las publicaciones y al número de personas dedicadas íntegramente a la tarea, podemos decir que en México la investigación filosófica se lleva a cabo casi exclusivamente en dos instituciones: el Instituto de Investigaciones Filosóficas y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Pueden citarse también otras facultades de la misma Universidad, la de Derecho y la de Ciencias Políticas que trabajan en el campo de la filosofía sus respectivas áreas especializadas, y un par de universidades de provincia que en los últimos años mostraron cierta actividad, Jalapa y Monterrey. Pero existen además El colegio de México y el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, en que se hace investigación filosófica a pesar de que no poseen departamentos ni escuelas de filosofía a nivel superior –en instituciones privadas, en escuelas normales superiores, en universidades de provincia-, pero a uzgar por las publicaciones no se hace en ellas investigación.
Frente a este panorama verdaderamente desolador, lo primero que se ocurre como medida aconsejable es la creación de nuevos centros que aumente la densidad y la potencialidad de la actividad filosófica. A largo plazo ésta puede ser una medida indispensable para mantener una relación de equilibrio entre la investigación filosófica y el desarrollo de las ciencias, que además de tener repercusiones favorables en los diversos niveles de la enseñanza superior hará posible la participación de nuestro país en la vida filosófica internacional. Sin embargo, el primer paso deberá ser el fortalecimiento de las estructuras existentes, mejorando cuanto sea posible los niveles de trabajo académico en aquellos sitios en que ya está funcionando aunque sea con un mínimo de eficacia.
Tratándose de nuevos centros, la localización es en verdad un punto decisivo. Nuevas cátedras o nuevos departamentos deben abrirse solamente en aquellas instituciones de alto nivel que pueden ofrecer puntos de apoyo en la enseñanza y en la investigación científica. Las escuelas y los institutos de ciencias, los institutos tecnológicos y el propio Colegio de México serían los lugares adecuados para el establecimiento, en cada caso de acuerdo con las condiciones propias, por ejemplo, de cátedras o departamentos de lógica, epistemología o filosofía de las ciencias sociales…
Pero todo lo anterior supone el problema de la preparación de investigadores y maestros de alto nivel, que se encargue de incrementar las labores actuales, es decir, no sólo de mantener la organización sino de preparar a los sucesores y a los fundadores de otros centros.
Entre nosotros, la preparación de un maestro productivo o de un investigador en filosofía requiere más años de lo que normalmente se supone. Las experiencias más recientes permiten afirmar que, después del paso pro la facultad que lleva al grado de licenciado en unos cuatro años, son indispensables los cursos y seminarios de posgradudado, bajo la guía de un buen maestro que sepa ayudar en la investigación y en la práctica docente a nivel de facultad, tareas que en conjunto pueden llevar a otros dos o tres años. Y después de esto todavía resulta aconsejable hacer estudios en alguna universidad extranjera que, cuando incluyen la obtención de un doctorado, suelen durar otros cuarto años. Esto no excluye, desde luego, la excepción a la regla del estudiante a media autodidacta que en determinadas condiciones puede saltar algunas etapas. Pero, de todas manera, contribuye a explicar que en una actividad tan falta de estímulos como es la docencia o la investigación en filosofía el número de los que alcanzan la meta señalada es verdaderamente escaso.
Sin entrar a otro tipo de problemas, que están a la espera de un estudio detenido… es indiscutible que un plan de becas adecuado, es decir, orientado generosamente a campos tradicionalmente desatendidos como la filosofía, puede ser decisivo para la formación de nuevos profesores…
Es necesario advertir, sin embargo, que en este tipo de recomendaciones no consideramos los problemas complejos que afectan a la enseñanza superior en todas sus especialidades, si se la contempla en escala nacional. Baste declarar solamente que los programas de becas para la preparación de profesores, como todas las disposiciones relativas a la docencia –designación, promoción, escalafón académico, etcétera- permanecen como soluciones parciales mientras no puedan operar a nivel nacional y dar protección al profesorado de carrera de todas las instituciones de enseñanza superior…
Finalmente, debemos decir que también es útil toda acción aislada y a corto plazo que se proponga simplemente reforzar las investigaciones filosóficas o la difusión de los resultados mediante la edición de libros y revistas especializadas. El incremento de las bibliotecas y de su funcionamiento eficaz. La invitación sistemática a profesores extranjeros para enseñar y colaborar en los trabaos de los organismos nacionales… en una palabra, el estímulo a todo intento serio por dar a la filosofía el nivel de profesionalismo que requiere el desarrollo de las ciencias en nuestro país, y el sentido de actualidad que permita a los profesores mexicanos participar en la actividad filosófica internacional y colaborar en el avance de los conocimientos.

Fernando Salmerón. La filosofía y las actitudes morales. Siglo XIX, segunda edición 1978. pp 98 a104.

Comentario

Más que una reflexión sobre la filosofía y la filosofía en México, el texto de Salmerón parece más bien un programa que se plantea a futuro el desarrollo de la filosofía, en el ámbito institucional y profesional. Solo que, claramente, se propone el desarrollo de un cierto tipo de reflexión: la ligada directamente al desarrollo de la ciencia. Pero más allá de esa visión programática de la filosofía en un de sus ramales, el texto aporta otros datos sobre la situación de la filosofía en México. Primero, el número de centros en el que se lleva a cabo: la UNAM, Veracruz y Monterrey, después la carencia de programas de formación, pero sobre todo, de estudios de posgrado que considera algo que de manera particular debe desarrollar el filósofo.
El retrato hecho por Fernando Salmerón en 1967 nos permite hoy no sólo ver cómo el programa de la filosofía de la ciencia se ha desarrollado con éxito, al menos dentro del ámbito de la filosofía, pero sobre todo y sorpresivamente, del éxito en el crecimiento y en la expansión del estudio de la filosofía en México.
Este dato es el que, me parece, resulta más revelador frente a la crisis de significación y relevancia de la filosofía en México, pues ya no son sólo cuatro centros dónde se produce reflexión filosófica sino muchos más, no únicamente en la ciudad de México, sino también en los estados. A pesar de las crisis, y de un país que naufraga, sobre todo en materia educativa, la reflexión filosófica ha crecido. El hecho confunde y pone en alerta: ¿Qué significa exactamente que sean más los centros y las instituciones en que se hace filosofía? ¿Es que, en efecto, la filosofía ha cobrado más importancia, se ha vuelta de cierto modo más vigorosa?
Es, por supuesto, difícil saberlo. Pero sorprende que, en lugar de estar mermar, la filosofía parece tener un curioso vigor. Un rasgo cultural –peculiar- que quizás explique la reacción contra la decisión de la SEP.

 

Porno para plantas

Encontré la historia de Jon Keats, productor de programas de televisión para plantas, en el número del 15 de marzo de The New Yorker. Leerlo me despertó la misma ilusión que me despertó la primera vez Ghostbusters: imaginar un trabajo cuyo objeto fuera completamente fantástico. 
Amante del Club de los negocios rarosde Chesterton, me interesa sobre todo la paradoja de un mainstream que sirve para formar una periferia, donde los instrumentos primarios del mundo mediático (o de la ciencia, como enGhostbuster) son puestos al servicio de una actividad absurda, carente de sentido, que aparece como un acto destinado a desmontar la lógica del sistema. En el fondo, no importa que Jon Keats se vea a sí mismo como un honrado miembro del status quo, con una misión noble; tampoco importa que su visión del porno para las plantas o de la televisión de viajes para ellas, sea ingenua y claramente antropocéntrica. Al contrario, precisamente por ello, por ser alguien que parece representar como nadie los valores al uso en nuestra sociedad: porno, televisión, ecología, interés por los seres no humanos, libre mercado, éxito (está en The New Yorker), representa tan bien la profunda contradicción del sistema en que nos movemos.

 

 

Bright Ideas
Plant TV
Adam Gopnik
The New Yorker March 15, 2010


Jon Keats –that really is his given name- has mastered an expression so sincere that one begins to suspect him of irony. With that look embossed on his face, he explained to a visitor, the other day, that television for plants was an extension of an earlier project to make pornography for plants. “Pornography is where every filmmaker starts out”, he said evenly, “and in my case I was making pornography for plants by filming bees pollinating flowers”. There were two different shows of plants porn: one in Chico, California, for about a hundred rhododendrons, and one at Montana State University, for as many zinias. “I knew that the act of pollination was the most titillating experience for plants”, Keats said. “So I spend a couple of days on the ground, seeing how light and shadow were experienced from their perspective. Once I had a very stark black-and-white image sun up high, bees flying by. I let people stand at the periphery and giggle nervously.”
He continued, “So I decided to go on to other plants subjects, and to me the subject that would be most interesting to plants is travel. Plants don’t get to go anywhere. They’re rooted in the ground. But if you’re plant you’re not going to get excited about Eiffel Tower –instead, you’re going to be excited about the sky”.
Keats filmed an Italian sky over two months. “We know that plants experience light very differently in different parts of the spectrum,” he said. “Both NASA and the Soviet-ers agronomy schools studied this problem closely, because of their interest in how to grow plants in space or indoors in Siberia. I wanted to think of it not as manipulation of plants but as entertainment and edification for them. I knew that they could experience color, and –knowing that where you are in the world will have a great effect on what color relationships you experience -I wanted to bring that whole specific set of color experiences to plants, which would otherwise never bee able to get to Italy.” (Keats also included jet trails in the video, because “I didn’t want to be to pastoral. I didn’t want to idealize Italy for the plants. These are travel documentaries, not advertisements to get plants to travel.”