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Leer profano I: Monadología

cropped-leibniz_monadology_22Con todos esos recuentos al final del año, se me ocurrió en diciembre comenzar una serie de post sobre los libros de filosofía que más me gustan.  No son aquellos de mayor importancia filosófica o de alguna forma relevantes para mi formación personal, sino esos cuya lectura más he disfrutado, ya sea porque son divertidos, despertaron mi imaginación, o provocaron un entusiasmo del que aun no me libero. Leer filosofía puede ser un asunto profano, desprovisto de toda esa presunción de inteligencia que los rodea y muy grato si uno accede al texto con un poco de ingenuidad y sin prejuicios. De esos libros escribiré ahora -tres meses después de lo previsto, solo por compartir el dulce goce que aun me provocan.

Comenzaré con un libro cuya lectura ha sido uno de mis mayores gozos: la Monadología de Leibiniz. Un curioso y brevísimo tratado sobre metafísica donde aparece uno de los seres fantásticos creados por los filósofos que más aprecio: la mónada. Así, con acento.

Descrita y definida de muchas formas, como una sustancia simple, es decir, “sin partes”, una entelequia, un “autómata incorpóreo”, la mónada es el centro y el objeto último del texto, como lo es del universo. Vista sin prestar especial atención a los razonamientos filosóficos, la Monadología puede ser leído como una perfecta obra de ficción que describe un mundo formado a partir de unos seres diminutos, impenetrables,  desde los cuales se construye todo y en los cuales, además, está contenido todo.

La peculiar, y yo diría fantástica, en el mejor sentido de la palabra, construcción del mundo que Leibiniz elabora a partir de la mónada, desemboca en  la tesis de que este es el mejor de todo los mundos posibles. Una idea de la que Voltaire, en Cándido, no dejará de burlarse sin piedad.

Lo más grato es que Leibiniz explora ese mundo dónde “el alma no cambia de cuerpo sino poco a poco y por grados, de tal manera que nunca se ve despojada de pronto de todos sus órganos; y hay frecuentemente metamorfosis en los animales, pero nunca Metempsicosis ni transmigración de las almas; no hay tampoco almas separadas por completo, ni Genios sin cuerpo. Sólo Dios está enteramente desprovisto de él.

La monadología fue escrita en francés por Leibiniz en Viena entre 1712 y 1714, poco antes de su muerte en 1716. Aunque el original está en francés, se publica por primera vez en alemán en 1720 con el titulo de Lehrsätze über die Monadologie.  la versión original aparecería hasta un siglo después, en 1840.

 

 

 

 

 

 

 

Odisea, volver a ella, descubrirla por primera vez

OdiseaMi relación con la Odisea de Homero es antigua, y más estrecha que la que tengo con la Ilíada o cualquier otro libro, con excepción de Moby Dick. De niño, antes incluso de haberla leído alguna vez, jugaba a ella en el patio de la escuela primara.

Con barcos improvisados con la imaginación, enfrentábamos al Cíclope y a las Sirenas, gracias al entusiasmo de un amigo, Martín Coronel, que la conocía y nos la imponía a todos. Recuerdo que llevamos el juego tan lejos, que terminamos por hacer una obra de teatro para la que construimos un –quiero pensar- enorme barco, cuya silueta recortamos en papel manila, que pegamos en una estructura de madera, con la que lo cargábamos los que navegábamos en él.

Después, por supuesto, la leí una de las tantas versiones para niños. Creo haber visto en unos maratones dominicales de cine que pasaba el canal 5, la película en la que Kirk Duglas es Ulises, pero en realidad, siempre ignorante aun de tantas cosas, asumí que la película de Jasón y los argonautas, era una versión de la Odisea mucho más divertida, porque prolongaba las partes que me gustaban.

En la secundaria la leí por obligación en la versión de Porrúa y busqué y revisaré más ediciones. Con el tiempo, la leí a mis hijos, los extractos de Lecturas clásicas para niños (el libro que publicara Vasconcelos) que se reimprimió en 1984.

En los días previos a salir de vacaciones, la UNAM puso en circulación una nueva versión de la Odisea realizada por Pedro C. Tapia Zúñiga. Es una versión rítmica en verso, que fui a comprar en cuanto me enteré. Fue mi lectura decembrina, y aunque no he terminado aun de leerla, al escribir estas líneas estoy por terminar el canto XIX, no quise dejar de hacer esta entrada.

Confieso mi asombro. Esta versión me está dejando la sensación de que, como dice José Molina en su reseña, estoy leyendo por primera vez la Odisea. No es solo es la certeza de que la traducción se aproxima mucho a la forma original de los versos homéricos, sino sobre todo la claridad de un lenguaje que resulta familiar. Uno en que se respetan las formas poéticas –por ejemplo, la repetición de las fórmulas: “el paciente, noble Odiseo”, “la prudente Penélope”- pero sin hacerlas extrañas a nuestra comprensión, lo que genera el efecto de una cercanía que no suele existir en las traducciones que se pretenden eruditas que utilizan todo, menos un lenguaje cotidiano. Un abismo, pues, entre esta versión de la Odisea y la muy imaginativa (y ajena) versión de la Ilíada de Bonifaz Nuño para la misma colección.

Comprendo ahora, con más claridad que antes, la importancia de la traducción. Lo decisivo que es para la formación de la cultura en una lengua. Por eso estoy convencido de que esta traducción será decisiva para dar nueva vida a la Odisea en México y en lengua castellana.

 

Ficino equivocado

Este blog se ha empeñado desde hace tiempo en relatar con un poco de retraso las novedades. Lo que es absurdo, lo reconozco. Pero que considero posible si pensamos que la filosofía es atemporal, por lo que todo, en todo momento es siempre una novedad.

Confortado por eso, comencé hace un par de semanas la lectura del Comentario al Parménides de Marsilio Ficino, elegantemente traducida y editada por Maude Vanhaelen para The I Tatti Renaissance Library de la Universidad de Harvard, y editada en el 2012. Lo hice leyendo en primer lugar la introducción, con el entusiasmo de quien recibe por primera vez el Corpus Hermeticum.

Me sorprendió negativamente, sin embargo, la forma en que Vanhaelen describe a Ficino como lector de Proclo, Plotino y Platón. Pueden ser meros detalles, pero por ejemplo dice: “Thanks to Ficino, Plato’s Parmenides continued to be read through Neoplatonic lenses for nearly five centuries, until modern scholars started to distinguish the meaning of the Platonic original form that of its Neoplatonic commentators.” (p. xiv) La afirmación parece inocente y corresponderse con la verdad salvo por el “original form”, que es una formula idealista -hay un sentido “original” del texto platónico que podemos reconstruir (nosotros, no Ficino)- que convierte a Ficino en el propagador de un “falso” Platón, y que denota, a mi juicio una fuerte falta de perspectiva histórica. En todo caso, la forma original de Platón sería una construcción del pensamiento moderno, como sin duda lo fue también el Platón transmitido por los platónicos. Pero el contraste de la lectura que Ficino hace de los platónicos, frente a la lectura que los académicos hacen de Platón, Proclo y  Plotino, es una constante con la que Vanhaelen parece advertir: “cuidado, Ficino no entiende lo que nosotros”.

En otro pasaje afirma que “Ficino is by no means a professor of philosophy like Proclus”, por lo que, según Maude Vanhaelen, Ficino “sees little utility in establishing a philosophical system like Proculus and teaching pupils the different steps in the explication of the text (p. xvi)”. En la Introducción no aclara cuál es la relación con la filosofía que Vanhaelen atribuye a Ficino y si por enseñanza de la filosofía entiende únicamente la explicación de un sistema. Pero el texto deja sentir una cierta tendencia a no concebir a Ficino como un filósofo justamente por su interés superior por la interpretación, en lugar de la exposición dialéctica, y por su afición a la mística y la teurgia, en lugar de la física.

La presentación de Maude Vanhaelen tiene, pues, el problema de abordar a Ficino desde una perspectiva donde aparece como un mal interprete de Platón y de Proclo, con poco interés por la filosofía. Una imagen que me cuesta compartir, por razones que van desde el modo de aproximarse a la historia de la filosofía, como mi interés por no establecer, sobre los filósofos antiguos, el molde de la filosofía académica contemporánea como la única legítima.

Pero más allá de estas diferencias, me parece que el texto ofrece una interesante aproximación al Comentario al Parménides. En especial destaca el análisis del Comentario como el lugar en que Ficino confronta a Pico y las críticas que en De ente et uno éste le dirige. No sólo el tema ha sido ya abordado antes por Vanhelen en un artículo, sino que aquí es puntualizado y enriquecido con la traducción misma del comentario.

Cantus Circaeus. Arte de la memoria para todos

Captura de pantalla 2013-12-08 a la(s) 20.11.47De todos los libros que Giordano Bruno escribió sobre el Arte de la memoria, el Cantus Circaeus es probablemente el más accesible. Sin duda es un texto teóricamente menos complejo que otros como De umbris idearum, Ars reminiscendi Triginta sigilli, el Sigila Sigilorum o De imaginum compositione y, desde el punto de vista de la exposición, es muchísimo menos barroco y enredado. Esto es así, en parte, porque a diferencia de los otros textos sobre el Arte de la memoria, en este Bruno expone únicamente las técnicas más tradicionales del arte, las que provienen del ad herennium, y evita presentarlas junto con las técnicas del arte mnemotécnico de Ramón Llull, como ocurre en otros tratados. Esto hace que el Cantus tenga, dentro del contexto de la obra de Bruno, un interés singular porque clarifica algunas de las técnicas, su fundamento teórico y su uso, como no lo hace de manera tan puntual en otras. Como se trata además de una de sus primeros escritos, fue puesto en en circulación en 1582, junto con otros tres tratados menemotécnicos y la comedia el Candelaio, esta versión simplificada del arte ayudaría a comprender mejor las formas más complejas que le da Bruno, así como su sentido más llano, menos filosófico.

Por el momento no parece existir una versión en español de la obra, que se puede encontrar fácilmente en en latín, tanto en la versión referida de Gallica, como la de  Twilit Grotto o  la de la Biblioteca Ideale di Giordano Bruno. Yo leí esta semana la versión en inglés, The incantations of Circe traducida por Darius Klein (si tal personaje existe) y publicada por Ouroboros Press. No se trata de una publicación académica, tiene una presentación sencilla y carece de notas y observaciones, no es bilingüe y en, general, no ofrece otra cosa mas que la traducción. No juzgo ésta, que probablemente no sea de lo más depurada. En todo caso, es una versión más o menos accesible para quienes se interesan por esta obra de Bruno y me parece, una muy buena introducción al tema general del Arte de la memoria en el pensamiento del nolano.

 

Cómo enseñamos filosofía

El mes de junio fui invitado por la Coordinación Sectorial de Desarrollo Académico de la Subsecretaría de Educación Media Superior de la Secretaría de Educación Pública a impartir una serie de conferencias a grupos de docentes del bachillerato tecnológico, en el marco de un taller de capacitación que debían tomar con el fin de prepararlos para impartir la clase de lógica que, en el marco de la Reforma Integral de la Educación Media Superior y los acuerdos por los que se integran las materias de filosofía al bachillerato tecnológico, comenzarán a impartir a partir de agosto de este año.

Para mi plática decidí abordar una cuestión que siempre me ha resultado conflictiva: que enseñamos filosofía como un esfuerzo de traslado y reconstrucción, como un intento de transportar la filosofía en su conjunto y con su historia, para reconstruirlo. Manteniendo Y este esfuerzo, que es el de los primeros maestros de filosofía en la Nueva España, no parece haber cambiado ni en su espíritu ni en su metodología durante siglos hasta, quizás, y solo quizás, la agitación creada por la amenaza de suprimir la filosofía.

Ya comenté en otro momento la experiencia de participar en esos talleres. Sumamente enriquecedores. Aquí, solo dejo el video y la presentación que utilicé, para mi reflexión.

El video de la conferencia

La presentación

El autor digital

Estoy escribiendo sobre el libro electrónico, con la idea de ofrecer respuesta a algunas de las preguntas básicas que cualquiera pudiera estar haciéndose sobre éste. Tanto a Isabel Galina, junto con la quien estoy escribiendo sobre esto, como a mi, nos pareció que el mundo editorial, pero particularmente la academia hispanoparlante, está comenzando a pensar en el libro electrónico como el futuro del libro, sin tener muy claro que es y cuales son las cuestiones asociadas con la llegada de ese tipo de publicación digital y, por lo tanto, cuáles podrían ser las estrategias más convenientes para ser utilizado en beneficio de la comunicación académica.

Uno de los apartados sobre los que investigo se refiere a cómo es el autor de los libros electrónicos y si este sería diferente a al autor de los libros actuales. La primera idea, por supuesto, es que ser autor de un libro digital es lo mismo que ser autor de un libro electrónico. Actualmente esa simultaneidad se da y parece que se prolongará todavía un tiempo, aunque ya comience a haber autores exclusivamente digitales. El problema, sin embargo, no consiste sólo en el hecho de que se sea autor de libro electrónico, sino de la forma en que ha cambiado la noción de autoría la existencia de una gran variedad de publicaciones electrónicas: desde el simple correo electrónico, al blog, la wiki y una largo etcétera.

El problema de la autoría digital y del autor digital, es que se inserta en la transformación de los medios de producción y distribución del texto, que definen un nuevo campo a partir del cual autor y autoría comienzan a discutirse y transformarse.

Muchas de las reflexiones sobre el autor digital parten del texto de Foucault ¿Qué es un autor? Para señalar que el libro en papel lleva implícita una cierta relación del autor con el texto, que se modifica cuando el texto es digital.

A primera vista, como recoge Siân Bayne, lo primero que parece verse afectado por la distribución digital del texto y por la facilidad de su reproducción es la autoridad del autor como fuente de valor. ¿De quién es el texto? Parece una pregunta cada vez  menos relevante en el mundo de internet, pues el vínculo del texto con el nombre de un autor puede romperse en cualquier momento, ya sea para perderse o para confundirse con el de otro. La pérdida de autoridad del autor es consecuencia de esta relación menos estrecha entre el nombre del autor y el texto. El texto digital, para Mark Poster, es más independiente de quién lo escribe y, en esa medida, hay una “rearticulation of the author from the center of the text to its margins, from the source of meaning to an offering, a point in a sequence of continuously transformed matrix of signification”.

No es esta, sin embargo, la única razón por la que la autoridad del autor se ha ido transformando. Para Kathleen Fitzpatrick al menos estas tres características del texto digital “commenting, linking, and versioning —produce texts that are no longer discrete or static, but that live and develop as part of a network of other such texts, among which ideas flow.“

Ya aquí había escrito sobre lo difícil que es establecer un texto en el mundo digital. Estos están llenos de versiones no solo textuales, también auditivas y visuales, en las que en ocasiones es difícil discernir los comentarios y los vínculos como parte o no del texto del que se trata.

Todos estos son fenómenos cambian lo que es el autor y lo que es la obra, incluso en el caso de publicaciones “más cuidadas” como los libros digitales. En su base, un libro digital no es más que un xml guardado en un zip y abierto de cierta forma por un software a partir de ciertos comandos para su representación en la pantalla, y puede contener todos los elementos y las características de cualquier publicación digital: desde links hasta comentarios, y hoy la posibilidad de socializar la lectura. Elementos todos que cambian la experiencia de ser en nuestros días un autor.

Anima y iPad

Anima ed iPad de Maruizio Ferraris no es nuevo (2011) pero apenas cayó en mis manos. Se trata, si hay que describirlo en una sola frase, de una reflexión sobre el alma que emerge con la aparición de un dispositivo tecnológico como el iPad. La tesis que está a la base de esta reflexión es simple: “la letra es la condición de posibilidad del espíritu” (p 13) y si eso es así, “un ser humano que no poseyera lenguaje, ni hábitos ni memoria; que estuviera privado de inscripciones y de documentos, dificilmente podría cultivar intenciones, sentimientos y aspiraciones sociales.”  (p 11) Es decir, dificilmente podría ser humano. Es a partir de esta consideración que Ferraris valora al iPad como un instrumento que introduce, sobre la base de simbolizar una nueva forma de inscripción y documentalidad, y por lo tanto de memoria, un nuevo oden social: el de la “società della registrazione”, que es claramente distinta a aquella que impulsó el “triunfo de la comunicación oral a través de la radio, la televisión y el teléfono” (p 23).

Fundado en estas premisas, Ferraris explora las características de este nuevo orden social, sus implicaciones, sus posibilidades, sus aberraciones. Quizás lo más interesante, más allá de las valoraciones específicas de lo que implica la repetición como principio de cultura, la imposibilidad de borrar todo rastro, como  la posibilidad de dejar el rastro de  toda una vida, y con ello posibilidad de permanencia de los muertos a través de la inscripción y la documentación, es el énfasis puesto en una sociedad cuya cultura está basada en la memoria. Memoria que, sin embargo, considera  siguiendo un modelo muy antiguo, como la permanecia de lo verdadero, frente a la fantasía que sería la construcción de lo falso. Una idea discutible, cuando se ha mostrado de muchas maneras, El archivo de Egipto de Leonardo Sciascia incluido, que la memoria es también constantemente alterada y ajustada, y que le impede comprender la cultura contemporánea no sólo como un modelo de registro y repetición, sino como de repetición y alteración. La de la inscripción y documentación de las variaciones, y no sólo de la repetición.

En todo caso, un texto interesante que toma la metáfora de la tablilla de barro que usa Platón para caracterizar el alma, para convertirla en un iPad.

Maurizio Ferraris. Anima e ipad. Ed. Guadana, colección Biblioteca della Fenice. ebook 2011

 

Esa extraña relación de los filósofos con su historia

Los filósofos han hecho su historia de una forma que hay que observar con incredulidad y suspicacia. En principio han fijado su atención de manera predominante en la adscripción de los pensamientos (ese complejo amasijo de ideas, conceptos, reflexiones, que se asumen vertidos en textos), a sus autores. De ahí, han pasado a generar identidades –la filosofía platónica, el epicureísmo, el neoplatonismo, la filosofía kantiana, etcétera- que funcionan como acontecimientos históricos únicamente porque son dados en función de la vida de un autor y no en su formación como identidades, pues estas parecen habitar una suerte de presente continuo, en el cual se mantienen aparentemente sin cambios a lo largo de los siglos y permiten el imaginario de “un diálogo siempre vivo” con los autores y sus ideas. Así, por ejemplo, Juliana González se propone que:

El pasado puede importar así –y de hecho importa realmente- por lo que nos dice a nosotros, a la vida de hoy. Pero no nos significaría nada tampoco, no nos ofrecería nada nuevo, si lo que “nos dice” no fuera también verdad suya, y si no hubiera asimismo una apertura nuestra, si no saltáramos también por encima de nuestro tiempo y circunstancia hacia su efectiva alteridad. Sólo entonces somos afectados y fecundados por las creaciones pretéritas, ampliándose nuestro propio horizonte temporal. Nos enriquecemos en y por las diferencias, a la vez que consolidamos las intrínsecas semejanzas y la íntima vinculación de los tiempos. Reconocemos con ello nuestra efectiva permanencia histórica por la cual  (como lo sabe la conciencia dialéctica desde Heráclito) somos y no somos los mismos, cambiamos y permanecemos a la vez.

¿Cómo explicarse de otro modo la inagotable vigencia de las obras clásicas que con nuevas y perennes significaciones nutren todas las edades? ¿Cómo explicarla si no es por esa decisiva inter-penetración de los tiempos, por la cual el pasado y el presente se condicionan y esclarecen recíprocamente?

Esta dicotomía, por la cual, las ideas filosóficas tiene una historicidad dada por la temporalidad de sus autores y una fluida continuidad por virtud de la verdad que transportan, crean la falsa impresión de que las ideas mismas no tienen historia. Que viajan por el tiempo incorruptibles, sin agotarse nunca, sin cambiar de rostro, sin apenas alterarse. Las ideas platónicas, el imperativo kantiano, la dialéctica hegeliana, el placer epicúreo y tantas, tantas otras ideas, seguirían un transcurso estable, inmutable, perenne, siempre idénticas a sí mismas.

Para esta historia de la filosofía, las épocas constituyen también una identidad formada a partir del predominio de ciertas ideas, que definen su carácter. En Luis Villoro, por ejemplo:

Las ideas básicas que caracterizan una época señalan la manera como el mundo entero se configura ante el hombre. Condensa, por lo tanto, lo que podríamos llamar una “figura del mundo”. Una figura del mundo empieza a brotar lentamente, en el seno de la anterior. Primero es patrimonio exclusivo de unos cuantos, luego se va poco a poco generalizando hasta convertirse en el marco incuestionable de la época. Una vez que se ha vuelto predominante, si algunos empiezan a impugnarla, puede tratarse de resistencias del pasado o de fenómenos disruptivos pasajeros, pero puede ser anuncio también del ocaso de la época. Porque una época histórica dura lo que dura la primacía de su figura del mundo.

Con las épocas ocurre, pues, lo mismo que con las ideas filosóficas. Están atadas a la temporalidad por los autores que las encarnan, pero permanecen unidas al limbo de la atemporalidad porque conservan el carácter verdadero de un periodo determinado. Así, la antigüedad tardía, la escolástica, el racionalismo, la ilustración, son identidades meta-históricas por las que se conjuntan las ideas de los hombres que viven en un momento determinado y con los que podemos dialogar como si “saltáramos desde nuestro tiempo”.

Esta extraña relación que ha querido mantener la filosofía con su historia, por la cual se mira dentro y fuera del cause del tiempo, obedece por supuesto a una forma de pensar la historia y una manera de concebir la filosofía. A final de cuentas, lo mismo las ideas platónicas –como el término que describe una forma de concebir a las ideas por Platón- , que la Edad Media –como la categoría histórica que describe un periodo determinado de tiempo- son objetos históricos. Tienen, pues, una historia y ésta es reveladora de la contingencia que le da cuerpo a cada una de esas identidades en el tiempo. Muestra la imposibilidad de fijar un pensamiento ya sea de un autor o de una época, en una identidad inamovible, pues esa identidad está sujeta al paso del tiempo. Una historia de la historia de la filosofía, y un recuento histórico de sus objetos más comunes, es todavía una tarea pendiente.

Proyecto de investigación: Cuerpo, escritura y género

En diciembre del año pasado el Conacyt me avisó que mi proyecto de investigación conjunto con Clara Inés Ramírez del IISUE había recibido un importante monto de financiamiento para ser desarrollado a lo largo de los próximos tres años. Aunque nunca antes he hecho pública las características de un proyecto como este, más por omisión que por una decisión razonada, he decidido hacerlo ahora precisamente porque es un proyecto sobre Humanidades Digitales, que parte de la premisa de que la colaboración es relevante y que, por lo mismo, puede ser de interés para muchos.

 

Proyecto de investigación

Cuerpo, escritura y género. Marcadores para el análisis digital de textos.

Nuestra propuesta es utilizar una metodología desarrollada en el ámbito del cómputo, para aplicarla en la
investigación en las humanidades. En este sentido, el proyecto parte de una pregunta de investigación propia de las
humanidades: ¿cuáles son las diferencias de género en el discurso sobre el cuerpo de hombres y mujeres en el
mundo novohispano? Y a ella buscamos responder generando marcadores XML (tags), sobre la base del sistema TEI
Lite de la Text Encoding Iniciative
(un estándar utilizado por la comunidad de investigación en humanidades digitales), para identificar, interpretar y recuperar automáticamente, al procesar digitalmente los documentos, las variantes de género en el discurso sobre el cuerpo en obras novohispanas. Nuestro corpus de investigación esta formado por dos colecciones académicas ya establecidas y en crecimiento: una sobre la escritura de las mujeres, desarrollada por el Seminario de escritos de Mujeres del Instituto de Investigaciones Sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, y otra de textos astrológico/astronómicos escritos por hombres, desarrollado por la Biblioteca Digital del Pensamiento Novohispano, un proyecto de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que en conjunto conforman un fondo inicial de 20 obras para su marcado y su estudio. El desarrollo del proyecto contempla cuatro etapas fundamentales. La primera es la generación de los marcadores con los cuales identificar en los textos las variantes de género en el discurso sobre el cuerpo. La segunda consiste, propiamente, en el marcado de los textos con las categorías creadas. En la tercera, los textos maracados son procesados para indexar automáticamente: a) Los pasajes en que se habla del cuerpo por género, b) Los términos de la retórica sobre el cuerpo por género y c) las partes del cuerpo a las que cada género alude. Finalmente, en la última etapa se sistematiza la información obtenida y se identifican los hallazgos tanto cualitativos como cuantitativos, relativos a la ocurrencia de ciertos términos. Los resultados obtenidos se presentaran en articulos individuales a lo largo del proyecto, y en la elaboración de un libro colectivo en la etapa final del mismo. La hipótesis general del proyecto es que la generación de marcas adecuadas y el procesamiento digital de los textos, ofrecen datos fundamentales para investigar en humanidades, pero sobre todo, permiten ampliar los propósitos y las dimensiones del campo de estudio y búsqueda, que las técnicas tradicionales de lectura de textos, no permitirían. En este sentido, para el caso de nuestra investigación, la creación de marcas para distinguir las diferencias entre las retoricas masculinas y femeninas sobre el cuerpo humano en los siglos XVI al XVIII, harán posible manejar un conjunto de cuerpos textuales amplios, que de otra forma difícilmente podríamos trabajar.