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Vincular al humanista con la tecnología

Voy a aprovechar que me pusieron a hablar en primer lugar para romper con el tono de la mesa antes de que mis dos acompañantes, Nicole y Enrique, le den el carácter que en realidad debe tener. Pero yo quiero aprovechar el espacio que significa venir aquí a celebrar a Juliana González no para hablarles del pasado, aunque lo haré de cierta forma, sino para hablarles del porvenir.

Quienes hacemos filosofía hoy, pero en general, quienes cultivamos las humanidades, estamos viviendo un periodo de profunda perturbación que deberá terminar por cambiar de manera radical el modo y la manera en que somos humanistas. Son varias las cosas que están ocurriendo. Por un lado, está el paulatino descrédito social al que han sido sometidas las humanidades y, en especial, la filosofía. Hoy domina una corriente de pensamiento que otorga poco valor al conocimiento humanista y que entiende que aquella fórmula por la cual las humanidades definían su saber como desinteresado, ha terminado por hacerlas poco interesantes.

A la par que esto ocurre, las humanidades, fundadas en la preservación del saber, han quedado atrapadas en formas y procedimiento académicos anacrónico que las han aislado dentro y fuera de la academia. Quiero pensar que es difícil para las humanidades (y para muchos  humanistas) darse cuenta que han dejado de ser el peldaño más alto de la escalera, la sabiduría de todas las sabidurías, y han preferido quedarse donde están, haciendo como si no pasara nada, añorando un pasado que siempre fue mejor.

Pero sobre todo, hay una revolución tecnológica en curso que esta alterando el corazón mismo de las humanidades –el texto- y que al hacerlo están exigiendo de los humanistas un actitud bien distinta para afrontar el reto que ese cambio significa, no sólo pensándolo sino entendiendo que con él es necesario modificar muchas prácticas. Voy a dedicar mi intervención a hablar de lo que ese cambio implica o debería implicar en la ética del humanista y la critica que encierra a las formas en que hoy se hace la filosofía. Para hacerlo voy a recurrir a una anécdota personal y después iré directo a lo que me preocupa.

Cuando yo estaba un poco más allá de la mitad de la carrera de filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras, había logrado evitar tomar clase con alguna de las vacas sagradas que entonces pastaban en sus aulas, y de las que conscientemente huía como de la peste. Pero Juliana estaba dando un curso sobre Freud que parecía ser muy diferente a cualquier otro curso que hubiera en el programa por el tema, que me interesaba especialmente, y por lo heterodoxo que –aunque hoy por supuesto no lo parezca en absoluto- en ese momento sí que lo era. Así que me armé de valor, respiré hondo, y el primer día me fui a colocar en la última fila del salón más grande que había en la Facultad y que por supuesto estaba a reventar de miembros de su séquito, admiradores, estudiantes entusiastas, colados y quien sabe quién más. Juliana comenzó a hablar con esa voz poderosa y dramática que le conocemos, con un cuaderno en la mano que traía prolijamente anotado, y me sentí transportado a un lugar donde el pasado clásico, el pensamiento de principios de siglo y el presente se fundían y cobraban un sentido que difícilmente me podía yo imaginar. Si, aquello fue amor a primera vista.

 

Comprendí entonces que había una cierta forma de enlazar el pasado y el presente. La antigüedad clásica y la reflexión psicoanalítica, que me hizo ver el pasado con otros ojos: no sólo como propiamente pasado, sino como un legado que siempre está puesto en juego en el presente.

A partir de entonces mi amor por ella no ha hecho más que florecer. Pero mentiría si dijera que lo nuestro ha estado libre de nubarrones y tormentas. No les referiré escenas de celos, gritos o reproches. Sólo les diré que un día, Juliana comenzó a interesarse por la bioética. La verdad es que a pesar de su entusiasmo y su elocuencia, a mi la bioética no me despertaba ninguna curiosidad. Yo estaba entonces más cercano a Ficino y Pico, y a la familia platónica, y no fui capaz de comprender entonces hacia dónde se movía Juliana y porqué constituía un desafío a ciertas normas comúnmente aceptadas de la filosofía. No estaba seguro siquiera de querer compartir ese desafío.

Tuvieron que pasar muchos años –yo diría que hasta casi el día de este homenaje-, y que yo me involucrara en las humanidades digitales, para que me diera cuenta que Juliana había de cierto modo abierto el paso al futuro. Si, Juliana, ese oscuro episodio de nuestro pasado puede darse ya por superado.

Pero ¿a que futuro abrió la puerta?

Me parece que al iniciar su trabajo de interés filosófico e institucional por la bioética, comenzó a hacer que la filosofía dialogara de manera horizontal con otras disciplinas, sin colocarse en una posición de autoridad sino de igualdad, lo que todos sabemos que no es fácil, ni para la filósofa en este caso, ni para los demás. Nos mostró que podía aprender –y de hecho debía aprender de esas otras disciplinas lo suficiente para poder conversar con ellas con algún sentido. Nos enseñó que en ese diálogo interdisciplinar es complejo, lleno de renuncias y aprendizajes, y de soberbias, humildades y un sin fin de vericuetos. Pero también que en él hay que participar con lo que somos y sabemos los filósofos: en particular el hacer pertinente, en la coyuntura más contemporánea, la herencia de nuestra formación clásica. El vincular, pues, el saber humanístico con las urgencias de nuestros tiempos. Hacer irrumpir, casi como una impertinencia, la meditación detenida y ponderada, que no mira unívocamente al presente o al futuro, sino que va y vuelve todo el tiempo. Pero también, abrió la puerta a entender que la filosofía no puede ser indiferente al acontecimiento tecnológico, por mucho que no cuente con las herramientas y el conocimiento pleno para comprender cómo operan esas tecnologías.

Hoy, esta puerta abierta por Juliana, no ha hecho sino confirmarse. Cada vez más, las humanidades tienen que adaptarse a un dialogo horizontal e igualitario con otras disciplinas, particularmente las técnicas que han sido puestas tradicionalmente como las antípodas de las humanidades todas. Pues nosotros, los humanistas, tan lejanos de ese fatigoso mundo del trabajo manual y de las técnicas, y ellos tan próximos a ellas, tenemos que aprender a convivir y compartir un espacio que nos es ajeno a ambos.

Mencionaba al principio la existencia de una revolución tecnológica que está tocando el corazón de las humanidades: el texto. Es una revolución que comenzó de manera silenciosa hace cerca de ochenta años cuando en 1940 el padre Roberto Busa, un sacerdote jesuita –obviamente un medievalista- se propuso utilizar una computadora IBM –de las que ocupaban varias habitaciones y funcionaban con tarjetas- para procesar toda la obra de Santo Tomas de Aquino y generar de manera automática las concordancias de su obra. Es decir, utilizo una computadora para hacer un estudio filológico de la obra de un filósofo medieval. Así o mas paradójico.

Por la misma época, Vannevar Bush, un ingeniero que participó en el desarrollo de la bomba atómica, describió en un artículo el Memex. Un dispositivo electrónico, imaginario entonces, para el archivo y la lectura de textos. La incorporación de pantallas a las computadoras en los años sesentas, y la aparición del proyecto Gutemberg de Michael Hart en 1971, pionero en la digitalización de textos, comenzaron a darle cuerpo a aquella fantasía ideada por Bush. Ambos trabajos apuntaban a transformar el texto para poder obtener de él algo que, por otros medios, resultaba mucho más difícil, si no es que imposible. Lo que hoy vivimos es solo la gran consecuencia de estas ideas pioneras que comenzaron a utilizar o idearon el uso de metodologías e instrumentos computacionales en las humanidades.

Eso son hoy, en buena medida las humanidades digitales. La aplicación de una amplia gama de métodos e instrumentos computacionales para estudiar los temas y los problemas de las humanidades. Por supuesto, hay un debate abierto sobre qué son las humanidades digitales. Se discute si trata de un campo o de muchos, de una mera incorporación de instrumentos o de la transformación de los métodos utilizados en las humanidades. Y se les cuestiona muchas cosas, de si ofrecen realmente un conocimiento diferente al de las humanidades no digitales, o si son la versión neoliberal de las humanidades.

En el corazón de esos debates está la gestación de un nuevo perfil del humanista. De cómo vamos a hacer en el futuro. Porque pase lo que pase, no seremos iguales a como somos. Simplemente, ya no producimos, sino texto digital.

Pero veamos a qué me refiero. El primer aspecto, que ya estaba presente en ese giro hacia la bioética de Juliana que ya hemos examinado, es la vinculación del humanista con la tecnología. Sólo que aquí esa vinculación es todavía más próxima al punto de que quizás, no muy lejos en el futuro, los propios humanistas desarrollen tecnología. Un cambio de papeles, un giro. Eso implica que hay un amplio espectro de nuevos conocimientos que hoy no integran al humanista, pero que poco a poco lo irán integrando. Esta integración no está exenta de ciertos compromisos del humanista, en primer lugar con el conocimiento abierto y accesible. La digitalización ha puesto en crisis los monopolios del saber que son los grandes corporativos de revistas académicas y los sistemas de indexación, que ejercen un control efectivo sobre el acceso al conocimiento. Sobre todo en países como el nuestro que han apostado desde hace mucho por el conocimiento abierto, este compromiso es fundamental.

Junto con él está necesariamente el compromiso con el trabajo colaborativo. El trabajo del humanista digital no puede ser aislado ni absolutamente personal pues necesariamente es resultado de un trabajo amplio de colaboración con especialistas de otras disciplinas y otras áreas para hacer posible cualquier proyecto. Esto es algo inusualmente nuevo para una idea decimonónica del humanista que produce grandes obras a partir de su solo ingenio, y que desde la soledad de su despacho revoluciona el mundo. De nuevo lo que ya no había enseñado Juliana: que el humanista tiene que dialogar de igual con otras disciplinas y más allá, que tiene que aprender a construir en conjunto. Vivimos un momento que se parece en parte al gran momento de la enciclopedia, ese increíble artefacto de la cultura humanística que urdía de forma extraordinaria el trabajo individual de egos superlativos, en un proyecto común y colaborativo, que en realidad, no era de ninguno de ellos.

Para terminar, que hay una última responsabilidad: la de transmitir y conservar el legado cultural y las lenguas. Estamos en un momento que es un parteaguas como el de Gutenberg. Hay cosas que pueden perderse para siempre si no transitan al mundo digital, como antes lo hicieron al papel. Entre ellas no sólo están los textos, las imágenes, los sonidos, los videos. Están las lenguas. En las tecnologías digitales, también hay una extraordinaria concentración de poder en una zona del mundo y en un idioma predominante.

Juliana: yo quiero celebrarte, celebrar todas tu décadas pensando en lo que vendrá. Pues uno de tus legados más valiosos ha sido siempre el de abrir horizontes y el de invitarnos a  asomarnos a su abismo, con un fuerte compromiso moral.

Texto escrito para el Homenaje a Juliana González Valenzuela 10 octubre de 2016

Para el homenaje, también hicimos una Ráfaga de Pensamiento

Hugo Hiriart y Fragmentos del diario de un filósofo

En la semana fui a un examen de doctorado de una querida amiga mía. Entre los asistentes se encontraba Hugo Hiriart, uno de los escritores mexicanos que más admiro por su ingenio y capacidad creativa. Formado como filósofo, pero sobre todo literato y dramaturgo, Hugo Hiriart nos ha regalado ensayos, novelas obras de teatro y tratados filosóficos que no tienen desperdicio.

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Con el recuerdo de haberlo visto en el examen, decidí buscar algo suyo para leerlo y hacer una Ráfaga de Pensamiento. Me encontré con este fragmento del diario de un filósofo, que bien podría haber mi diario, dado mi interes por Ficino y por Pico, pero que en todo caso refleja muy bien una impresión de ser filósofo en México: vivir en un mundo que se toca, apenas, con el de la calle.

Los dejo con él.

 

Hugo Hiriart. Fragmentos del diario de un filósofo.

“El hombre, definió el neoplatónico renacentista Marsilio Ficino, es alma racional que participa de la inteligencia de Dios, pero que se sirve de un cuerpo.” Así, frente a mi, al mando de un carro semejante en la forma al de helados, pero cuyo fondo eran hotogs, estaba una criatura de estas capaces de participar del intellectus divinus. Esta entidad gemía extrañamente mientras hundía la cuchara en el pote de mostaza y la desparramaba sobre la salchicha. Percibí inmediatamente que entre suspiros miraba con atención algo situado detrás de mí (a mi dorso), así que, mordisqueado el hotdog que acababa de perfeccionarme el suspirante con unos chiles, me volví en intento de capturar el objeto de sus quejas: podría ser una de cuatro sustancias (en el sentido aristotélico del término): un perro resultante de apareamientos azarosos y careciente de señor, un camión recolector de basura, un individuo parecido a Kant cuando ya lo había atacado la idiocia o una criatura análoga a un macetón que ostentaba los atributos desbocados de la llamada Venus de Willendorf. A fin de resolver la cuestión dispuse de la astucia pragmática de seguir la como pista la mirada de ese “centro del universo” del que hablara Pico della Mirandola en su inmortal Oratio de homninis dignitate, y pude verificar que el objeto de su visión era la mujer cuya índole antropométrica se relacionaba impúdicamente con lo esférico –aunque, en verdad, se quedaba muy lejos de la suprema perfección de ese maravilloso que es tangente al plano sólo en un punto-. Ella era la causa (en sentido lato) de sus gemidos. Mire aquello que podíamos determinar metafóricamente como pelota y me dije a los oídos del alma (dianoia): “así que era eso, la lujuria, lo que hace presa de este desdichado arrastrándolo a la bestialidad. Recordé que tártaro (o hades, voz griega para nuestro infierno) parece provenir de una palabra que significa perturbar; y, en efecto,  el homo sapiens aquél era el viviente cuadro clínico del perturbado rodando por la pendiente de su fisiología, regodeándose en su facultad de procreación (potentia generations), aplastado en el alma inferior (anima secunda). En esa mediación me hallaba, cuando la masa de materia –tendida ella misma entre el ángel y el animal- realizó un movimiento de torsión, volvió la cabeza, prendió al expendedor de alimentos y con toda su boca generable y corruptible, sonrió. El abismo llama al abismo –por medio de insinuaciones y caricias-. La perturbación del infeliz creció hasta el paroxismo: su enajenación era tal que no acertaba a condimentar el segundo hotdog que mi golosinear exigía. La voluntad de la especia, desde sus pantanos remisos a la inteligencia, pugnaba por expresarse traduciéndose (por decirlo así) en actos aún más intencionados y distinguibles. El desenlace de este nudo dramático hay que atribuirlo al deus ex machina que significó la patencia de un taxi: la pródiga dama lo abordó toda ella (que ya es decir) hecha un nudo de dificultades y resoplidos, no sin antes practicar otra irresponsable torsión acompañada de sonrisa. La carne es triste: el esclavo de las pasiones exhaló bufidos melancólico y lastimeros, hizo caer una lluvia desproporcionada de cebolla sobre el pan caliente y, entre el infinito pasado e infinito porvenir, me preguntó (cómplice, intersubjetivamente) “¿La vio, la vio?, y todavía alzó la cara para estar en posibilidad de memorar cómo se alejó aquella sonriente res extensa. “La desesperación, recordé que dice Hegel, es la última manifestación de la soberbia.” Tranquilizado por el aforismo acabé de engullir mi manjar.

Tomado de Hugo Hiriart. Disertación sobre las telarañas. Martin Casillas editores, México 1980

 

Cadena áurea. Una nueva aventura de difusión de la filosofía

A veces el azar -si es que existe- parece conducir a conjunciones perfectas. Fue gracias a un amigo en común que conocí a Alejandro Martinez Gallardo, editor de Pijama Surf y apasionado del conocimiento hermético, alquímico y neoplatónico. Lo que comenzó como una conversación terminó como una idea. Qué tal si nos metíamos a grabar algunas conversaciones de nuestro entusiasmo común, el hermetismo, el neoplatonismo, la alquimia, la magia y ofrecíamos un acercamiento a todo ello a un publico abierto, interesado como nosotros en esos temas. Y así fue como nació Cadena Áurea, que todavía es un experimento, un entusiasmo, pero que poco a poco, se está convirtiendo en algo más, que es posible gracias también a la complicidad de Ignacio Bazán, productor de todos los episodios, como lo es también de las Ráfagas de pensamiento.

Por lo pronto, aquí puedes leer una presentación de lo que es Cadena Áurea.

Los episodios no están disponibles de manera pública por ahora, pero si tienes interés por alguno te lo podemos hacer llegar. Solo escríbeme un correo a través de esta página.

Introducción a la investigación filosófica

Introducción a la investigación filosófica

Este curso aspira a ser una introducción a los métodos y técnicas de investigación académica, aplicadas al campo de la filosofía. El énfasis estará puesto en el conocimiento de las diferentes herramientas textuales y computacionales que pueden ser utilizadas para el desarrollo del pensamiento filosófico. El interés fundamental de curso es dotar a los alumnos de las herramientas académicas para poder desarrollar una investigación con apego a los criterios formales exigidos en la Facultad de Filosofía y Letras. En este sentido, al final del curso el alumno será capaz de identificar las diversas técnicas de escritura filosófica, los distintos modelos de lectura y análisis, así como las diferentes metodologías de trabajo con herramientas computacionales, desde el uso de los repositorios digitales, las bases de datos de revistas, los sistemas de gestión de referencias bibliográficas, las herramientas de escritura y la utilización de software especializado.

El programa aquí

 

Lecturas

Derrida. Diferencia.

Agamben. Qué es un campo.

Hulzs. Sócrates y el oráculo de Delfos. 

González Valero. Sobre las identidades narrativas.

Priani Saisó. Del enigma a la pregunta

 

Además

Cómo redactar un artículo científico.

 

Recursos

Recursos para investigadores

 

Herramientas

Zotero

Gestionar bibliografía.

Mendeley

Trabajar con PDF y gestionar subrayados y anotaciones.

Herramientas para hacer citas

Evernote

Para hacer notas.

Dropbox

Para manejar y compartir archivos

Wonderlist

Para levar una lista de tareas

SlideShare

Para compartir presentaciones, pero también para encontrar otras sobre el tema

Diigo

Para gestionar sitios y publicaciones en internet. Guardar subrayados en esos sitios y gestionarlos.

 

 

 

No es necesario merecer la felicidad

Leo Profanaciones de Giorgio Agamben. Me encuentro con un párrafo que me desarma:

Contra esta sabiduría infantil que afirma que la felicidad no es algo que pueda merecerse, la moral ha levantado desde siempre su obsesión. Y lo ha hecho con las palabras del filósofo que menos que cualquier otro ha entendido la diferencia entre vivir dignamente y vivir feliz. “Aquello que en ti tiende con ardor a la felicidad”, escribe Kant, “es la inclinación; aquello que después somete esta inclinación a la condición de que tu debes primero ser digno de la felicidad, es tu razón”. Pero una felicidad de la cual pudiéramos ser dignos nosotros (o el niño en nosotros), no sabemos en realidad cómo construirla. Qué desastre que se ame a una muchacha porque lo merecemos! Y qué aburrida la felicidad como premio o recompensa a un trabajo bien hecho!

Confieso que me desarma porque (quizás como muchos) de manera por lo demás irreflexiva, he creído que la felicidad es un merecimiento. Y si no lo es, ¿cómo separamos el campo de la moral y de la felicidad? Habrá que reaprender a vivir…

 

Problemas de historia de la filosofía 2016-1

Este semestre volveré a impartir Problemas de Historia de la Filosofía. Esta vez, sin embargo, daré un giro a lo que he venido trabajando. El planteamiento de este curso es abordar la tradición de reflexión sobre los sueños, y por supuesto, los sueños mismos. A continuación una breve descripción del curso.

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Los sueños han sido, desde la antigüedad, uno de los temas recurrentes de reflexión filosófica. Desde los textos fundacionales de Aristóteles, Artemidoro y Sinesio, sobre la naturaleza de los sueños y su interpretación, hasta las reflexiones más resientes sobre el sueño, lo mismo en la esfera del psicoanálisis como, en general de la cultura, la historia de los sueños y la historia de la filosofía, han recorrido un camino paralelo. El presente curso busca introducir al alumno en una posible historia de los sueños, mediante el examen de las teorías filosóficas sobre los sueños, así como el examen concreto de los sueños documentados en la época. Se busca un diálogo entre la reflexión y la visión onírica, para que el estudiante sea capaz de analizar los dos aspectos del problema de la reflexión sobre los sueños: su carácter teórico y la forma en que permea o no, la experiencia onírica.

El curso está planteado en dos semestres y tiene una clara orientación a la investigación. Pues lo alumnos deberán llevar a cabo un proyecto de investigación, documentación y análisis de sueños. Este primer semestre, el curso contempla de la antigüedad al renacimiento.

Aquí el programa del curso: Programa de historia de la filosofía

Aristóteles. Sobre los sueños

Sinesio y Artemidoro

Cardano. Sobre los sueños 

 

 

Resultados

Sueños evaluación

 

 

Wittgestein Jr. y el sentido de la filosofía

Hace unos días terminé de leer la novela de Lars Iyer, Wittgestein Jr. publicado en inglés por Melville House. La descubrí leyendo una reseña de The Thelegraph, mientras buscaba qué leer. El título de la novela, como la descripción de su -podríamos decir- no trama, hizo que me interesara en ella. Wittgestein es una figura que ha dado lugar a muchas novelas con anterioridad. Desde el El caso del anillo de los filósofos, de Randall Colins, un caso de Sherlock Holmes en donde el conocido filósofo desaparece de Cambridge, hasta A philosophical Investigation, the Philip Kerr, una novela futurista de detectives donde, el filósofo ha ocupado la imaginación de muchos. Curiosamente, en ninguna de las novelas se había intentado dar cuerpo a una reflexión sobre la filosofía, sino mas bien utilizar el ícono para crear al rededor de él situaciones de ficción.

La novela de Lars Iyer es otra cosa. Iyers es un profesor de filosofía en inglaterra, y ha utilizado su literatura para satirizar la vida académica. Y así parece hacerlo también en Wittgestein Jr. Sin embargo, a pesar de hacer mofa de lo absurdo que pueden llegar a ser las clases de filosofía y el ambiente en la Universidad de Cambridge, Iyers va construyendo una reflexión sobre el porvenir de la filosofía.

A quien sus alumnos apodan Wittgestein Jr. es un exagerado representante de la casta de los filósofos. A él lo escuchamos afirmar sentencias cada vez más oscuras, mientras sus alumnos son la voz a través de la cual entramos a su casa, lo miramos, sabemos algo de él, y poco a poco comenzamos, si no a entenderlo, si a enamorarnos de este personaje que es, al mismo tiempo absurdo, anacrónico, incomprensible, pero también empecinado, sincero, de muchas formas frágil e indefenso.

Al final, me quedé con la idea de que la filosofía se parece mucho a él. Que mirada desde fuera, y más si es mirada desde fuera de las humanidades, se ve precisamente así. Es difícil saber si Wittgestein Jr. es el canto a un ocaso o una reivindicación de la filosofía, frente a un mundo que no la comprende. En todo caso, se lee con facilidad y te envuelve en el misterio de aquel que busca la verdad con el más imperfecto de los instrumentos: la razón.

Una ética en siete idiomas

Esta semana encontré por casualidad una edición electrónica de la Etica de Spinoza muy interesante coordinada por Julien Gautier. Por su estructura, organizada a parir de axiomas, proposiciones y demostraciones, relacionados de distintas maneras entre sí, la Etica de Spinoza es una obra muy propicia para aprovechar todas las posibilidades de na edición electrónica. Y así ocurre en esta edición , pues además de la transcripción completa de la obra en latin un sitio fácilmente navegable, cuenta con siete versiones a otros idiomas: francés (tres versiones diferentes), inglés, español, alemán, italiano, holandés, ruso, y permite la comparación de las versiones en los distintos idiomas.

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Además cuentra con tres herramientas de búsqueda, una general, una por proposiciones y una que ofrece los “Ancestros” de las proposiciones en cada uno de los idiomas. Posee también un Tesauro que se forma de manera colaborativa cada vez que alguien realiza una búsqueda específica, de modo que se forma a partir de los intereses de quienes consultan el sitio, y una sinopsis. Lo único que se echa de menos es una documentación del sitio, es decir, una descripción de las intenciones, la fuente del texto latino utilizado, los criterios de traducción, los criterios para el modelo digital. Es decir, una presentación a partir de la cual se pueda valorar mejor el trabajo hecho.

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Sin duda un trabajo bien hecho, que debe ser una herramienta muy útil para quienes trabajan Spinoza. Valioso, particularmente, el trabajo multilingue, que requiere de un esfuerzo muy amplio de voluntad y colaboración para lograrlo.

 

 

Jano, una colección de traducciones y ensayos

En México, en el campo académico, se traduce muy poco y, de hecho, muy poca filosofía. Esto desde siempre, pero ahora quizás más porque las políticas de evaluación académica no reconocen y, en algunos casos, parece que castigan la traducción como parte del trabajo académico. Por supuesto, todo ello ha hecho que se dependa de las traducciones norteamericanas, inglesas y, en castellano, las españolas o argentinas, que siguen sus propias tradiciones e intereses. Se produce así, en muchos casos, una fractura entre lo que se estudia y lo que los alumnos o el público general pueden leer, aislando aun más el trabajo académico de la cultura. Lo ideal, por supuesto, sería lo contrario, una dinámica virtuosa, por que lo es, entre el trabajo de investigación y la puesta a disposición de los textos filosóficos sobre los que se trabaja.

Quienes trabajamos en el área de la historia de la filosofía, y en particular, de la historia de la filosofía medieval y renacentista, sufrimos quizás con mayor fuerza esa fractura. Lo que estudiamos no está a disposición de un público más amplio. Y eso profundiza la sensación de aislamiento y la imposibilidad de revertirlo.

Desde hace tiempo vengo trabajando en la consolidación de un grupo, el Grupo Académico Marsilio Ficino, que se ha ocupado lo mismo que de investigar sobre el pensamiento de autores como Ficino y Pico, como por hacer traducciones de sus obras. Después de varios años de trabajo, y luego de conversar con Editorial Bonilla Artigas y Kubikpress, iniciamos una colección de traducciones de libros de filosofía medieval y renacentista, y ensayos académicos sobre los mismo, como libros electrónicos, porque pensamos que es un formato de más alcance, para una comunidad que no necesariamente es muy amplía, pero que puede ampliarse con el tiempo, y como una forma de salvar la distancia entre lo que estudiamos y lo que está a disposición de todos.

La colección se llama Jano, porque la queríamos bifronte, lo mismo para traducciones, que para ensayos. El primer libro de la colección es un traducción de los opúsculos de Marsilio Ficino De sole y De Lumine, dos textos importantes para entender la metafísica de la luz de Ficino, hechas por Alejandro Flores, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, dedicado al estudio del renacimiento, en especial Ficino y Giordano Bruno. Esta obra ya puede ser adquirida en línea, aquí.

Pronto a esta le seguirá un libro de ensayos sobre el problema de la Eternidad del Mundo de la antigüedad tardía al Renacimiento y otro sobre el alma, la traducción del Commento supra una canzione di amore de Pico de la Mirandola y la correspondencia entre Ficino y Pico.

El horóscopo de Platón

 

La Historia de la Filosofía en ocho partes de Thomas Stanley es la primera obra que lleva ese título y que dará nacimiento a la producción de un género literario/histórico/filosófico que, como bien se sabe, llega hasta nuestros días. Stanley no es filósofo, sino un abogado con inquietudes literarias, lo que dice mucho acerca del origen no académico de la que ha sido la forma más consolidada de transmisión de la filosofía. Mi interés en esta obra proviene de mis inquietudes más generales por la historiografía de la historia de la filosofía y por la forma cómo se estructuran las herramientas que a la larga darán lugar a nuestros instrumentos para conocer el pasado filosófico.

En el seminario que imparto en la Maestría en Filosofía de la UNAM estamos examinando cómo se trasmite la vida de Platón a partir de la traducción de la Vida de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio en el Renacimiento, particularmente en dos autores, Stanley y Brucker. Al estudiar el capítulo dedicado a Platón, encontramos que, para establecer el día y la fecha de nacimiento de Platón, Stanley presenta la versión que Ficino ofrece del horóscopo de Platón hecho por Fírmico Materno en su Mathesis.

Aquí la versión del horóscopo de Platón en Stanley. Historia de la Filosofía en ocho libros. Parte quinta, Capítulo primero, página 4.

 

Horóscopo de Platón
Horóscopo de Platón en Stanley. Historia de la Filosofía en ocho libros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta se corresponde, como puede verse, a la que hace Marsilio Ficino en la Vida de Platón (Tomado de Marsilio Ficino. Scritti sull’astologia. Biblioteca Universale Rizzoli. Milano 1999. A cura di Ornella Pompeo Faracovi, 254)

El horóscopo de Platón por Marsilio Ficino
El horóscopo de Platón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Firmico, en realidad, escribe el horóscopo en prosa.

Si horoscopus in Aquario fuerit inventus, et in parte horoscopi Mars et Mercurius et Venus sint partiliter collocati, in occasu vero Iuppiter os Leonis habeat signum, tin anafora horoscopi Sol constitutus signum Piscium teneat, Luna vero in Geminis collocata, et in quinto geniturae loco constituta, horoscopum trigonica radiatione respiciat, et Saturnus nonum ab horoscopo <locum> tenens in Librae sit signo constitutus, haec genitura divinarum et caelestium institutionum reddit interpretem, qui docili sermone et divini ingenii potestate conpositus, <et> caelesti quodammodo institutione formatus, vera disputationum licentia ad omnia secreta divinitatis accedat. Haec genitura Platonis fuisse suggeritur.

Firmico Materno. Mathesis. Libro VI. Cap. XXX (The Latin text is that of the critical edition by Wilhelm Kroll (1869‑1939) and Franz Skutsch (1865‑1912), published by B. G. Teubner, 1897 and 1913.)

Si el ascendente está en Acuario, y Marte, Mercurio y Venus están en conjunción en ese grado; Júpiter está en el descendente en Leo, el Sol se encuentra en la anafora del ascendente en Piscis, la Luna se encuentra en la quinta casa en Géminis, en trígono con el Ascendente y Saturno está en la novena casa en Libra esta carta produce un intérprete de las cosas divinas y celestiales. Posee una combinación de discurso aprendido y la inteligencia divina y es entrenado por algún tipo de poder divino para dar la verdadera expresión de todos los secretos de la divinidad. Esta carta se dice que ha sido la de Platón.

Firmico Materno. Mathesis. Libro VI. Cap. XXX. Traducción realizada por AstroChart.org

Es interesante que Stanley utilice el horóscopo de Fírmico, recibido a través de Ficino (a quién ciertamente no refiere), como herramienta para definir la fecha de nacimiento de Platón y resolver algunas controversias, pues indica, primero, que el horóscopo puede servir de fuente, es decir, s le da crédito,  y en este sentido, se utiliza críticamente para contrastarlo con otras fuentes. Lo que revela el carácter a la vez escéptico y crédulo de esta historia de la filosofía.