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Guía de Perplejos

Una nueva sumergida en la biblioteca me llevó al encuentro de un libro de Fernando Salemerón, La filosofía y las actitudes morales, publicado por primera vez por siglo XXI en 1971 y reeditado en 1978. Es un texto extraño y un tanto atípico formado por tres distintos ensayos al rededor de la investigación filosófica. De uno de ellos, “Filosofía, Ciencia y Sociedad”, escrito para un encuentro sobre el papel de la ciencia y la tecnología en el desarrollo económico de México en 1967, tomo un texto en el que se traza una retrato de la investigación filosófica en México entonces, y un programa para su desarrollo. En él aparece de nuevo el tema de la desatención a la filosofía en México, pero también un programa para la profesionalización de la filosofía y que enfatiza su necesaria orientación hacia la ciencia.

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Comentario de Carlos Vargas al texto de Fernando Salemerón.

Fernando Salmerón.

Del fortalecimiento de la investigación filosófica

Durante los últimos sesenta años han dominado la vida académica de México algunas de las corrientes filosóficas menos favorables al desarrollo de la investigación científica, no sólo por sus métodos peculiares, sino sobre todo por su temática, muy alejada de los problemas filosóficos que surgen de la marcha de la ciencia…
Existen ahora ciertas condiciones que no se daban tan claramente hace algunos años, y estas condiciones hacen posible el fortalecimiento de la investigación filosófica en aquellos campos cercanos al trabajo de las ciencias que son las que interesan en este ensayo. Desde luego, el estudio de la lógica moderna y el de las corrientes filosóficas contemporáneas que mantienen un nivel científico se ha convertido en el punto de mayor atracción para los grupos más distinguidos de las nuevas promociones surgidas en nuestras escuelas de filosofía. Se trata de un esfuerzo inicial, que no por modesto carece de importancia y que de alguna manera se puede interpretar como respuesta al estímulo derivado del trabajo de los científicos mexicanos que en los últimos años han logrado triunfos de cierta resonancia en sus disciplinas particulares.
A este cambio de actitud en las nuevas generaciones filosóficas no son ajenas, por supuesto, las publicaciones del Seminario de Problemas Científicos y Filosóficos y del Centro de Estudios Filosóficos, ahora Instituto de Investigaciones filosóficas, de la Universidad Nacional. Ambas series de publicaciones han contribuido a crear un clima propicio para la colaboración de científicos y filósofos.
La necesidad de esta colaboración se ha hecho patente también a niveles institucionales. En 1962 la Universidad Veracruzana estableció la Escuela de Física y Matemáticas dentro de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias, poniendo en práctica, acaso en forma prematura, las carreras mixtas que conducirían al estudiante a una formación filosófica, simultáneamente a su preparación en otra disciplina científica. La reforma que la Universidad Nacional puso en práctica el año de 1967 para la Facultad de Filosofía y Letras se encuentra en la misma línea al diversificar la formación del estudiante en varios campos de trabajo filosófico bien delimitados –lógica y epistemología; historia de la filosofía, estética e historia del arte; ética y filosofía de las ciencias sociales- que obligan al alumno a ligar su preparación filosófica con una determinada área de conocimientos científicos particulares.
Ni las escuelas ni los institutos de ciencias ni los institutos tecnológicos han dado pruebas todavía de abrir su atención a los problemas filosóficos….
A pesar de las condiciones favorables, el desarrollo de los estudios filosóficos tropieza en México con serios obstáculos. Aunque la filosofía no exige disponer de instalaciones especiales ni de equipos costosos –salvo la existencia de buenas bibliotecas-, reclama como cualquier ciencia su institucionalización como parte de la estructura social en organismos que garanticen la libre investigación. Además, el progreso de la investigación filosófica exige, tal vez de una manera más acentuada que la ciencia, un conjunto de requisitos culturales bajo la forma de un estado adecuado de conocimientos, que a su vez se apoye en una tradición cultural de base más amplia. Y los avances serán más seguros mientras más fácil y directa sea la vinculación de la filosofía con la marcha de las ciencias y mientras mejor se cultive la línea más viva y más rigurosa de la propia tradición cultural.
Las recomendaciones que pueden hacerse en relación con el fortalecimiento de la enseñanza y de la investigación filosófica pueden agruparse en torno a tres cuestiones que en verdad son inseparables: las que se refieren propiamente a los organismos que participan en la investigación; las que se refieren a la docencia en cuanto preparación del personal para incrementar y mantener aquellos organismo, y las acciones aisladas que vendrían a reforzar momentáneamente las tareas anteriores y sus actividades de difusión.
Si nos atenemos al volumen de las publicaciones y al número de personas dedicadas íntegramente a la tarea, podemos decir que en México la investigación filosófica se lleva a cabo casi exclusivamente en dos instituciones: el Instituto de Investigaciones Filosóficas y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Pueden citarse también otras facultades de la misma Universidad, la de Derecho y la de Ciencias Políticas que trabajan en el campo de la filosofía sus respectivas áreas especializadas, y un par de universidades de provincia que en los últimos años mostraron cierta actividad, Jalapa y Monterrey. Pero existen además El colegio de México y el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, en que se hace investigación filosófica a pesar de que no poseen departamentos ni escuelas de filosofía a nivel superior –en instituciones privadas, en escuelas normales superiores, en universidades de provincia-, pero a uzgar por las publicaciones no se hace en ellas investigación.
Frente a este panorama verdaderamente desolador, lo primero que se ocurre como medida aconsejable es la creación de nuevos centros que aumente la densidad y la potencialidad de la actividad filosófica. A largo plazo ésta puede ser una medida indispensable para mantener una relación de equilibrio entre la investigación filosófica y el desarrollo de las ciencias, que además de tener repercusiones favorables en los diversos niveles de la enseñanza superior hará posible la participación de nuestro país en la vida filosófica internacional. Sin embargo, el primer paso deberá ser el fortalecimiento de las estructuras existentes, mejorando cuanto sea posible los niveles de trabajo académico en aquellos sitios en que ya está funcionando aunque sea con un mínimo de eficacia.
Tratándose de nuevos centros, la localización es en verdad un punto decisivo. Nuevas cátedras o nuevos departamentos deben abrirse solamente en aquellas instituciones de alto nivel que pueden ofrecer puntos de apoyo en la enseñanza y en la investigación científica. Las escuelas y los institutos de ciencias, los institutos tecnológicos y el propio Colegio de México serían los lugares adecuados para el establecimiento, en cada caso de acuerdo con las condiciones propias, por ejemplo, de cátedras o departamentos de lógica, epistemología o filosofía de las ciencias sociales…
Pero todo lo anterior supone el problema de la preparación de investigadores y maestros de alto nivel, que se encargue de incrementar las labores actuales, es decir, no sólo de mantener la organización sino de preparar a los sucesores y a los fundadores de otros centros.
Entre nosotros, la preparación de un maestro productivo o de un investigador en filosofía requiere más años de lo que normalmente se supone. Las experiencias más recientes permiten afirmar que, después del paso pro la facultad que lleva al grado de licenciado en unos cuatro años, son indispensables los cursos y seminarios de posgradudado, bajo la guía de un buen maestro que sepa ayudar en la investigación y en la práctica docente a nivel de facultad, tareas que en conjunto pueden llevar a otros dos o tres años. Y después de esto todavía resulta aconsejable hacer estudios en alguna universidad extranjera que, cuando incluyen la obtención de un doctorado, suelen durar otros cuarto años. Esto no excluye, desde luego, la excepción a la regla del estudiante a media autodidacta que en determinadas condiciones puede saltar algunas etapas. Pero, de todas manera, contribuye a explicar que en una actividad tan falta de estímulos como es la docencia o la investigación en filosofía el número de los que alcanzan la meta señalada es verdaderamente escaso.
Sin entrar a otro tipo de problemas, que están a la espera de un estudio detenido… es indiscutible que un plan de becas adecuado, es decir, orientado generosamente a campos tradicionalmente desatendidos como la filosofía, puede ser decisivo para la formación de nuevos profesores…
Es necesario advertir, sin embargo, que en este tipo de recomendaciones no consideramos los problemas complejos que afectan a la enseñanza superior en todas sus especialidades, si se la contempla en escala nacional. Baste declarar solamente que los programas de becas para la preparación de profesores, como todas las disposiciones relativas a la docencia –designación, promoción, escalafón académico, etcétera- permanecen como soluciones parciales mientras no puedan operar a nivel nacional y dar protección al profesorado de carrera de todas las instituciones de enseñanza superior…
Finalmente, debemos decir que también es útil toda acción aislada y a corto plazo que se proponga simplemente reforzar las investigaciones filosóficas o la difusión de los resultados mediante la edición de libros y revistas especializadas. El incremento de las bibliotecas y de su funcionamiento eficaz. La invitación sistemática a profesores extranjeros para enseñar y colaborar en los trabaos de los organismos nacionales… en una palabra, el estímulo a todo intento serio por dar a la filosofía el nivel de profesionalismo que requiere el desarrollo de las ciencias en nuestro país, y el sentido de actualidad que permita a los profesores mexicanos participar en la actividad filosófica internacional y colaborar en el avance de los conocimientos.

Fernando Salmerón. La filosofía y las actitudes morales. Siglo XIX, segunda edición 1978. pp 98 a104.

Comentario

Más que una reflexión sobre la filosofía y la filosofía en México, el texto de Salmerón parece más bien un programa que se plantea a futuro el desarrollo de la filosofía, en el ámbito institucional y profesional. Solo que, claramente, se propone el desarrollo de un cierto tipo de reflexión: la ligada directamente al desarrollo de la ciencia. Pero más allá de esa visión programática de la filosofía en un de sus ramales, el texto aporta otros datos sobre la situación de la filosofía en México. Primero, el número de centros en el que se lleva a cabo: la UNAM, Veracruz y Monterrey, después la carencia de programas de formación, pero sobre todo, de estudios de posgrado que considera algo que de manera particular debe desarrollar el filósofo.
El retrato hecho por Fernando Salmerón en 1967 nos permite hoy no sólo ver cómo el programa de la filosofía de la ciencia se ha desarrollado con éxito, al menos dentro del ámbito de la filosofía, pero sobre todo y sorpresivamente, del éxito en el crecimiento y en la expansión del estudio de la filosofía en México.
Este dato es el que, me parece, resulta más revelador frente a la crisis de significación y relevancia de la filosofía en México, pues ya no son sólo cuatro centros dónde se produce reflexión filosófica sino muchos más, no únicamente en la ciudad de México, sino también en los estados. A pesar de las crisis, y de un país que naufraga, sobre todo en materia educativa, la reflexión filosófica ha crecido. El hecho confunde y pone en alerta: ¿Qué significa exactamente que sean más los centros y las instituciones en que se hace filosofía? ¿Es que, en efecto, la filosofía ha cobrado más importancia, se ha vuelta de cierto modo más vigorosa?
Es, por supuesto, difícil saberlo. Pero sorprende que, en lugar de estar mermar, la filosofía parece tener un curioso vigor. Un rasgo cultural –peculiar- que quizás explique la reacción contra la decisión de la SEP.

 

Guía de Perplejos

Regresas a la ciudad de México ha significado en parte, un reencuentro con infinidad de cosas casi olvidadas. En el trajín de la limpieza y la selección di con este texto de Alberto Constante en el que reflexiona sobre qué es filosofía a partir de una intervención de Heidegger de 1955. El texto, me parece, tiene la suerte de hacernos extraña la palabra filosofía –que pensamos siempre tan cotidiana- y conducirnos y confrontarnos con el origen griego del término. Dos efectos sobre los que vale la pena reparar.

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Comentario de Carlos Vargas al texto de Alberto Constante

 

¿Cuál final, cuál comienzo para la filosofía?

Alberto Constante

Was ist das-die philosophie? Preguntaba Heidegger en un coloquio celebrado en Francia en agosto de 1955. Comenzar con una interrogación forma parte de la tradición de la exposición filosófica y remite a la temible dialéctica socrática. No obstante, la pregunta, tal y como la establece Heidegger, nos sugiere un claro en el bosque donde siempre se titubea y uno se siente desvalido porque ahí no hay certezas. El énfasis está puesto tanto en el ist y en das como en Philosohie. Es decir, antes de nombrar el objeto de la investigación que es la filosofía, el pensador de la Selva Negra hace que resalte lo problemático de los procesos de predicación y de objetivación. Insinúa, y la insinuación constituye al mismo tiempo la fuente el núcleo de su pensamiento, que el ist, el postulado de existencia, precede y determina cualquier interrogación significativa, y sugiere que el das, el quid est, como dirían los académicos, a la cual está dirigida la pregunta, y de hecho cualquier pregunta de carácter grave, es un postulado de enorme complejidad. Al poner de relieve die Philosophie, Heidegger nos obliga a reconocer un hiato y a hacer una pausa entre la forma más general de la interrogación ontológica (“¿qué es esto o aquello o cualquier cosa?”) y el objeto específicamente enfocado. Es decir, Heidegger logra un doble efecto de enorme sutileza. Hace del concepto de filosofía, del cual todos podríamos pretender tener un dominio cotidiano y seguro, algo extraño y distante.
Esta distancia es necesaria, porque al sernos aparentemente tan cercana no damos con ella sino dificultosamente. Preguntamos qué es esto llamado filosofía y al preguntar le pedimos a una palabra que se revele a sí misma. Pero ¿cómo puede haber revelación si no escuchamos atentamente, si tratamos de imponerle al objeto de nuestra investigación fórmulas analíticas apriorísticas o prefabricadas? Si escuchamos “la palabea ‘filosofía’, como dice Heidegger, está hablando griego. La palabra, en tanto que palabra griega, es un camino”. Es claro que en la palabra filosofía está el poder y la fuerza del argumento. El lenguaje es el que habla, y no, no exclusivamente al menos, al ser humano. ¿Y qué nos dice la palabra? “La palabra philosophía nos dice que la filosofía es algo que, por primera vez, determina la existencia del mundo griego. No sólo esto: la philosophía determina también el rasgo fundamental más profundo de nuestra historia occidental europea”.
La philosophía constituye, por lo tanto, la fundación y el ímpetu formativo de la historia de Occidente. La filosofía exige que aquellos que la aprehenden, de aquellos cuyo “camino de cuestionamiento” es verdaderamente profundo y desinteresado, por el hecho mismo de que su naturaleza y la única articulación que puede darle un auténtico significado y una existencia ininterrumpida son griegas, que se replanteen todo el alcance de sus implicaciones como si éstas fueran vividas y expresadas por los griegos.
Estoy persuado con Heidegger de que no sólo la filosofía es griega sino que griega es “también la manera como preguntamos; la manera como aún se pregunta es griega”. Cuando hablamos de filosofía la palabra misma nos re-convoca, nos re-clama al lugar donde comenzamos a ser, donde nos crearon; que es el discurso y el pensamiento griegos. Cuando preguntamos ¿qué es esto, la filosofía?, la pregunta encuentra su procedencia histórica, una dirección y un futuro histórico. El quid del asunto radica en si, a través de los siglos hemos sido capaces de crear las condiciones necesarias para poder seguir preguntando en griego. Es decir, ¿podremos seguir preguntando por aquello que merece ser preguntado, no en el sentido de tener una garantía de respuesta, sino por lo menos la seguridad de una réplica orientadora? Hay, al menos así se percibe, este gran reto de la propia filosofía, una clara posibilidad de que estas preguntas ya no admitan respuesta alguna.
La más cruel de las paradojas de la desconstrucción consiste en que apenas intuimos qué sea eso de filosofía en medio de nuestra pequeña tiniebla griega, frente a la evidencia de que hay un punto en el que todo acaba. Una cosa parece clara, y es que el desafío de poder seguir no puede ser eludido.

Alberto Constante
¿Cuál final, cuál comienzo para la filosofía?
Theoría Numero 18. Julio de 2007

 

Comentario

El texto me hace reaccionar en lugar de reflexionar. Me rebelo ante la idea de una filosofía definida como griega, donde la manera de preguntar sea también griega. Sometida la filosofía a su origen, a donde la palabra nos “re-convoca y nos re-clama”, me siento un extraño frente a ella. ¿Qué tengo que ver yo hoy con los griegos? ¿Remite mi actividad, mi forma de reflexionar, inevitablemente a Grecia y a Occidente?
Por supuesto, sería una ingenuidad responder no. Las raíces griegas y occidentales de la filosofía están ahí, existen, y volvemos a ellas una y otra vez como a una fuente que mana eternamente. Pero me pregunto si lo griego del origen agota toda filosofía. Si acaso es imposible una separación radical de la filosofía de su origen. Si, en un periplo que la lleva a otras tierras y otros mundos, en el espacio y en el tiempo, la filosofía no construye por otros senderos, una invención de sí misma dónde, por qué no, incluso niegue su estirpe.
Reparo que el texto usa tres grafías diferentes de la palabra en cuestión: Philosophie, philosophía, filosofía. Intuyo la existencia de un significado en la mutación gráfica, pero también idiomática de la palabra. Hay ahí una historia de continuidades y rupturas. Me digo, la palabra “filosofía” no está en griego aunque remita, a través de la filología, a esa la lejana Atenas de Pericles. Pero tampoco ignoro que los primeros filósofos criollos de la Nueva España, se referían a México como la Atenas americana, tal vez para crear “las condiciones necesarias para poder seguir preguntando en griego”.
Por estos derroteros, el texto de Alberto Constante me conduce a reflexionar sobre las dificultades presentes de hacer preguntas filosóficas en México. Sobre la sensación de extrañeza e indudable falta de identidad de quienes formulamos esas preguntas. Acaso filosofar no es hoy como querer preguntar precisamente en griego. Enunciar las inquietudes en un idioma que excluye a quienes no lo hablan. Hacerlo te vuelve un extraño, y esa extrañeza conduce a menudo a dudar del dominio de la lengua tanto como de su fidelidad al origen. A fin de cuentas, en nosotros filosofar es un traslado y una reinvención, y no la seguridad de una casa y un origen. Filosofar implica el esfuerzo de la construcción de las condiciones para su existencia. Es decir, no podemos dar nada por sentado.
Si bien hoy el campo más fértil para ella es la academia –con sus asegunes y problemas-, es una tierra que se seca si no se alcanzan nuevas zonas de sembradío. Sí, la tarea es ardua. No basta el discurso ni el comentario, es necesaria y mucho la traducción, pero también la formación del espacio cultural en que la pregunta filosófica tiene sentido. Esto no sólo es labor de difusión. Es el trabajo de creación espacios de vida filosófica, de colectividades en donde la preguntas, al menos, tengan réplica.
Hay que darse pues, a la tarea de imaginar un espacio para la filosofía entre las peceras y los balazos de los narcos, las telecomedias y el futbol, el inglés y la computación. Y habrá que pensar si ese lugar está en griego…

 

Internet, epidemia y filosofía

Durante los días de la emergencia por el brote de epidemia de influenza A en México, entre la multitud de informaciones que circularon en las redes sociales en Internet, se distribuyó el video realizado por Alfonso Cuarón y Naomi Klein, que ilustra la tesis del último libro de ésta, The shock doctrine.
En cierta forma, esta fue la hipótesis inicial o, al menos, la primera articulación, de lo que puede llamarse una incipiente reflexión filosófica colectiva sobre el fenómeno de la enfermedad y la acción pública para contenerla en México.
Son varios los elementos a observar en este hecho, en función de comprender con más detenimiento la manera en que la reflexión filosófica irrumpe, se articula y se formula en medio de la emergencia, y los caminos hacia dónde apunta.
Comencemos por detenernos primero en el medio. No sorprende que sea Internet donde aparece la reflexión filosófica alrededor de la emergencia epidémica. Internet y en particular las redes sociales, funcionaron como alternativa para la diseminación y discusión de información sobre la enfermedad y sus características, tanto en un sentido responsable, como en uno irresponsable, dando cabida lo mismo a información científica que a las teorías de la conspiración. En ese ambiente sin restricciones, las personas hacen circular una video que viene a funcionar a título de hipótesis frente a lo que está ocurriendo: ¿estamos ante a la aplicación de la doctrina del shock?
Digo a título de hipótesis, porque esa parece haber sido la función de circular los argumentos de Klein para quien el modelo de la terapia de shock –ejemplarmente la de los electroshocks- es un recurso psiquiátrico, retomado por la CIA, y que consiste en reducir al ser humano a una condición de “nuevo principio”, lo que equivale a un estado de “infancia”, a partir del cual los hombres son más dóciles a la autoridad, y menos renuentes a sus decisiones. Este modelo, argumenta Klein en el video, fue propuesto por Milton Freeman para desarrollar la agenda liberal en contra de la voluntad mayoritaria, recomendando que todo acontecimiento que produzca una fuerte sacudida social, debe ser aprovechado para impulsar las reformas económicas y sociales que mayor resistencia encuentran en la sociedad. Y es a eso a lo que ella llama la doctrina del Shock: el aprovechar el debilitamiento de la voluntad individual y colectiva, para hacer que una persona o un grupo social acepte ciertas decisiones. Frente a esta estrategia que llama secreta, la única resistencia está en el uso de la información.
De manera curiosa, la pieza audiovisual que contiene el argumento hace referencia a los elementos dispersos en las discusiones sociales en Internet: interpreta significativamente un evento extraordinario, ofrece la información como resistencia ante el brote de la enfermedad y sugiere la existencia de una agenda paralela (y no explícita) en las acciones del gobierno. ¿Estamos en México frente a la aplicación de la Doctrina de shock? ¿Cuáles medidas son las que se quieren llevar a cabo a través de esta estrategia? ¿Cuáles son los elementos para hacerle frente? Son las preguntas tácitamente formuladas a un costado de la distribución del video por cada uno de sus distribuidores.
La discusión no parece que sobreviva al fin de la emergencia epidemiológica y es difícil aunque no imposible, decir que el argumento de Klein alcanzó el ámbito público, y que el escepticismo frente a las medidas adoptadas por la Secretaría de Salud tiene uno de sus fundamentos en ella. En cualquier caso, lo cierto es que nadie puso en duda el argumento de Klein, nadie cuestionó que fuera expresado también como propaganda de una idea, de un libro. Que fuera él mismo un comercial, que tuviera otra intención que la manifiesta. Y que utilizara la denuncia como una estrategia de venta.
Podrá discutirse y debe discutirse si la Doctrina del Shock es una interpretación válida de lo acontecido en México; si es una síntesis del debate sobre la epidemia. Incluso, y quizás sobre todo, si es racional en su asimilación del cuerpo social al individual, y el funcionamiento colectivo al neurológico. Polemizar si, en efecto, una epidemia produce los mismos resultados sociales que un electroshock en una persona.
Lo que sin duda es me parece inobjetable, es la mutación en la forma de circulación de los argumentos filosóficos, para la construcción de reflexiones colectivas que están conformadas por distintas piezas –como el video- que funcionan como elementos argumentativos.
Internet significa una aceleración de la reflexión filosófica, fuera de los formatos disciplinares y académicos, hacia la producción de otros ordenes de saber. La epidemia, sólo nos ha dado un ejemplo.

 

Nota: Este artículo fue escrito originalmente para el sitio web de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Pero como el tiempo pasó y alguien lo dejó de publicar, ya sea porque la influenza dejó de ser tema o por cualquier otra razón posible, me decido a publicarlo aquí.

 

Guía de Perplejos

La propuesta de lectura de esta quincena es un hermoso texto de José Vasconcelos, tomado de Indología de 1925. Se trata de una visión del filósofo, de su quehacer y del sentido de su búsqueda, que puede leerse significativamente hoy, cuando el lugar ocupado por quien hace filosofía ha sido puesto a discusión en México y al menos en el imaginario, ciertamente  desplazado. Las ideas de este filósofo amateur, como fue calificado alguna vez por Guillermo Hurtado, están tan presentes en el debate actual, como las evocaciones a su figura legendaria, para defender el ejercicio profesional de la filosofía. A quien lea el texto no le pasará desapercibido hasta qué punto lo que se reivindica hoy, en gran medida es su legado, pero también hasta que punto ese legado resulta ya en realidad, insuficiente.

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Comentario de Carlos Vargas
El asunto
José Vasconcelos

Hundido en la selva del conocimiento, el filósofo sabe que no le va a ser posible investigar todas las sendas, pasear por todos los claros, empaparse de la fragancia de cada masa de espesura; pero no por eso se resigna a quedarse ocupado en anotar los caracteres de la hoja que cae y las formas del tallo que asciende o los rasgos del pájaro que canta. Un instinto superior a la seducción de la criatura que particular y al destello que fascina, lleva al filósofo a romper por lo más intrincado y a trepar hasta el más alto tallo para abarcar todos los ramajes, para permearse del temblor de todas las hojas, y para oír, en vez del canto de un pájaro, el rumoroso concierto de toda la selva. De tal suerte que veremos que el filósofo está siempre de vuelta del detalle. ¡El filósofo ya vio, ya amó, ya pecó, ya encontró gracia, ya fue fascinado, ya fue engañado; venció y fue vencido y después de recorrer todos los círculos, busca ahora la espiral de la liberación, el camino del éxito, el signo de la superación de todos los valores!
Por eso, en la selva no se dejará atrapar el filósofo, por mucho que le fascine cada flor y cada hermosa bestia y no se conformará tampoco con ponerse a contar los árboles semejantes, haciendo restas y sumas de los rasgos que sirven para la clasificación, in se concretará, como lo haría el naturalista, a distinguir especies y ponerles nombres; aparte de todo esto se empeñará más bien en juntar en una sola expresión toda esta suma de caracteres, todo este miraje de formas y tratará de averiguar de qué suerte perduran y se desarrollan todas en relación con las nubes que traen el agua y con el cielo que difunde la luz. Y pasará en seguida a preguntarse: “¿Quién hizo los elementos, el cielo que está siempre suspenso y las aguas que corren y los vientos que vuelan?” Porque, en resumen, el filósofo es un servidor de la función de unidad y un sacerdote de la religión de lo Absoluto.
Por uno y otro camino el filósofo busca un fantasma que siempre está delante y nunca se deja aprehender, una realidad que por mucho que contenga nunca está completa, un miraje que solo por darle algún nombre llamamos Totalidad. Si por fin se aniega en el Todo, el filósofo coincide con el nombre de religión, con el artista que alcanza una mística percepción de la belleza.
Por uno y otro camino marchamos en busca del Todo, pero no lo alcanzamos jamás. Para abarcarlo tendríamos que devenir nosotros mismos el Todo, y, como esto no es posible, mientras no superemos la conciencia terrestre, resulta que marchamos de tropieza en tropiezo, siempre anhelantes de comulgar con lo Divino y siempre desilusionados de nuestra propia capacidad, fallidos en lo más profundo de nuestro anhelo. Renunciaríamos a toda Esperanza sino fuese porque logramos en ocasiones determinados vislumbres que aclaran el confuso y paciente ideal cotidiano; sin embargo, no es posible llegar a la iluminación sin la disciplina, y la disciplina del filósofo tiene dos maneras de error, pero también dos maneras de relativo acierto, dos maneras lógicas: Abstraer, y Sintetizar.
Casi toda la filosofía está hecha de abstracción que suprime determinados accesorios con el objeto de lograr representaciones esquemáticas de una realidad múltiple, pero reductible a caracteres generales. Ya sea por inducción ya sea por deducción, aparecen generalizaciones sin las cuales no hubiera sido posible el progreso, la formulación misma del pensamiento. Pero tiene la generalización el defecto capital de que es resultado de supresiones y reducciones. La generalización, a pesar de su nombre falsamente generoso, es destructora y empequeñecedora de la realidad; mata siempre una parte del hecho; anula, pone en olvido una multitud de factores; desliga caracteres que en rigor son inseparables. Cuando decimos hombre creamos un concepto genérico más comprensivo que un hombre particular; pero solo en cierta manera de extensión; en realidad desprovisto de substancia, mucho menos rico de contenido divino que el más humilde de los hombres determinados. La abstracción hombre gana, pues, en forma, pero pierde en esencia, pierde en contenido vital. Y así, toda filosofía fundada en las generalidades y la abstracción, toda filosofía de meras ideas, es como un juego de globos de cristal: hermosos pero vacíos. La vida se ausenta de ella desde el principio, y no le queda más que una fantasmagoría de conceptos generales… Por fortuna esto no implica una derrota de la filosofía; esto sólo indica que abstraer y generalizar no es la filosofía sino uno de los métodos de la filosofía. Además tiene otro método, mucho más fecundo la filosofía, un método en el cual yo veo elementos sensoriales, elementos de percepción de existencia agregados a la mera noción de forma y de concepto, ese otro método se encuentra en el ejercicio de lo que llamamos la síntesis. La síntesis enunciada en forma poco vaga, pero comprensiva; es la noción de la existencia particular enlazada con la noción, con el aumento que le da la existencia del conjunto. El que sintetiza aumenta. Así como la abstracción, mata la realidad, la síntesis anima, aumenta las potencialidades de lo real. En el caso, por ejemplo de la selva: quien examina los árboles para anotar sus semejanzas y formar los géneros, ha hecho una filosofía de abstracción; creando el nuevo concepto del género, se ha engañado a sí mismo, porque su falsa creación le ha hecho perder de vista la cantidad de elementos que ha tenido que anular en cada uno de los objetos, en cada una de aquellas existencias, para adaptarlas a la categoría meramente conceptual de su clasificación y de su género. Ha matado la realidad para substituirla con fantasmas. El vulgo se ha dado cuenta siempre de ese hondo crimen del intelectual; por eso demuestra tan constante desdén para lo que comúnmente se llama filosofía.
Sintetizar es todavía más que sumar, porque la suma va agregando uno a otro los homogéneos y la síntesis es suma de homogéneos y de heterogéneos; visión de conjunto que no destruye la riqueza de la heterogeneidad sino que la exalta y le da meta. El hecho mismo de la existencia es una manera lograda de síntesis; un triunfo de síntesis, puesto que sin perder unidad, el mundo se ensancha y se realiza en nuestra conciencia.
El yo es elemento de unidad, función de unidad y al mismo tiempo reflexivo de disparidad y de multiplicación. La misión del filósofo deberá ser entonces, entretejer ciertos hilos directivos, despejar ciertos cauces y soltar la corriente de simpatía, la dinámica de la emoción que nos pone en contacto y parentesco con los más humildes y con los más altos procesos del mundo.
Incorporar cada una de las sorpresas de la novedad, cada una de las cosas particulares al concierto temblante de la existencia total y contemplarlo todo transfigurado en el espíritu y deviniendo hacia lo eterno; he ahí la misión de la síntesis. La existencia de lo particular animada con la grandeza y la música del todo; esa sería la síntesis perfecta y una filosofía que al realizarse sería ya la filosofía postrera, la filosofía de la belleza, la filosofía definitiva de lo divino. Sería religión. Religión y belleza por el camino divino de la emoción.
Tengamos presente, por lo menos, semejante cumbre del conocimiento, cada vez que nos apliquemos a estudiar un problema y meditar en un aspecto cualquiera de la realidad. Hasta donde nos sea posible, apliquemos un criterio semejante al asunto que va a ocuparnos. Nuestra tarea debe ser, en efecto, no solo definir el movimiento étnico de que formamos parte, sino también imprimirle caracteres y orientación. Nos encontramos delante de un proceso vital y étnico que surge como una novedad casi sin precedente en la historia, y eso, a pesar de que la historia cuenta ya con más de cinco mil años de  experiencia. Comencemos por asignar al nuevo proceso un nombre. Ese nombre será el signo, un poco artificial, pero indispensable, para establecer la autonomía del proceso, del hecho, entre el enjambre innumerable de los hechos y los sucesos.
Lanzaremos desde luego el nombre, procediendo a justificarlo en seguida. Llamaremos Indología a todo el conjunto de reflexiones que me propongo presentar a propósito de la vida contemporánea, los orígenes y el porvenir de esta gran rama de la especia racional que se conoce con el nombre de raza iberoamericana.
José Vasconcelos. Indologia. Agencia Mundial de Libreria. Barcelona. 1925, pp. 2-5

Debo este texto a la amabilidad de Ezequiel Castillo Brun.

Comentario
Para el Vasconcelos de la Indología, la filosofía tiene como fin comprender un proceso etnológico, dándole sentido a la raza iberoamericana. En el humanismo del Ateneo, como de hecho en la mayoría de los humanismos, hombre y raza se identifican. Hombre no es un término que designe en él a la humanidad como un género común a todos los hombres de todas las naciones, sino la de aquel hombre nacido y constituido dentro de una cultura. Ese es un detalle que no hay que perder nunca de vista: hombre es siempre un término en singular.

Es dentro de la relación entre la naturaleza humana y cultura, entre humanidad y cultura, que para él, la filosofía adquiere un papel relevante. Su función es explicar y construir ese vínculo entre una forma abstracta y una condición particular. Enunciar y formar, en términos de identidad y cultura, la condición de hombre. Sin filosofía, o en general, sin humanidades, no hay acceso a la cultura, no hay identidad y el hombre se rebela sólo como un mero producto de la biología: criatura egoísta, sin belleza ni fe, como diría también Caso.

La filosofía, así, no solo explica, sino que también forma y constituye al hombre, como ese ser inmerso en la cultura y en consecuencia, en su identidad. La filosofía es examen pero también es pedagogía, y de ahí su relevancia sin más.
Hoy, sin embargo, todos los elementos de esta fórmula ha entrado en crisis: la filosofía no provee más ese acceso a la cultura y a la identidad. En parte por que cultura e identidad dejaron de ser la misma cosa. Cultura no es más sinónimo de nación, sino de un entramado complejo, difícilmente descriptible, de múltiples identidades, en una yuxtaposición en la que la filosofía tiene relevancia, cuando mucho, en una fracción de ellas, y ya no como elemento integrador.

Además, el filósofo, en el signo que nos separa de Vasconcelos, ha perdido su capacidad de acceder a al totalidad, a la abstracción y a la síntesis, a la explicación del todo en el particular, a la totalidad en el uno. Está, pues, a la vuelta de otro desengaño, que lo ha arrojado a la evidencia de que no le es claro tampoco cuál es su propio lugar y cuál es el lugar de aquella tradición de la que proviene.

 

Guía de perplejos

Si acaso la filosofía está siendo defendida en México, no es ésta la primera vez. He elegido el breve texto de José María Luis Mora, Rasgo Encomiástico de la filosofía, como parte de una sección en la que propondré quincenalmente textos filosóficos a la lectura y al debate, porque coloca en tesitura mexicana e histórica el elogio de la filosofía frente a sus detractores.

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Comentario de Carlos Vargas

Rasgo Encomiástico de la Filosofía

Aunque el estudio de la Filosofía sea tan recomendable y las ventajas que de él resultan al hombre en toda la vida son de tal modo palpables que sólo podrá no sentirlas quien cerrare voluntariamente los ojos a la luz, todavía no obstante son muchos los que bien hallados con su ignorancia, o careciendo de la franqueza necesaria para confesar la superioridad que reconocen en los que han procurado instruirse, se empeñan en deprimir una ocupación tan honrosa al que la profesa, como útil a la humanidad. No pretendo yo hacer la apología de que no pudiendo ser censurado sino por ignorantes, está sólo por este hecho bastantemente defendido; semejante pretensión es tan impropia de la escasez de mis luces, como ajena de la moderación que debe caracterizar a un amante de la Filosofía, o filósofo, que es el nombre con que me honro; sin embargo, como todos debemos poner nuestra piedra en el gran edificio de la ilustración pública, haré algunas reflexiones obvias para hacer ver su importancia y necesidad.
En efecto, ¿qué es la Filosofía? Sólo su definición es su mayor elogio. Es, dicen a una todos los sabios, el conocimiento de todas las cosas comprendidas dentro de la esfera del entendimiento humano. Y ¿cómo podrá dejar de ser útil un conocimiento tan vasto y universal? ¿Un conocimiento que según el grado en que se posea hace al hombre árbitro y señor del universo, sujetando a su poder todos los seres visibles? Sólo quien haya depuesto todos los principios de la razón natural podrá dar la respuesta negativa.
¿Qué cosa hay tan difícil que no alcanza un verdadero filósofo? No el buen uso del raciocinio que debe acompañar al hombre desde la cuna al sepulcro, pues éste lo enseña la Lógica; ni las leyes de la naturaleza material, pues yo veo que a la voz de Newton y de Copérnico los astros describen sus órbitas sin salir un punto de los límites que les tienen fijados; que a la dirección de Colón y Vasco de Gama un débil barco engolfado en mares inmensos, tempestuosos y desconocidos, triunfa del furor de los vientos y de la braveza de las olas, descubre países inmensos y desconocidos, por cuyas riquezas y productos se ha fomentado el comercio que suaviza las costumbres, desterrando los usos bárbaros de que abundan todas las naciones aisladas.
A la Filosofía se debe esta multitud innumerable de máquinas, que facilitando las operaciones de la industria y cargando a la naturaleza el trabajo que el hombre debía llevar, ha multiplicado aquellos productos que sirven para satisfacer sus necesidades proporcionándole toda clase de comodidades y los ha llevado a un grado de perfección tal, que sólo un hombre irreflexivo podrá dejar de admirar. Por medio de la Filosofía el hombre penetra las entrañas de la tierra y señala el punto fijo que debe equilibrar la pesantez de los cuerpos que la componen; ella misma lo eleva a las regiones etéreas y lo pone en estado de valuar con exactitud y precisión el volumen, masa, densidad y distancias respectivas de esos grandes cuerpos que giran sobre nuestras cabezas. Pero ¿qué suponen los esfuerzos del ingenio en la indagación de la verdad, comparados con los que se emplean en la consecución de la virtud? Pues éstos se deben igualmente al estudio de la Filosofía. Recórrase la historia de Grecia y Roma y se hallarán innumerables ejemplos de amor patrio, fortaleza, magnaminidad y desinterés debidos todos al estudio reflexivo que fomentó el amor de las virtudes. Se verá en Grecia a un Foción, un Arístides, un Sócrates y un Platón sacrificarlo todo, hasta su propia existencia, a la utilidad de sus semejantes y al amor de la patria; Roma presentará un Camilo, un Atilio Régulo, un Catón, un Bruto y un Cicerón, que quisieron antes morir sepultados en las ruinas de su patria, que sobrevivir disfrutando los honores y recompensas con que pretendía comprar el sacrificio de sus deberes el tirano vencedor… ¿Pero a dónde voy? Sería imposible hacer una enumeración exacta y cabal de las innumerables ventajas que al mundo ha procurado la Filosofía, baste decir que ella enseña el modo de indagar la verdad y de practicar la virtud. Yo, pues, convencido por estas razones del provecho personal que podía resultarme de la dedicación a ella, he impendido el tiempo de muchos años en escuchar su voz y grabar sus preceptos en lo más íntimo de mi alma.

José María Luis Mora. “Rasgo Encomiástico de la Filosofía”. En Obras sueltas. México: Porrúa, 1963, p. 605 – 606.

Comentario

Del texto de Mora vale la pena detenerse, primero,  en la dificultad de argumentar a favor de la filosofía frente ignorantes que la atacan porque éstos, al ser ignorantes, serían incapaces de comprender el argumento a favor de la filosofía.
La posición de Mora supone una doble exclusión: la de la filosofía por los ignorantes, la de los ignorantes por la filosofía. Mora no busca ni propone puentes. Y el texto no consituye un díalogo, sino un monólogo. Mora habla sólo a los saben de los bienes de la filosofía. A los otros, sólo si quieren escuchar o si están dispuestos a aprender. Si están dispuestos, pues a reconocer el valor de la filosofía.
El segundo es el elogio mismo de la filosofía. Mora le atribuye a ésta una utilidad extraordinaria: es todo el conocimiento humano. Y a ella se le debe, en consecuencia, todo fruto de éste: todas las máquinas y los progresos, la mejor forma de comprender al mundo, el modo de encontrar los equilibrios, la mejor mandera de vivir.
La atribución es tan desmsurada que asombra. ¿Exagera? ¿Toma crédito de lo que no le corresponde? ¿Asigna al filósofo un papel que los desborda? En todo, caso, ¿cuál es el punto de describir así la utilidad de la filosofía? A lo mejor, sólo establecer un territorio: nada que sea verdadero cae fuera del territorio de la filosofía: cualquier ataque a ésta, sólo puede venir de lo que no es ésta: la ignorancia.
Concluye, sin embargo, con lo único en que estoy de acuerdo con él: la filosofía enseña “el modo de indagar la verdad y de practicar la virtud”. Porque fomulada así, la filosofía no demarca un territorio de fronteras intransitables, sino una enseñanza significativa, para cualquiera que quiera recibirla.

Defender la filosofía II

Algunos podrían sentirse tranquilos y reconfortados por el hecho de que el 7 de mayo la SEP aceptara que dentro de la Reforma Integral de la Educación Media y Superior (RIEMS) el área disciplinar de Ciencias Sociales cambiara de nombre para llamarse de Ciencias Sociales y Humanidades. A fin de cuentas, es un reconocimiento de la humanidades como disciplina, y de la actividad que los grupos de profesores han llevado a cabo para defenderla. Pero las aguas siguen agitadas. El Observatorio filosófico hizo saber a través de la prensa, y de forma por demás curiosa, que estaba de acuerdo con la decisión de la SEP, pero que no se daba por satisfecho, y anunciaba que seguiría trabajando por ampliar el reconocimiento de la filosofía.
A partir de ese día, he leído dos distintos comunicados, uno el jueves 14, que es una propuesta derespuesta del Observatorio a la SEPpara avanzar en el reconocimiento de la filosofía en el sistema de enseñanza, y otro el 16, del Círculo Mexicano de Profesores de Filosofía, que es un programa de reivindicación de la filosofía y su enseñanza.
Me siento sorprendido por lo que parece ser el nacimiento de muy incipiente debate y discusión sobre la filosofía, su estado actual, y sus implicaciones en el proyecto educativo. Pero aún tengo mis reservas, ¿realmente nos estamos dirigiendo hacia él? ¿Lo que se propone desatará una reflexión sobre la filosofía y la actividad filosófica en México? ¿Podremos finalmente poner sobre la mesa lo que nos gusta y no nos gusta de la manera en que se produce, se difunde y se enseña la filosofía?
Lo pregunto porque sigo percibiendo en estos comunicados, como antes en la primera movilización en defensa de la filosofía, cosas e ideas que no puedo compartir. La primera es esa actitud arrogante, y a mi juicio completamente equivocada y complaciente, que los filósofos tenemos de nuestra propia actividad. No hay, no ha habido en toda esta movilización, una mirada crítica hacia la forma en que se enseña, se estudia y se piensa la filosofía. ¿No es el momento de reparar que el descrédito de las humanidades puede tener un origen en la forma en que se imparte, en quienes la imparten (que no siempre son filósofos) y en la manera en que se le concibe?
Esto está directamente conectado con el hecho, que no comprendo ni comparto, de que la defensa de la filosofía implica exigir que las asignaturas filosóficas tengan nombres filosóficos y sean impartidas sólo por filósofos. Me parece que ésta ha sido una de las preocupaciones de fondo de la movilización: la defensa del privilegio de tener un territorio disciplinar con nombres y contenidos específicos para ser usufructuado únicamente por filósofos.
Lo que se impone así es una visión de una terrible estrechez académica y, por ende,  disciplinar de la filosofía, que quiere que el bachillerato refleje o reproduzca la misma organización territorial que la filosofía tiene en las academias profesionales, con el peligro de perpetuar allá una de las prácticas que más detesto de la academia filosófica: la de ligar “disciplinas” con “especialidades”, para garantizar su usufructo exclusivo por unos cuantos autorizados. La reserva del derecho no a la capacidad y el esfuerzo, y el talento intelectual de cada cual, sino a la patente de corso de da formarse en cierto grupo y en cierta área. Esto es extender hacia el bachillerato una forma de control y dominio académico, que caza muy bien con las ideas de certificación del desempeño académico. En todo caso, una visión muy limitada y miope,  que impide avanzar hacia una visión más amplia y más social de la filosofía y de su posibilidad de enseñanza.
¿Por qué un filósofo sólo puede enseñar materias filosóficas, como ética, lógica o epistemología? ¿Acaso no puede hacer un trabajo similar en una materia sobre cuidado de sí? ¿Acaso no puede hacerlo en una materia sobre civismo? Es decir, es la filosofía tan corta de miras, que no puede ir más allá de su confinamiento en los formatos en que ha sido encuadrada por la academia? ¿No hay filosofía más allá de eso?
Más interesante, me parece, es explorar qué aporta la filosofía a las disciplinas genéricas, con qué otras formas, más imaginativas, menos limitadas, la filosofía puede desbordarse de su prisión académica y abrirse a una sociedad que no la comprende y a la que no queremos hablar desde la filosofía.
Nada va a pasar, no importa si triunfa una reforma sin filosofía o una con la filosofía que se está defendiendo, si no somos capaces de sacudirnos prácticas e ideas que no han hecho sino limitar el ejercicio de la filosofía. De otra forma, propuestas tan audaces, como “Superar las modas y las opiniones vulgares que invaden con frecuencia a las humanidades”, como propone el Círculo de profesores de filosofía, será una tarea no sólo imposible, sino inútil.

Defender la filosofía (¿de sí misma?)

Como suele ocurrir en un país donde las propuestas de transformación no vienen precedidas de un debate social, sino de los compromisos, las intereses y las limitaciones de quienes administran el Estado, la reforma al Sistema de bachillerato tomó completamente por sorpresa a la comunidad filosófica. Sólo tras la publicación de los acuerdos de la Reforma Integral del Bachillerato –que fue discutido, como ha dicho el subsecretario Miguel Székely, con todos los niveles de las autoridades, (aunque desgraciadamente no con las comunidades educativas, error frecuente en la que los administradores confunden consigo mismos a las comunidades que administran)-, los filósofos supimos de la decisión de no incluir las humanidades como una de las competencias disciplinares básicas que “expresan conocimientos, habilidad y actitudes que se consideran los mínimos necesarios… para que los estudiantes se desarrollen de manera eficaz en diferentes contextos y situaciones a lo largo de la vida”.
La decisión ha sido asumida por la comunidad filosófica, quizás más como una arma de propaganda que como un diagnóstico claro de la naturaleza de la reforma, como la literal desaparición de la filosofía del bachillerato, y ha reaccionado a esta amenaza exigiendo justamente ser tomada en consideración en una transformación de ese calibre.
Confieso que, sorpresivamente, la comunidad lo ha hecho de manera bastante articulada, encabezada por las asociaciones y grupos que, por primera vez, quizás en décadas, parecen haber adquirido una razón de ser. Sólo que, en contraste, lo están haciendo a mi juicio equivocadamente, a partir de generalizaciones carentes de imaginación y simples lugares comunes tomados del humanismo, por que tienden más a la defensa de un estado de cosas, que a propiciar una transformación en la enseñanza de la filosofía y del bachillerato.
Esto es un reflejo fiel, a fin de cuentas, de un quehacer filosófico complaciente, alejado de las innovaciones –didácticas, tecnológicas, de colaboración-, desinteresada del trabajo de su propia comunidad, filosófica y social, demasiado ávida de reconocimientos, que se ha petrificado en la defensa de “autores”, “temas”, “corrientes” que se defienden como territorios, y que en muchos casos ha sido llevada (por la administración de la ciencia, con algunos seguidores entusiastas) a satisfacer una comunidad internacional, sin satisfacer antes a la suya propia.
No es del todo claro que la reforma suprima la filosofía –algo que ha dicho varias veces el subsecretario- sino que coloca a las materias filosóficas bajo la competencia genérica de las ciencias sociales (sin hacerlo expresamente), y se les asigna una función transversal bajo esos nombres de moda como cuidado de sí, pensamiento crítico, valores y ciudadanía, en lugar de la nomenclatura tradicional de la filosofía. En última instancia, a la filosofía y a las competencias humanísticas, se les asigna un lugar dentro de la reforma que no parece implicar tanto su desaparición total, como un cambio sustantivo en el lugar otorgado y en la función asignada en la formación de los bachilleres. Se le puede ver como una degradación y una dispersión, sí, pero también como un cambio que implica dejar de comprenderla como disciplina, para hacerlo como formadora de competencias básicas para la formación de otras disciplinas. Es decir, la reforma no estima centrales los contenidos tradicionales que enseña la filosofía, sino lo que se supone que en realidad enseña: a pensar, a cuidar de sí mismo, a interesarse por el mundo, la belleza, la verdad, el bien y un largo etcétera.
Pero los filósofos salieron a la defensa de la disciplina y de los contenidos disciplinares, sin acusar recibo de que en parte, la reforma es un reflejo de la insignificancia real que tiene la “formación humanística”, tal como se ha impartido desde hace un siglo en México. Evocaron a Vasconcelos y a Caso, como autoridades de un proyecto cultural y educativo que hace rato que no existe ni se practica. Apelaron también a la antigüedad de tres mil años de la filosofía y a la autoridad de la UNESCO que la reconoce como esencial, para conmover a las autoridades de la SEP. Amenazaron con que México se volvería un país menos culto (¿menos? ¿Es eso posible?) sin ella. Y todo para defender las plazas de los egresados de filosofía, y las ruinas, me temo, de una filosofía de manual mal enseñada. ¿Por qué no haber discutido mejor su transversalidad? ¿Por qué no haber discutido mejor el situarla en función de las competencias que son el núcleo esencial de su enseñanza? ¿Por qué no buscar el modo de potenciarla en lugar de solo conservarla?
Si alguien cree que “la filosofía y las humanidades son las disciplinas que en verdad forman, de manera que quitarlas es cortarle el corazón mismo o la raíz misma a la educación”, ¿no tendría sentido encontrarles un lugar donde verdaderamente lo hagan?
Y algo parecido puede decirse de los que piensan que las disciplinas filosóficas son la vía para “tomar conciencia de los fundamentos de la autodeterminación crítica y ética de la tecnología, la economía y la política del país”. ¿No convendría encontrar una forma en que de verdad lo hagan? Porque hasta ahora, ni en el primero ni en el segundo caso, lo han hecho.
Pero todos pueden estar tranquilos. No veo en realidad, por qué la SEP no termine por aceptar que “sobreviva” la filosofía como disciplina, ni incomoda ni estorba; además, iba a sobrevivir porque la reforma no obliga a ninguna institución a dejar de impartirla, y la costumbre es la costumbre. De lo que ya no estoy tan seguro es que la filosofía logre sobrevivir a sus filósofos, y cambiar la opinión que la sociedad tiene de ella, si se mantiene exactamente igual como hasta ahora.
En todo caso, hay que esperar que la defensa venga acompañada de una propuesta de transformación en la enseñanza de la filosofía. ¿No es este en realidad, el verdadero pendiente?

Batman: el bien, el mal y la interpretación

En occidente existe la idea -desde Platón y San Agustín, hasta nuestros días- de que el mal carece de sustancia, es inelegible y por lo tanto, no es. Pero junto a esta afirmación recorre la historia de occidente la tesis contraria –de origen gnóstico/maniquea, y trasladada con matices, por Agustín, hasta su reelaboración en el protestantismo- de la sustancialidad del mal, su encarnación como fuerza existente y poderosa, y por supuesto, elegible. Pero en cualquiera de los dos casos se mantiene la certeza en la soberanía última (o primera) del bien, ya sea por su superioridad ontológica, por su superioridad moral o por la defectividad del mal. Se concibe pues el bien como algo que excede al mal, que prevalece siempre, al final.
Son escasas aunque no del todo inexistentes, las visiones que conciben el bien como una fuerza incapaz de completarse como proyecto, de alcanzar su plena realización por tener una condición en sí misma defectiva. Un bien, pues, que en su entereza y en su rectitud, termina por mostrar su propia carencia y su propia imposibilidad de alcanzar un dominio real sobre su contrario. Es esa extraña fisura en la condición del bien, la que lleva, en Nietzsche, al hombre más feo del mundo a matar a Dios.
Batman, The Dark Knight asume y desarrolla esta premisa. El bien es un condición que, en la medida en que no puede realizarse por completo, no sólo es el disparador del mal, sino en cierto sentido de su triunfo, de su potenciación. Por que si su relación es dialéctica, está no deriva jamás en una síntesis, sino en una radicalización.
De la oscuridad no se sigue la luz, sino sólo la dispersión aparente de la oscuridad que es el camino hacia una forma aun más radical, más extrema del mal: la violencia organizada y codificada, que integra de alguna manera un cierto “bien”, un cierto “valor”, una cierta “legalidad”, cuando es perseguida por el bien, se convierte en una violencia ciega que escala hacia formas cada vez más atroces.
La última entrega de las serie de Batman puede ser tomada como una reflexión sobre la lucha contra el terrorismo o contra el narcotráfico dónde, en lugar de la victoria, lo que emerge siempre es una oscuridad mayor, una mayor crueldad, una forma más extrema de la violencia y el caos, un nuevo extremo de la sin razón, al que solo puede combatir un bien que contenga una dosis aun mayor de mal. En el fondo es una visión que tiende a justificar lo que está detrás de los juicios irregulares a los terroristas en Guantánamo,  y el posible uso de formas ilegales para perseguir y detener el narcotráfico. Si el mal se radicaliza, solo un bien aun más malo, puede detenerlo.
Quizás por eso esta reflexión corre paralela en la película, con otra, que explora la ausencia de razón para el mal.
Contra una tradición, muy de Holywood, de dotar a cada personaje de una “historia personal”, de una “lógica” de su conducta, que explique y haga comprensible las razones de sus acciones, la película renuncia a explicar al Guasón. En su lugar encontramos no unas sino muchas narraciones de un posible origen de las cicatrices que forman su “sonrisa”. Se trata de un personaje que reescribe (se reescribe) y en la reescritura pierde su identidad. No es nadie o es muchos posibles. Existe, pero no tiene historia y, si hay una sustancia, esta es la evidencia de sus marcas (los estigmas) y las variantes infinitas de su posible historia. En otras palabras, unas marcas en el cuerpo y un discurso que se reinventa.
Esto último es también interesante. Pues la relación entre la marca corporal y el discurso como dos horizontes que no se funden en una identidad, es parte de la fascinación contemporánea por la desvinculación entre el cuerpo y la verdad. En última instancia, el cuerpo es una identidad cuya verdad no puede ser asida por el discurso. Este sólo tiene aproximaciones tentativas, de variantes casi infinitas, y siempre verosímiles. Y es en ese hiato, en ese punto en que el cuerpo no puede ser un testigo de la verdad (es justo lo contrario de un estigma), donde aparece el mal.

Sitios de filosofía en internet. Algunas conclusiones:

1.- Entre los sitios sobre filosofía dirigidos al bachillerato en español, no hay ninguno que pueda ser considerado la referencia principal, porque sea la más completa, la más profesional, la más didáctica, la más accesible, en fin, el sitio con el cual comparar a todos los demás.

2..- El área está descuidada, sobre todo en la parte de las grandes iniciativas institucionales que no acaban por tomar cuerpo completo, como en los modelos de colaboración: las wikis que existen no alcanzan todavía un grado de madurez suficiente para tomarlas completamente en serio.

3.- Desde el campo editorial en papel, de los productores de libros de texto para la enseñanza de la filosofía, no hay esfuerzos aparentes para aprovechar Internet con ese fin.

4.- Los blogs, por el contrario, parecen estar elaborados con mayor dedicación y mayor esmero que muchos de los sitios más ambiciosos. Una razón probable es que se trata en todos los casos de esfuerzos individuales, sin articulación institucional, para los que es más eficiente el uso del formato del blog que el de un sitio.

5.- Los principales sitios son españoles y después argentinos. No hay, dentro de la comunidad de habla hispana, otros países, incluyendo México, que estén emprendiendo iniciativas en esa dirección o cuyos esfuerzos sean visibles en la red.

 

Hay pues mucho terreno dónde abonar y trabajar.

 

Sitios de filosofía, en español, para bachillerato

Cuando uno abandona el terreno poco fértil de los buscadores, para adentrarse en la red de los sitios que son referidos por otros sitios sobre filosofía en español en Internet, uno se enfrenta, por un lado, al problema de la cantidad y, por otro lado, al problema de la calidad y la idoneidad de los sitios para los fines que uno busca.

En la red hay de todo: hay sitios que prometen llegar a ser un buen centro de documentación sobre filosofía, pero que continúa en construcción después de varios años. Hay otros que se hicieron de manera más o menos completa, pero que se abandonaron. Algunos están realmente muy mal hechos, y son muy poco prácticos. Los hay que contienen errores imperdonables. También hay los que dicen ser, pero no son ni de filosofía, ni de nada se le parezca. En fin, que la tarea de separar los que sirven de los que no sirven es larga, tediosa y muy a menudo, desalentadora. ¿Habrá alguno que sirva?

Decidí no utilizar criterios muy estrictos, por la sencilla razón de que ni siquiera los mejores sitios o incluso proyectos de sitios sobre filosofía en Internet para Bachillerato en español, tienen estándares altos tanto de calidad como de contenido. La gran mayoría, en realidad, son producto de una buena intención, con una ejecución razonable, y nada más.

Aún así, definí algunos criterios:

  • Primero. Los sitios deberían tener un contenido relacionado con la filosofía y dirigida al bachillerato, y estar en español.
  • Segundo. El contenido debe ser lo suficientemente amplio para resultar atractivo, aun y cuando el sitio no esté completado o en un grado de avance muy alto.
  • Tercero. Los autores o las instituciones impulsoras deben poderse encontrar en la página y contactarse.
  • Cuarto. El diseño debe permitir una navegación razonable, aunque su desarrollo no sea profesional.
  • Quinto. En el caso de páginas de ligas, éstas deben ser accesibles en su mayor parte y con contenido filosófico relevante, aunque no sea dirigido al bachillerato.

El resultado de someter gran parte de las páginas encontradas a este criterio, fue el siguiente:

 

Generales
Apuntes de filosofía. Portal de José Vidal González Barredo con contenidos sobre temas de filosofía para el Bachillerato español.

Biblioteca de autores socialistas. Portal que contiene textos básicos del pensamiento socialista (Marx, Engels, Lenin, etc. en formato digital)

Boulesis.  Sitio con diversos recursos didácticos para profesores de filosofía y ética. Presenta cuestionarios, ejercicios y textos para analizar en clase y también cuenta con juegos para los alumnos.

Cibernous: Mapa y territorio de la filosofía. Proyecto educativo sobre filosofía que contiene algunos materiales didácticos valiosos, como un glosario de términos.. Aun en construcción.

Enciclopedia de filosofía Symploké. Se trata de un enciclopedia de fácil acceso, excelente para consulta.

Filosofía.net. Página de enlaces a revistas y diccionarios de filosofía.

Filosofiai. Wiki de filosofía aun en construcción que tiene material de apoyo para las asignaturas de filosofía a nivel bachillerato.

Filotic. Enciclopedia wiki de filosofía que contiene bibliografías y otros contenidos útiles para estudiantes y profesores de filosofía.

La filosofía en la red. Página de enlaces de filosofía en Internet. Algunos son útiles.

Proyecto Filosofía en español. Proyecto en marcha alrededor de la filosofía hecha en lengua española.

Torre de babel ediciones. Portal de Filosofía, psicología y humanidades en Internet.

Wikilearning. Comunidades de wikis libres para aprender.

Sitios de Filósofos en español

Arthur Schopenhauer Web.

Kierkegaard en español.

Nietzsche en castellano.

Blogs

Blog de temas sobre la historia de la filosofía.

Blog sobre didáctica de la filosofía.

Canal de videos sobre filosofía de la revista A Parte Rei.

La filosofía en la tela de araña. Notas y podcasts sobre temas filosóficos y ejercicios para realizar en clase o como tarea.