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Tagore: lo moderno y la verdad

Debo a Domenico Fiormonte la oportunidad de haber leído Judgment de Rabindranath Tagore nada más llegué a Italia. Es un texto notable escrito en un momento definitivo: se trata de un juicio a Occidente hecho desde a India, en el espacio de la entreguerra (1925); un ensayo que analiza las estrategias colonizadoras de occidente desde la posición del colonizado, para hacerles frente, no mediante la fuerza, sino mediante el juicio. De las muchas ideas que el texto incisivamente presenta, hay dos que han calado más hondo en mi ánimo. En esta entrada, retomo la primera de ellas.

La primera es la reflexión que hace sobre lo moderno. Escribe:

If that is the definition of modern (que se piensa es el crecimiento indefinido y la libertad), then we must know that its essential element does not consist in a particular time, but in a particular truth, lacking which a thing of the latest pattern and polish may in reality.

Para quien se ha acostumbrado, como yo, las sociedades de los países más ricos como “adelantadas en el tiempo” siguiendo un reflejo cultural largamente escuchado, la forma en que Tagore desplaza el problema del tiempo al del reconocimiento de una específica concepción de la verdad, me resulto ilumnadora.

El problema no es que unos hayan llegado al futuro antes que otros, el problema es que Occidente o los países del Norte, o los países dominantes, como se quiera, son los que definen lo qué es “adelante”. Para Tagore, es en el campo del dominio de la episteme, y no en el tiempo, donde las diferencias de las sociedades son puestas en juego. Para precisar aun más distinguiendo la ciencia del uso violento de la “verdad”, puntualiza:

But what is most unfortunate for us in Asia is the fact that the advent of the West into our continent has been accompanied not only by science, which is truth and therefore welcome, but by an impious use of truth for the violent purpose of self-seeking which converts it into a disruptive force.

La idea me ha hecho pensar mucho en la adopción de las Humanidades Digitales en un país como México. ¿Qué hay en ellas de la ciencia que es bienvenida y qué tanto junto con esta viene una verdad violenta y disruptiva?

El espacio necesario para apenas esbozar esta cuestión excede por mucho, la entrada de este blog. El texto de Tagore es quizás la punta de la madeja, cuya hebra hay que jalar cuidadosamente. Siempre, en todos los casos, uno debe inquirir por la episteme que se traslada con el uso de las tecnologías y lo que esta envuelve.

Para seguir con el tema de la tecnología y la verdad. Más que con el de Tagore. Recomiendo estos dos textos:

 

Knowledge Monopolies and Global Academic Publishing de Domenico Fiormonte y Ernesto Priego

The politics of code. How digital representations and languages shape culture.  Domenico Fiormonte, Desmond Schmidt, Paolo Monella, Paolo Sordi

 

La llegada de la filosofía del Renacimiento a América Latina

El último año he estado trabajando, junto con Javier Santamaría, en el proyecto de reunir los textos introductorios -introducciones, prólogos, preliminares- a las traducciones y los estudios sobre filosofía del Renacimiento en América Latina. El objetivo del proyecto es simple:  concentrar textos que están dispersos, en donde se declara o explica las motivaciones y las ideas detrás de los trabajos de traducción o de estudio del Renacimiento.

El origen del proyecto fue mi participación en el Coloquio Internacional El Renacimiento italiano desde América Latina organizado por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM y la Villa I Tatti, de la Universidad de Harvard que se celebró en 2015 en Oaxaca.

Aunque falta aun por reunir algunos textos que ya hemos identificado y es probable que otros, que circulen o hayan circulado sólo en algunos países se nos escapen, el sitio que hemos preparado ofrece un panoramas general del interés por la filosofía del Renacimiento en el América Latina.

 

 

El destino y la lengua. Sobre Arrival y The story of your life

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No es frecuente que un humanista protagonice una película. En general cualquier película, pero en particular una película de ciencia ficción (hay quien vería ahi una contradicción). Los humanistas no suelen ser audaces o sexis, ni llegan a descubrir una nueva fórmula que cambiará al mundo. Son mas bien retraídos, estudiosos, solitarios, desalineados, al menos en la imaginación popular y por eso, normalmente pierden su lugar frente a los científicos y los antropólogos. De ahí la sorpresa de ver en The arrival (La llegada), una película de ciencia ficción dirigida por Denis Villeneuve y escrita por Eric Heisserer, una protagonista que es ni mas ni menos una lingüista  -una de las ramas más duras y más clásicas de las humanidades. ¿Qué puede hacer una estudiosa de la lengua ante el evento de la llegada de unas naves alienígenas? Básicamente redefinir el sentido del encuentro con los extraterrestres de un problema bélico -que suele ser la hipótesis más común- a un problema de comunicación entre culturas distintas, mediante la comprensión de la lengua y la escritura.

Me parece que desde el punto de vista conceptual, el gran mérito de la película consiste en centrar su núcleo dramático en eso, en la dificultad de traducir una lengua, y por ende un mensaje, una intención y una comprensión del tiempo y del universo, en ves de asumir sin más, que cualquier encuentro tiene necesariamente un sentido bélico. En ello hay una posición abiertamente crítica con tantas y tantas películas de extraterrestres, y también un cuestionamiento, al menos a partir de ciertos guiños, a la ciencia por concurrir frecuentemente con la aproximación militar, pero también por su tendencia a pensar que puede cambiar el destino.

La película está inspirada en un cuento de Ted Chiang The story of your life, con el que comparte los principios anecdóticos que conforman la trama, pero no la aproximación de fondo. A Chiang le interesa discutir la posibilidad de un pensamiento, y por lo tanto, de una lengua, que exprese el acuerdo entre el conocimiento del porvenir y una voluntad libre que elige seguir el camino previamente establecido. En este sentido, el problema del aprendizaje de la lengua y el encuentro con los extraterrestres -central en la película- es secundario con respecto a la dilema de tener conciencia del porvenir y renunciar a alterarlo que destacan en el cuento. Este discurre, pues, por los caminos de la especulación metafísica -como de hecho lo hacen la mayoría de los cuentos recogidos en The story of your life, y lo hace de una manera extraordinaria. Los de Chiang son cuentos eruditos -en un sentido muy de Borges- y a la vez extraordinariamente imaginativos.

En mi caso particular, The arrival me llevó a The story of your life. A mi juicio, ninguna desmerece porque ambas son un buen pretexto para repensar y pensar desde y con la filosofía, y la lengua además de lo imaginado -la llegada de naves alienígenas-, lo presente.

 

 

 

Querétaro, bibliotecas, filósofos y humanidades Digitales

Humanistas Digitales UAQEl jueves y viernes de la semana pasada impartí un curso de Humanidades Digitales en la Universidad Autónoma de Querétaro. Quiero relatar la experiencia porque fue diferente a la de otros cursos de HD que he dado en México. Son dos las razones principales: la primera es que los asistentes provenían de tres áreas: letras, filosofía y la personal de la Dirección General de Bibliotecas que eran jóvenes con formaciones diferentes -desde psicología a historia-, pero que colaboraban en la biblioteca. El hecho de encontrar bibliotecarios interesados en las HD en México no es tan común como uno esperaría y filósofos, bueno, son muy raros. Como explicación a esto, descubrí que el hecho de que el personal de la biblioteca tuviera una formación diferente a la de bibliotecnología -de psicología a historia- ayudó a que se acercaran a las HD con entusiasmo, y, en lo que se refiere a los filósofos, influye el hecho de que la UAQ tiene una aproximación práctica a la filosofía, sobre todo en una maestría de Filosofía aplicada. La segunda razón es su inmersión previa en el uso de herramientas y las ideas de colaboración y acceso abierto de las HD, que eran mayores a las del promedio, una inmersión que tenía por origen los intereses personales y cierto interés institucional, particularmente de la biblioteca, para que se formaran en ella.

Encontrar un grupo así, me entusiasmó mucho. Pues es el tipo de grupos en el que mejor pueden madurar las HD, no sólo porque un lugar privilegiado para hacerlo es la biblioteca, sino porque la confluencia de diversas formaciones disciplinares ayudan a generar proyectos digitales más ricos.

En lo personal, yo espero que el curso haya ayudado a incrementar el interés por las HD, y que en el futuro la colaboración entre los Humanistas Digitales de la UAQ, y el resto, se incremente, sobre todo en miras del DH2018 que tendrá lugar en México.

 

El papiro del César. Un nuevo Astérix

Asterix el Papiro Una nota muy breve. Encontré la última entrega de Astérix un domingo en una librería hace ya dos semanas. Por supuesto, lo leí de inmediato. Me sigue causando mucha emoción que Astérix y Obélix tengan una nueva aventura, aunque estas sean firmadas por Ferri y Conrad.

El Papiro del César es mejor y más divertido que Asterix y los pictos, pues no sigue los pasos de una trama tomada de algún episodio anterior. El papiro es más bien una mezcla de escenas y ambientes tomados de aventuras previas, lo mismo de la Vuelta a la Galia, La cisaña y la hoz de Oro, pero organizadas al rededor deun hecho detonador original: el robo de un capítulo de la Guerra de las Galias de Julio César, que había sido suprimido por el editor -por que no dejaba muy bien parado César- y que va a dar, por supuesto, a la Galia.

La idea es ingeniosa y el episodio la sigue con una ironía que casi hace recordar a Goscinny, salvo por el hecho de que el desarrollo narrativo es a veces precipitado y las ilustraciones barrocos, lo que disminuye el efecto de una buena idea. El resultado final es esperanzador. A lo mejor, en un futuro próximo, los nuevos autores se siente con la suficiente confianza para darle a Astérix, una vida llena de fabulosas aventuras.

 

Hugo Hiriart y Fragmentos del diario de un filósofo

En la semana fui a un examen de doctorado de una querida amiga mía. Entre los asistentes se encontraba Hugo Hiriart, uno de los escritores mexicanos que más admiro por su ingenio y capacidad creativa. Formado como filósofo, pero sobre todo literato y dramaturgo, Hugo Hiriart nos ha regalado ensayos, novelas obras de teatro y tratados filosóficos que no tienen desperdicio.

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Con el recuerdo de haberlo visto en el examen, decidí buscar algo suyo para leerlo y hacer una Ráfaga de Pensamiento. Me encontré con este fragmento del diario de un filósofo, que bien podría haber mi diario, dado mi interes por Ficino y por Pico, pero que en todo caso refleja muy bien una impresión de ser filósofo en México: vivir en un mundo que se toca, apenas, con el de la calle.

Los dejo con él.

 

Hugo Hiriart. Fragmentos del diario de un filósofo.

“El hombre, definió el neoplatónico renacentista Marsilio Ficino, es alma racional que participa de la inteligencia de Dios, pero que se sirve de un cuerpo.” Así, frente a mi, al mando de un carro semejante en la forma al de helados, pero cuyo fondo eran hotogs, estaba una criatura de estas capaces de participar del intellectus divinus. Esta entidad gemía extrañamente mientras hundía la cuchara en el pote de mostaza y la desparramaba sobre la salchicha. Percibí inmediatamente que entre suspiros miraba con atención algo situado detrás de mí (a mi dorso), así que, mordisqueado el hotdog que acababa de perfeccionarme el suspirante con unos chiles, me volví en intento de capturar el objeto de sus quejas: podría ser una de cuatro sustancias (en el sentido aristotélico del término): un perro resultante de apareamientos azarosos y careciente de señor, un camión recolector de basura, un individuo parecido a Kant cuando ya lo había atacado la idiocia o una criatura análoga a un macetón que ostentaba los atributos desbocados de la llamada Venus de Willendorf. A fin de resolver la cuestión dispuse de la astucia pragmática de seguir la como pista la mirada de ese “centro del universo” del que hablara Pico della Mirandola en su inmortal Oratio de homninis dignitate, y pude verificar que el objeto de su visión era la mujer cuya índole antropométrica se relacionaba impúdicamente con lo esférico –aunque, en verdad, se quedaba muy lejos de la suprema perfección de ese maravilloso que es tangente al plano sólo en un punto-. Ella era la causa (en sentido lato) de sus gemidos. Mire aquello que podíamos determinar metafóricamente como pelota y me dije a los oídos del alma (dianoia): “así que era eso, la lujuria, lo que hace presa de este desdichado arrastrándolo a la bestialidad. Recordé que tártaro (o hades, voz griega para nuestro infierno) parece provenir de una palabra que significa perturbar; y, en efecto,  el homo sapiens aquél era el viviente cuadro clínico del perturbado rodando por la pendiente de su fisiología, regodeándose en su facultad de procreación (potentia generations), aplastado en el alma inferior (anima secunda). En esa mediación me hallaba, cuando la masa de materia –tendida ella misma entre el ángel y el animal- realizó un movimiento de torsión, volvió la cabeza, prendió al expendedor de alimentos y con toda su boca generable y corruptible, sonrió. El abismo llama al abismo –por medio de insinuaciones y caricias-. La perturbación del infeliz creció hasta el paroxismo: su enajenación era tal que no acertaba a condimentar el segundo hotdog que mi golosinear exigía. La voluntad de la especia, desde sus pantanos remisos a la inteligencia, pugnaba por expresarse traduciéndose (por decirlo así) en actos aún más intencionados y distinguibles. El desenlace de este nudo dramático hay que atribuirlo al deus ex machina que significó la patencia de un taxi: la pródiga dama lo abordó toda ella (que ya es decir) hecha un nudo de dificultades y resoplidos, no sin antes practicar otra irresponsable torsión acompañada de sonrisa. La carne es triste: el esclavo de las pasiones exhaló bufidos melancólico y lastimeros, hizo caer una lluvia desproporcionada de cebolla sobre el pan caliente y, entre el infinito pasado e infinito porvenir, me preguntó (cómplice, intersubjetivamente) “¿La vio, la vio?, y todavía alzó la cara para estar en posibilidad de memorar cómo se alejó aquella sonriente res extensa. “La desesperación, recordé que dice Hegel, es la última manifestación de la soberbia.” Tranquilizado por el aforismo acabé de engullir mi manjar.

Tomado de Hugo Hiriart. Disertación sobre las telarañas. Martin Casillas editores, México 1980

 

Artículos Académicos 2015

2015 fue un año productivo. Esto son los artículos que publiqué a lo largo del año

 

Una mirada al libro electrónico

Isabel Galina y Ernesto Priani

El libro electrónico llegó para quedarse —hoy incluso el diccionario de la Academia Española lo acoge en su seno—, pero aún no queda claro qué lugar ocupará. En esta, la primera entrega de un trabajo de reflexión histórica, cultural y tecnológica sobre la naturaleza del e-book, dos destacados “humanistas digitales” emprenden la nada sencilla empresa de comprender qué está en juego con la irrupción de este nuevo avatar de la cultura escrita.

Los derechos de autor en lo libros electrónicos

Isabel Galina y Ernesto Priani

Presentamos aquí la tercera entrega de un trabajo de reflexión histórica, cultural y tecnológica sobre la naturaleza del e-book; en esta ocasión, nuestros destacados “humanistas digitales” se proponen revisar los muchos desafíos jurídicos que imponen las peculiaridades de estos documentos inmateriales.

Las humanidades digitales en español y portugués. Un estudio de caso: DíaHD/DiaHD

Ernesto Priani Saisó, Paul Spence, Isabel Galina Russell, Elena González-Blanco García, Daniel Alves, José Francisco Barrón Tovar, Marco Antonio Godínez Bustos y Maria Clara Paixão de Sousa

From Fragment to Hypertext: Adding Layers of Reading

Ernesto Priani and Ana María Guzman Olmos

Abstract: In this paper we will suggest that a hypertextual representation of the text allows us to show different temporal layers of reading and add new ones. We use the notion “layers of reading” as a metaphor to explain how, historically, each reading of a text creates a new layer, an independent “stratum of meaning”that is superimposed to a previous reading. The metaphor comes from geology, of course, but it is also found in software. When we first thought about “layers”, we had in mind a Photoshop tool called layer that lets you draw over a figure you made before, without changing it. The way in which this tool works is by organizing your picture in levels, so you can see the entire figure, while you are working only in one part (or layer) of it, and it encapsulates the other parts. At the end, your picture is the conjunction of the layers you have opened and drawn, but in the middle of the drawing process you can choose to work with some layers instead of others, and, of course, open a new layer to draw in it.

El texto digital y la disyuntiva de las humanidades digitales

A partir del hecho de que las humanidades se estudian dentro de una ecología mixta entre lo impreso y lo digital, y en donde este último está tendiendo a ser predominante, el artículo se pregunta qué tanto el cambio de ámbito conduce a las humanidades hacia el umbral de un nuevo paradigma, o si los conceptos, métodos e ideas que han constituido tradicionalmente a las humanidades continúan vigentes aún en este nuevo entorno. Para responder a esta pregunta, el artículo se propone abordar el tema del texto y sus posibles variaciones prácticas y teóricas a partir de su digitalización. El texto ocupa un lugar predominante dentro de las humanidades porque es, al mismo tiempo, objeto primario de estudio, producción de conocimiento y diseminación. El artículo sostiene que aun cuando la digitalización nos obliga a redefinir nuestra noción de ‘texto’ porque se ha modificado su naturaleza y se ha abierto una intensa discusión sobre lo que este es, no se ha roto ni teórica ni prácticamente con el paradigma de lo impreso. Las teorías sobre el texto digital desarrolladas por Dino Buzzetti, Manfred Thaller, Jerom McGann y Paul Caton, así como la concepción misma de la codificación SGML/XML/TEI, que serán objeto de análisis de este artículo, preservan residuos de la concepción tradicional sobre el texto, que evidencian cuán poco las humanidades se han desprendido de nociones provenientes de la tecnología de lo impreso.

Oralidad y bibliotecas

Ayer participé en un conversatorio dentro del Segundo Congreso de Innovación Educativa del TEC de Monterrey. El ponente fue Antonio la Fuente del MediaLab Prado. Lo acompañábamos  Paola Sarango-Lapo de la UTPL de Ecuador, Teresa Rodríguez Jiménez de la UDG, Paola Ricaurte Quijano
del TEC. La oportunidad de escuchar y conversar con Antonio Lafuente fue, por supuesto extraordinaria. Tanto, que me atreví a tomar unos apuntes, que traslado aquí.
Antonio comenzó sosteniendo que la cultura oral es mayor a lo que llamamos ciencia (como la producido por las instituciones universitarias). De hecho, sostuvo, las actividades orales de transmisión del conocimiento son mayores que lo que escribimos. Y puso sobre la mesa un par de datos escalofriantes: el  70% artículos científicos en humanidades (en otros campo baja el porcentaje, pero no más del 48%) nunca son citados. Del resto, el 50% se cita una vez. En otras palabras, la ciencia publicada se conoce poco y trasciende poco. El mayor impacto está, en realidad, en la transmisión oral, directa, informal del conocimiento.
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Su otro argumento consistió en afirmar la superioridad de lo experiencial frente a lo experimental (conocimiento en todos lados). En realidad, el conocimiento está en todos lados,  aseguró, y puso tres ejemplos:
En bici x madrid es una comunidad que en muy poco tiempo ha generado un conocimiento fabuloso sobre la ciudad de Madrid, los paseos en bici, la forma de gestionarlos, en fin…
Asociacion francesa de miopatias una comunidad formadas por pacientes de enfermedades raras, que es uno de los más importantes contribuyentes para la investigación en Francia.
Brain Talk Communities  agrupaciones de pacientes de enfermedades mentales que han prescindido de la gestión médica, para comunicarse la experiencia de su enfermedad.
Destacó como la oralidad (que cuando le pregunté qué entendía por ella explicó que se trataba de un uso metafórico para referirse a la producción del conocimiento de forma directa, sin ataduras formales o institucionales a través de una conversación) es la base de la producción de conocimientos en esta casos. Y subrayó la importancia de la formación de la redes sociales, de la comunidad, antes que la producción.
Finalmente habló de los bienes comunes, para señalar que está a favor del Open Access como  bien común pero que es necesario ir más allá, literalmente: llevar a la gente a las plazas para que haga uso del conocimiento. Es decir, evitar convertir el  conocimiento oral en información, mediante la promución de culturas del aprendizajes no basadas en el libro y el instructor.
Y luego señaló, irónicamente: “Es mas fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”
Y dejo abierta la provocación:
¿Cómo hacer que ese conocimiento popular y colectivo penetre en el aula y la biblioteca?
Publico

Como Simone de Beauvoir, pero sin el sexo

La semana pasada en la clase de Introducción a la investigación filosófica discutimos en el grupo qué era la filosofía y que hace el filósofo. Para ello, previamente, les había dado a leer textos de Derrida, Lyotard, Badiou, Onfray y Ortega y Gasset, para tener algunos referentes para la discusión. A partir de ellos, casi de inmediato, saltó a discusión que la filosofía era un modo de vida; es decir, una actividad que se desarrolla no en un lugar determinado, ni en un espacio y tiempo concreto, sino que ocupa la totalidad de la vida de aquel que decide hacerse filósofo. Una idea que nos viene de la antigüedad, a través de las vidas de los filósofos, pero que permanece en el ideal colectivo de lo que es la filosofía.

Después los invité  a pensar en vidas filosóficas que nos podrían servir de modelo. Para mi sorpresa, no hubo muchas. Alguien mencionó a Carlos Pereyra porque había llevado su trabajo filosófico a la esfera pública como militante del Partido Comunista y de otras organizaciones políticas, y como analista político en artículos de opinión en diversos medios. Más tarde, una de mis alumnas propuso a Simone de Beauvoir, pero fue muy enfática en señalar que siempre y cuando no tuviera que tener su vida amorosa.

Su puntualización sobre la vida de Simón de Beauvoir me pareció reveladora de una tensión existente en la manera de concebir al filósofo. Si bien la filosofía se nos ofrece como una forma de vida, la forma de vida del sabio, a la hora de examinar con detalle la vida de los filósofos parecen todo, menos ejemplares y sabias.

Piénsese si no en J. J. Rousseau abandonando a sus hijos, en Russell y su trato a las mujeres, en la vida de Kant retratada por De Quincey, por solo escoger solo un puñado de las vida filosóficas que no me entusiasman mucho. En todos los casos, la vida del filósofo parece volverse en contra de tener un vida filosófica.

En el curso de posgrado que Teresa Rodríguez y yo hemos impartido este año, dedicado a la vida filosófica, y en la que nos detuvimos a examinar la vida de Aristóteles contada por Diógenes Laercio y Leonardo Bruni, y la vida de Wittgenstein contada por Ray Monk, hemos reflexionado mucho a propósito de lo filosófico de las vidas filosóficas. Es decir, sobre qué hace a una vida ser filosófica. La conclusión, simple, es que eso filosófico es una representación. Todas las vidas filosóficas siguen una estructura más o menos común que en la que, en apariencia, está estaría constituida por una serie de acontecimientos en los que se expresa una idea, una máxima, que se sintetiza el pensamiento del filósofo.

¿Hasta dónde esta representación de la vida filosófica es una cadena que nos impide pensar más allá de ella? ¿Existe la posibilidad de pensar la actividad filosófica sin la atadura de una vida? ¿Es esta posibilidad de pensar el quehacer filosófica desligado de la aventura vital, un mode de representar el lugar de la filosofía? Son preguntas, claro, que esperan respuesta.

 

 

Escribir sueños y la salud del alma

Le debemos a Sinesio de Cirene uno de los textos más significativos sobre el sueño por su influencia en el tiempo, la claridad de sus ideas y la síntesis que hace de las concepciones dominantes. Entre otros, Giordano Burno lo cita repetidamente cuando necesita describir la naturaleza del espíritu fantástico.

Su tratado, sin embargo, es peculiar. Se trata más bien un ensayo sobre los fundamentos de la interpretación de los sueños, más que de un arte de interpretar los sueños. De los temas que sobre salen en él: la naturaleza de las almas en el mundo, su posibilidad de regreso, el papel que los sueños tienen en ese tránsito hacia lo alto, la fisiología que produce los sueños y las fantasías en general a través de simulacros como en Lucrecio y Epicuro, me interesa sobre todo, el exhorto final a poner por escrito la vida onírica. Transcribo el pasaje en que lo hace:

Sería también prudente poner por escrito nuestras visiones durante la vela o el sueño y las coincidencias que acontecieron, si es que las costumbres de la ciudad o van a resultar rústicas antes lo novedoso de nuestro propósito. Y es que nosotros estimamos conveniente contar con los que denominamos “diarios de por las noches” afines a los comúnmente llamados “diarios”, para así tener unas notas que nos informen sobre cada una de las dos fases de nuestra vida. La vida de la fantasía es –lo estaba dejando sentado en nuestro discurso- unas veces mejor otras peor que la vida corriente, según el estado de la salud o enfermedad en que se encuentre el espíritu. Pues bien, ¡ojalá pudiéremos, de este modo, si no se nos escapa nada de la memoria, hacer algo útil en pro de la observación, gracias a la cual cobra auge este arte! Por lo demás, podría ser un gracioso entretenimiento honrarse uno a sí mismo, tanto despierto como dormido, escribiendo la propia historia.

 

Quiero destacar sobre todo la necesidad de preservar un retrato de las “dos fases de nuestra vida”, que tiene funciones de observación para identificar cuál es el significado de los sueños, mostrando las relaciones entre lo que se sueña y lo que se vive diariamente durante la vigilia, pero también como un medio para honrarnos a nosotros mismos. De otorgarle valor a todo aquello que nos pasa y que vivimos, no solo en cuanto somos capaces de relatarlo, sino en tanto que somos capaces de hacer conciencia de eso que hemos vivido y de las conexiones entre una parte de nuestra vida y la otra. La escritura de los diarios es, pues, un sistema para observar e interpretar los sueños, un modo de valorar nuestra vida, pero sobre todo una manera de mantener la salud del alma.