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Lux et morbus

Lo evidencia el hecho de que no se ha entrevistado al director de Luz y Fuerza del Centro: nadie está interesado en hacer la historia de esa compañía, el retrato de las decisiones, las actitudes, las complicidades que a lo largo de los años, dieron forma a esa escandalosa deformidad de la que hoy todos hablan.

La falta de interés puede explicarse por la sencilla razón de que nadie quiere ver, cara a cara, el fracaso del sistema que llevó a esa compañía a la extinción, porque es el mismo que ha llevado al país al fracaso.

Hoy, que en todos lados se buscan culpables, todos acabarán por encontrarlos. Porque en el desastre de Luz y Fuerza del Centro nadie puede arrojar la primera piedra: ni el Estado y los sucesivos gobiernos que lo administraron, y que tomaron decisiones que –con el tiempo- pueden verse como perfectamente equivocadas, fruto de la improvisación, el desinterés por el futuro, la impreparación y la componenda. Ni la administración de la empresa, cómplice siempre de todos esos acuerdos y decisiones, tomadas siempre para salir al paso, nunca para establecer un futuro. Ni el sindicato, que es hoy el adalid del sindicalismo democrático, pero que fue a la vez cómplice de esas decisiones imperfectas y bárbaras, y causa de otras. Un sindicato independiente, si, pero que se acogió perfectamente al sistema de prebendas e intercambios, y privilegió la búsqueda de beneficios, antes que una mejor condición laboral, en una mejor empresa. Los sindicatos independientes y democráticos (tanto como los que no lo son) han sido una pieza clave del sistema, un engranaje cómodo para que funcionara como lo ha venido haciendo, una justificación permanente para la incapacidad. Pero, también hay que integrar aquí a los consumidores, a cientos de miles, que nos acomodamos a ese servicio, a lidiar con la corrupción, a explotar esa misma debilidad en provecho de uno mismo.

No sé si la decisión de extinguir la Compañía de Luz y Fuerza del Centro es la última de esas improvisaciones o el primer paso hacia la construcción de otro sistema, otra forma de operación de la sociedad como conjunto –mi optimismo es siempre escepticismo. Pero de lo que no me cabe la menor duda, es que Luz y Fuerza del Centro es hoy la metáfora perfecta del fracaso de este país, solo que al país no podemos extinguirlo.

Guía de perplejos

Si acaso la filosofía está siendo defendida en México, no es ésta la primera vez. He elegido el breve texto de José María Luis Mora, Rasgo Encomiástico de la filosofía, como parte de una sección en la que propondré quincenalmente textos filosóficos a la lectura y al debate, porque coloca en tesitura mexicana e histórica el elogio de la filosofía frente a sus detractores.

Al Comentario

 

Comentario de Carlos Vargas

Rasgo Encomiástico de la Filosofía

Aunque el estudio de la Filosofía sea tan recomendable y las ventajas que de él resultan al hombre en toda la vida son de tal modo palpables que sólo podrá no sentirlas quien cerrare voluntariamente los ojos a la luz, todavía no obstante son muchos los que bien hallados con su ignorancia, o careciendo de la franqueza necesaria para confesar la superioridad que reconocen en los que han procurado instruirse, se empeñan en deprimir una ocupación tan honrosa al que la profesa, como útil a la humanidad. No pretendo yo hacer la apología de que no pudiendo ser censurado sino por ignorantes, está sólo por este hecho bastantemente defendido; semejante pretensión es tan impropia de la escasez de mis luces, como ajena de la moderación que debe caracterizar a un amante de la Filosofía, o filósofo, que es el nombre con que me honro; sin embargo, como todos debemos poner nuestra piedra en el gran edificio de la ilustración pública, haré algunas reflexiones obvias para hacer ver su importancia y necesidad.
En efecto, ¿qué es la Filosofía? Sólo su definición es su mayor elogio. Es, dicen a una todos los sabios, el conocimiento de todas las cosas comprendidas dentro de la esfera del entendimiento humano. Y ¿cómo podrá dejar de ser útil un conocimiento tan vasto y universal? ¿Un conocimiento que según el grado en que se posea hace al hombre árbitro y señor del universo, sujetando a su poder todos los seres visibles? Sólo quien haya depuesto todos los principios de la razón natural podrá dar la respuesta negativa.
¿Qué cosa hay tan difícil que no alcanza un verdadero filósofo? No el buen uso del raciocinio que debe acompañar al hombre desde la cuna al sepulcro, pues éste lo enseña la Lógica; ni las leyes de la naturaleza material, pues yo veo que a la voz de Newton y de Copérnico los astros describen sus órbitas sin salir un punto de los límites que les tienen fijados; que a la dirección de Colón y Vasco de Gama un débil barco engolfado en mares inmensos, tempestuosos y desconocidos, triunfa del furor de los vientos y de la braveza de las olas, descubre países inmensos y desconocidos, por cuyas riquezas y productos se ha fomentado el comercio que suaviza las costumbres, desterrando los usos bárbaros de que abundan todas las naciones aisladas.
A la Filosofía se debe esta multitud innumerable de máquinas, que facilitando las operaciones de la industria y cargando a la naturaleza el trabajo que el hombre debía llevar, ha multiplicado aquellos productos que sirven para satisfacer sus necesidades proporcionándole toda clase de comodidades y los ha llevado a un grado de perfección tal, que sólo un hombre irreflexivo podrá dejar de admirar. Por medio de la Filosofía el hombre penetra las entrañas de la tierra y señala el punto fijo que debe equilibrar la pesantez de los cuerpos que la componen; ella misma lo eleva a las regiones etéreas y lo pone en estado de valuar con exactitud y precisión el volumen, masa, densidad y distancias respectivas de esos grandes cuerpos que giran sobre nuestras cabezas. Pero ¿qué suponen los esfuerzos del ingenio en la indagación de la verdad, comparados con los que se emplean en la consecución de la virtud? Pues éstos se deben igualmente al estudio de la Filosofía. Recórrase la historia de Grecia y Roma y se hallarán innumerables ejemplos de amor patrio, fortaleza, magnaminidad y desinterés debidos todos al estudio reflexivo que fomentó el amor de las virtudes. Se verá en Grecia a un Foción, un Arístides, un Sócrates y un Platón sacrificarlo todo, hasta su propia existencia, a la utilidad de sus semejantes y al amor de la patria; Roma presentará un Camilo, un Atilio Régulo, un Catón, un Bruto y un Cicerón, que quisieron antes morir sepultados en las ruinas de su patria, que sobrevivir disfrutando los honores y recompensas con que pretendía comprar el sacrificio de sus deberes el tirano vencedor… ¿Pero a dónde voy? Sería imposible hacer una enumeración exacta y cabal de las innumerables ventajas que al mundo ha procurado la Filosofía, baste decir que ella enseña el modo de indagar la verdad y de practicar la virtud. Yo, pues, convencido por estas razones del provecho personal que podía resultarme de la dedicación a ella, he impendido el tiempo de muchos años en escuchar su voz y grabar sus preceptos en lo más íntimo de mi alma.

José María Luis Mora. “Rasgo Encomiástico de la Filosofía”. En Obras sueltas. México: Porrúa, 1963, p. 605 – 606.

Comentario

Del texto de Mora vale la pena detenerse, primero,  en la dificultad de argumentar a favor de la filosofía frente ignorantes que la atacan porque éstos, al ser ignorantes, serían incapaces de comprender el argumento a favor de la filosofía.
La posición de Mora supone una doble exclusión: la de la filosofía por los ignorantes, la de los ignorantes por la filosofía. Mora no busca ni propone puentes. Y el texto no consituye un díalogo, sino un monólogo. Mora habla sólo a los saben de los bienes de la filosofía. A los otros, sólo si quieren escuchar o si están dispuestos a aprender. Si están dispuestos, pues a reconocer el valor de la filosofía.
El segundo es el elogio mismo de la filosofía. Mora le atribuye a ésta una utilidad extraordinaria: es todo el conocimiento humano. Y a ella se le debe, en consecuencia, todo fruto de éste: todas las máquinas y los progresos, la mejor forma de comprender al mundo, el modo de encontrar los equilibrios, la mejor mandera de vivir.
La atribución es tan desmsurada que asombra. ¿Exagera? ¿Toma crédito de lo que no le corresponde? ¿Asigna al filósofo un papel que los desborda? En todo, caso, ¿cuál es el punto de describir así la utilidad de la filosofía? A lo mejor, sólo establecer un territorio: nada que sea verdadero cae fuera del territorio de la filosofía: cualquier ataque a ésta, sólo puede venir de lo que no es ésta: la ignorancia.
Concluye, sin embargo, con lo único en que estoy de acuerdo con él: la filosofía enseña “el modo de indagar la verdad y de practicar la virtud”. Porque fomulada así, la filosofía no demarca un territorio de fronteras intransitables, sino una enseñanza significativa, para cualquiera que quiera recibirla.

La tibia alternativa a Google Books

Dos proyectos aparecidos en los últimos 8 meses se han propuesto marcar una diferencia frente a la enorme iniciativa de digitalización de Google Books. El primero es Europeana, financiado por la Comunidad Europea, que organiza y da acceso a 4 millones de objetos digitalizados de la red de bibliotecas y acervos europeos, y que proyecta llegar a los 10 millones de objetos para el 2011. El otro es la World Digital Library, desarrollada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, con la participación de la UNESCO, de distintas instituciones en varias partes del mundo, y financiados con fondos privados, entre los que se encuentra entre otros Google. Por ahora, ésta ofrece alrededor de 1000 objetos digitales, pero planea tener un crecimiento exponencial los próximos años.
La historia de ambos proyectos se remota, coincidentemente, cuatro años atrás, al año 2005, cuando se origina el boom de los programas de digitalización de fondos editoriales. Ese año, mientras Google Prints pasa a llamarse Google Books, y Microsoft y Yahoo, en respuesta, se integran a la Open Content Alliance, la Comunidad Europea y la Biblioteca del Congreso inician la planeación de sus iniciativas que tendrán como origen un diagnóstico semejante frente a los problemas y peligros implícitos en el hecho de que empresas privadas, con criterios comerciales en materia de digitalización de libros, todas ellas de origen norteamericano y sin claridad en cuanto a los criterios de organización y validación de la información bibliográfica (el problema ya detectado en el Proyecto Gutenberg), tomaran la vanguardia en el proceso de llevar los archivos bibliotecarios al mundo digital.
Cuatro años más tarde vemos la respuesta a ese diagnóstico: ambas son iniciativas públicas no comerciales. Se proponen la preservación del patrimonio colectivo, dando dan acceso a él libremente y a través de interfaces multilinguísiticas, para que el idioma no sea una barrera en la obtención de la información. Han cuidado que el material digitalizado sea valioso y relevante, y claramente identificado, y que vaya acompañado de algunos elementos de contexto que permitan comprenderlo mejor a los visitantes. Pero más allá de estas coincidencia y compromisos más o menos comunes, los proyectos tienen diferencias importantes en su ejecución.
Europeana es un proyecto centrado en Europa y consiste básicamente en un interfaz de acceso a colecciones de información ya existentes, y en proceso de crecimiento. Es pues un intermediario entre esas colecciones y los usuarios, que incluye algunas herramientas como crear comunidades sobre un tópico y funcionalidades como organizar la información siguiendo una línea del tiempo, por idioma, país.. etcétera… Quizás, el mayor problema del sistema es que no distingue materiales escaneados y meras fichas de registros en las bases de datos de una biblioteca, por lo que presenta ambos indistintamente. Esto es frustrante porque al lado del acceso a una foto de Sarte o de Freud en la Biblioteca Nacional de Francia, uno encuentra sólo una entrada al catálogo de una biblioteca española. De modo que el proceso de discriminación entre objetos digitales valiosos (visibles directamente por internet) y los catálogos de fondos debe hacerla uno mismo, y el resultado es exasperante: hay más fichas de catálogo que textos, imágenes o sonidos digitalizados. En el fondo, precisamente por eso, es difícil saber qué aporta, además de centralizar la información, un proyecto comoEuropeana. En muchos sentidos, sólo es un buscador especializado, que no parece, todavía, hacer ninguna diferencia respecto al uso de cualquier otro buscador mucho más amplio, por ejemplo Google, y no aporta mucho más al tema de libros escaneados.
La WDL es otra cosa por completo. Se trata de una colección original de objetos digitales, provenientes de distintas instituciones, escaneados para conformar esa biblioteca. Tiene un interfaz gráfico multilinguístico para acceder a los objetos, con funcionalidades para ubicarlos por tiempo, lugar, idioma, tema, etcétera… Lo objetos son presentados con información de contexto y datos de catalogación, y con una calidad verdaderamente excepcional. El valor de la biblioteca es, sin embargo, limitado. Tiene una orientación más bien museográfica, y da la impresión de que los criterios de selección tienen que ver con la vistosidad de los materiales y su representatividad de una cultura o un país, más que con otros fines. Está bastante más lejos de representar una alternativa a Google Books, de lo que está, por ejemplo, Europeana.
En todo caso, Google puede seguir tranquilo. Ninguna de estas iniciativas va a hacer alguna diferencia, ni va a cambiar las rutinas de búsquedas. Y en muchos casos, sospecho que es una de esas grandes inversiones inspiradas más en dar una respuesta política –más o menos honrosa- que en construir realmente una alternativa.

 

TV: el triunfo de la mente

En el último año la televisión norteamericana ha vuelto sus ojos hacia la mente. Al menos tres programas, Lie to meThe mentalistMental, abordan desde distintos frentes el tema común de la psicología y los estados mentales. Cierto que la estructura de los programas no es muy distinta a la de otros programas exitosos. Lie to me como The mentalist son programas policíacos. En el primero, su protagonista, el Dr. Cal Lightman, aplica la psicología para la lectura de las microexpresiones a partir del Facial Action Coding System, que servirán al final para descubrir quién el culpable del crimen. En el segundo, Patrick Jane es un hombre con habilidades de mentalista y que alguna vez tuvo un espectáculo como medium, que utiliza capacidad de observación para resolver los crímenes. Solo en el tercero, Mental el programa sigue el modelo de House, pues su protagonista es un psiquiatra heterodoxo (no podía ser de otra forma, claro), que utiliza sus habilidades para diagnosticar y resolver problemas mentales que representan un misterio para la mayoría.
Aunque desde el punto de vista de la calidad televisivaLie to me es por mucho el mejor, por las actuaciones y la consistencia de las historias, el último es el que resulta más interesante desde el punto de vista de las ideas. Por una parte es la confirmación del interés de la televisión por explorar una frontera distinta: la de la mente y los procesos psicológicos, tratados a partir de los especialistas en esos procesos. Si es cierto que en todo detective siempre ha habido un psicólogo, y que en los tres casos hablamos de “detectives” que se valen de la deducción para obtener los resultados, (Sherlock Homes sigue, pues, más vivo que nunca), es la primera vez que el psicólogo/psiquiatra es el protagonista y lo mental, la materia a discutir. En parte, esto es una evidencia de hasta qué punto el tema, como el protagonista, se han convertido en figuras reconocibles en la cultura norteamericana, y hasta dónde han alcanzado una relevancia y un impacto social equiparable al del geek de CSI o Bonnes.
Quizá lo que más atrae mi atención es cómo la mente y lo mental, viene a ocupar un escaparate que tradicionalmente ocupaba la psique. Este arribo de lo mental significa que no lidiamos con las profundidades del alma; con su complejidad y su incertidumbre, para hacerlo en cambio con la certeza descriptible de los procesos mentales. Este es un cambio en la forma de aproximarse al problema del crimen, tanto como de la enfermedad mental, pues se abandona el sendero de preguntar por los resortes que activan, mueven y dan forma al alma, para hacerlo por la naturaleza de los procesos que tienen lugar en la mente y que, en cierta medida, sustituyen ese complejo que es la personalidad por ese estándar que es la mente. Menos historias familiares, y más familiaridad con nombres clínicos, técnicas psicológicas, medicamentos y terapias es lo que nos traen estos programas. Un mundo de personalidades sin antecedentes, pero con mentiras que ocultar, gestos reveladores y síntomas que permiten llegar a la verdad.
Porque en el fondo, de eso es de lo que se trata siempre: qué es la verdad y cuál es el proceso que lleva a descubrirla. En tiempos claramente positivos como los que se viven hoy, la verdad está cada vez menos formada por historias ocultas, misterios guardados en el clóset familiar o en el enigma de nuestra constitución como seres humanos. La encontramos, más bien, en la evidencia, en lo que es manifiesto, en lo que permite una lectura que en ocasiones se piensa unívoca: la del diagnóstico.

Defender la filosofía II

Algunos podrían sentirse tranquilos y reconfortados por el hecho de que el 7 de mayo la SEP aceptara que dentro de la Reforma Integral de la Educación Media y Superior (RIEMS) el área disciplinar de Ciencias Sociales cambiara de nombre para llamarse de Ciencias Sociales y Humanidades. A fin de cuentas, es un reconocimiento de la humanidades como disciplina, y de la actividad que los grupos de profesores han llevado a cabo para defenderla. Pero las aguas siguen agitadas. El Observatorio filosófico hizo saber a través de la prensa, y de forma por demás curiosa, que estaba de acuerdo con la decisión de la SEP, pero que no se daba por satisfecho, y anunciaba que seguiría trabajando por ampliar el reconocimiento de la filosofía.
A partir de ese día, he leído dos distintos comunicados, uno el jueves 14, que es una propuesta derespuesta del Observatorio a la SEPpara avanzar en el reconocimiento de la filosofía en el sistema de enseñanza, y otro el 16, del Círculo Mexicano de Profesores de Filosofía, que es un programa de reivindicación de la filosofía y su enseñanza.
Me siento sorprendido por lo que parece ser el nacimiento de muy incipiente debate y discusión sobre la filosofía, su estado actual, y sus implicaciones en el proyecto educativo. Pero aún tengo mis reservas, ¿realmente nos estamos dirigiendo hacia él? ¿Lo que se propone desatará una reflexión sobre la filosofía y la actividad filosófica en México? ¿Podremos finalmente poner sobre la mesa lo que nos gusta y no nos gusta de la manera en que se produce, se difunde y se enseña la filosofía?
Lo pregunto porque sigo percibiendo en estos comunicados, como antes en la primera movilización en defensa de la filosofía, cosas e ideas que no puedo compartir. La primera es esa actitud arrogante, y a mi juicio completamente equivocada y complaciente, que los filósofos tenemos de nuestra propia actividad. No hay, no ha habido en toda esta movilización, una mirada crítica hacia la forma en que se enseña, se estudia y se piensa la filosofía. ¿No es el momento de reparar que el descrédito de las humanidades puede tener un origen en la forma en que se imparte, en quienes la imparten (que no siempre son filósofos) y en la manera en que se le concibe?
Esto está directamente conectado con el hecho, que no comprendo ni comparto, de que la defensa de la filosofía implica exigir que las asignaturas filosóficas tengan nombres filosóficos y sean impartidas sólo por filósofos. Me parece que ésta ha sido una de las preocupaciones de fondo de la movilización: la defensa del privilegio de tener un territorio disciplinar con nombres y contenidos específicos para ser usufructuado únicamente por filósofos.
Lo que se impone así es una visión de una terrible estrechez académica y, por ende,  disciplinar de la filosofía, que quiere que el bachillerato refleje o reproduzca la misma organización territorial que la filosofía tiene en las academias profesionales, con el peligro de perpetuar allá una de las prácticas que más detesto de la academia filosófica: la de ligar “disciplinas” con “especialidades”, para garantizar su usufructo exclusivo por unos cuantos autorizados. La reserva del derecho no a la capacidad y el esfuerzo, y el talento intelectual de cada cual, sino a la patente de corso de da formarse en cierto grupo y en cierta área. Esto es extender hacia el bachillerato una forma de control y dominio académico, que caza muy bien con las ideas de certificación del desempeño académico. En todo caso, una visión muy limitada y miope,  que impide avanzar hacia una visión más amplia y más social de la filosofía y de su posibilidad de enseñanza.
¿Por qué un filósofo sólo puede enseñar materias filosóficas, como ética, lógica o epistemología? ¿Acaso no puede hacer un trabajo similar en una materia sobre cuidado de sí? ¿Acaso no puede hacerlo en una materia sobre civismo? Es decir, es la filosofía tan corta de miras, que no puede ir más allá de su confinamiento en los formatos en que ha sido encuadrada por la academia? ¿No hay filosofía más allá de eso?
Más interesante, me parece, es explorar qué aporta la filosofía a las disciplinas genéricas, con qué otras formas, más imaginativas, menos limitadas, la filosofía puede desbordarse de su prisión académica y abrirse a una sociedad que no la comprende y a la que no queremos hablar desde la filosofía.
Nada va a pasar, no importa si triunfa una reforma sin filosofía o una con la filosofía que se está defendiendo, si no somos capaces de sacudirnos prácticas e ideas que no han hecho sino limitar el ejercicio de la filosofía. De otra forma, propuestas tan audaces, como “Superar las modas y las opiniones vulgares que invaden con frecuencia a las humanidades”, como propone el Círculo de profesores de filosofía, será una tarea no sólo imposible, sino inútil.

Biblioteca Virtual de Filosofía Mexicana

La Asociación Filosófica de México ha iniciado la creación de una Biblioteca Virtual de Filosofía Mexicana. El proyecto tiene como objetivo, según declara en su Presentación, “difundir la producción de la filosofía mexicana desde el siglo XVI hasta el presente, con el fin de que el lector comience a familiarizarse con los filósofos mexicanos y sus propuestas… Se trata de hacer un estudio urgente y necesario de aquellos imprescindibles de nuestro pensamiento, muchos de los cuales aún siguen ignorados.”
Es indudable que, por paradógico que resulte, la difusión de la historia de la filosofía mexicana en México es un pendiente, y que incluso la creación de un canon de imprescindibles –por más discutible que pudiera ser en esta época querer generar un canon- es también necesario. Los esfuerzos por hacerlo, desde Valverde Telléz y Samuel Ramos, hasta nuestros días, han sido esporádicos, un libro cada 50 años sobre la historia de la filosofía en México, y casi nunca han ido acompañados de la recuperación de los textos y las obras de los filósofos mexicanos, para que circulen de nuevo y sean conocidas y estudiadas por nuevas generaciones de filósofos.
Por eso la Biblioteca Virtual que se propone la Asociación es un esfuerzo importantísimo y muy necesario, en el que no es menor cosa que la iniciativa provenga de quién proviene porque reúne y representa a una parte importante de quienes se dedican a la filosofía actualmente en México.
Es debido a la importancia y el valor que tiene esa biblioteca, como la institución que la impulsa, que uno esperaría que la iniciativa estuviera sustentada en una idea clara de lo que es una biblioteca digital y en la definición de unos parámetros tecnológicos precisos que brindaran a la biblioteca los elementos de valor que la hicieran un instrumento de difusión, estudio y análisis de las obras de los filósofos mexicanos. Pero no es así.
Hasta ahora, lo que puede ser visto del proyecto es un listado de filósofos mexicanos desde la colonia hasta nuestros días, cuyos nombres vienen acompañados de sus fechas de nacimiento y muerte, una muy breve relación biográfica, las “Obras contempladas” (uno supone que para su digitalización) y una relación de las obras en el acervo de la BVFM.
Del total de obras y autores listados, sólo se ofrece liga a Primero Sueño de Sor Juana, La crítica filosófica o estudio bibliográfico y crítico (1904) de Valverde Téllez (que está muy bien digitalizado por el proyecto de filosofía.org) un PDF del Ensayo de una ontología del mexicano, del que se dice fue subido por la UACJ, la digitalización de la Ética, ética empírica, ética de bienes de García Maynes que hizo también muy bien la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y un PDF de La antropología filosófica de Alonso de la Vera Cruz, de Mauricio Beuchot.
Como puede verse, la Biblioteca virtual es en parte una colección de ligas y en parte un repositorio de archivos PDF. Como colección de ligas, tiene el problema de que la calidad, por ejemplo, de la edición del Primero sueño, es bastante mala como para considerarla una edición seria del mismo, y no se ha hecho una búsqueda mínima tanto en Google books, como en la Biblioteca Cervantes, para encontrar la ya numerosa serie de libros que pertenecen a la historia de la filosófica en México que ya han sido digitalizados. En cuanto al repositorio de PDF el problema de la calidad es mayor, los dos archivos PDF que se pueden descargar carecen de portada y la calidad de su reproducción es baja, para ser tomada un copia fiel al menos de una edición de referencia de las obras.
Yo tengo mis reservas en cuanto a llamar bibliotecas a un repositorio de PDF. A mi juicio, circular PDF es como circular fotocopias. Y en ese sentido, la Biblioteca Virtual, si se decide por ello, sería como un gran centro de circulación de fotocopias. Aunque yo no comparto la idea y de ningún modo es el estándar de las Bibliotecas Digitales más importantes en la actualidad, podría ser una opción legítima en la medida en que no implique una renuncia al trabajo académico que debe tener detrás de una iniciativa como esta: las reproducciones deben ser de alta calidad, de la obra completa, de preferencia una edición que tenga valor por si misma: una primera edición, una edición anotada, y cuidando todo el tiempo de no hacer reproducciones de obras en circulación en que se podrían estar violando derechos de autor.
En lo personal, creo que el esfuerzo de crear bibliotecas virtuales debe estar orientado  a utilizar internet como una herramienta generadora de conocimiento. Las bibliotecas como elPerseus Project, dedicado a los autores clásicos, la biblioteca en línea Bivio para obras del Renacimiento, el proyecto de colecciones mexicanas, o incluso el proyecto de filosofìs.org, han procurado utilizar la tecnología para ofrecer una edición que no sólo presente el texto a su circulación, sino que forme parte de una estructura que permita generar nuevos conocimientos. Los PDF, por desgracia, no hacen eso. Son en cierta forma, la manera más económica, cierto, pero también la menos creativa e interesante de circular obras en internet.
La Biblioteca Virtual de Filosofía Mexicana apenas comienza, es una magnífica oportunidad para generar un proyecto de gran valor. Por eso creo que los responsables de la biblioteca dentro de la Asociación deberían reconsiderar su estrategia y reflexionar sobre su concepción. Sería lamentable que un esfuerzo así de importante terminara perdiéndose por carecer de la calidad de sus equivalentes en otros países.

Defender la filosofía (¿de sí misma?)

Como suele ocurrir en un país donde las propuestas de transformación no vienen precedidas de un debate social, sino de los compromisos, las intereses y las limitaciones de quienes administran el Estado, la reforma al Sistema de bachillerato tomó completamente por sorpresa a la comunidad filosófica. Sólo tras la publicación de los acuerdos de la Reforma Integral del Bachillerato –que fue discutido, como ha dicho el subsecretario Miguel Székely, con todos los niveles de las autoridades, (aunque desgraciadamente no con las comunidades educativas, error frecuente en la que los administradores confunden consigo mismos a las comunidades que administran)-, los filósofos supimos de la decisión de no incluir las humanidades como una de las competencias disciplinares básicas que “expresan conocimientos, habilidad y actitudes que se consideran los mínimos necesarios… para que los estudiantes se desarrollen de manera eficaz en diferentes contextos y situaciones a lo largo de la vida”.
La decisión ha sido asumida por la comunidad filosófica, quizás más como una arma de propaganda que como un diagnóstico claro de la naturaleza de la reforma, como la literal desaparición de la filosofía del bachillerato, y ha reaccionado a esta amenaza exigiendo justamente ser tomada en consideración en una transformación de ese calibre.
Confieso que, sorpresivamente, la comunidad lo ha hecho de manera bastante articulada, encabezada por las asociaciones y grupos que, por primera vez, quizás en décadas, parecen haber adquirido una razón de ser. Sólo que, en contraste, lo están haciendo a mi juicio equivocadamente, a partir de generalizaciones carentes de imaginación y simples lugares comunes tomados del humanismo, por que tienden más a la defensa de un estado de cosas, que a propiciar una transformación en la enseñanza de la filosofía y del bachillerato.
Esto es un reflejo fiel, a fin de cuentas, de un quehacer filosófico complaciente, alejado de las innovaciones –didácticas, tecnológicas, de colaboración-, desinteresada del trabajo de su propia comunidad, filosófica y social, demasiado ávida de reconocimientos, que se ha petrificado en la defensa de “autores”, “temas”, “corrientes” que se defienden como territorios, y que en muchos casos ha sido llevada (por la administración de la ciencia, con algunos seguidores entusiastas) a satisfacer una comunidad internacional, sin satisfacer antes a la suya propia.
No es del todo claro que la reforma suprima la filosofía –algo que ha dicho varias veces el subsecretario- sino que coloca a las materias filosóficas bajo la competencia genérica de las ciencias sociales (sin hacerlo expresamente), y se les asigna una función transversal bajo esos nombres de moda como cuidado de sí, pensamiento crítico, valores y ciudadanía, en lugar de la nomenclatura tradicional de la filosofía. En última instancia, a la filosofía y a las competencias humanísticas, se les asigna un lugar dentro de la reforma que no parece implicar tanto su desaparición total, como un cambio sustantivo en el lugar otorgado y en la función asignada en la formación de los bachilleres. Se le puede ver como una degradación y una dispersión, sí, pero también como un cambio que implica dejar de comprenderla como disciplina, para hacerlo como formadora de competencias básicas para la formación de otras disciplinas. Es decir, la reforma no estima centrales los contenidos tradicionales que enseña la filosofía, sino lo que se supone que en realidad enseña: a pensar, a cuidar de sí mismo, a interesarse por el mundo, la belleza, la verdad, el bien y un largo etcétera.
Pero los filósofos salieron a la defensa de la disciplina y de los contenidos disciplinares, sin acusar recibo de que en parte, la reforma es un reflejo de la insignificancia real que tiene la “formación humanística”, tal como se ha impartido desde hace un siglo en México. Evocaron a Vasconcelos y a Caso, como autoridades de un proyecto cultural y educativo que hace rato que no existe ni se practica. Apelaron también a la antigüedad de tres mil años de la filosofía y a la autoridad de la UNESCO que la reconoce como esencial, para conmover a las autoridades de la SEP. Amenazaron con que México se volvería un país menos culto (¿menos? ¿Es eso posible?) sin ella. Y todo para defender las plazas de los egresados de filosofía, y las ruinas, me temo, de una filosofía de manual mal enseñada. ¿Por qué no haber discutido mejor su transversalidad? ¿Por qué no haber discutido mejor el situarla en función de las competencias que son el núcleo esencial de su enseñanza? ¿Por qué no buscar el modo de potenciarla en lugar de solo conservarla?
Si alguien cree que “la filosofía y las humanidades son las disciplinas que en verdad forman, de manera que quitarlas es cortarle el corazón mismo o la raíz misma a la educación”, ¿no tendría sentido encontrarles un lugar donde verdaderamente lo hagan?
Y algo parecido puede decirse de los que piensan que las disciplinas filosóficas son la vía para “tomar conciencia de los fundamentos de la autodeterminación crítica y ética de la tecnología, la economía y la política del país”. ¿No convendría encontrar una forma en que de verdad lo hagan? Porque hasta ahora, ni en el primero ni en el segundo caso, lo han hecho.
Pero todos pueden estar tranquilos. No veo en realidad, por qué la SEP no termine por aceptar que “sobreviva” la filosofía como disciplina, ni incomoda ni estorba; además, iba a sobrevivir porque la reforma no obliga a ninguna institución a dejar de impartirla, y la costumbre es la costumbre. De lo que ya no estoy tan seguro es que la filosofía logre sobrevivir a sus filósofos, y cambiar la opinión que la sociedad tiene de ella, si se mantiene exactamente igual como hasta ahora.
En todo caso, hay que esperar que la defensa venga acompañada de una propuesta de transformación en la enseñanza de la filosofía. ¿No es este en realidad, el verdadero pendiente?

La biblioteca ideal de Giordano Bruno

http://giordanobruno.signum.sns.it/bibliotecaideale/
Comitato Nazionale per le celebrazioni di Giordano Bruno nel cuarto centernario della morte.
Ideazione
Michele Ciliberto, Simonetta Bassi

Las bibliotecas digitales se están mutiplicando y esa es una razón para el optimismo. Estamos presenciando un fenómeno de publicación digital, en todas sus variantes y acepciones, que está alcanzando dimensiones extraordinarias. El valor sin embargo, no está únicamente en los proyectos delirantes, como Google Books, Europeana o la Biblioteca mundial auspiciada por la ONU. Está sobre todo, quizás, en las bibliotecas temáticas y especializadas alrededor de la obra de un autor o de un ámbito temático, cuando se aprovechan los elementos de la edición digital, y en especial del XML, para producir ediciones que realmente actualiza la circulación de los textos, a través de la adicción de conocimientos, herramientas de lectura e instrumentos para la manipulación más eficaz de los textos en la investigación.
La Biblioteca ideal de Giordano Bruno es un buen ejemplo de este tipo de ediciones. Incluye, en primer lugar, la trascripción de la Opera Omnia de Giordano Bruno dividida en Opere Volagari y Opere Latine, tomando como referencia textual para la trasncripción los textos establecidos en las ediciones de clásicas, de Gentile y Aquilecchia, de Tocco y Vitelli, entre otras. El hecho de que se trate de una transcripción es importante por que facilita la manipulación del texto y su utilización en espacios diferentes a Internet.
El trabajo de marcación del texto en el XML hace que la edición ofrezca algunos elementos esenciales para la investigación como referencias y nombres destacados en el texto –es interesante es que la edición ofrece la opción de habilitar o deshabilitar la marcación de nombres y textos-; incluye además la opción de buscar sobre cada obra en específico o sobre el corpus todo. El valor de pasar de la obra singular al corpus en su conjunto es importante y los nombres citados como las obras citadas pueden ser examinadas por obra o en el corpus, de manera independiente a como aparecen en la lectura directa del texto. La edición además, incluye las imágenes que forman parte de los textos, aunque en un formato no compatible con todos los navegadores.
El único problema, quizás, en cuanto al trabajo de edición son sus limitaciones. No incluye traducciones de los textos a otros idiomas, los textos están en italiano y latín, cosa que es fabulosa en términos de su valor, pero que no tienen por qué ser las únicas en términos de puesta de circulación de las obras. En cuanto a los índices, particular mente el índice onomástico, el sitio no incluye ningún dato de la persona o el lugar referenciado por Bruno. De Niceta Siracusano Pitagorico, por ejemplo, que es citado dos veces en La cena de le ceneri, no se dice nada, y como lectores nos quedamos con la misma indiferencia que cuando lo encontramos referido en papel.
Es decir, le falta a la edición la incorporación del trabajo de especialistas en la obra de Bruno, de los traductores, para alcanzar mucha mayor profundidad y un valor aun mayor, sobre todo como ediciones que aportan todavía un mayor conocimiento y además el conocimiento más resiente.
Pero frente a la edición de imágenes de textos en Google Books o de los incunables de las obras en los acervos históricos, que tienen el valor de dar acceso a la imagen del texto, y abrir la puerta a su conocimiento, la edición de las obras de Bruno, muestra que se puede y se debe ir más allá, en la producción de nuevas ediciones de libros, complejas y ambiciosas

Sólo una teoría

Kenneth R. Millar. Only a Theory Evolution and the battle for America’s soul. Viking, New York, 2008

En el año 2000, en Atlanta, un jurado revisaba la solicitud de Cobb Country Board of Education, la pequeña SEP de esa comunidad en Georgia, para incluir el siguiente mensaje en un libro de texto de biología para secundaria:

This textbook contains material on evolution. Evolution is a theory, not a fact, regarding the origin of living things. This material should be approached with an open mind, studied carefully, and critiaclly considered.

La comunidad perdió el juicio, en sentido literal, no metafórico, claro. Pero eso no ha impedido que en diversas partes de Estados Unidos se multipliquen los esfuerzos por reivindicar las ideas que motivaron la solicitud del Board de Coobb Contry.
Kenneth R. Millar es uno de los autores del libro de texto que enfrentó ese juicio. Biólogo, profesor de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, intenta, en Only a theory analizar y discutir las ideas sostenidas por los creacionistas, que con el paso de los años (y del gobierno de Bush) han ido ganando terreno.
En principio, el libro brinda el interés de ponernos en contacto con una discusión en el fondo de la sociedad americana, que no siempre es iluminada por los reflectores. Esta batalla por el alma de América tiene, en realidad, escenarios muy particulares y concretos, grupos y comunidades dentro de las cuales, el tema de la evolución es intensamente debatido y objetado.
Por otra parte, el libro intenta participar en esa discusión tomando “en serio” el argumento creacionista, tal como lo sostienen científicos y buscando en la evidencia científica, elementos que permitan validad esa teoría. Por supuesto, la conclusión obvia es que no hay elementos para tomar el creacionismo como una teoría con la suficiente evidencia científica, como para poner en duda la teoría de la evolución.
Al final, el texto termina por rozar el dogmatismo y convertirse en la expresión del dogma de la superioridad de la sociedad americana, y de sus instituciones sociales y científicas, al dejar de lado la pregunta que, a pesar de aparecer el inicio del libro, el autor se niega a explorar: por qué en esta sociedad, que tiene una mentalidad científica altamente desarrollada, y las instituciones de punta en el desarrollo de la ciencia, cada vez es más notorio que la convicción anti evolucionista, como sinónimo de una actitud anticientífica, tiene más adeptos.
Ante la pregunta si el hombre es un mono o un ángel, son muchos los que responden: “I, my Lord, am on the side of the angels.”

 

Batman: el bien, el mal y la interpretación

En occidente existe la idea -desde Platón y San Agustín, hasta nuestros días- de que el mal carece de sustancia, es inelegible y por lo tanto, no es. Pero junto a esta afirmación recorre la historia de occidente la tesis contraria –de origen gnóstico/maniquea, y trasladada con matices, por Agustín, hasta su reelaboración en el protestantismo- de la sustancialidad del mal, su encarnación como fuerza existente y poderosa, y por supuesto, elegible. Pero en cualquiera de los dos casos se mantiene la certeza en la soberanía última (o primera) del bien, ya sea por su superioridad ontológica, por su superioridad moral o por la defectividad del mal. Se concibe pues el bien como algo que excede al mal, que prevalece siempre, al final.
Son escasas aunque no del todo inexistentes, las visiones que conciben el bien como una fuerza incapaz de completarse como proyecto, de alcanzar su plena realización por tener una condición en sí misma defectiva. Un bien, pues, que en su entereza y en su rectitud, termina por mostrar su propia carencia y su propia imposibilidad de alcanzar un dominio real sobre su contrario. Es esa extraña fisura en la condición del bien, la que lleva, en Nietzsche, al hombre más feo del mundo a matar a Dios.
Batman, The Dark Knight asume y desarrolla esta premisa. El bien es un condición que, en la medida en que no puede realizarse por completo, no sólo es el disparador del mal, sino en cierto sentido de su triunfo, de su potenciación. Por que si su relación es dialéctica, está no deriva jamás en una síntesis, sino en una radicalización.
De la oscuridad no se sigue la luz, sino sólo la dispersión aparente de la oscuridad que es el camino hacia una forma aun más radical, más extrema del mal: la violencia organizada y codificada, que integra de alguna manera un cierto “bien”, un cierto “valor”, una cierta “legalidad”, cuando es perseguida por el bien, se convierte en una violencia ciega que escala hacia formas cada vez más atroces.
La última entrega de las serie de Batman puede ser tomada como una reflexión sobre la lucha contra el terrorismo o contra el narcotráfico dónde, en lugar de la victoria, lo que emerge siempre es una oscuridad mayor, una mayor crueldad, una forma más extrema de la violencia y el caos, un nuevo extremo de la sin razón, al que solo puede combatir un bien que contenga una dosis aun mayor de mal. En el fondo es una visión que tiende a justificar lo que está detrás de los juicios irregulares a los terroristas en Guantánamo,  y el posible uso de formas ilegales para perseguir y detener el narcotráfico. Si el mal se radicaliza, solo un bien aun más malo, puede detenerlo.
Quizás por eso esta reflexión corre paralela en la película, con otra, que explora la ausencia de razón para el mal.
Contra una tradición, muy de Holywood, de dotar a cada personaje de una “historia personal”, de una “lógica” de su conducta, que explique y haga comprensible las razones de sus acciones, la película renuncia a explicar al Guasón. En su lugar encontramos no unas sino muchas narraciones de un posible origen de las cicatrices que forman su “sonrisa”. Se trata de un personaje que reescribe (se reescribe) y en la reescritura pierde su identidad. No es nadie o es muchos posibles. Existe, pero no tiene historia y, si hay una sustancia, esta es la evidencia de sus marcas (los estigmas) y las variantes infinitas de su posible historia. En otras palabras, unas marcas en el cuerpo y un discurso que se reinventa.
Esto último es también interesante. Pues la relación entre la marca corporal y el discurso como dos horizontes que no se funden en una identidad, es parte de la fascinación contemporánea por la desvinculación entre el cuerpo y la verdad. En última instancia, el cuerpo es una identidad cuya verdad no puede ser asida por el discurso. Este sólo tiene aproximaciones tentativas, de variantes casi infinitas, y siempre verosímiles. Y es en ese hiato, en ese punto en que el cuerpo no puede ser un testigo de la verdad (es justo lo contrario de un estigma), donde aparece el mal.