Una prueba para las ideas

Julian Baggini y Jeremy Standgroom
¿Pienso luego existo? El libro esencial de juegos filosóficos. Paidos Contextos, 2008

Estas seguro, completamente convencido, sin ninguna sombra de duda, de que tú piensas lo que piensas. Porque si es así, nada es más fácil que someter tus ideas a los simples juegos que Julian Baggini y Jeremy Standgroom presentan en ¿Pienso luego existo? Un libro de pruebas de coherencia y consistencia lógica y filosófica de nuestras ideas que fácilmente desnuda las innumerables contradicciones y los increíbles sinsentidos sobre los que hemos construido nuestras convicciones.

Internet, epidemia y filosofía

Durante los días de la emergencia por el brote de epidemia de influenza A en México, entre la multitud de informaciones que circularon en las redes sociales en Internet, se distribuyó el video realizado por Alfonso Cuarón y Naomi Klein, que ilustra la tesis del último libro de ésta, The shock doctrine.
En cierta forma, esta fue la hipótesis inicial o, al menos, la primera articulación, de lo que puede llamarse una incipiente reflexión filosófica colectiva sobre el fenómeno de la enfermedad y la acción pública para contenerla en México.
Son varios los elementos a observar en este hecho, en función de comprender con más detenimiento la manera en que la reflexión filosófica irrumpe, se articula y se formula en medio de la emergencia, y los caminos hacia dónde apunta.
Comencemos por detenernos primero en el medio. No sorprende que sea Internet donde aparece la reflexión filosófica alrededor de la emergencia epidémica. Internet y en particular las redes sociales, funcionaron como alternativa para la diseminación y discusión de información sobre la enfermedad y sus características, tanto en un sentido responsable, como en uno irresponsable, dando cabida lo mismo a información científica que a las teorías de la conspiración. En ese ambiente sin restricciones, las personas hacen circular una video que viene a funcionar a título de hipótesis frente a lo que está ocurriendo: ¿estamos ante a la aplicación de la doctrina del shock?
Digo a título de hipótesis, porque esa parece haber sido la función de circular los argumentos de Klein para quien el modelo de la terapia de shock –ejemplarmente la de los electroshocks- es un recurso psiquiátrico, retomado por la CIA, y que consiste en reducir al ser humano a una condición de “nuevo principio”, lo que equivale a un estado de “infancia”, a partir del cual los hombres son más dóciles a la autoridad, y menos renuentes a sus decisiones. Este modelo, argumenta Klein en el video, fue propuesto por Milton Freeman para desarrollar la agenda liberal en contra de la voluntad mayoritaria, recomendando que todo acontecimiento que produzca una fuerte sacudida social, debe ser aprovechado para impulsar las reformas económicas y sociales que mayor resistencia encuentran en la sociedad. Y es a eso a lo que ella llama la doctrina del Shock: el aprovechar el debilitamiento de la voluntad individual y colectiva, para hacer que una persona o un grupo social acepte ciertas decisiones. Frente a esta estrategia que llama secreta, la única resistencia está en el uso de la información.
De manera curiosa, la pieza audiovisual que contiene el argumento hace referencia a los elementos dispersos en las discusiones sociales en Internet: interpreta significativamente un evento extraordinario, ofrece la información como resistencia ante el brote de la enfermedad y sugiere la existencia de una agenda paralela (y no explícita) en las acciones del gobierno. ¿Estamos en México frente a la aplicación de la Doctrina de shock? ¿Cuáles medidas son las que se quieren llevar a cabo a través de esta estrategia? ¿Cuáles son los elementos para hacerle frente? Son las preguntas tácitamente formuladas a un costado de la distribución del video por cada uno de sus distribuidores.
La discusión no parece que sobreviva al fin de la emergencia epidemiológica y es difícil aunque no imposible, decir que el argumento de Klein alcanzó el ámbito público, y que el escepticismo frente a las medidas adoptadas por la Secretaría de Salud tiene uno de sus fundamentos en ella. En cualquier caso, lo cierto es que nadie puso en duda el argumento de Klein, nadie cuestionó que fuera expresado también como propaganda de una idea, de un libro. Que fuera él mismo un comercial, que tuviera otra intención que la manifiesta. Y que utilizara la denuncia como una estrategia de venta.
Podrá discutirse y debe discutirse si la Doctrina del Shock es una interpretación válida de lo acontecido en México; si es una síntesis del debate sobre la epidemia. Incluso, y quizás sobre todo, si es racional en su asimilación del cuerpo social al individual, y el funcionamiento colectivo al neurológico. Polemizar si, en efecto, una epidemia produce los mismos resultados sociales que un electroshock en una persona.
Lo que sin duda es me parece inobjetable, es la mutación en la forma de circulación de los argumentos filosóficos, para la construcción de reflexiones colectivas que están conformadas por distintas piezas –como el video- que funcionan como elementos argumentativos.
Internet significa una aceleración de la reflexión filosófica, fuera de los formatos disciplinares y académicos, hacia la producción de otros ordenes de saber. La epidemia, sólo nos ha dado un ejemplo.

 

Nota: Este artículo fue escrito originalmente para el sitio web de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Pero como el tiempo pasó y alguien lo dejó de publicar, ya sea porque la influenza dejó de ser tema o por cualquier otra razón posible, me decido a publicarlo aquí.

 

Asterix. Un recuerdo

 

Era la tarde del 29 de agosto de 1969. Mi padre había vuelto de un viaje de dos meses por Europa. Traía consigo unos libros largos y delgados, de pasta dura. Esa tarde, sentada mi hermana junto a él y yo parado a sus espaldas, nos dejamos llevar por la lectura de la historia de unos galos irreductibles que combaten hoy y siempre al invasor.

Desde esa posición privilegiada, en donde podía mirar las caricaturas mientras mi padre iba leyendo, fui viendo como tomaban vida y aparecían personajes que, sin saberlo, terminarían por darle más forma a mi vida de lo que quizás es posible reconocer.

Aquel libro era la Hoz de oro, donde Asterix y Obelix han de viajar a Lutecia, gobernada por un aburrido y obeso romano, con la intención de comprar una hoz que Panoramix necesita para preparar la poción mágica. El otro libro que aquella vez trajo mi padre era la Vuelta a la Galia, donde los dos guerreros galos recorren su país para ganar una apuesta a un enviado de Julio César.

Pero más allá de las aventuras y de la fascinación por un héroe pequeño, bigotón y con trenzas, más parecido a mi, digamos, que Mikey Mouse o el Pato Donald, con las aventuras de Asterix vino el descubrimiento, inagotable todavía hoy, del mundo clásico y de su transmisión en el presente, con humor, ingenio e inteligencia.

Asterix me acercó no solo a la historia, también a la cultura clásica como un conjunto que podía ser, no venerado como una escultura intocable y frágil que se daña con cualquier cosa, sino vivido y transformado en eso que soy y vivo, entreverándose cada día en mis cosas, reviviendo y reinventando con lo que está aquí y es presente. Me enseñó, pues, que la cultura no hay que simplificarla para que otros la comprendan, sino hacerla vivir en lo que todos comprendemos.

En 1974, mi último año en la primaria me decían la mosca –las razones son, por supuesto, inconfesables. Para despedirnos y como recuerdo de nuestra primara, todos hicimos un dibujo de cada uno de los compañeros. Alejandro Chau, mi maestro, hizo este:

 

 

 Elocuente, ¿no?

¿Qué tiene el PDF?

Las humanidades en México han sido bastante conservadoras en relación con la adopción, uso y conocimiento del cómputo y la computación en red. Pero en estos días es posible sentir una corriente favorable en el ámbito de las humanidades hacia la publicación electrónica a través de PDF.
Desde mi punto de vista, hay varios factores que están influyendo para que sea éste el formato que esté ganando adeptos. Por un lado, existen una serie de condiciones que están empujando el mundo de la edición especializada hacia la publicación electrónica. Una es el hecho de que mientras los presupuestos para la edición en papel se mantienen o, incluso, van en declive, la presión para que investigadores y profesores generen publicaciones va al alza. Por otro lado, las limitaciones en el número de ejemplares que se autorizan para cada tiraje con presupuestos universitarios (500) y las deficiencias en la distribución de los libros, hacen que el impacto de éstos sea, en realidad, mínimo, y que la distribución en internet de archivos electrónicos se vuelva mucho más interesante.
Por otro lado, hay una serie de hechos que han ido haciendo del PDF un modelo de edición electrónica, destaco los dos que me parecen más notables. Circular libros escaneados en formato PDF es una práctica académica común, que ha venido a sustituir la circulación de fotocopias. Coincidente con esto, el formato PDF fue adoptado para la reproducción digital de los artículos especializados en revistas para su inclusión en bases de datos, lo que le ha dado legitimidad dentro de la comunidad académica.
Sin embargo, el hecho determinante, en del terreno simbólico, para que los archivos PDF se estén convirtiendo, de la noche a la mañana, en libros electrónicos, ha sido la aparición de los dispositivos de lectura como el Kindle de Amazon y todas sus variantes comerciales, hasta el Ipad de Mac.
En realidad, no importa que los dispositivos no estén disponibles en México, y que su llegada, si alguna vez ocurre –en realidad, es aun muy pronto para saber si será la tecnología y el modelo que prevalecerá al final- pueda darse, de forma masiva, hasta dentro de algunos años. Pero el término libro electrónico, y la asociación de dispositivos con librerías virtuales como Amazon y casas editoriales, ha venido a ser clave para que, súbitamente, algunos bites se conviertan el libros.
Este reconocimiento simbólico del PDF como libro y el consecuente entusiasmo por su uso como modelo de publicación, no deja de ser problemático. Principalmente porque a través de él intentan conservar algunas cualidades, pero a través de ellas, también los intereses y las estructuras económicas y de poder del libro impreso (Copyright, mediación editorial, barreras al flujo del conocimiento y al intercambio comercial). De modo que legítimamente uno puede preguntarse si es la institución universitaria la que debe apostar por algo así.
Pero el otro problema, que en el fondo es el que a mi más me inquieta, tiene que ver directamente con el cómputo en las humanidades: el PDF es para ello un dique, porque no abre la puerta a la exploración y reconocimiento de otros productos de las humanidades a partir del aprovechamiento del cómputo y del cómputo en red.

Guía de Perplejos

La propuesta de lectura de esta quincena es un hermoso texto de José Vasconcelos, tomado de Indología de 1925. Se trata de una visión del filósofo, de su quehacer y del sentido de su búsqueda, que puede leerse significativamente hoy, cuando el lugar ocupado por quien hace filosofía ha sido puesto a discusión en México y al menos en el imaginario, ciertamente  desplazado. Las ideas de este filósofo amateur, como fue calificado alguna vez por Guillermo Hurtado, están tan presentes en el debate actual, como las evocaciones a su figura legendaria, para defender el ejercicio profesional de la filosofía. A quien lea el texto no le pasará desapercibido hasta qué punto lo que se reivindica hoy, en gran medida es su legado, pero también hasta que punto ese legado resulta ya en realidad, insuficiente.

Al comentario

 

Comentario de Carlos Vargas
El asunto
José Vasconcelos

Hundido en la selva del conocimiento, el filósofo sabe que no le va a ser posible investigar todas las sendas, pasear por todos los claros, empaparse de la fragancia de cada masa de espesura; pero no por eso se resigna a quedarse ocupado en anotar los caracteres de la hoja que cae y las formas del tallo que asciende o los rasgos del pájaro que canta. Un instinto superior a la seducción de la criatura que particular y al destello que fascina, lleva al filósofo a romper por lo más intrincado y a trepar hasta el más alto tallo para abarcar todos los ramajes, para permearse del temblor de todas las hojas, y para oír, en vez del canto de un pájaro, el rumoroso concierto de toda la selva. De tal suerte que veremos que el filósofo está siempre de vuelta del detalle. ¡El filósofo ya vio, ya amó, ya pecó, ya encontró gracia, ya fue fascinado, ya fue engañado; venció y fue vencido y después de recorrer todos los círculos, busca ahora la espiral de la liberación, el camino del éxito, el signo de la superación de todos los valores!
Por eso, en la selva no se dejará atrapar el filósofo, por mucho que le fascine cada flor y cada hermosa bestia y no se conformará tampoco con ponerse a contar los árboles semejantes, haciendo restas y sumas de los rasgos que sirven para la clasificación, in se concretará, como lo haría el naturalista, a distinguir especies y ponerles nombres; aparte de todo esto se empeñará más bien en juntar en una sola expresión toda esta suma de caracteres, todo este miraje de formas y tratará de averiguar de qué suerte perduran y se desarrollan todas en relación con las nubes que traen el agua y con el cielo que difunde la luz. Y pasará en seguida a preguntarse: “¿Quién hizo los elementos, el cielo que está siempre suspenso y las aguas que corren y los vientos que vuelan?” Porque, en resumen, el filósofo es un servidor de la función de unidad y un sacerdote de la religión de lo Absoluto.
Por uno y otro camino el filósofo busca un fantasma que siempre está delante y nunca se deja aprehender, una realidad que por mucho que contenga nunca está completa, un miraje que solo por darle algún nombre llamamos Totalidad. Si por fin se aniega en el Todo, el filósofo coincide con el nombre de religión, con el artista que alcanza una mística percepción de la belleza.
Por uno y otro camino marchamos en busca del Todo, pero no lo alcanzamos jamás. Para abarcarlo tendríamos que devenir nosotros mismos el Todo, y, como esto no es posible, mientras no superemos la conciencia terrestre, resulta que marchamos de tropieza en tropiezo, siempre anhelantes de comulgar con lo Divino y siempre desilusionados de nuestra propia capacidad, fallidos en lo más profundo de nuestro anhelo. Renunciaríamos a toda Esperanza sino fuese porque logramos en ocasiones determinados vislumbres que aclaran el confuso y paciente ideal cotidiano; sin embargo, no es posible llegar a la iluminación sin la disciplina, y la disciplina del filósofo tiene dos maneras de error, pero también dos maneras de relativo acierto, dos maneras lógicas: Abstraer, y Sintetizar.
Casi toda la filosofía está hecha de abstracción que suprime determinados accesorios con el objeto de lograr representaciones esquemáticas de una realidad múltiple, pero reductible a caracteres generales. Ya sea por inducción ya sea por deducción, aparecen generalizaciones sin las cuales no hubiera sido posible el progreso, la formulación misma del pensamiento. Pero tiene la generalización el defecto capital de que es resultado de supresiones y reducciones. La generalización, a pesar de su nombre falsamente generoso, es destructora y empequeñecedora de la realidad; mata siempre una parte del hecho; anula, pone en olvido una multitud de factores; desliga caracteres que en rigor son inseparables. Cuando decimos hombre creamos un concepto genérico más comprensivo que un hombre particular; pero solo en cierta manera de extensión; en realidad desprovisto de substancia, mucho menos rico de contenido divino que el más humilde de los hombres determinados. La abstracción hombre gana, pues, en forma, pero pierde en esencia, pierde en contenido vital. Y así, toda filosofía fundada en las generalidades y la abstracción, toda filosofía de meras ideas, es como un juego de globos de cristal: hermosos pero vacíos. La vida se ausenta de ella desde el principio, y no le queda más que una fantasmagoría de conceptos generales… Por fortuna esto no implica una derrota de la filosofía; esto sólo indica que abstraer y generalizar no es la filosofía sino uno de los métodos de la filosofía. Además tiene otro método, mucho más fecundo la filosofía, un método en el cual yo veo elementos sensoriales, elementos de percepción de existencia agregados a la mera noción de forma y de concepto, ese otro método se encuentra en el ejercicio de lo que llamamos la síntesis. La síntesis enunciada en forma poco vaga, pero comprensiva; es la noción de la existencia particular enlazada con la noción, con el aumento que le da la existencia del conjunto. El que sintetiza aumenta. Así como la abstracción, mata la realidad, la síntesis anima, aumenta las potencialidades de lo real. En el caso, por ejemplo de la selva: quien examina los árboles para anotar sus semejanzas y formar los géneros, ha hecho una filosofía de abstracción; creando el nuevo concepto del género, se ha engañado a sí mismo, porque su falsa creación le ha hecho perder de vista la cantidad de elementos que ha tenido que anular en cada uno de los objetos, en cada una de aquellas existencias, para adaptarlas a la categoría meramente conceptual de su clasificación y de su género. Ha matado la realidad para substituirla con fantasmas. El vulgo se ha dado cuenta siempre de ese hondo crimen del intelectual; por eso demuestra tan constante desdén para lo que comúnmente se llama filosofía.
Sintetizar es todavía más que sumar, porque la suma va agregando uno a otro los homogéneos y la síntesis es suma de homogéneos y de heterogéneos; visión de conjunto que no destruye la riqueza de la heterogeneidad sino que la exalta y le da meta. El hecho mismo de la existencia es una manera lograda de síntesis; un triunfo de síntesis, puesto que sin perder unidad, el mundo se ensancha y se realiza en nuestra conciencia.
El yo es elemento de unidad, función de unidad y al mismo tiempo reflexivo de disparidad y de multiplicación. La misión del filósofo deberá ser entonces, entretejer ciertos hilos directivos, despejar ciertos cauces y soltar la corriente de simpatía, la dinámica de la emoción que nos pone en contacto y parentesco con los más humildes y con los más altos procesos del mundo.
Incorporar cada una de las sorpresas de la novedad, cada una de las cosas particulares al concierto temblante de la existencia total y contemplarlo todo transfigurado en el espíritu y deviniendo hacia lo eterno; he ahí la misión de la síntesis. La existencia de lo particular animada con la grandeza y la música del todo; esa sería la síntesis perfecta y una filosofía que al realizarse sería ya la filosofía postrera, la filosofía de la belleza, la filosofía definitiva de lo divino. Sería religión. Religión y belleza por el camino divino de la emoción.
Tengamos presente, por lo menos, semejante cumbre del conocimiento, cada vez que nos apliquemos a estudiar un problema y meditar en un aspecto cualquiera de la realidad. Hasta donde nos sea posible, apliquemos un criterio semejante al asunto que va a ocuparnos. Nuestra tarea debe ser, en efecto, no solo definir el movimiento étnico de que formamos parte, sino también imprimirle caracteres y orientación. Nos encontramos delante de un proceso vital y étnico que surge como una novedad casi sin precedente en la historia, y eso, a pesar de que la historia cuenta ya con más de cinco mil años de  experiencia. Comencemos por asignar al nuevo proceso un nombre. Ese nombre será el signo, un poco artificial, pero indispensable, para establecer la autonomía del proceso, del hecho, entre el enjambre innumerable de los hechos y los sucesos.
Lanzaremos desde luego el nombre, procediendo a justificarlo en seguida. Llamaremos Indología a todo el conjunto de reflexiones que me propongo presentar a propósito de la vida contemporánea, los orígenes y el porvenir de esta gran rama de la especia racional que se conoce con el nombre de raza iberoamericana.
José Vasconcelos. Indologia. Agencia Mundial de Libreria. Barcelona. 1925, pp. 2-5

Debo este texto a la amabilidad de Ezequiel Castillo Brun.

Comentario
Para el Vasconcelos de la Indología, la filosofía tiene como fin comprender un proceso etnológico, dándole sentido a la raza iberoamericana. En el humanismo del Ateneo, como de hecho en la mayoría de los humanismos, hombre y raza se identifican. Hombre no es un término que designe en él a la humanidad como un género común a todos los hombres de todas las naciones, sino la de aquel hombre nacido y constituido dentro de una cultura. Ese es un detalle que no hay que perder nunca de vista: hombre es siempre un término en singular.

Es dentro de la relación entre la naturaleza humana y cultura, entre humanidad y cultura, que para él, la filosofía adquiere un papel relevante. Su función es explicar y construir ese vínculo entre una forma abstracta y una condición particular. Enunciar y formar, en términos de identidad y cultura, la condición de hombre. Sin filosofía, o en general, sin humanidades, no hay acceso a la cultura, no hay identidad y el hombre se rebela sólo como un mero producto de la biología: criatura egoísta, sin belleza ni fe, como diría también Caso.

La filosofía, así, no solo explica, sino que también forma y constituye al hombre, como ese ser inmerso en la cultura y en consecuencia, en su identidad. La filosofía es examen pero también es pedagogía, y de ahí su relevancia sin más.
Hoy, sin embargo, todos los elementos de esta fórmula ha entrado en crisis: la filosofía no provee más ese acceso a la cultura y a la identidad. En parte por que cultura e identidad dejaron de ser la misma cosa. Cultura no es más sinónimo de nación, sino de un entramado complejo, difícilmente descriptible, de múltiples identidades, en una yuxtaposición en la que la filosofía tiene relevancia, cuando mucho, en una fracción de ellas, y ya no como elemento integrador.

Además, el filósofo, en el signo que nos separa de Vasconcelos, ha perdido su capacidad de acceder a al totalidad, a la abstracción y a la síntesis, a la explicación del todo en el particular, a la totalidad en el uno. Está, pues, a la vuelta de otro desengaño, que lo ha arrojado a la evidencia de que no le es claro tampoco cuál es su propio lugar y cuál es el lugar de aquella tradición de la que proviene.

 

Codex Sinaiticus: humanidades y tecnología

Hay obras y textos para los que la publicación digital en línea parece haber sido concebida. Las más de las veces, se trata de obras cuya edición en papel resulta simplemente impensable, más por su complejidad, que por otras variables como el costo o el mercado. Obras donde encontramos vinculadas imágenes facsimilares, transcripciones, traducciones a más de un idioma, anotaciones a cada uno de los distintos textos, así como presentaciones, introducciones y un largo etcétera. Es ahí cuando se aprecia la versatilidad, amplitud y conveniencia de la edición digital, y se rinde ante lo que es sin duda, un trabajo admirable.
El Codex Sinaiticus es una de esas maravillas indiscutibles. Se trata de uno de los manuscritos más antiguos que se conservan. Escrito hace 1600 años, a mediados del siglo IV, es unaBiblia compuesta en griego donde se incluyen, como parte de la Septuaginta textos que no aparecen en la Biblia hebrea. Al Nuevo Testamento, incluido en su totalidad, se agregan dos textos claves en la historia de la cristiandad que no prosperaron como libros bíblicos: la Epístola de Barrabas y “El pastor” de Hermas. Hay diferencias notables también en la secuencia de los textos. Pero el conjunto de estas características del Codex, lo hacen ser una clave en la historia de la Biblia y en la formación del pensamiento cristiano. El Codex tiene también mucha importancia en la historia del libro, por el material en que esta escrito y la forma de reunión de sus páginas, de modo que nos aproxima y nos revela un pasado al que sólo tenían acceso los especialistas más interesados en el tema, y con mejores recursos.
Pero mi interés principal está en la edición electrónica de esta joya. Es primero, una edición facsimilar, en la que se han digitalizado cada una de las páginas del Codex en un esfuerzo que es a la vez, de conservación y de difusión. La digitalización es de muy alta calidad y permite trabajar plenamente con las imágenes. Además, se encuentra un trascripción por verso o por página, que se llevó acabo a través de un procedimiento que implicó la realización de dos trascripciones independientes, su comparación a través de un software que detecta las diferencias y la revisión de los casos en que hubo desavenencias entre los transcriptores. Además, los textos transcritos tendrán una traducción al inglés, al alemán, al ruso y al griego (no todas las traducciones está ahora disponibles), que son los idiomas de las instituciones participantes.
En suma, se encuentran presentes e integrados, prácticamente todos los elementos que uno podría esperar en la edición digital de una obra así de compleja, para hacerla accesible a quien, desde cualquier parte del mundo, se interese en estudiarla. Pero el desarrollo de este proyecto muestra otra cosa. Nos deja ver hasta qué punto el cultivo de las humanidades hoy pasa también por el conocimiento y el desarrollo de la tecnología. Pues el diseño y la creación de la interfaz de usuario, la formales de comprender la integración de las dimensiones textuales implícitas en un trabajo de escaneo, trascripción y traducción –que han sido labores fundamentales de la tradición humanística- es producto del propio trabajo de los humanistas y resultado de sus propias necesidades.
En este sentido, no dejaré de repetir la urgencia de que nuestras humanidades accedan y se expresen ya, también, como una cultura de la tecnología, y como una empresa, a la vez, de apropiación, investigación y desarrollo de las herramientas futuras de las humanidades.

Lux et morbus

Lo evidencia el hecho de que no se ha entrevistado al director de Luz y Fuerza del Centro: nadie está interesado en hacer la historia de esa compañía, el retrato de las decisiones, las actitudes, las complicidades que a lo largo de los años, dieron forma a esa escandalosa deformidad de la que hoy todos hablan.

La falta de interés puede explicarse por la sencilla razón de que nadie quiere ver, cara a cara, el fracaso del sistema que llevó a esa compañía a la extinción, porque es el mismo que ha llevado al país al fracaso.

Hoy, que en todos lados se buscan culpables, todos acabarán por encontrarlos. Porque en el desastre de Luz y Fuerza del Centro nadie puede arrojar la primera piedra: ni el Estado y los sucesivos gobiernos que lo administraron, y que tomaron decisiones que –con el tiempo- pueden verse como perfectamente equivocadas, fruto de la improvisación, el desinterés por el futuro, la impreparación y la componenda. Ni la administración de la empresa, cómplice siempre de todos esos acuerdos y decisiones, tomadas siempre para salir al paso, nunca para establecer un futuro. Ni el sindicato, que es hoy el adalid del sindicalismo democrático, pero que fue a la vez cómplice de esas decisiones imperfectas y bárbaras, y causa de otras. Un sindicato independiente, si, pero que se acogió perfectamente al sistema de prebendas e intercambios, y privilegió la búsqueda de beneficios, antes que una mejor condición laboral, en una mejor empresa. Los sindicatos independientes y democráticos (tanto como los que no lo son) han sido una pieza clave del sistema, un engranaje cómodo para que funcionara como lo ha venido haciendo, una justificación permanente para la incapacidad. Pero, también hay que integrar aquí a los consumidores, a cientos de miles, que nos acomodamos a ese servicio, a lidiar con la corrupción, a explotar esa misma debilidad en provecho de uno mismo.

No sé si la decisión de extinguir la Compañía de Luz y Fuerza del Centro es la última de esas improvisaciones o el primer paso hacia la construcción de otro sistema, otra forma de operación de la sociedad como conjunto –mi optimismo es siempre escepticismo. Pero de lo que no me cabe la menor duda, es que Luz y Fuerza del Centro es hoy la metáfora perfecta del fracaso de este país, solo que al país no podemos extinguirlo.

Guía de perplejos

Si acaso la filosofía está siendo defendida en México, no es ésta la primera vez. He elegido el breve texto de José María Luis Mora, Rasgo Encomiástico de la filosofía, como parte de una sección en la que propondré quincenalmente textos filosóficos a la lectura y al debate, porque coloca en tesitura mexicana e histórica el elogio de la filosofía frente a sus detractores.

Al Comentario

 

Comentario de Carlos Vargas

Rasgo Encomiástico de la Filosofía

Aunque el estudio de la Filosofía sea tan recomendable y las ventajas que de él resultan al hombre en toda la vida son de tal modo palpables que sólo podrá no sentirlas quien cerrare voluntariamente los ojos a la luz, todavía no obstante son muchos los que bien hallados con su ignorancia, o careciendo de la franqueza necesaria para confesar la superioridad que reconocen en los que han procurado instruirse, se empeñan en deprimir una ocupación tan honrosa al que la profesa, como útil a la humanidad. No pretendo yo hacer la apología de que no pudiendo ser censurado sino por ignorantes, está sólo por este hecho bastantemente defendido; semejante pretensión es tan impropia de la escasez de mis luces, como ajena de la moderación que debe caracterizar a un amante de la Filosofía, o filósofo, que es el nombre con que me honro; sin embargo, como todos debemos poner nuestra piedra en el gran edificio de la ilustración pública, haré algunas reflexiones obvias para hacer ver su importancia y necesidad.
En efecto, ¿qué es la Filosofía? Sólo su definición es su mayor elogio. Es, dicen a una todos los sabios, el conocimiento de todas las cosas comprendidas dentro de la esfera del entendimiento humano. Y ¿cómo podrá dejar de ser útil un conocimiento tan vasto y universal? ¿Un conocimiento que según el grado en que se posea hace al hombre árbitro y señor del universo, sujetando a su poder todos los seres visibles? Sólo quien haya depuesto todos los principios de la razón natural podrá dar la respuesta negativa.
¿Qué cosa hay tan difícil que no alcanza un verdadero filósofo? No el buen uso del raciocinio que debe acompañar al hombre desde la cuna al sepulcro, pues éste lo enseña la Lógica; ni las leyes de la naturaleza material, pues yo veo que a la voz de Newton y de Copérnico los astros describen sus órbitas sin salir un punto de los límites que les tienen fijados; que a la dirección de Colón y Vasco de Gama un débil barco engolfado en mares inmensos, tempestuosos y desconocidos, triunfa del furor de los vientos y de la braveza de las olas, descubre países inmensos y desconocidos, por cuyas riquezas y productos se ha fomentado el comercio que suaviza las costumbres, desterrando los usos bárbaros de que abundan todas las naciones aisladas.
A la Filosofía se debe esta multitud innumerable de máquinas, que facilitando las operaciones de la industria y cargando a la naturaleza el trabajo que el hombre debía llevar, ha multiplicado aquellos productos que sirven para satisfacer sus necesidades proporcionándole toda clase de comodidades y los ha llevado a un grado de perfección tal, que sólo un hombre irreflexivo podrá dejar de admirar. Por medio de la Filosofía el hombre penetra las entrañas de la tierra y señala el punto fijo que debe equilibrar la pesantez de los cuerpos que la componen; ella misma lo eleva a las regiones etéreas y lo pone en estado de valuar con exactitud y precisión el volumen, masa, densidad y distancias respectivas de esos grandes cuerpos que giran sobre nuestras cabezas. Pero ¿qué suponen los esfuerzos del ingenio en la indagación de la verdad, comparados con los que se emplean en la consecución de la virtud? Pues éstos se deben igualmente al estudio de la Filosofía. Recórrase la historia de Grecia y Roma y se hallarán innumerables ejemplos de amor patrio, fortaleza, magnaminidad y desinterés debidos todos al estudio reflexivo que fomentó el amor de las virtudes. Se verá en Grecia a un Foción, un Arístides, un Sócrates y un Platón sacrificarlo todo, hasta su propia existencia, a la utilidad de sus semejantes y al amor de la patria; Roma presentará un Camilo, un Atilio Régulo, un Catón, un Bruto y un Cicerón, que quisieron antes morir sepultados en las ruinas de su patria, que sobrevivir disfrutando los honores y recompensas con que pretendía comprar el sacrificio de sus deberes el tirano vencedor… ¿Pero a dónde voy? Sería imposible hacer una enumeración exacta y cabal de las innumerables ventajas que al mundo ha procurado la Filosofía, baste decir que ella enseña el modo de indagar la verdad y de practicar la virtud. Yo, pues, convencido por estas razones del provecho personal que podía resultarme de la dedicación a ella, he impendido el tiempo de muchos años en escuchar su voz y grabar sus preceptos en lo más íntimo de mi alma.

José María Luis Mora. “Rasgo Encomiástico de la Filosofía”. En Obras sueltas. México: Porrúa, 1963, p. 605 – 606.

Comentario

Del texto de Mora vale la pena detenerse, primero,  en la dificultad de argumentar a favor de la filosofía frente ignorantes que la atacan porque éstos, al ser ignorantes, serían incapaces de comprender el argumento a favor de la filosofía.
La posición de Mora supone una doble exclusión: la de la filosofía por los ignorantes, la de los ignorantes por la filosofía. Mora no busca ni propone puentes. Y el texto no consituye un díalogo, sino un monólogo. Mora habla sólo a los saben de los bienes de la filosofía. A los otros, sólo si quieren escuchar o si están dispuestos a aprender. Si están dispuestos, pues a reconocer el valor de la filosofía.
El segundo es el elogio mismo de la filosofía. Mora le atribuye a ésta una utilidad extraordinaria: es todo el conocimiento humano. Y a ella se le debe, en consecuencia, todo fruto de éste: todas las máquinas y los progresos, la mejor forma de comprender al mundo, el modo de encontrar los equilibrios, la mejor mandera de vivir.
La atribución es tan desmsurada que asombra. ¿Exagera? ¿Toma crédito de lo que no le corresponde? ¿Asigna al filósofo un papel que los desborda? En todo, caso, ¿cuál es el punto de describir así la utilidad de la filosofía? A lo mejor, sólo establecer un territorio: nada que sea verdadero cae fuera del territorio de la filosofía: cualquier ataque a ésta, sólo puede venir de lo que no es ésta: la ignorancia.
Concluye, sin embargo, con lo único en que estoy de acuerdo con él: la filosofía enseña “el modo de indagar la verdad y de practicar la virtud”. Porque fomulada así, la filosofía no demarca un territorio de fronteras intransitables, sino una enseñanza significativa, para cualquiera que quiera recibirla.

La tibia alternativa a Google Books

Dos proyectos aparecidos en los últimos 8 meses se han propuesto marcar una diferencia frente a la enorme iniciativa de digitalización de Google Books. El primero es Europeana, financiado por la Comunidad Europea, que organiza y da acceso a 4 millones de objetos digitalizados de la red de bibliotecas y acervos europeos, y que proyecta llegar a los 10 millones de objetos para el 2011. El otro es la World Digital Library, desarrollada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, con la participación de la UNESCO, de distintas instituciones en varias partes del mundo, y financiados con fondos privados, entre los que se encuentra entre otros Google. Por ahora, ésta ofrece alrededor de 1000 objetos digitales, pero planea tener un crecimiento exponencial los próximos años.
La historia de ambos proyectos se remota, coincidentemente, cuatro años atrás, al año 2005, cuando se origina el boom de los programas de digitalización de fondos editoriales. Ese año, mientras Google Prints pasa a llamarse Google Books, y Microsoft y Yahoo, en respuesta, se integran a la Open Content Alliance, la Comunidad Europea y la Biblioteca del Congreso inician la planeación de sus iniciativas que tendrán como origen un diagnóstico semejante frente a los problemas y peligros implícitos en el hecho de que empresas privadas, con criterios comerciales en materia de digitalización de libros, todas ellas de origen norteamericano y sin claridad en cuanto a los criterios de organización y validación de la información bibliográfica (el problema ya detectado en el Proyecto Gutenberg), tomaran la vanguardia en el proceso de llevar los archivos bibliotecarios al mundo digital.
Cuatro años más tarde vemos la respuesta a ese diagnóstico: ambas son iniciativas públicas no comerciales. Se proponen la preservación del patrimonio colectivo, dando dan acceso a él libremente y a través de interfaces multilinguísiticas, para que el idioma no sea una barrera en la obtención de la información. Han cuidado que el material digitalizado sea valioso y relevante, y claramente identificado, y que vaya acompañado de algunos elementos de contexto que permitan comprenderlo mejor a los visitantes. Pero más allá de estas coincidencia y compromisos más o menos comunes, los proyectos tienen diferencias importantes en su ejecución.
Europeana es un proyecto centrado en Europa y consiste básicamente en un interfaz de acceso a colecciones de información ya existentes, y en proceso de crecimiento. Es pues un intermediario entre esas colecciones y los usuarios, que incluye algunas herramientas como crear comunidades sobre un tópico y funcionalidades como organizar la información siguiendo una línea del tiempo, por idioma, país.. etcétera… Quizás, el mayor problema del sistema es que no distingue materiales escaneados y meras fichas de registros en las bases de datos de una biblioteca, por lo que presenta ambos indistintamente. Esto es frustrante porque al lado del acceso a una foto de Sarte o de Freud en la Biblioteca Nacional de Francia, uno encuentra sólo una entrada al catálogo de una biblioteca española. De modo que el proceso de discriminación entre objetos digitales valiosos (visibles directamente por internet) y los catálogos de fondos debe hacerla uno mismo, y el resultado es exasperante: hay más fichas de catálogo que textos, imágenes o sonidos digitalizados. En el fondo, precisamente por eso, es difícil saber qué aporta, además de centralizar la información, un proyecto comoEuropeana. En muchos sentidos, sólo es un buscador especializado, que no parece, todavía, hacer ninguna diferencia respecto al uso de cualquier otro buscador mucho más amplio, por ejemplo Google, y no aporta mucho más al tema de libros escaneados.
La WDL es otra cosa por completo. Se trata de una colección original de objetos digitales, provenientes de distintas instituciones, escaneados para conformar esa biblioteca. Tiene un interfaz gráfico multilinguístico para acceder a los objetos, con funcionalidades para ubicarlos por tiempo, lugar, idioma, tema, etcétera… Lo objetos son presentados con información de contexto y datos de catalogación, y con una calidad verdaderamente excepcional. El valor de la biblioteca es, sin embargo, limitado. Tiene una orientación más bien museográfica, y da la impresión de que los criterios de selección tienen que ver con la vistosidad de los materiales y su representatividad de una cultura o un país, más que con otros fines. Está bastante más lejos de representar una alternativa a Google Books, de lo que está, por ejemplo, Europeana.
En todo caso, Google puede seguir tranquilo. Ninguna de estas iniciativas va a hacer alguna diferencia, ni va a cambiar las rutinas de búsquedas. Y en muchos casos, sospecho que es una de esas grandes inversiones inspiradas más en dar una respuesta política –más o menos honrosa- que en construir realmente una alternativa.

 

TV: el triunfo de la mente

En el último año la televisión norteamericana ha vuelto sus ojos hacia la mente. Al menos tres programas, Lie to meThe mentalistMental, abordan desde distintos frentes el tema común de la psicología y los estados mentales. Cierto que la estructura de los programas no es muy distinta a la de otros programas exitosos. Lie to me como The mentalist son programas policíacos. En el primero, su protagonista, el Dr. Cal Lightman, aplica la psicología para la lectura de las microexpresiones a partir del Facial Action Coding System, que servirán al final para descubrir quién el culpable del crimen. En el segundo, Patrick Jane es un hombre con habilidades de mentalista y que alguna vez tuvo un espectáculo como medium, que utiliza capacidad de observación para resolver los crímenes. Solo en el tercero, Mental el programa sigue el modelo de House, pues su protagonista es un psiquiatra heterodoxo (no podía ser de otra forma, claro), que utiliza sus habilidades para diagnosticar y resolver problemas mentales que representan un misterio para la mayoría.
Aunque desde el punto de vista de la calidad televisivaLie to me es por mucho el mejor, por las actuaciones y la consistencia de las historias, el último es el que resulta más interesante desde el punto de vista de las ideas. Por una parte es la confirmación del interés de la televisión por explorar una frontera distinta: la de la mente y los procesos psicológicos, tratados a partir de los especialistas en esos procesos. Si es cierto que en todo detective siempre ha habido un psicólogo, y que en los tres casos hablamos de “detectives” que se valen de la deducción para obtener los resultados, (Sherlock Homes sigue, pues, más vivo que nunca), es la primera vez que el psicólogo/psiquiatra es el protagonista y lo mental, la materia a discutir. En parte, esto es una evidencia de hasta qué punto el tema, como el protagonista, se han convertido en figuras reconocibles en la cultura norteamericana, y hasta dónde han alcanzado una relevancia y un impacto social equiparable al del geek de CSI o Bonnes.
Quizá lo que más atrae mi atención es cómo la mente y lo mental, viene a ocupar un escaparate que tradicionalmente ocupaba la psique. Este arribo de lo mental significa que no lidiamos con las profundidades del alma; con su complejidad y su incertidumbre, para hacerlo en cambio con la certeza descriptible de los procesos mentales. Este es un cambio en la forma de aproximarse al problema del crimen, tanto como de la enfermedad mental, pues se abandona el sendero de preguntar por los resortes que activan, mueven y dan forma al alma, para hacerlo por la naturaleza de los procesos que tienen lugar en la mente y que, en cierta medida, sustituyen ese complejo que es la personalidad por ese estándar que es la mente. Menos historias familiares, y más familiaridad con nombres clínicos, técnicas psicológicas, medicamentos y terapias es lo que nos traen estos programas. Un mundo de personalidades sin antecedentes, pero con mentiras que ocultar, gestos reveladores y síntomas que permiten llegar a la verdad.
Porque en el fondo, de eso es de lo que se trata siempre: qué es la verdad y cuál es el proceso que lleva a descubrirla. En tiempos claramente positivos como los que se viven hoy, la verdad está cada vez menos formada por historias ocultas, misterios guardados en el clóset familiar o en el enigma de nuestra constitución como seres humanos. La encontramos, más bien, en la evidencia, en lo que es manifiesto, en lo que permite una lectura que en ocasiones se piensa unívoca: la del diagnóstico.